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El complementario y su psicópata

De la Enciclopedia Británica: Antisocial personality disorder (trastorno antisocial de la personalidad): patrón generalizado de indiferencia hacia los sentim ientos de los dem ás, a m enudo acom pañado por violación de los derechos de terceros por negligencia o acción abierta. Dificultad de actuar conform e a las norm as sociales y las reglas. Las personas con este trastorno participan en la búsqueda de novedades de alto riesgo. El trastorno antisocial de la personalidad es difícil de tratar y a que norm alm ente los pacientes no sienten culpa ni experim entan rem ordim iento por sus acciones. Las terapias cognitivo-conductuales en relación con el encarcelam iento se han dem ostrado eficaces en algunos casos...

¿Les suena? Claro que sí. Nos suena a todos los argentinos. Es solo que algunos están a favor, y otros, en contra. Fue leer esta definición y ponerm e a buscar m aterial sobre el tem a. En eso estaba cuando m e enviaron El com plem entario y su psicópata, de Hugo R. Marietan 34 , que com ienza con una cita de Schopenhauer.

“Uno son el torturador y el torturado. El torturador se equivoca porque cree que no participa en el sufrim iento. El torturado se equivoca porque cree que no participa en la culpa”.

Brillante y angustiante, Marietan no se centra en el psicópata sino en el torturado, su com plem entario. “Cuando el psicópata encuentra su com plem entario –dice– el com plem entario encuentra su psicópata. La relación es de doble vía y está lej os del preconcepto víctim a-victim ario; am bos participan activam ente para m antener el vínculo... El que m ás chance tiene de relacionarse y perm anecer con un psicópata es un neurótico... El tipo de necesidad que satisface el com plem entario con el psicópata, el tipo de anclaj e que hace que esa relación se m antenga, no tiene su base en la lógica sino en lo irracional. Cuando se atiende a estas personas [los com plem entarios] lo prim ero que florece en el discurso es la quej a... No son quej as com unes, son quej as sobre hum illaciones, descalificaciones, incluso agresiones físicas. La form a de presentar la quej a varía desde la j ustificación ( ́Yo lo provoqué ́), la m inim ización ( ́ Me golpeó, pero no es nada ́ ), el detallism o (detenerse m orosam ente en describir cada acción), hasta la búsqueda de conm iseración ( ́¡Cóm o m e hace sufrir!, ¿verdad? ́).

Desde la lógica com ún, uno se pregunta ¿qué hace esta persona con un psicópata? ¿Qué beneficios saca para continuar en esta relación? Razonando con parám etros lógicos com unes no se com prende la perm anencia de esa parej a. Aún si se analizan con el com plem entario las circunstancias que llevaron a hechos agresivos y la m anera de prevenirlos, éstos se repiten. Con esto quiero decir que el hacer razonar, el esclarecim iento del porqué suceden las cosas, en este caso, no sirve, porque el anclaj e está en lo irracional... Después de ver a m uchos de estos pacientes com plem entarios, pienso que el anclaj e es el disfrute... Este tipo de disfrute es secreto, en el sentido de que suele ser desconocido (conscientem ente) para el com plem entario, y a veces tam bién para el psicópata. Pero hay algo allí que los une... Algunos logran captar que con el psicópata pudieron desinhibir sus represiones; logran realizar lo prohibido” 35 .

Un psicópata que goza abusando de su poder y un neurótico que se lam enta de los golpes pero se los perm ite, y hasta los goza, y m antiene esa relación de sum isión porque a través del dom inio del psicópata satisface su deseo de lo excitante y lo prohibido. ¿Les suena?

Sin afirm aciones term inantes que no se corresponden con el cam po de la psiquiatría y m ucho m enos con el de la psiquiatría aplicada a la política, les propongo pensar el país en esta perspectiva: la sociedad argentina no sufre los golpes que le propina el peronism o. Disfruta de ellos porque así satisface su deseo de lo excitante y prohibido. Los prom ueve con sus acciones y su voto. Y vive quej ándose porque quej arse es la parte m ás placentera y liberadora de culpas del disfrute. La sociedad argentina es una m uj er golpeada, el com plem entario necesario de todo psicópata

golpeador y perverso. Lo fue ay er del Partido Militar. Lo es hoy del Partido Populista. Vive pésim am ente baj o su dom inio pero no puede vivir sin él. Porque m e duele si m e quedo pero m e m uero si m e voy.

El trabaj o de Marietan señala tam bién la enorm e dificultad de salir de estos vínculos una vez que se han consolidado, para lo cual recom ienda la única estrategia con posibilidades de ser efectiva: “La regla básica cuando se quiere m antener la separación entre un psicópata y un com plem entario es el ‘contacto cero’, dado que el anclaj e es irracional y apenas se avistan se vuelve a rearm ar el circuito psicopático... Ni las palabras ni las argum entaciones sirven, y a que el psicópata es buen m anej ador de las palabras, un m entiroso, y suele ser m uy convincente, sobre todo con alguien que desea fuertem ente ser convencido com o el com plem entario. Algunas indicaciones que pueden dar resultados son: hacer docencia, que la persona logre entender las características del psicópata; levantar la autoestim a, lograr el contacto cero, fortificar lo afectivo con antidepresivos y ansiolíticos”.

Vay a y pase con lo de hacer docencia para levantar la autoestim a de la sociedad argentina. Pero lo de “fortificar lo afectivo con antidepresivos y ansiolíticos” parece un punto arduo de aplicar a una entera sociedad nacional. ¿Lo es?

Varios estudios dem uestran que som os uno de los países con m ay or consum o de psicofárm acos del m undo. Un inform e del Hospital Alej andro Korn de La Plata revela que entre el 15% y el 20% de la población argentina sufre trastornos de ansiedad y el 7% padece trastornos depresivos: un total de al m enos nueve m illones de personas. Según el psiquiatra Eduardo Leiderm an, “La prevalencia de consum o [de psicofárm acos] es m ás elevada que la del Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, España, Francia o Brasil”. El propio INDEC reveló que los rem edios de m ay or facturación en el país son los destinados al sistem a nervioso central: ansiolíticos, antidepresivos, hipnóticos y sedantes com o el Rivotril y el Alplax, seguidos por el Clonagin, el Tranquinal y el Lexotanil. ¿Efectos póstum os de los Noventa o de la crisis de 2001? Tam poco. El m ism o INDEC inform a que los argentinos gastam os en estas m edicinas 362 m illones de pesos anuales en 2007, m ás del doble que en 2003 36 .

Es otro logro del MAMADIS, Modelo de Acum ulación de Matriz Diversificada con Inclusión Social que se revela así com o Modelo de Angustia, Mitom anía, Ansiedad, Delirio, Obsesión y Psicosis. Su im plem entadora, la actual Presidente de la Nación, padece ostensiblem ente del rasgo central de toda psicopatía: la com pleta incapacidad de sentir em patía por el otro, y su consecuencia, la creencia de que el propio dolor es el único dolor; atributos exhibidos reiteradam ente después de la m uerte de su m arido. Más de una vez la situación alcanzó ribetes psicóticos, com o en el acto de proclam ación de su com pañero de fórm ula, Am ado Boudou, en que una brisa abrió una puerta y su com entario fue “Es el viento del Sur. Es Néstor”.

Com plem enta este rasgo la denegación del dolor aj eno, expresada por Cristina Kirchner en su silencio y ausencia de condolencias ante los fam iliares de las víctim as de Crom añón, de la m asacre ferroviaria de Once y de la fam ilia del fiscal Nism an. Un silencio atronador, exaltado por su desafortunada frase dirigida a quienes participaron de una m archa en m em oria del m isteriosam ente fallecido fiscal de la causa AMIA: “A ellos les dej am os el silencio. Siem pre les gustó el silencio”.

“Ya vienen, ya vienen del Sud y del Este, del Oeste y del Norte bajo una bandera: la blanca y celeste. La trae en sus manos el Pueblo Consorte”

Marcha triunfal de los descamisados, por Pedro Argentino

Cinismo y fanatismo

(el psicópata y la sociedad mujer-golpeada)

El peronism o le habla a la sociedad argentina, el “pueblo consorte” de la m archita de los descam isados, com o un m arido golpeador a su m uj er: le recuerda la felicidad de los prim eros años, hace la lista de los regalos que le hizo, le asegura que la poca dignidad que tiene se la debe a él y le recuerda que sus días m ás felices fueron producto de su generosidad, la del psicópata. Después le j ura que el que la golpeaba no era él sino otro, le prom ete que ahora que ha vuelto a ser él, el verdadero, no la va a golpear m ás, y le prom ete un nuevo sueño que perpetúe la dom inación.

¡Pobre m uj er golpeada! Sus fam iliares la aconsej an m al: le piden que no exagere, le aseguran que no es para tanto, la hacen notar que a otras m uj eres se les está cay endo el m undo encim a, le m encionan la m ediocridad de sus otros candidatos, la asustan con los riesgos que conlleva cualquier cam bio, le sugieren que considere las trom padas com o m uestras de afecto y le exigen que reconozca las cosas que hizo bien el m arido golpeador, porque sólo alguien com o él puede gobernarla. Al fin de cuentas, ¿no fue ella la que lo eligió?

Hay un inconfundible rasgo de enferm edad psiquiátrica de tipo psicopático en el discurso del peronism o kirchnerista: la com binación entre cinism o y fanatism o, inim aginable para cualquier neurótico. En los países m ás o m enos organizados los cínicos y los fanáticos son dos tribus separadas, que se detestan. Los cínicos consideran a los fanáticos unos descerebrados que se niegan a considerar las consecuencias finales de sus actos. Los fanáticos creen que los cínicos son unos

desalm ados que arroj aron los principios a la basura. Aquí, no. Aquí los cínicos y los fanáticos m ilitan en el m ism o partido, el del psicópata. Son la m ism a persona, casi siem pre.

Com ienza el fanático diciendo que la Argentina protagoniza una revolución distribucionista, y cuando le observan que la pobreza bien m edida es superior a la m edia de los Noventa y le señalan que sus líderes se han enriquecido de m anera que no pueden explicar el fanático vira rápidam ente al m odo cínico y dice algo así com o: “¿Y qué querés, papá? Siem pre hubo pobres. Y se necesita plata para hacer política. ¿En qué m undo vivís? ¿Qué intereses defendés?”. A veces es el cínico quien em pieza, diciendo que después de todo el poder real no lo tiene el pobre Gobierno, que hace lo que puede, sino las corpos y los m onopolios. Y cuando le dem uestran que éste es el Gobierno m ás concentrador de poder de la Historia de la dem ocracia argentina y le recuerdan que en pocos días se cargó a la corporación económ ica m ás grande del país, Repsol, am parada por España y la Unión Europea, sale el fanático de adentro y dice algo así com o: “Sí. Claro. ¿Y qué? ¿Está m al? Acá, si no los tenés cortitos, no podés gobernar. Y ahora vam os a ir por todo. Si no te gusta, arm á un partido y ganá las elecciones”.

Entonces, los neuróticos argentinos nos quedam os estupefactos, m udos, ante esos saltos m ortales del fanatism o al cinism o, ida y vuelta, que sólo el psicópata sabe dar. Muchos perm anecen así para siem pre, paralizados en torno a la pregunta incorrecta: “¿Son, o se hacen?”. El fanático responde “Soy ”. El cínico dice “Me hago”. Y los neuróticos se quedan petrificados. No es que sean estúpidos. Es que tienen m iedo, y con razón. Es por eso que m uchos le votan los candidatos que el psicópata propone, y las ley es que el psicópata dispone, y los fallos que el psicópata desea. Después deciden que su verdadero enem igo no es el psicópata sino quienes lo denuncian; esos cipay os agoreros que ponen palos en la rueda y quieren que al país le vay a m al.

Un psicópata se ha infiltrado en la fam ilia argentina, y la política nacional se está reduciendo a decidir la actitud que debe adoptarse frente a él. Unírsele, para disfrutar los beneficios. Aliarse, para sacar ventaj a. Entregarse, para que no se enoj e. Hacer com o si no existiese, para no enfrentar el propio m iedo. O plantarse, pelear, y que sea lo que Dios quiera con tal de conservar el sentido de la vida y la dignidad. Antes de decidirse por una de estas opciones habrá que tener en cuenta que los psicópatas, com o los tiburones, nunca duerm en. No im porta cuánto poder acum ulen, j am ás les parece suficiente. Y siem pre van por m ás, especialm ente cuando la víctim a renuncia a defenderse.

Consecuencias de un 54%

La víctim a del psicópata, dice Marietan, no es una víctim a sino un aliado en el goce. Un com plem entario. Un socio. Un partícipe necesario de los crím enes que el psicópata com ete contra ella. Sim ula que se defiende del psicópata pero le entrega siem pre m ás poder. Dice que no puede liberarse, pero no quiere liberarse sino seguir sufriendo y quej ándose del daño que recibe. ¿Una prueba? Corría el final de 2011, con todo el autoritarism o, la ineficiencia y la corrupción kirchneristas a la vista de quien quisiera verlos, y Cristina Kirchner obtuvo el 54% de los votos. El kirchnerism o se im puso en ocho de las nueve gobernaciones provinciales en j uego, sus opositores de la prim era hora fuim os duram ente castigados, la siguiente oposición parlam entaria fue elegida según el principio “cuanto m enos opositor, m ej or” y en el distrito electoral m ás im portante y devastado del país, la Provincia de Buenos Aires, los candidatos peronistas se llevaron tres de cada cuatro votos.

Todos, tanto los oficialistas com o los opositores y los colaboracionistas, sacaron las inevitables lecturas de aquel 54%: ¡Vam os por todo!, dij eron los oficialistas. ¡Los acom pañam os!, dij eron los colaboracionistas. ¡Que los defienda otro!, pensaron los opositores. Un año m ás tarde, en 2012, m illones de argentinos salieron a las calles a defenderse ellos m ism os de la tercera reform a constitucional reeleccionista del peronism o ante las penosas ausencias opositoras, las de la oposición que la propia sociedad argentina había votado un año antes. Millones por las calles levantaban las consignas republicanas y antipopulistas que por cinco años habían sido las banderas de la Coalición Cívica, el grupo político m ás duram ente castigado por el 54% de octubre de 2011...

La explicación m ás difundida fue: se acabó la plata; lo que explica m ucho pero no lo explica todo. En m edio y a habían sucedido la m asacre de Once y la aparición del fenóm eno Lanata. El “Se acabó la plata” es condición necesaria pero no suficiente del derrum be del peronism o kirchnerista. Explica m ucho, pero no lo explica todo. Aún m enos dej a en claro la adhesión de que gozaron los K hasta hace poco tiem po, y que tuvo com o elem ento fundam ental e irrem plazable a la cuarta Plata Dulce (2003-2007) pero no se reduj o a ella. En realidad, si la cuarta Plata Dulce tuvo tanto éxito político fue porque a los beneficios consum istas que com partió con las otras tres plata-dulces le agregó un Relato que llenaba los huecos de la culposa m entalidad argenta, habilitando un nuevo ciclo de consum ism o auspiciado esta vez por Bolívar y el Che.

Por su súbita conversión, sin atenuantes, el ej em plo suprem o de este fenóm eno de transm utación es Víctor Hugo Morales. No lo hizo por dinero, que le sobraba, doy fe. Víctor Hugo, com o Carlos Heller y tantos otros, fue siem pre un estalinista

m illonario y culposo. El kirchnerism o le perm itió ser m illonario sin culpas por vez prim era. Aún m ás, le perm itió sim ular que defendía una revolución. Y no fue sólo Víctor Hugo. Millones de argentinos disfrutaron de ventaj as sim bólicas parecidas, de las que no gozaron com prando licuadoras en épocas de Menem ni televisor a colores en las de Martínez de Hoz. Para habilitar este disfrute se necesitaba de un psicópata, y los argentinos supim os conseguirlo.

Las cosas que nos pasaron a los argentinos