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3. El encuentro con los otros en un proceso de formación para la reconstrucción de la

3.4. Encuentro afectivo: la formación atravesada por las emociones

3.4.1. La confianza

En el recorrido por las experiencias encontramos que todas propenden, al iniciar el proceso formativo, por generar ambientes de confianza para la apertura de los participantes.

Para Arendt (2005), la confianza debe iniciar desde el hecho mismo de confiar en la ―humanidad‖ del otro, es decir, en el hecho de que el otro es capaz de iniciar algo nuevo en el mundo. La autora toma las relaciones humanas como una especie de riesgo donde nos aventuramos así:

(La) aventura es que nosotros iniciamos algo; nosotros introducimos nuestro hilo en la malla de las relaciones. Lo que de ello resultara, nunca lo sabemos (…) y es que sencillamente no se puede saber: uno se aventura. Y hoy añadiría que este aventurarse sólo es posible sobre una confianza en los seres humanos. Una confianza en —y esto, aunque fundamental, es difícil de formular— lo humano de todos los seres humanos. De otro modo no se podría (Arendt, 2005, p. 40).

La noción de confianza está en todas las experiencias pero aparece desde una pluralidad de concepciones y de puestas en práctica. Para GPRI la puesta en común de múltiples voces amplía el ―inventario de da os‖ con el que se le exigirán derechos al Estado. Para la EDH el encuentro entre los jóvenes desvinculados de los grupos armados con los jóvenes de los movimientos sociales es la clave para que los primeros se movilicen políticamente de una forma no violenta. Para INWENT es la estrategia central para desaprender los estereotipos y estar abiertos a la experiencia intercultural. Por su lado, en AMOR es la herramienta fundamental tanto para la superación del daño, como para la consolidación de los grupos de mujeres y para fortalecer su acción política. En PROPAZ es un recurso central en la didáctica para la formación de habilidades para la paz; y finalmente para RP es el fundamento metodológico, tanto la fuente de su trabajo de escritura, como el ejercicio que permite que esa escritura intervenga el mundo social activamente.

En todas las experiencias se hace referencia a generar un ―ambiente de confianza‖ al inicio del proceso formativo. Es vital que los participantes se sientan cómodos para participar en el desarrollo de las dinámicas, talleres y actividades, para que puedan hablar de su pasado, de su

experiencia, de su biografía con amplitud y estén dispuestos a escuchar a los ―otros‖. En las experiencias se realizan ejercicios que están enfocados en ―romper el hielo‖ entre los participantes. Al respecto en EDH encontramos que ―el /la animador/a crea un ambiente de tranquilidad, seguridad y contención que permiten a las personas expresarse con libertad‖ (Jiménez et al., 2008, p. 27).

Como habíamos señalado en el capítulo 1, las emociones y específicamente los sentimientos morales, son los que desencadenan que los sujetos silenciados a causa del acontecimiento doloroso, conviertan este suceso en un acontecimiento político. Es decir, que sientan indignación al considerarlo como un acto injusto que merece ser reparado y no un producto del infortunio. Pero a esta consideración los sujetos llegan a partir de los encuentros con los otros, cuando se ha generado al interior del grupo un ambiente de confianza, que es el que propicia la apertura al diálogo, la conversación y la reflexión, que desemboca en un aprendizaje colectivo.

En esta línea, Burbules (1999), sostiene la idea de que debe existir algún sentimiento hacia el otro con el que se entabla la conversación. Sobre el factor emocional de la confianza afirma que trae consigo un elemento relevante: la creencia. Esta puede contener dos orientaciones: primero, indicar confianza a pesar de circunstancias de peligro o riesgo; y segundo, indicar simpatía o un compromiso que apoya la idea de que el otro cuenta con buena voluntad. Según el autor,

la importancia de la relación dialógica, una vez que se ha establecido y nos ha atrapado en su espíritu de intercambio, es que la confianza puede pasar a ser una condición de fondo indiscutida, algo que ocasionalmente puede requerir refuerzos, pero que la mayor parte del tiempo es literalmente tácita (Burbules, 1999, p. 68).

A partir del reconocimiento de que el otro cuenta con buena voluntad y de la creencia en que el diálogo puede funcionar a pesar de las circunstancias de riesgo, es que se abre el espacio y el camino para que surja un diálogo reflexivo. En este último se encuentran los saberes y experiencias de unos y otros que permiten que se realice, además, de un aprendizaje del dolor, un aprendizaje de corte colectivo.

Por su parte, AMOR busca generar un ambiente de confianza y sororidad entre las mujeres para abrir un espacio en el que ellas narren sus vivencias y así produzcan una reconstrucción colectiva de la memoria. De esta manera, todas se dan cuenta que los episodios de ―horror‖ por

los que han pasado, otras mujeres los han padecido, y en esta línea, ellas comparten el dolor y sus sentimientos.

Para generar confianza, AMOR cuenta con varias actividades que ocurren en los círculos de convivencia, en las tertulias nocturnas, en las asambleas comunitarias y en los grupos de apoyo mutuo (GAM). Cuando estos lazos se establecen, se da un paso de lo privado a lo público y las mujeres logran compartir sus vivencias. En adición, se generan procesos de elaboración de duelos, de recuperación de la voz y la autoestima; se da un reconocimiento de que ha existido una vulneración; y se logra establecer que en la comunidad se puede reelaborar el dolor y se pueden recuperar espacios sociales. Asimismo, el Programa de Vida y Salud Mental (PROVISAME) está organizado por ―pasos‖, que son talleres que brindan las herramientas necesarias (actividades, dinámicas y talleres) para iniciar procesos de recuperación con otras mujeres. También está organizado por ―abrazos‖, que son la puesta en práctica de los ―pasos‖. En los ―abrazos‖ se propicia un ambiente de confianza, hay recuperación de voz, los participantes pasan de la resignación y el silencio, a tomar una postura crítica frente al pasado y pueden reconocer el lenguaje de los derechos humanos, para luchar por conformar la organización.

En EDH podemos señalar que la estrategia pedagógica es utilizar actividades plásticas (artísticas o estéticas) para poner en contacto a quienes han ―perdido su cuerpo‖ con aquellos recuerdos más dolorosos que han suprimido. La idea de esta exploración es encontrar el reconocimiento del otro, con base en dos emociones, la indignación y la confianza, que serán la base del proceso de formación:

(Se trabaja con base en el) desarrollo y elaboración emocionales que les permiten reconocer: (i) la injusticia, la desigualdad y la discriminación por la indignación y la rabia que experimentan ante ellas; (ii) a los iguales, por la confianza y la cercanía del contacto pues se les abraza y se les permite el abrazo. En este horizonte, la exploración emocional es una fuente primaria del reconocimiento del sujeto de los derechos, tanto como de sus derechos, su ejercicio, su promoción y su defensa (Jiménez et al., 2008, p. 18).

Por su parte, Freire (1970) nos indica que, además de la confianza en los ―otros‖, en los procesos educativos es vital acercarse con una actitud de humildad, entendida como la apertura y la disposición a las personas que intervienen en los procesos. Para el autor, cuando se pretende iniciar una relación dialógica partiendo de que se cuenta con una verdad, con un conocimiento

que está por encima de los aportes de los demás, sencillamente no se está construyendo nada, porque desde el principio se da por sentado la existencia de un saber hegemónico. En esta línea Freire nos dice que ―no hay, por otro lado, diálogo si no hay humildad. La pronunciación del mundo, con el cual los hombres lo recrean permanentemente, no puede ser un acto arrogante‖ (Freire, 1970, pp. 67-73).

En la mirada de INWENT, encontramos que la confianza también es ampliamente elaborada. Cuando inician sus procesos pedagógicos, introducen algunos ejercicios que aluden a generar ambientes en los que los participantes se sientan más confortables. Para ilustrar este proceso cuentan con una actividad llamada ―bosque de sonidos‖. Esta actividad consiste en que los participantes se organizan por parejas, donde una persona es el guía y la otra el guiado. La persona que será guiada tendrá los ojos cerrados, pero ambos deberán escoger un sonido que identificarán y tendrán como guía. La persona que guía emitirá el sonido para poder conducir a la persona con los ojos cerrados al lugar que desee. El propósito de esta actividad es generar empatía y confianza entre los participantes.

Luego de estas dinámicas y actividades, surge un reconocimiento del otro, las voces cobran vida, y se parte de la vivencia de cada uno para realizar los aprendizajes y las reflexiones.

En PROPAZ, se realizan talleres, trabajos en grupo y asesorías. En estas actividades también se busca generar confianza para que haya apertura hacia la construcción colectiva. El objetivo de PROPAZ gira en torno a educar para la paz, la convivencia y para la no-violencia, por medio del desarrollo de habilidades. Así lo dice la experiencia:

Finalmente, queremos hacer mención al establecimiento de relaciones que favorezcan la confianza y abran las puertas a la construcción colectiva, por esto la consolidación del grupo facilita el proceso (Castañeda et al., 2003, p. 6).

En los seminarios-taller de PROPAZ, los participantes y multiplicadores se encuentran para compartir sus experiencias personales y realizar análisis y reflexiones en torno a las mismas. Luego, en los trabajos en grupo, realizan la aplicación de las estrategias analizadas en los seminarios-taller en sus respectivas comunidades. Finalmente, en las asesorías hay un acompañamiento a los grupos de trabajo en su fase de aplicación, para evaluar la contextualización de los aprendizajes. Para PROPAZ es importante realizar estas actividades porque

…la consolidación de buenas relaciones al interior del grupo que va a desarrollar el proceso formativo (incluyendo a los/as facilitadores) es fundamental, no sólo porque se hace más agradable el tiempo compartido y disfrutamos más de las actividades realizadas, sino porque se genera un ambiente de confianza en el que es posible construir conocimiento, aprender unos/as de otros/as reconociendo y valorando los aportes, conocimientos y experiencias de todos/as (Castañeda et al., 2003, p. 39).

3.4.2.Condición para el encuentro afectivo en el proceso formativo: solidaridad

Siguiendo el hilo del encuentro afectivo, sugerimos que otro afecto que cumple la condición para la estructura de la propuesta formativa es la solidaridad, entendida como el sentimiento que se despierta después de generar y tejer lazos de confianza. Cuando los sujetos logran aparecer e insertarse en la red de relaciones por medio de la palabra y del acto, simultáneamente, también están desarrollando su capacidad de escucha. Y cuando son escuchados y escuchan a los otros, se reconocen en los discursos de los unos y de los otros. Al conocer que la tragedia es compartida se despierta la solidaridad.

Tafalla (2003), afirma que la mimesis es algo presente en el cuerpo humano, que nos solidariza con los dolores y padecimientos del otro. Solidarizarse con el dolor permite un encuentro, porque hay reconocimiento del ―otro‖ y de sus tragedias. Aquí podemos introducir además de la solidaridad, la compasión, el padecer-con, entendida, como capacidad de sentir el dolor del otro. Al identificarse con el dolor del otro, la compasión mueve a la solidaridad. Hay otros aspectos que compartimos los seres humanos: la finitud y la fragilidad. Me solidarizo, en la medida en que pienso que ―el mal‖ acaecido a otro, también me puede suceder a mí.

En AMOR, cuando las mujeres se reúnen, narran sus experiencias, y ofrecen sus testimonios a las ―otras‖, se dan cuenta que no están solas, que no son las únicas, que han padecido. La reconstrucción de la dignidad en esta experiencia pasa por el reconocimiento de que las mujeres no son culpables de su dolor. Como ellas, existen otras mujeres, que han pasado por las mismas circunstancias y que tienen miedo de compartir sus experiencias dolorosas. Se pretende que se tejan entre éstas mujeres lazos de confianza y solidaridad, ya que por medio de este trabajo colectivo pueden darle un giro al sufrimiento. Al final, se busca propender por una movilización afectiva que desemboque en una postura política, donde sean sujetos agentes y se organicen. Lo relevante del sentimiento de solidaridad que se despierta en los grupos de trabajo es que llegan a

la conclusión de que pueden construir juntas. Además, que pueden realizar sus procesos formativos en colectivo, donde adquieren visibilidad, voz y fuerza, porque tejen un apoyo mutuo.

Todas coinciden en señalar que las transformaciones operadas en sus vidas son innegables: han recuperado la confianza, la estima, han reconstruido su vida social, se han integrado a dinámicas grupales a nivel local y regional, están en procesos de aprendizaje y formación, alcanzaron la libertad de salir de casa, recuperaron la palabra, se sienten reconocidas y queridas, construyeron lazos de amistad con otras mujeres, reconocieron su compromiso con el entorno que las rodea, desarrollaron una mayor conciencia de género y se sienten útiles y capacitadas para aportar a la sociedad (Ramírez, 2007, p. 16).

La experiencia está mediada por la afectividad, por la construcción o tejido de relaciones. La confianza y la solidaridad son las que posibilitan que en estos encuentros, las mujeres desnuden sus corazones, expresen su verdad, y compartan su dolor.

Este espacio ha propiciado la solidaridad y la sororidad entre las mujeres al brindar un ambiente acogedor, de confianza y de aprendizaje mutuo, en el que se privilegia la palabra para expresar los sentimientos y en el que se propicia el intercambio de experiencias desde la vida cotidiana y el contexto de guerra. En él se exteriorizan sentimientos personales que encuentran resonancia en otras mujeres lo que les facilita descubrir alternativas y superar las propias dificultades. Es éste un espacio sanador de los dolores y tramitador de los miedos en el que la autoridad de las mujeres circula para abrirle campo al reconocimiento y enriquecimiento mutuo (Marín et al., 2009, pp. 95-96).

En INWENT la solidaridad se encuentra reflejada en el eje temático de ―memoria histórica‖ y ―derechos humanos‖. En este eje temático se trabajan ejercicios biográficos e interactivos. En esta línea encontramos el ejercicio ―flor de la identidad‖. Este ejercicio se trata de escribir, en cada pétalo de una flor, los sueños, la edad, la convicción política, la religión, el estado civil, el género, la nacionalidad, la lengua materna, la situación económica, el estrato social, entre otros; con el fin de que los participantes encuentren similitudes entre las características que los identifican y los sueños frustrados.

En PROPAZ también se tiene en cuenta la solidaridad, cuando realizan ejercicios como ―viendo y describiendo‖. Este ejercicio consiste en que los participantes, en hojas, describan fotografías con ciertas escenas. Se trata de que los participantes hagan descripciones objetivas de

situaciones críticas, es decir, que se den cuenta de que juzgan una situación a primera vista, muchas veces sin conocer el contexto en que se originó. Esto hace que los participantes tomen conciencia de que no pueden juzgar al otro sin escucharlo primero, y se tejan lazos de solidaridad entre los participantes.

3.4.3.Condición para el encuentro afectivo en el proceso formativo: interés e