¡Nadie comprende el misterio de la oración, pero todos podemos dar gracias a Dios por sus efectos! ¿Por qué el Dios todopoderoso quiere darnos así una parte en su obra? ¿Será porque desea que sus hijos compartamos sus intereses y hablemos con El sobre el mejor
método de hacer la tarea que nos ha encomendado? ¿Se agrada cuando le damos las gracias por sus respuestas a la oración? ¿O nos hace depender de la oración con el fin de que así
lleguemos a conocerlo mejor y amarlo más? ¿Desea nuestro Padre celestial tener esta comunión y compañerismo con sus hijos? ¿Será que nuestro crecimiento y semejanza a El dependen del tiempo que pasemos en su presencia conversando con El?
¿Qué decir además del poder de la oración en nuestra relación con otros? ¿Desea Dios llenarnos de amor hacia nuestros semejantes y para lograrlo nos man da orar por ellos y sus necesidades? ¿Ha hecho que sus hijos dependamos los unos de los otros en la oración para unirnos más firmemente como miembros de su Cuerpo?
¿Será que Dios ha elegido la oración como un medio de demostrar al mundo que El es real y que su Palabra es cierta? ¿Estará buscando maneras de probarnos a todos su amor por medio de las respuestas a la oración? ¿Es ésta la manera en que aumenta nuestra fe y la de los que escuchan lo que decimos respecto de El?
Sea cual fuere la razón, sabemos que Dios obra en nosotros, en los demás y en las circunstancias cuando oramos.
Dios obra en nosotros
A medida que oramos y alabamos a Dios, el Espíritu Santo nos da el amor y la
compasión que son esenciales al evangelismo dinámico y eficaz. Una actitud crítica, que nos haga fijarnos mayormente en las faltas de los que deseamos ver salvados, puede ser lo que más les impida aceptar a Cristo. Alabemos a Dios por ellos y por lo que El va a hacer en ellos. La compasión debe tomar el lugar de la crítica. Merlin Carothers nos habla de varias señoras que habían orado durante años por la conversión de su esposo. Cuando
comenzaron a alabar a Dios por su esposo, de repente descubrieron que su amor aumentaba. Las barreras se rompían. Pronto aquel esposo acep taba a Cristo. Dios obra en nosotros, en los demás y en las circunstancias cuando oramos por ellos. Recuerde a Job. ¿Cuándo lo sanó Dios? ¡Cuando oró por sus amigos! (Job 42:10)
Mientras oramos, Dios nos ayuda a ver las necesidades de los que nos rodean, nos guía hasta aquellos a quienes debemos testificar, nos proporciona el valor que necesitamos, y nos dirige en cuanto a lo que debemos decir. Nos ayuda a orar con fe por la sanidad física y espiritual. El Espíritu Santo nos guía y obra a través de nosotros para la salvación de almas, en respuesta a la oración de otros creyentes también.
Un granjero canadiense se hallaba orando en su casa una noche oscura y tormentosa. De pronto sintió una fuerte impresión, como si una voz le dijera: ―Ve al pinar, arrodíllate y ora
en voz alta.‖ El granjero pensó que debía ser una loca idea suya, pero la impresión se hacía más fuerte. Por fin salió en medio de la tormenta, se arrodilló entre los pinos y comenzó a orar como el Señor le había dicho. De súbito sintió sobresaltado una mano que se posaba en su hombro y la voz de un hombre. Aquel hombre había ido al bosque para suicidarse. Ya había atado una soga a la rama de un árbol y estaba a punto de colgarse cuando oyó que la voz del granjero se alzaba en oración. Como resultado, aquel creyente condujo al casi
suicida a una nueva vida en Cristo. Puede que nuestras experiencias no sean tan dramáticas, pero debemos dejar que Dios nos hable a nosotros también mientras oramos. El desea
¿QUE SUCEDE CUANDO USTED ORA?
Además de las respuestas a sus peticiones, ¿cuáles de estos efectos ha experimentado usted mediante la oración y la alabanza? Márquelos con unaX. Escriba unaE al lado de los que considere importantes para el evangelismo.
ás amor a Dios ás libertad para orar ás gozo
onfirmación del amor de Dios anidad física o espiritual
esaparición de resentimientos ensación de la presencia de Dios
ceptación de la voluntad de Dios n mensaje personal de Dios para usted
n mensaje para predicar, enseñar o compartir ás valentía para trabajar y testificar
ás amor a los demás ás fe
irección divina
¿Siente a veces que Dios está lejos y no oye su oración? El remedio es la alabanza. Esta es una parte muy importante de la oración. En la alabanza recordamos la bondad, la
sabiduría, y el amor de Dios por nosotros. Le damos gracias por todo lo que El es y lo que ha hecho a favor nuestro. Mencionamos sus bendiciones concretas y sus respuestas
anteriores a la oración. A medida que lo hacemos, sentimos más cercana su presencia. Nuestro amor por El se fortalece. La fe se renueva. Las vías de comunicación se abren y el
Espíritu Santo nos ayuda a orar con fe. Muchas veces, al orar con otras personas pidiendo su salvación o su sanidad, hemos notado que hemos tenido victoria al dejar de pedir para comenzar a alabar a Dios por la respuesta. Le sugiero que lea el libro De la prisión a la alabanza, por Merlin Carothers (Editorial Vida), donde encontrará numerosos testimonios relacionados con esto. Sigamos la recomendación bíblica de comenzar todas nuestras oraciones con la alabanza (Salmo 100:1 – 4).
Dios obra en los demás
No tenemos que orar o alabar a Dios para persuadirle a bendecirnos o salvar las almas. El ya desea hacer esto y planea hacerlo, pero nos da el privilegio de tener parte en todo ello mediante la oración. Cuando oramos por las personas con fe y alabamos a Dios por su respuesta como expresión de esa fe, el Espíritu Sa nto obra en ellas. Les revela el amor que Dios les tiene y les muestra que necesitan al Salvador. Por tanto, hablemos con Dios
respecto de la gente antes de hablar con la gente acerca de Dios.
Un grupo de jóvenes en las Islas Bahamas iban de casa en casa hablando acerca del Señor. Antes de salir habían orado pidiéndole a Dios que preparara a la gente para que recibiera su testimonio. En una casa, la señora que vino a la puerta cuando tocaron los miró asombrada. — ¿Acaso nos oyeron hablar? — les preguntó. Los jovenes le dijeron que nada habían oído. La familia acababa de decir — : Es tiempo de que comencemos a darle a Dios un lugar en nuestra vida. — Fue fácil guiarlos al Señor.
Un evangelista recién llegado se puso de pie para hablar a un gran número de creyentes. — Esta es la primera vez que los veo — les dijo — , pero puedo decirles algo con respecto a
cada uno. Alguien oró por cada uno de ustedes antes de que aceptaran al Señor y fueran salvos.
Dios obra en las circunstancias
Satanás trata de obstaculizar todo esfuerzo de evangelismo, pero cada problema es una oportunidad para ver cómo Dios contesta la oración. El toma las mismas circunstancias con las cuales el diablo espera derrotarnos y las convierte en una bendición. En más de una ocasión las autoridades han negado al principio el permiso para celebrar una campaña evangelística, pero han cambiado su decisión en respuesta a la oración; el mal tiempo se ha despejado para permitir la celebración de cultos al aire libre; los problemas económicos se han resuelto, y han sucedido muchas cosas similares a estas.
En su obra evangelística, usted se enfrentará con situaciones humanamente imposibles, pero Dios se especializa en hacer lo que es imposible para el hombre. Usted es socio de
Dios, de modo que puede confiar en que El hará todo cuanto sea necesario para que su obra se realice. Ore y alábelo; trabaje confiado en el poder del Espíritu Santo, ¡y observe cómo Dios realiza lo imposible!