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Pornéia

In document Referencias Libro Ancianos (página 84-89)

5. Cuándo formar un comité judicial

5.1.3. Pornéia

5.1.3.1. lv cap. 9 págs. 99-102 “Huyan de la fornicación” ¿QUÉ ES LA FORNICACIÓN?

7 En la Biblia, el término fornicación (en griego pornéia) designa todas las clases de relaciones sexuales ilícitas, es decir, las que tienen lugar fuera del marco de un matrimonio válido a los ojos de Dios. Abarca tanto el adulterio como los actos sexuales entre un hombre y una mujer solteros, o con una persona dedicada a la prostitución. Practicar el coito oral o anal con alguien con quien no se está casado, o manipularle los genitales, también es fornicación. Y la situación no cambia si en los actos antes indicados interviene alguien del mismo sexo o incluso un animal.

8 Las Escrituras son muy claras: quienes practican la fornicación no recibirán la vida eterna (1 Corintios 6:9; Revelación 22:15). Aun hoy, van a cosechar muchos problemas. Para empezar, no pueden permanecer en la congregación. En muchos casos no solo pierden la tranquilidad de conciencia, la dignidad personal y la confianza de los demás, sino que se enfrentan a discusiones matrimoniales, embarazos no deseados, enfermedades venéreas e incluso la muerte (Gálatas 6:7, 8). ¿Valdrá la pena emprender un camino de tanto sufrimiento? Lamentablemente, muchos no piensan en las consecuencias al dar los primeros pasos, uno de los cuales suele ser la pornografía.

LA PORNOGRAFÍA: PRIMER PASO A LA FORNICACIÓN

9 En muchos países, la pornografía aparece por todos lados: en los puestos de revistas, las canciones, los programas de televisión y en millones de páginas de Internet. ¿Se trata de picardía inofensiva, como dicen algunos? De ningún modo. Quienes recurren a ella pueden hundirse en el vicio de la masturbación y alimentar “apetitos sexuales vergonzosos”. En último término, pudieran volverse adictos al sexo, abrigar deseos pervertidos, sufrir discordias maritales, e incluso llegar al divorcio (Romanos 1:24-27; Efesios 4:19). Según una autoridad en la materia, la adicción al sexo es como el cáncer: “No deja de crecer y de extenderse, rara vez retrocede, y es muy difícil tratarla y erradicarla”.

10 Hay que tener muy presentes las palabras de Santiago 1:14, 15: “Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo. Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado; a su vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte”. Para evitar que esto suceda, ¿qué debemos hacer cuando nos vengan malos deseos? Tomar medidas inmediatas y sacárnoslos de la mente. Por ejemplo, si nos encontramos con imágenes eróticas, ¿qué haremos? Rápidamente, apartar la mirada, apagar la computadora, cambiar de canal de televisión... Lo que sea, con tal de impedir que los deseos inmorales nos consuman y acaben dominándonos (Mateo 5:29, 30).

11 Jehová nos conoce mucho mejor que nosotros mismos. Con buenas razones, nos pide: “Amortigüen, por lo tanto, los miembros de su cuerpo [...] en cuanto a fornicación, inmundicia, apetito sexual, deseo perjudicial y codicia, que es idolatría” (Colosenses 3:5). Ciertamente, no es fácil alcanzar ese grado de control. Pero contamos con la ayuda de nuestro paciente y amoroso Padre celestial (Salmo 68:19). Por eso, cada vez que nos asalten malos deseos, acudamos sin dilación a él, rogándole que nos dé “poder [...] más allá de lo normal”, y esforcémonos por desviar nuestro pensamiento hacia otros asuntos (2 Corintios 4:7; 1 Corintios 9:27; véase el recuadro “¿Cómo puedo librarme de un vicio?”, en la página 104).

12 El sabio Salomón nos exhorta: “Más que todo [...], salvaguarda tu corazón, porque procedentes de él son las fuentes de la vida” (Proverbios 4:23). ¿Qué es el “corazón” que debemos proteger? La persona interior, lo que somos realmente a los ojos de Dios. Y es justo eso, lo que Jehová ve en el “corazón” —y no la apariencia que proyectamos—, lo que va a determinar si recibiremos la vida eterna. Así de sencillo, y así de serio. A fin de proteger el corazón, imitemos al fiel Job, quien hizo con sus ojos el compromiso solemne de nunca mirar indecentemente a ninguna mujer (Job 31:1). Como el salmista, oremos a Dios: “Haz que mis ojos pasen adelante para que no vean lo que es inútil” (Salmo 119:37).

5.1.3.2. w06 15/7 págs. 29-31 Preguntas de los lectores

¿Puede alguien ser expulsado de la congregación cristiana por ser culpable de inmundicia,

tal como puede ocurrir si es culpable de fornicación o conducta relajada?

La respuesta es sí. La persona puede ser expulsada de la congregación si practica fornicación, conducta relajada o algunas clases de inmundicia, y no se arrepiente. El apóstol Pablo menciona estos tres pecados junto con otros males que

5.1. OFENSAS QUE REQUIEREN OACCIÓN JUDICIAL 85

pueden llevar a la expulsión, al escribir: “Las obras de la carne son manifiestas, y son: fornicación, inmundicia, conducta relajada [...;] les aviso de antemano [...] que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21). El término fornicación (en griego porneia) abarca toda relación sexual ilícita fuera del matrimonio, lo que incluye el adulterio, la prostitución y las relaciones sexuales entre personas no casadas, así como el sexo oral y anal y la manipulación sexual de los órganos genitales de una persona que no sea su cónyuge. Quienes practican fornicación y no se arrepienten no pueden permanecer en la congregación cristiana.

La expresión conducta relajada (en griego asélgueia) denota “desenfreno [...], vida licenciosa, depravación”. El Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, de Alfred E. Tuggy, la define así: “descaro, grosería, desvergüenza, libertinaje, insolencia”. Otro léxico la define como una forma de “conducta que traspasa todos los límites socialmente aceptables”.

Como indican estas definiciones, en la “conducta relajada” se dan dos elementos: 1) la conducta en cuestión constituye una violación grave de las leyes de Dios, y 2) la actitud del pecador es irrespetuosa e insolente.

Por lo tanto, la expresión “conducta relajada” no se refiere a mala conducta de poca importancia, sino a actos que constituyen graves violaciones de las leyes de Dios y que reflejan una actitud descarada o un atrevimiento irreverente, es decir, una actitud que revela falta de respeto o hasta desprecio por las leyes, normas y autoridad. Pablo también relaciona la conducta relajada con el coito ilícito (Romanos 13:13, 14). Puesto que en Gálatas 5:19-21 se incluye la conducta relajada entre algunas de las prácticas pecaminosas que impedirían que se heredara el Reino de Dios, esta es motivo suficiente para que una persona sea censurada y hasta expulsada de la congregación cristiana.

La palabra inmundicia (en griego a-ka-thar-sí-a ) es, de los tres términos que se traducen “fornicación”, “inmundicia” y “conducta relajada”, el que tiene el sentido más amplio. Abarca cualquier clase de impureza, sea en asuntos sexuales, en el habla, en la conducta o en las relaciones espirituales. “Inmundicia” incluye una amplia variedad de pecados graves. En 2 Corintios 12:21, Pablo alude a los que ‘pecaron antes, pero que no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y conducta relajada que han practicado’. Puesto que la “inmundicia” aparece junto con la “fornicación” y la “conducta relajada”, es evidente que algunas clases de inmundicia son motivo para formar un comité judicial. Claro está, el término “inmundicia” es amplio y abarca asuntos que no ameritan la formación de un comité judicial. Tal como una casa puede estar un poco sucia o sumamente asquerosa, también hay diversos grados de inmundicia.

En Efesios 4:19, Pablo habla de algunas personas que habían “llegado a estar más allá de todo sentido moral” y que “se entregaron a la conducta relajada para obrar toda clase de inmundicia con avidez”. Así pues, Pablo sitúa la “inmundicia con avidez” en la misma categoría que la conducta relajada. Si un cristiano bautizado practica “inmundicia con avidez” y no se arrepiente, puede ser expulsado de la congregación por ser culpable de inmundicia grave. Supongamos que una pareja de novios se acariciara apasionadamente en numerosas ocasiones. Podría ser que los ancianos determinaran que, aunque la pareja no manifestó una actitud de descaro —característica de la conducta relajada—, sí hubo cierta avidez en su conducta. Por lo tanto, los ancianos formarían un comité judicial, pues se produjo inmundicia grave. Si alguien mantuviera repetidas conversaciones telefónicas de índole sexual con otra persona, también se podría tratar el caso sobre la base de la inmundicia grave, sobre todo si se le había aconsejado anteriormente.

Los ancianos deben ser discernidores al atender casos como estos. Tienen que analizar con cuidado lo que ha sucedido y el grado al que se llegó. No es cuestión de concluir que alguien es culpable de conducta relajada porque no aceptó el consejo bíblico. Tampoco se trata de establecer de manera sistemática el número de veces que puede cometerse un pecado antes de que se forme un comité judicial. Los ancianos deben pedir la ayuda de Jehová y pesar cuidadosamente cada situación; también han de averiguar lo que ocurrió, la frecuencia, la naturaleza y el grado del mal comportamiento, así como las intenciones y los motivos del pecador.

La inmundicia grave no solo se manifiesta en pecados sexuales. Por ejemplo, imagínese a un jovencito bautizado que se fuma unos cuantos cigarrillos en un corto espacio de tiempo. Él confiesa el pecado a sus padres y está decidido a no volver a hacerlo. Se trata de un caso de inmundicia en el que no ha llegado a haber “inmundicia con avidez”. Bastaría con que el joven recibiera los consejos bíblicos de uno o dos ancianos y el apoyo de sus padres. Ahora bien, ¿y si el joven fumara habitualmente? Esto constituiría una contaminación deliberada de la carne, y se formaría un comité judicial para que atendiera el asunto sobre la base de inmundicia grave (2 Corintios 7:1). Si el muchacho no se arrepintiera, habría que expulsarlo.

Algunos cristianos han comenzado a ver pornografía. Aunque esto ofende a Dios, y es normal que los ancianos se sorprendan si se enteran de que un hermano en la fe ha estado viendo pornografía, no siempre es necesario formar un comité judicial. Por ejemplo, supongamos que un hermano ha visto pornografía “blanda” en varias ocasiones. Como se siente avergonzado, lo confiesa a un anciano, resuelto a no repetir este pecado. El anciano bien podría llegar a la conclusión de que su conducta no ha llegado al punto de ser “inmundicia con avidez”. El hermano tampoco mostró una actitud descarada, y por lo tanto no constituiría conducta relajada. Aunque no sea necesario emprender ninguna acción judicial, este tipo de inmundicia exigirá sólidos consejos bíblicos y, quizás, la ayuda continuada de los ancianos.

Ahora bien, supongamos que, durante años, un cristiano ha visto en secreto pornografía repugnante y sexualmente degradante, y ha hecho todo lo posible por ocultar este pecado. Dicho material pornográfico pudiera abarcar violaciones

en grupo, sadomasoquismo, tortura sádica, maltrato de mujeres o hasta pornografía infantil. Cuando su conducta sale a la luz, se siente profundamente avergonzado. Aunque no tenga una actitud descarada, los ancianos tal vez determinen que ‘se ha entregado’ a un vicio repugnante y que ha practicado “inmundicia con avidez”, es decir, inmundicia grave. En ese caso, se formaría un comité judicial porque su conducta implica inmundicia grave. El pecador sería expulsado si no demostrara que está sinceramente arrepentido y que ha tomado la determinación de nunca más volver a ver pornografía. Si hubiera invitado a alguien a ver pornografía en su casa —lo que equivaldría a promoverla—, sería prueba de que tal persona tenía una actitud descarada, característica de la conducta relajada.

El término bíblico “conducta relajada” siempre se refiere a un pecado grave, normalmente de índole sexual. Para ver si se trata de conducta relajada, los ancianos deben analizar si hay descaro, desenfreno, grosería y desvergüenza, y si se atentó contra la decencia pública. Por otro lado, las transgresiones graves de la ley de Jehová que comete una persona que no manifiesta una actitud de descaro pudieran implicar “avidez”. Tales casos tienen que ver con inmundicia grave, y deben tratarse sobre esa base.

Es una seria responsabilidad tener que determinar si alguien ha llegado al punto de hacerse culpable de inmundicia grave o de conducta relajada, pues hay vidas en juego. Por eso, quienes tengan que juzgar estos casos deben pedir a Jehová espíritu santo, discernimiento y entendimiento. Los ancianos han de mantener la pureza de la congregación, y sus decisiones deben basarse en la Palabra de Dios y en las instrucciones del “esclavo fiel y discreto” (Mateo 18:18; 24:45). Más que nunca, en estos días malvados, los ancianos querrán tener presentes las siguientes palabras: “Vean lo que hacen, porque no es para el hombre que ustedes juzgan, sino que es para Jehová” (2 Crónicas 19:6).

5.1.3.3. w04 15/2 págs. 13-14 párrs. 12-15 Mantengámonos castos salvaguardando el corazón

12 En particular, es vital ‘huir de la fornicación’ durante el noviazgo. Este debería ser un período gozoso, lleno de esperanza e ilusión, pero algunas parejas lo echan a perder por jugar con la inmoralidad. Al mismo tiempo, se privan mutuamente del mejor fundamento para un buen matrimonio: una relación basada en el amor altruista, el autodominio y la obediencia a Jehová Dios. Una pareja de novios cristiana incurrió en conducta inmoral. Después de casarse, ella admitió que su conciencia la atormentaba, hasta el punto de ensombrecer la alegría del día de la boda. “Muchas veces le he pedido a Jehová que me perdone —confesó—, pero aunque han pasado siete años, la conciencia me sigue acusando.” Es esencial que quienes cometan este tipo de pecado pidan ayuda a los ancianos de la congregación (Santiago 5:14, 15). Sin embargo, muchas parejas cristianas evitan sabiamente estos peligros durante su noviazgo (Proverbios 22:3). Limitan las expresiones de afecto, se hacen acompañar de alguien cuando salen y tienen mucho cuidado de no estar juntos en lugares solitarios.

13 Los cristianos que entran en un noviazgo con quienes no sirven a Jehová se exponen a terribles dificultades. Por ejemplo, ¿cómo podríamos unirnos a alguien que no ama a Jehová? Es fundamental que los cristianos se unan bajo un yugo únicamente con quienes aman al Creador y respetan sus normas de castidad. La Palabra de Dios nos aconseja: “No lleguen a estar unidos bajo yugo desigual con los incrédulos. Porque, ¿qué consorcio tienen la justicia y el desafuero? ¿O qué participación tiene la luz con la oscuridad?” (2 Corintios 6:14).

14 El conocimiento también es esencial. En realidad, no podemos huir de la fornicación si no sabemos en qué consiste. En el mundo actual, hay quienes han adoptado un concepto falso del significado de “fornicación”. Se imaginan que, siempre y cuando se abstengan del acto sexual propiamente dicho, pueden satisfacer sus impulsos sexuales con alguien con quien no están casados. En un intento por reducir la cantidad de embarazos no deseados entre adolescentes, incluso respetadas instituciones médicas han animado a los jóvenes a participar en comportamientos sexuales pervertidos que no conllevan el riesgo de embarazo. Tal consejo es totalmente erróneo. Evitar el embarazo fuera del matrimonio no es lo mismo que mantenerse castos, y la verdadera definición de “fornicación” no es tan limitada ni estrecha.

15 La palabra griega por-néi-a, que se traduce “fornicación”, tiene un significado mucho más amplio. Abarca las relaciones sexuales con alguien que no sea el cónyuge, y se refiere al uso indebido de los órganos sexuales. Por-néi-a incluye actos como el sexo oral, el sexo anal y masturbar a otra persona, prácticas que suelen relacionarse con prostíbulos. Quienes piensan que tales actos no son “fornicación” se engañan a sí mismos y han caído en uno de los lazos de Satanás (2 Timoteo 2:26). Por otra parte, mantenerse castos implica más que abstenerse de cualquier conducta que constituya fornicación. Para ‘huir’ de ella debemos evitar toda forma de inmundicia sexual o conducta relajada que pueda llevarnos a cometer el grave pecado de por-néi-a (Efesios 4:19). Tan solo así nos mantendremos castos.

5.1.3.4. w00 1/11 pág. 8 párr. 6 Veamos la pureza moral como Dios la ve

6 ¿Qué significa el término fornicación? Esta palabra traduce la voz griega por-néi-a, que a veces hace referencia a las relaciones sexuales entre personas no casadas (1 Corintios 6:9). En otros lugares, como en Mateo 5:32 y 19:9, tiene un significado más amplio, de modo que también abarca el adulterio, el incesto y el bestialismo. Otras prácticas entre individuos no casados, como el coito oral o anal y la manipulación sexual de los genitales de otra persona, constituyen

5.1. OFENSAS QUE REQUIEREN OACCIÓN JUDICIAL 87

asimismo por-néi-a. Todos estos actos se condenan —sea explícita o implícitamente— en la Palabra de Dios (Levítico 20:10, 13, 15, 16; Romanos 1:24, 26, 27, 32).

5.1.3.5. w83 15/9 págs. 23-26 Manteniendo el punto de vista de Dios tocante a lo sexual

Manteniendo el punto de vista de Dios tocante a lo sexual

NUESTRO amoroso Padre celestial creó a nuestros primeros padres con el maravilloso don de poder tener relaciones sexuales. Puso en ellos un deseo tan intenso de casarse y de participar en las relaciones que acompañan al matrimonio que aseguró la continuación de la existencia de la familia humana. Ciertamente, cuando pensamos en este arreglo y el alto grado de placer y felicidad que puede proporcionar a los humanos, nos sentimos movidos a alabar a nuestro Gran Dios por haber concebido esta maravillosa manera de poblar la Tierra. (Génesis 1:27, 28.)

No es de extrañar que cuando Satanás el Diablo se rebeló contra Dios, se propusiera corromper este excelente arreglo mediante el cual había de venir a la existencia la entera raza humana. Por medio de influir en la mente de los seres humanos que ahora nacen en la imperfección, ha podido pervertir la actitud de ellos tocante al uso apropiado de las facultades sexuales que Dios les ha dado. La Biblia muestra que para el tiempo del Diluvio ‘la inclinación del corazón del hombre había llegado a ser mala desde su juventud’ (Génesis 6:5, 6; 8:21). A medida que la familia humana se sumió en el derrotero de la inmoralidad, los ángeles del cielo miraban.

Participación de los ángeles

Dios no creó a los ángeles con el deseo de tener relaciones sexuales con los humanos. Sin embargo es patente que Satanás logró hacer que algunos de ellos pensaran impropiamente tocante a tales asuntos. Así se desarrolló en ciertos ángeles el deseo de tener algo que Dios había propuesto solamente para el disfrute de los humanos dentro de los límites apropiados del matrimonio. Aquellos angelicales “hijos del Dios verdadero” hicieron algo inicuo al dejar sus posiciones respectivas en el cielo para venir a la Tierra y casarse con mujeres (Génesis 6:2). Tal acción resultó del cultivar un deseo malo, no de un deseo natural que Dios hubiera puesto en ellos. Puesto que los ángeles pueden desarrollar tales deseos sexuales contranaturales, no debería sorprendernos el que los humanos puedan desarrollarlos también. Al escribir bajo inspiración, el discípulo Judas estableció un paralelo entre los ángeles que desearon a las hijas de los hombres y ciertos humanos que se vieron apasionadamente envueltos con personas de su propio sexo. Escribió:

“Y a los ángeles que no guardaron su posición original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitación, los ha reservado con cadenas sempiternas bajo densa oscuridad para el juicio del gran día. Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas, después que ellas de la misma manera que los anteriores hubieron cometido fornicación excesivamente e ido en pos de la carne para uso contranatural, son puestas delante de nosotros como ejemplo amonestador al sufrir el castigo judicial de fuego eterno”. (Judas 6, 7.)

Perversiones sexuales: En el pasado y el presente

Como estudiantes de la Biblia sabemos lo que ocurrió en la antigua Sodoma... como los hombres y los jovencitos de la ciudad, enloquecidos por lo sexual, exigían tener relaciones sexuales con los que para ellos eran meramente huéspedes varones de Lot (Génesis 19:4-11). Aquello ocurrió solo unos 450 años después del Diluvio. En aquellos días de la antigüedad también llegó a ser común entre los humanos tener relaciones sexuales con animales. Por eso, unos 400 años después, en

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