Retomando el planteo de Rebeca Anijovich (2010) “una clave para construir la evaluación como herramienta potente para la enseñanza y el aprendizaje es fortalecer la retroalimentación, es decir, la devolución que realiza un otro (ya sea el docente u otros compañeros, en la medida que estén preparados para hacerlo), sobre las propias producciones. La retroalimentación es básicamente un proceso de regulación de los aprendizajes y la enseñanza…La efectividad de una retroalimentación depende de la receptividad de quien la recibe, pero también de cuan eficaz sea el que la comunica”. Por ello es importante, como nos expresa la compañera KARINA AMODEO que, dentro de nuestro sistema educativo la “retroalimentación debería convertirse en una herramienta permanente para potenciar el trabajo con los alumnos. Trabajar colaborativamente es superar la idea tradicional de “copiarse” para aprender en red y crear verdaderas comunidades de aprendizaje. El error debe ser reconceptualizado, liberado de su carga peyorativa. El arte es liberador. La experiencia estética es una experiencia en la cual la persona pone en juego sus cinco sentidos (pienso en Aristóteles y el concepto de catarsis en el sentido farmacológico de expurgación) en oposición a la anestesia, que sería la anulación de los sentidos. Retroalimentar, colaborar, desprejuiciar el error y estetizar debería formar parte de todos nuestros diseños de evaluación” o como agrega NORA FERRARETTO cuando opina que “Sin lugar a dudas las retroalimentaciones, el trabajo colaborativo, el lugar del error y el arte son momentos que deben incluirse en los procesos de enseñanza y en el aprendizaje porque permiten potenciar lo cognitivo” y frente a esto “pensar en promover un cambio real de conducta en el alumno frente al propio aprendizaje; considerar una
evaluación que realmente lo interpele en sus concepciones y representaciones sobre lo que es aprender, desaprender, construir, valorar y revisar, atendiendo a que la auto-evaluación y la co-evaluación…(como) estrategias de la retroalimentación, y considerando al error como un aprendizaje del alumno, y no como un instrumento de sanción, usándolo para enseñarle a valorar todo el proceso de aprendizaje” nos hace ver con acierto SANDRA PERRONE. Es aquí donde el uso de las nuevas tecnologías viene en nuestra ayuda
como verdaderos asistentes de aprendizaje y como formula HECTOR SALAS “no deberíamos pensar que las integración de las Tics es un riesgo, sino más bien adquirirlos como una herramienta dinámica enriquecedora en el sentido fluido de la información y las diversidad de trabajos que se puede lograr con ellas, como docente tenemos que poner nuestro mayor compromiso, saber determinar cuándo y cómo utilizar las Tics. Esto provocará las mediaciones tecnológicas en modo de producción y circulación de los conocimientos en nuestro medio actual. Cada momento evaluativo debe y tiene que tener una retroalimentación, compartir observaciones y sugerencias con alumnos o colegas con la única intencionalidad de mejorar el desarrollo de un trabajo, bosquejo, escrito, entre otros se debe hacer de manera continua, ya que esto regulará nuestro proceso de enseñanza aprendizaje”.
A pesar de todo lo expresado anteriormente muchas veces sucede como expresa LILIA TORRES que “con las Tecnologías de la Información y de la Comunicación, ocurre, algo muy particular: no son
valoradas, hay un alto porcentaje de educadores, que las consideran como distractores, como algo que no pueden o no quieren incluir en sus prácticas”. El verdadero cambio está en cada uno de nosotros por eso me uno a la reflexión de CHANTAL SALICHE cuando nos dice que “cada uno puede proponer el cambio. Creo en la potencia del “efecto mariposa”. No esperemos a que todo cambie primero”. Este “efecto
en sus prácticas áulicas como nos hace saber CELIA BENETTI logramos “fortalecer el principio de educabilidad…en intercambios diferidos, reflexivos y explicativos; Trabajar las potencialidades del arte en cuanto a creación, expresión y producción de saberes; Los errores escolares entendidos como obstáculos epistemológicos, que están en conflicto con las TIC porque el error digital se ve como expresión de participación y construcción
colectiva, movilizador de los aprendizajes; Las instancias de trabajo colaborativo junto con las de
autoevaluación y coevaluación por pares, informando sobre los criterios aplicados para evaluar y calificar”, ya que, nos recuerda VERÓNICA MAYER sólo “el trabajo colaborativo de los alumnos enriquecerá el saber en su construcción y permanente transformación, adquiriendo significatividad y verdadera validez: así, la enseñanza es un acto político, auténtico, memorable. Y con formas de enseñanza válidas se valida la evaluación como auténtica porque interpela no sólo contenidos; también emociones, formas de enseñar y aprender, valores, criterios de inclusión y exclusión. Reestructurar nuestras prácticas docentes es nuestro gran desafío y objetivo por cumplir”. Claro que si Verónica, es nuestro gran desafío, pero tenemos con qué enfrentarlo y llevarlo a cabo porque como nos dice ANA V. ALBORNOZ con la ayuda de “las TIC, con su infinidad de posibilidades desde el hacer colaborativo (correos electrónicos o redes sociales), nos abren paso a poder permitir la construcción, no desde lo individual sino desde la participación, el respeto y la responsabilidad compartida de un crecer todos, formando un ciudadano democrático, que sea parte de un proceso de justicia social”.
Hemos llevado a cabo a lo largo de este módulo un largo camino, difícil en algunos tramos…pero siempre convencidos de que sólo una escuela pública, inclusiva y de calidad es lo que permitirá a nuestros
estudiantes una mayor igualdad social y educativa…y sólo lo lograrán con docentes que creen en ellos e intentan desde su práctica diaria acompañarlos ofreciéndoles las herramientas necesarias para que
puedan lograrlo. A modo de conclusión me quiero quedar con una frase muy acertada para esta propuesta que incluyó la compañeraJESICA KLEIN “… parecía que habíamos llegado al final del camino y
resulta que era sólo una curva abierta a otras posibilidades…” (José Saramago)