Estimados colegas: elegí esta imagen para comenzar mi reflexión sobre sus aportes en el Foro Integrador, porque considero que encierran un concepto que hemos abordado en este módulo con una nueva mirada. La inclusión de TIC en la educación 2.0 nos plantea una ‘vuelta de tuerca’ a nuestras prácticas de enseñanza. Esas modificaciones abarcan también a la evaluación.
Como docentes, la evaluación forma parte de nuestro quehacer: no podemos “dejarla afuera” del proceso de enseñanza-aprendizaje (¡aunque a veces quisiéramos!) Entonces, si debemos convivir con ella, ¿cómo hacer para que esa convivencia no sea tensionante para los dos actores del proceso, docentes y alumnos? Surgen así los interrogantes: ¿Cuándo evaluar? ¿Al inicio, durante, o al finalizar una secuencia didáctica? ¿Por qué? ¿Cuál es el beneficio? ¿Cómo llevarla a cabo para que no sea un número, una fría nota en el boletín? ¿Qué tienen las TIC para ofrecernos en la búsqueda de mejorar el proceso evaluativo?
En gran medida, estos interrogantes son los que se plantearon en el Foro Integrador, dando lugar a reflexiones profundas que ayudan a repensar conceptos como evaluación, retroalimentación e integración
de TIC en el proceso. En los aportes de cada uno pude ver reflejados no sólo una lectura crítica de la
bibliografía que nos acompañó en este módulo; también una nueva mirada hacia estos conceptos. Sin dudas, todos experimentamos un crecimiento personal en este tema.
Está claro que como docentes estamos llamados a integrar las TIC al proceso de enseñanza- aprendizaje, en donde la evaluación es un estadio más del mismo. “Las TIC nos demandan y facilitan el camino aprendiendo a escuchar y arriesgar estrategias que planteen un desafío para nuestros alumnos y para nosotros” dice Mario Culasso. Ahora bien, ¿por qué, frente a formas innovadoras de enseñar, se evalúa con instrumentos tradicionales? Karina Amodeo sostiene que sucede así porque “se espera que las TIC se integren a lo preexistente: la escuela tal como la conocemos.” ¿Se garantiza así el principio de
justicia curricular que plantea Connell (2009)? Definitivamente no. Celia Benetti es categórica: sin “una
reestructuración de la manera de entender lo que se enseña, cómo lo aprenden los alumnos y cómo se evalúan esos saberes” la integración de las TIC carece de sentido. María Chantal Sáliche también marca esta complejidad: “muchas veces innovamos en nuestras clases, nos animamos a cosas diferentes pero a la hora de evaluar aplicamos los métodos tradicionales” Ante esta realidad, Yamila Moreno es contundente: “La escuela se ve obligada a impartir conocimientos tecnológicos dejando de lado una formación tradicional, homogénea y repetitiva dando lugar a una educación creativa, participativa y crítica.”
Frente a este cambio de paradigma, ¿cómo romper con esa concepción tradicional de evaluación, que plantean jerarquías de excelencia y deciden el progreso escolar, como afirma Perrenoud (2008)? Muchos colegas consideran que lo haremos si resignificamos el sentido de evaluación, transformándola de herramientas puramente cuantificadoras y seleccionadoras, a instrumentos formativos, de regulación del proceso de aprendizaje, continuos, que planteen una retroalimentación entre el docente y el alumno.
Es loable ver que estamos en marcha hacia ese cambio, “en proceso de búsqueda de una ‘evaluación poderosa’ aunque el camino es largo para quienes debemos construirla habiendo vivido otro paradigma educativo” confiesa Mario Culasso. ¿Qué implica dejar atrás las viejas prácticas? Implica comprender y redefinir esas prácticas pedagógicas, resignificarlas y validarlas: sólo así se valida la evaluación como auténtica porque interpela no sólo contenidos; también emociones, formas de enseñar y aprender, valores, criterios de inclusión y exclusión, como plantea Anijovich (2010)
¿Cómo validar la evaluación en este cambio? Más allá de transformar las herramientas evaluativas integrando TIC, debemos replantearnos el rol fundamental de la retroalimentación en este proceso,
entendiendo que si cambiamos las formas de evaluación, debemos incluir y fortalecer el concepto de retroalimentación para completar ese cambio (Anijovich 2010). Ester Gómez completa la idea de Anijovich: la retroalimentación va “en pos de una evaluación formativa; permitiendo al estudiante perfeccionarse y corregirse durante el proceso de aprendizaje.” Pero no sólo mejorar y autocorregirse son beneficios de la retroalimentación: también “intensificar la autoestima del alumno desde la posibilidad de dar rienda suelta a su creatividad, a su modo de vivenciar lo aprendido y desarrollar las herramientas que le permitan fundamentar desde dónde está posicionado” apunta Ana Albornoz. Adicionalmente, también resignifica y fortalece el vínculo docente-alumno, ya que puede crear “un clima agradable y ameno dentro del aula” asegura Claudia Calvi. Además, la retroalimentación permite, tanto a alumnos como docentes, “detectar obstáculos epistemológicos, crear conflictos cognitivos y realizar procesos metacognitivos que den cuenta de aprendizajes y carencias para seguir adelante con el proceso” afirma Laura Anchelerguez.
¿Qué rol cumplen las TIC en la retroalimentación? Celia Benetti lo explica: “Si la retroalimentación está mediada por las TIC se puede fortalecer el principio de educabilidad, la posibilidad de ser instantánea, en intercambios diferidos, reflexivos y explicativos.” Pero hay más: hacen crecer al alumno no sólo desde lo estrictamente pedagógico, sino desde el desarrollo de su potencialidad como individuo: “las tecnologías incluidas al currículo de forma inteligente permiten al sujeto expresar sus emociones, e incursionar en la imagen, el lenguaje audiovisual y el arte” reflexiona Elian Camps; y como ciudadano: “la disponibilidad de las nuevas tecnologías (…) hay que pensarlas en clave del acceso democrático a las mismas” comparte Fernando Girón.
Estos conceptos fortalecen la idea de enseñanza de Paulo Freire, como acto político, auténtico y memorable. Entonces, ¿cómo pensar la evaluación? Replanteando las formas de enseñanza validándolas. Al hacerlo, validaremos también nuevas formas de evaluación, auténticas, significantes. Porque, como dijo Eduardo Galeano, podemos, con nuestro cambio desde la docencia, enseñar a los alumnos que “otro mundo es posible en la barriga de este mundo infame”.
Estimados colegas: estamos por el buen camino. Tenemos decisión y convencimiento de la necesidad del cambio. Muchos reafirmaron la idea de diseñar secuencias didácticas que incluyan los momentos de evaluación integrándola a cada momento de las mismas, como bien lo plantea Nora Ferraretto. Indudablemente, dice Ricardo Surita, nos cuesta muchísimo ser originales en la planificación de una evaluación digital, pero lo más importante es romper con los esquemas tradicionales para poder integrar y transformar el sistema evaluativo. Mariela Sebastiani rescata la importancia de implementar las TIC como herramientas de seguimiento y análisis como oportunidades para detectar errores, tanto de los docentes como de los alumnos, y poder utilizar esos errores como disparadores de aprendizaje.
¿Qué aprendimos del Foro Integrador? ¿Qué nos dejó este Seminario? Sin lugar a dudas, crecimiento profesional. Sandra Perrone sintetiza de manera impecable: “Es necesario tener presente que las nuevas tecnologías crean nuevos escenarios y formas de aprendizaje y evaluación auténticas, lo cual implica tomar conciencia de que hoy el conocimiento se construye de manera diferente; por lo tanto, hay que enseñar y aprender para formar parte de dicho cambio, donde la retroalimentación, las prácticas metacognitivas, la evaluación como espacio para construir la ciudadanía, los aprendizajes a partir del error y los principios de justicia social constituyen la clave.”
Todos aprendimos a valorar, definitivamente, el trabajo colaborativo, la autoevaluación y la retroalimentación, un “verme en el otro” al compartir anécdotas, opiniones, aportes, lecturas… En la autoevaluación de la encuesta de la clase 2, la pregunta final era: ¿Para qué me sirven las reflexiones de mis compañeros en el aprendizaje de esta clase? ¿Recuerdan lo que escribieron? “Para conocer sus
sensaciones y compararlas con las mías, y re-aprender a partir de experiencias de otros colegas.” “Porque el conocimiento es colectivo, compartido, y los aportes de cada uno nos enriquecen a todos. Me sirven como guía para ver si mi percepción está más o menos bien orientada… Porque puedo reflexionar sobre conceptos que tal vez no tuve en cuenta, o pasé por alto.” “En suma, el hecho de ser colaborativo hace crecer más a todos los que participamos, más que si hubiéramos hecho la actividad en soledad, sin colectividad.”
Cobran un inmenso valor las palabras de Gustavo Torelli: “¿Cuánto menos podríamos haber avanzado sin el concurso de los compañeros de módulo? ¿Qué tan significativos hubieran resultado nuestros avances y descubrimientos? ¿Cómo hubiera sido enfrentarnos con el error, la frustración y la auto interpelación, solos...?” No tengo dudas de que si llevamos a nuestras aulas todos estos aportes estaremos ofreciendo a nuestros alumnos una verdadera enseñanza poderosa.
BIBLIOGRAFÍA
Anijovich, R. (Comp.) (2010) La evaluación significativa. Buenos Aires: Paidós.
Connell, Robert W. (2009) La Justicia Curricular. En: Referencias (Año 6 no. 27 jul 2009) Buenos Aires. LPP,
Laboratorio de Políticas Públicas. Recuperado de:
http://biblioteca.clacso.edu.ar/subida/Argentina/lpp/uploads/20100324023229/10.pdf
Foro Integrador del Seminario 1: Evaluación. Especialización docente en educación y TIC. Ministerio de Educación de la Nación. Disponible en:
http://aulapostitulo.educacion.gob.ar/foros.cgi?wAccion=vertema&wIdPost=1584117
Perrenoud, P. (2008). La evaluación en el principio de la excelencia y del éxito escolares. En La evaluación de los alumnos. De la producción de la excelencia a la regulación de los aprendizajes. Entre dos lógicas (pp. 29- 50). Buenos Aires: Colihue.
Perrenoud, P. (2008). La evaluación entre dos lógicas. En La evaluación de los alumnos. De la producción de la excelencia a la regulación de los aprendizajes. Entre dos lógicas (pp. 7-27). Buenos Aires: Colihue.