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Conductaa desvergonzada, o relajada

In document Referencias Libro Ancianos (página 91-95)

5. Cuándo formar un comité judicial

5.1.5. Conductaa desvergonzada, o relajada

5.1.5.1. w06 15/7 págs. 29-31 Preguntas de los lectores

¿Puede alguien ser expulsado de la congregación cristiana por ser culpable de inmundicia, tal como puede ocurrir si es culpable de fornicación o conducta relajada?

La respuesta es sí. La persona puede ser expulsada de la congregación si practica fornicación, conducta relajada o algunas clases de inmundicia, y no se arrepiente. El apóstol Pablo menciona estos tres pecados junto con otros males que

pueden llevar a la expulsión, al escribir: “Las obras de la carne son manifiestas, y son: fornicación, inmundicia, conducta relajada [...;] les aviso de antemano [...] que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21). El término fornicación (en griego por-néi-a) abarca toda relación sexual ilícita fuera del matrimonio, lo que incluye el adulterio, la prostitución y las relaciones sexuales entre personas no casadas, así como el sexo oral y anal y la manipulación sexual de los órganos genitales de una persona que no sea su cónyuge. Quienes practican fornicación y no se arrepienten no pueden permanecer en la congregación cristiana.

La expresión conducta relajada (en griego a-sél-guei-a) denota “desenfreno [...], vida licenciosa, depravación”. El Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, de Alfred E. Tuggy, la define así: “descaro, grosería, desvergüenza, libertinaje, insolencia”. Otro léxico la define como una forma de “conducta que traspasa todos los límites socialmente aceptables”.

Como indican estas definiciones, en la “conducta relajada” se dan dos elementos: 1) la conducta en cuestión constituye una violación grave de las leyes de Dios, y 2) la actitud del pecador es irrespetuosa e insolente.

Por lo tanto, la expresión “conducta relajada” no se refiere a mala conducta de poca importancia, sino a actos que constituyen graves violaciones de las leyes de Dios y que reflejan una actitud descarada o un atrevimiento irreverente, es decir, una actitud que revela falta de respeto o hasta desprecio por las leyes, normas y autoridad. Pablo también relaciona la conducta relajada con el coito ilícito (Romanos 13:13, 14). Puesto que en Gálatas 5:19-21 se incluye la conducta relajada entre algunas de las prácticas pecaminosas que impedirían que se heredara el Reino de Dios, esta es motivo suficiente para que una persona sea censurada y hasta expulsada de la congregación cristiana.

La palabra inmundicia (en griego a-ka-thar-sí-a) es, de los tres términos que se traducen “fornicación”, “inmundicia” y “conducta relajada”, el que tiene el sentido más amplio. Abarca cualquier clase de impureza, sea en asuntos sexuales, en el habla, en la conducta o en las relaciones espirituales. “Inmundicia” incluye una amplia variedad de pecados graves. En 2 Corintios 12:21, Pablo alude a los que ‘pecaron antes, pero que no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y conducta relajada que han practicado’. Puesto que la “inmundicia” aparece junto con la “fornicación” y la “conducta relajada”, es evidente que algunas clases de inmundicia son motivo para formar un comité judicial. Claro está, el término “inmundicia” es amplio y abarca asuntos que no ameritan la formación de un comité judicial. Tal como una casa puede estar un poco sucia o sumamente asquerosa, también hay diversos grados de inmundicia.

En Efesios 4:19, Pablo habla de algunas personas que habían “llegado a estar más allá de todo sentido moral” y que “se entregaron a la conducta relajada para obrar toda clase de inmundicia con avidez”. Así pues, Pablo sitúa la “inmundicia con avidez” en la misma categoría que la conducta relajada. Si un cristiano bautizado practica “inmundicia con avidez” y no se arrepiente, puede ser expulsado de la congregación por ser culpable de inmundicia grave.

Supongamos que una pareja de novios se acariciara apasionadamente en numerosas ocasiones. Podría ser que los ancianos determinaran que, aunque la pareja no manifestó una actitud de descaro —característica de la conducta rela- jada—, sí hubo cierta avidez en su conducta. Por lo tanto, los ancianos formarían un comité judicial, pues se produjo inmundicia grave. Si alguien mantuviera repetidas conversaciones telefónicas de índole sexual con otra persona, también se podría tratar el caso sobre la base de la inmundicia grave, sobre todo si se le había aconsejado anteriormente.

Los ancianos deben ser discernidores al atender casos como estos. Tienen que analizar con cuidado lo que ha sucedido y el grado al que se llegó. No es cuestión de concluir que alguien es culpable de conducta relajada porque no aceptó el consejo bíblico. Tampoco se trata de establecer de manera sistemática el número de veces que puede cometerse un pecado antes de que se forme un comité judicial. Los ancianos deben pedir la ayuda de Jehová y pesar cuidadosamente cada situación; también han de averiguar lo que ocurrió, la frecuencia, la naturaleza y el grado del mal comportamiento, así como las intenciones y los motivos del pecador.

La inmundicia grave no solo se manifiesta en pecados sexuales. Por ejemplo, imagínese a un jovencito bautizado que se fuma unos cuantos cigarrillos en un corto espacio de tiempo. Él confiesa el pecado a sus padres y está decidido a no volver a hacerlo. Se trata de un caso de inmundicia en el que no ha llegado a haber “inmundicia con avidez”. Bastaría con que el joven recibiera los consejos bíblicos de uno o dos ancianos y el apoyo de sus padres. Ahora bien, ¿y si el joven fumara habitualmente? Esto constituiría una contaminación deliberada de la carne, y se formaría un comité judicial para que atendiera el asunto sobre la base de inmundicia grave (2 Corintios 7:1). Si el muchacho no se arrepintiera, habría que expulsarlo.

Algunos cristianos han comenzado a ver pornografía. Aunque esto ofende a Dios, y es normal que los ancianos se sorprendan si se enteran de que un hermano en la fe ha estado viendo pornografía, no siempre es necesario formar un comité judicial. Por ejemplo, supongamos que un hermano ha visto pornografía “blanda” en varias ocasiones. Como se siente avergonzado, lo confiesa a un anciano, resuelto a no repetir este pecado. El anciano bien podría llegar a la conclusión de que su conducta no ha llegado al punto de ser “inmundicia con avidez”. El hermano tampoco mostró una actitud descarada, y por lo tanto no constituiría conducta relajada. Aunque no sea necesario emprender ninguna acción judicial, este tipo de inmundicia exigirá sólidos consejos bíblicos y, quizás, la ayuda continuada de los ancianos.

Ahora bien, supongamos que, durante años, un cristiano ha visto en secreto pornografía repugnante y sexualmente degradante, y ha hecho todo lo posible por ocultar este pecado. Dicho material pornográfico pudiera abarcar violaciones

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en grupo, sadomasoquismo, tortura sádica, maltrato de mujeres o hasta pornografía infantil. Cuando su conducta sale a la luz, se siente profundamente avergonzado. Aunque no tenga una actitud descarada, los ancianos tal vez determinen que ‘se ha entregado’ a un vicio repugnante y que ha practicado “inmundicia con avidez”, es decir, inmundicia grave. En ese caso, se formaría un comité judicial porque su conducta implica inmundicia grave. El pecador sería expulsado si no demostrara que está sinceramente arrepentido y que ha tomado la determinación de nunca más volver a ver pornografía. Si hubiera invitado a alguien a ver pornografía en su casa —lo que equivaldría a promoverla—, sería prueba de que tal persona tenía una actitud descarada, característica de la conducta relajada.

El término bíblico “conducta relajada” siempre se refiere a un pecado grave, normalmente de índole sexual. Para ver si se trata de conducta relajada, los ancianos deben analizar si hay descaro, desenfreno, grosería y desvergüenza, y si se atentó contra la decencia pública. Por otro lado, las transgresiones graves de la ley de Jehová que comete una persona que no manifiesta una actitud de descaro pudieran implicar “avidez”. Tales casos tienen que ver con inmundicia grave, y deben tratarse sobre esa base.

Es una seria responsabilidad tener que determinar si alguien ha llegado al punto de hacerse culpable de inmundicia grave o de conducta relajada, pues hay vidas en juego. Por eso, quienes tengan que juzgar estos casos deben pedir a Jehová espíritu santo, discernimiento y entendimiento. Los ancianos han de mantener la pureza de la congregación, y sus decisiones deben basarse en la Palabra de Dios y en las instrucciones del “esclavo fiel y discreto” (Mateo 18:18; 24:45). Más que nunca, en estos días malvados, los ancianos querrán tener presentes las siguientes palabras: “Vean lo que hacen, porque no es para el hombre que ustedes juzgan, sino que es para Jehová” (2 Crónicas 19:6).

5.1.5.2. w83 15/7 págs. 30-31 ¡Honre el arreglo divino del matrimonio! Cristianos casados

¿Qué hay de la actividad sexual dentro del vínculo matrimonial? No les atañe a los ancianos entrometerse en la vida íntima de los cristianos casados. Sin embargo, la Biblia ciertamente entra en la vida de éstos. Los que quieren ‘seguir andando por espíritu’ no deben pasar por alto lo que la Biblia indica que es la manera de pensar de Dios. Y hacen bien en cultivar odio por todo lo que es sucio a la vista de Jehová, incluso lo que claramente constituye prácticas sexuales pervertidas. Las parejas casadas deben obrar de manera que queden con la conciencia limpia, a medida que dan atención libre de estorbo al desarrollo del “fruto del espíritu”. (Gálatas 5:16, 22, 23; Efesios 5:3-5.)

Pero ¿qué hay si uno de los cónyuges quiere o hasta exige que su compañero participe en lo que claramente es una práctica sexual pervertida? Los hechos que se han presentado aquí muestran que porneia encierra conducta sexual ilícita fuera del arreglo matrimonial. Por eso, el que uno de los cónyuges exija que el otro participe en actos de perversión, como cópula oral o anal, dentro del matrimonio no constituiría base bíblica para conseguir un divorcio que librara a cualquiera de los dos cónyuges para volver a casarse. Aunque el cónyuge creyente se sienta angustiado por la situación, el que esa persona se esfuerce por apegarse a los principios bíblicos resultará en que Jehová la bendiga. En tales casos pudiera ser útil que la pareja considerara francamente el problema y tuviera presente en particular que las relaciones sexuales deben ser honorables, sanas, una expresión de tierno cariño. Esto ciertamente debería excluir cualquier práctica que pudiera angustiar o perjudicar al cónyuge de uno. (Efesios 5:28-30; 1 Pedro 3:1, 7.)

Como ya se ha dicho, no toca a los ancianos “vigilar” los asuntos maritales privados de los matrimonios de la congregación. Sin embargo, si se llega a saber que algún miembro de la congregación practica o promueve abiertamente relaciones sexuales pervertidas dentro de la unión matrimonial, tal persona ciertamente no sería irreprensible, y por eso no sería aceptable para recibir privilegios especiales, tales como el de servir de anciano, o de siervo ministerial o precursor. La práctica y promoción de tales perversiones hasta pudiera resultar en que dicha persona fuera expulsada de la congregación. ¿Por qué?

Gálatas 5:19-21 alista muchos vicios que no se clasifican como porneia, y que pudieran resultar en que uno no satisficiera los requisitos para entrar en el Reino de Dios. Entre ellos están la “inmundicia” (akatharsia, que en griego significa suciedad, depravación, lascivia) y la “conducta relajada” (aselgeia, que en griego significa libertinaje, desenfreno, conducta descarada). Al igual que porneia, estos vicios, cuando se hacen crasos, pueden ser base para expulsión de la congregación cristiana, pero no para obtener un divorcio bíblico. La persona que promoviera descaradamente actividades sexuales escandalosas y repulsivas sería culpable de conducta relajada. Por supuesto, alguien con tal actitud hasta pudiera llegar a la degradación de cometer porneia; entonces habría base para un divorcio bíblico. ¡Cuánto deberían preocuparse todos los cristianos devotos por evitar todas esas “obras de la carne” y guerrear contra ellas! (Gálatas 5:24, 25.)

Todos los que pertenezcan al pueblo de Jehová, sean casados o solteros, deben evitar toda clase de inmoralidad. Deben apoyar lealmente todos los arreglos de Jehová, incluso la institución del matrimonio (Salmo 18:21-25). Los que están casados deben, como “una sola carne”, esforzarse por honrar a Jehová y cultivar verdadero amor y respeto en su matrimonio (Génesis 2:23, 24; Efesios 5:33; Colosenses 3:18, 19). Así, al igual que de otras maneras, pueden demostrar que “no son parte del mundo”... un mundo que Satanás ha arrastrado a un lodazal de inmoralidad y corrupción, y que

está a punto de ‘pasar junto con su deseo’. Al recordar que “el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”, todos debemos esforzarnos por hacer la “voluntad” de Dios con relación a Su precioso arreglo del matrimonio. (Juan 17:16; 1 Juan 2:17.)

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¿Qué significa la expresión “conducta relajada” que se encuentra en Gálatas 5:19?—EE. UU.

Uno pudiera asumir que este término (de la palabra griega asélgeia) se refiere a conducta que es inmoral pero de manera leve o no tan seria. Sin embargo, éste no es el caso según la evidencia disponible en las Escrituras y también en los antiguos escritos griegos seglares en los que aparece esta palabra. No se circunscribe a actos de inmoralidad sexual. Y, en vez de relacionarse con conducta mala de índole algo insignificante o leve, evidentemente describe actos que reflejan una actitud descarada, una actitud que revela falta de respeto, desprecio o hasta desdén por las normas, leyes y autoridad. Lo ‘relajado’ de la conducta, por lo tanto, no se debe principalmente a debilidad, sino que resulta de una actitud de falta de respeto, insolencia o desvergüenza.

En apoyo de esto hallamos que léxicos del lenguaje griego al definir asélgeia (y otras formas de esta palabra) dicen que describe: “actos ultrajantes,” “libertinaje, violencia desenfrenada,” “insolencia,” “abuso vulgar,” “brutal[idad]” (Liddell y Scott); “exceso, intemperancia, en cualquier cosa, v.g., lenguaje, conducta, insolencia” (Robinson); “concupiscencia desenfrenada, . . . calidad de ultrajante, desvergüenza” (Thayer); “desenfrenada insolencia desaforada” (Trench). A New Testament Wordbook por Barclay dice: “Platón usa [asélgeia] en el sentido de ‘impudencia.’ . . . Se define como ‘violencia aunada a insulto y audacia.’ . . . Se describe como ‘el espíritu que no conoce restricciones y que se atreve a cualquier cosa que el capricho y la insolencia desenfrenada sugieren’.”

El historiador judío Josefo, del primer siglo E.C., usó el término (asélgeia) cuando describió que la reina Jezabel erigió una capilla de Baal en Jerusalén. Este acto de veras que fue un ultraje sumamente alarmante y desagradable, uno que descaradamente despreciaba la opinión pública y la decencia.

El uso de asélgeia en los escritos griegos seglares es paralelo al uso de la voz en las Escrituras Griegas Cristianas. El apóstol Pablo, por ejemplo, habla de la gente de las naciones y dice que, debido a “la insensibilidad de su corazón,” llegaron a estar “más allá de todo sentido moral, [entregándose] a la conducta relajada [asélgeia] para obrar toda clase de inmundicia con avaricia.” (Efe. 4:17-19) El apóstol Pedro asocia asélgeia con tales prácticas de las naciones como “lujurias, excesos con vino, diversiones estrepitosas, partidas de beber e idolatrías ilegales,” cosas que llevan a un “bajo sumidero de disolución.” (1 Ped. 4:3, 4) Y, al describir la angustia de Lot por los actos de la gente de Sodoma, el apóstol enfatiza la actitud “desafiadora de ley” de los sodomitas en su “conducta relajada,” y compara a ciertos individuos de su propio día con ellos en ser “osados, tercos,” ‘menospreciando el señorío,’ no temiendo ‘hablar injuriosamente’ de los gloriosos, y profiriendo “expresiones hinchadas de ningún provecho.” (2 Ped. 2:7-10, 18) Todas estas expresiones ejemplifican bien el sabor del término griego asélgeia que se relaciona con conducta desvergonzada, desenfrenada.

De modo similar el discípulo Judas escribe de los hombres impíos que usaban la bondad inmerecida de Dios como “una excusa para conducta relajada,” y recalca su actitud irrespetuosa, desdeñosa y despectiva para con la autoridad justa. No solo el que estuvieran “contaminando la carne” en inmoralidad sexual y de otra clase constituía “conducta relajada,” sino también el que estuvieran “desatendiendo el señorío y hablando injuriosamente de los gloriosos.” Eran “hombres animales, que no tienen espiritualidad.”—Jud. 4-8, 19.

Hoy la actitud que se describe con la palabra asélgeia es muy prominente en el mundo. Muchos jóvenes desechan toda restricción, no titubean en ultrajar la decencia pública, en tratar con desprecio e insolencia a la autoridad y hablar injuriosamente a los padres y a otros. Pero no solo los jóvenes lo hacen. Los teatros y los cines y las revistas abiertamente presentan actos que dan prominencia especial no solo a la desnudez pública y el coito sexual, sino también a la brutalidad sádica junto con habla obscena, inmunda. Todo esto ejemplifica la “conducta relajada” en el sentido bíblico del término. Sin embargo, podemos notar que la “conducta relajada” (asélgeia) se menciona varias veces en combinación con “fornicación” (porneia) e “inmundicia” (akatharsía). (2 Cor. 12:21; Gál. 5:19; compare con Romanos 13:13.) ¿De qué manera difieren estos términos? De los tres, “inmundicia” (akatharsía) es el más amplio. Diferente de porneia, por ejemplo, no solo abarca la inmoralidad sexual sino la impureza de cualquier clase: en el habla, acción o relación espiritual. (Compare con 1 Tesalonicenses 2:3; 1 Corintios 7:14; 2 Corintios 6:17.) Y, diferente de asélgeia, la aplicación de este término no depende del motivo o actitud del culpable de la inmundicia. “Inmundicia” también da lugar a un alcance amplio de grado de seriedad o gravedad. Tal como la ropa puede tener una mancha leve o puede estar totalmente sucia, así también la “inmundicia” del individuo puede ser leve o grave. Este término es básicamente distintivo porque recalca la naturaleza moralmente repugnante de la conducta o condición incorrecta.

“Fornicación” (porneia), por otra parte, está más circunscrita, pues describe actos crasamente inmorales de una naturaleza estrictamente sexual. Aunque toda porneia, por supuesto, es inmunda, este término griego en particular enfatiza la naturaleza ilícita y lasciva de la conducta, conducta como la que uno pudiera hallar en una casa de prostitución, aunque

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no necesariamente se cometiera en tal lugar.

“Conducta relajada” (asélgeia) es como la “inmundicia” en que no está restringida a inmoralidad sexual, pero difiere en que enfatiza el desenfreno y la insolencia desvergonzada de la conducta. Vemos, entonces, que —aunque todos estos términos se relacionan con maldad y a veces pueden traslapar— cada palabra tiene su propio sabor, empuje o énfasis distintivos.

Señalando esto, el docto bíblico y del lenguaje griego Lightfoot dice, según se cita en A New Testament Wordbook de Barclay, que “un hombre puede ser ‘inmundo’ (akathartos [forma adjetival de akatharsía]) y ocultar su pecado, pero el hombre que es aselges (adjetivo [de asélgeia]) ofende a la decencia pública. Aquí está la mismísima esencia de asélgeia; al hombre en cuya alma mora asélgeia . . . no le importa lo que la gente diga o piense con tal que pueda satisfacer su deseo maligno. . . . A la mayoría de los hombres les queda suficiente decencia para tratar de ocultar su pecado, pero el aselges ha llegado al grado que ni siquiera se le ocurre eso.”

Para ilustrar esto de manera práctica: Una pareja cristiana comprometida pudiera, en alguna ocasión de mostrarse afecto mutuo, extralimitarse involuntariamente del punto de lo que es puro y decente. Aunque no cometa lo que la Biblia llama porneia (crasa inmoralidad sexual), no obstante la pareja comprometida pudiera llegar a ser culpable hasta cierto grado de “inmundicia,” como por abrazarse de manera muy apasionada, o dejar que sus manos se deslicen a zonas íntimas del cuerpo. Quizás se sientan avergonzados de esto y se resuelvan a no volver a hacerlo. ¿Han sido culpables de “conducta relajada” (asélgeia)?

No en el pleno sentido bíblico de la palabra, porque no estaban despreciando deliberada y desdeñosamente las normas justas. Por supuesto, si voluntariosamente hicieran una práctica de tal conducta impura, esto mostraría un descuidado desprecio a lo que es limpio, la desvergonzada falta de respeto que describe asélgeia. Así, también, un joven que, aunque no tenga intenciones honorables de casarse, participa egoístamente en galanteo y muchas caricias amorosas con una muchacha —o quizás con una muchacha tras otra— está manifestando la codicia desenfrenada de lo que se define bíblicamente como “conducta relajada.” A él no le importa cuánto daño o perjuicio cause. Lo mismo se pudiera decir de

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