Néstor Kirchner fue un individuo m ediocre en todos y cada uno de los aspectos de la vida m enos en uno: su extraordinaria capacidad para acum ular riqueza y poder. Com o todo psicópata, Kirchner tenía una extraordinaria habilidad para detectar las debilidades de su víctim a y m anipularla m ediante sus culpas reprim idas. ¿Y qué otra cosa que una víctim a de sí m ism a que intentaba reprim ir la conciencia de su propia culpabilidad era la sociedad argentina en 2003, dos años después de haber im pulsado y convalidado la segunda destitución civil desde la recuperación de la dem ocracia para evitar el aj uste de De la Rúa y caer en el aj ustazo de Duhalde? ¿Qué otra cosa que rem ordim iento podía sentir una sociedad que había saltado del apoy o a las locuras de la Juventud Maravillosa al aplauso de su aniquilación, que se había dorm ido derecha y hum ana y perseguida por una cam paña internacional antiargentina y despertado bañada en su propia sangre, para después autoinventarse dem ócrata de la prim era hora; una sociedad que había creído el “Vam os ganando” y aplaudido el “Traigan al Principito” para luego repudiar al general m aj estuoso que había ovacionado y olvidar a los pobres m uchachos que había enviado a la guerra; fanática de la Convertibilidad y cavallista un día, y piquetero-cacerolera un m es después, en secuencias cada vez m ás rápidas y alucinantes; siem pre explicando cada uno de sus delirios de unanim idad con la actitud de quien nunca se ha equivocado, siem pre dando lecciones al m undo, sin pedir nunca disculpas, ofreciendo apoy os m asivos y m ay orías inalcanzables en ningún otro país a dirigentes corruptos y m ediocres, para term inar invariablem ente en el exorcism o auto-exculpador del “que se vay an todos” y el “y o no los voté”?
De m anera que en m ay o de 2003 la devastada sociedad argentina no sólo necesitaba recuperarse económ icam ente. Después de todo, y a lo había hecho después del Rodrigazo y la hiperinflación. Necesitaba tam bién, m ás que nada, una reparación sim bólica; una explicación de lo sucedido tan falsa y convincente com o la que se había dado a sí m ism a en 1983 para olvidar que había sido partícipe necesaria del genocidio y la guerra. Una narración de lo que había pasado que inventara
nuevos chivos expiatorios y la exculpara del m al que se había causado a sí m ism a. Necesitaba un Relato. Y allí estaba el psicópata para dárselo. Se llam aba Néstor Kirchner.
Y el Relato no com enzó, com o m uchos creen, por la exaltación de la que había sido la década m ás horrible de la Historia nacional, los Setenta; ni por el acto en la ESMA y la baj ada del cuadro de Videla; ni por el discurso inaugural del “No voy a dej ar m is principios en la puerta”. El Relato com enzó por la frase que la sociedad nacional esperaba com o un bálsam o. Ese bálsam o que todo lo curaba fue “Las cosas que nos pasaron a los argentinos”. Néstor dij o “Las cosas que nos pasaron a los argentinos” y una enorm e parte de la sociedad argentina entendió el m etam ensaj e: “Creá tu propia historia”.
Lo que Néstor decía era: “Si y o, que soy el Presidente y tengo una tray ectoria de autoritarism o, corrupción y traiciones perfectam ente conocida, puedo presentarm e com o un utopista soñador que luchó contra la Dictadura, llevó el Paraíso terrenal a Santa Cruz, enfrentó a Menem y Duhalde y se prepara ahora a construir un país en serio, renovar la política y redistribuir la riqueza... entonces vos, que no extorsionaste a nadie con la 1050, ni posaste con los m ilitares m alvineros, ni apoy aste al Luder de la autoam nistía m ilitar, ni fuiste pieza clave del m enem ism o indultador y excluy ente, ni llegaste a la consagración gracias a Duhalde... vos, vos sos un héroe, el verdadero Héroe Colectivo, y tenés todo el derecho a inventarte tu propia Historia. Total, la culpa de todo la tienen el Consenso de Washington, el ALCA, el im perialism o, la CIA, el diario La Nación, la Sociedad Rural y el FMI”. Parecía un buen relato, el del psicópata. Parecían buenos chivos expiatorios, y sin em bargo...
Y sin em bargo, Consenso de Washington, ALCA, OTAN, CIA, diarios conservadores, asociaciones em presariales y FMI hubo en todos los países y hay en todos los países, pero el único que voló por los aires en 2001 fue el nuestro. Rara continuidad, y a que populism o setentista hubo en toda Sudam érica; pero m asacre de Ezeiza, Rodrigazo y Triple A solo aquí. Terrorism o setentista de Derecha y de Izquierda, en toda Sudam érica; pero salvaj adas com o las que com etieron la Triple A y los Montoneros, solo aquí. Golpes m ilitares, en toda Sudam érica; pero gente tirada viva al río desde aviones y decenas de m iles de desaparecidos, sólo aquí. Inflación en los Ochenta, en toda Sudam érica; pero hiperinflación sólo aquí. Neoliberalism o noventista en todo el m undo; pero diez años de Convertibilidad y endeudam iento im pagable con su correspondiente estallido, sólo aquí.
Para todos estos hechos incontrastables de la Historia nacional el Partido Militar y el Partido Populista, responsables de haber encarnado y atizado lo peor de nuestra sociedad, tienen la m ism a respuesta: esconderse detrás de la sociedad nacional y em itir un m ensaj e consolador. “Los argentinos som os derechos y hum anos”, decía la Dictadura. “La m ás m aravillosa m úsica es la palabra del pueblo argentino”, dij o Perón. “Un país con buena gente”, dice el gobierno de Cristina Kirchner. “La
inm ensa m ay oría de los argentinos no sabe odiar, quiere am ar al prój im o” fue parte del discurso presidencial de apertura de sesiones legislativas de 2015. “Am or, am or, am or” le hizo eco, en un program a de televisión, Luisito Delira.
Violencia terrorista. Genocidio m ilitar. Un tercio de la sociedad excluida de la vida social por gobiernos peronistas reelegidos en 1995, 2007 y 2011, sin excepción. Todo esto fue lo que vino a hacernos olvidar el Relato que em pezaba por “Las cosas que nos pasaron a los argentinos”, com o si lo sucedido en este país hubiera sido culpa de otros. Todo eso vino a tapar el Relato. Y lo caro que nos costó.