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Relevancia del diálogo en los Encuentros de formación para la

3. El encuentro con los otros en un proceso de formación para la reconstrucción de la

3.2. Encuentro político

3.2.4. Relevancia del diálogo en los Encuentros de formación para la

Si bien la acción constituye la esencia del encuentro político, el diálogo es la condición sine qua non del mismo. Para Nicholas Burbules (1999), el diálogo se puede ver como un tipo de relación social más que como un método con arreglo a fines. En este tipo de relación social la pretensión no es solamente llegar a un consenso, acuerdo o hallazgo, o definir un ganador, sino también que las personas sean conscientes del acto comunicativo y tengan como pretensión el reconocimiento y la revisión del otro y de sí mismos. Así, sobre el diálogo, Burbules dice:

…no es algo que hagamos o que empleemos; es una relación en la que entramos: a veces atrapados, a veces, llevados por ella. Considerar el dialogo como una relación (con otra persona o con otras personas) destaca en él aspectos que están más allá de nosotros, que descubrimos y que nos modifican (1999, p. 15).

Visto como una relación social, el diálogo no es una ocasión particular, sino que es dinámico, evoluciona y es sensible al contexto. Así, en una relación social dialógica, se reconoce que hay relaciones de autoridad y de opresión que la contextualizan, al respecto de las cuales no hay que hacerse ilusiones ingenuas de superación, pero tampoco quedarse en pesimismos

irresolubles. Esto evidencia claramente las relaciones asimétricas que los seres humanos construimos, de las que hablábamos en páginas anteriores y que dificultan la reciprocidad.

Para Burbules (1999), la relación dialógica se puede clasificar según dos ejes: el eje convergente-divergente respecto del conocimiento, y el eje incluyente-crítico respecto del interlocutor. Esto quiere decir que, por una parte, puede haber relaciones dialógicas que busquen llegar a un tipo de conocimiento común o que quieran fortalecer diversidad de formas de conocer. Y por otra parte puede haber relaciones dialógicas en donde los participantes partan del principio de creer o de dudar los unos en otros. Al combinar estos dos ejes, tenemos cuatro tipos de dialogo: la conversación (inclusivo-divergente), la indagación (inclusivo-convergente), el debate (crítico-divergente) y la enseñanza (crítico-convergente).

La conversación es el espacio que genera la confianza entre los sujetos, es el punto en el cual, los unos en relación con los otros, tienen como intención el la escucha y el mutuo reconocimiento. No hay pretensiones de poder y menos aún de construir una verdad. Es iniciar el acogimiento a la iniciativa del otro.

En la conversación, los interlocutores de un diálogo avanzan en forma interactiva, cooperativa, no hacia una meta común determinada, sino un proceso de compromiso mutuo dirigido a una comprensión compartida (Burbules, 1999). Desde AMOR se trabaja intensamente la conversación:

Se plantea el proceso de formación como un diálogo permanente de saberes que permita que las mujeres validen sus propias experiencias, se nutran con el conocimiento académico, y tejan lazos de confianza suficientes para aumentar su auto estima y fortalecer sus vínculos de relación personal (Ramírez, 2007, p. 50).

En el diálogo como indagación, la pregunta y la reflexión que ésta promueve, adquieren un valor trascendental, porque permiten convertir la experiencia en acontecimiento; es decir, resignificar una experiencia vivida. En la indagación se busca la respuesta a una cuestión, la solución a un problema, un consenso político, la coordinación de acciones para un propósito común. En la indagación es importante crear una comunidad de lenguaje porque facilita la construcción de acontecimientos y la movilización como colectivo. AMOR evidencia este tipo de diálogo en los ―pasos‖ ya que proponen un ―[…] diálogo de saberes: como forma de enriquecer el bagaje teórico y práctico de las participantes del proceso‖ (Ramírez, 2007, p. 50). Dice Burbules algo muy similar:

…cultivar un espíritu de tolerancia y de respeto para todo un espectro de visiones, con la intención de abordar alguna cuestión o algún problema, y con las esperanza de que esas diferencias se concilien en elementos comunes al menos parciales y provisionales (1999, pp. 166-167).

Por su parte, el diálogo como debate pretende que los participantes sometan sus posiciones al cuestionamiento de los demás. En el debate no hay una intención de conciliación o de acuerdo, sino que más bien es la arena donde los sujetos se juegan su participación política, contraponiéndola a la de los demás. El debate puede abrir nuevos horizontes y poner en el escenario nuevas ideas y cosmovisiones que alimenten la subjetividad. Sin embargo, nos advierte Burbules:

Es posible que el propósito de un debate sea enriquecer cada punto de vista, generar argumentos nuevos u ofrecer una visión más clara de un tema en particular, aunque siempre está el riesgo de que los participantes del debate manipulen, confundan o utilicen de forma selectiva la información (1999, p. 169).

Al respecto del debate, en INWENT trabajan a partir de la narración de las vivencias, experiencias y la biografía de cada uno de los participantes, y con esto buscan generar debates, reconocimiento y un proceso de reflexión y crítica frente a las injusticias y a la vulneración de los derechos humanos. Por una línea similar va RP cuando propicia el espacio para el diálogo antes de realizar sus talleres, e incluso los participantes le reclaman a la experiencia el hecho de que los debates sean tan cortos:

El debate sería más intenso, uno no tendría que hablar a la carrera. Esos debates le sirven a uno porque uno aprende del otro. A ver, cómo te lo digo, si yo tengo un pensamiento de eso, el otro también tiene su pensamiento, no igual, puede ser parecido, yo puedo pensar que ese man tiene razón, o pensar que el otro tiene la razón, los que no lo han pensado comienzan a pensarlo (Rivera & Bermúdez, 2010, p. 104).

El diálogo en la enseñanza se entiende como la aparición de las diversas posturas de los participantes, donde se crean consensos y también se evidencian disensos. Allí se hacen preguntas y enunciados similares al debate pero con el objetivo de que los participantes lleguen a una conclusión determinada. Para Burbules hay al menos dos enfoques del diálogo como enseñanza:

…el de Sócrates, que en buena medida halla su impulso en las preguntas y conduce al interlocutor del diálogo por los pasos lógicos de argumentaciones o pruebas complejas; y el modelo de la enseñanza recíproca, que supone un proceso mucho más complejo de presentación de un modelo, andamiaje, interrogación y realimentación en el curso de una interacción estrecha entre docente y estudiante (1999, p. 174).

Para nuestra propuesta formativa es central el diálogo en la enseñanza, pues es a partir de la construcción de la pregunta, de la reflexión crítica alrededor de la misma, que los sujetos llegan al aprendizaje. Es desde este aprendizaje donde se generan posibilidades de acción¸ de movilización social y de desplazamientos emocionales que van desde la resignación, pasando por la indignación, hasta la acción. Consideramos que en la ―realimentación‖ de la que habla Burbules está el proceso que permite construir el imperativo adorniano de ―no más‖ y ―nunca más‖ frente a cada vivencia concreta de injusticia.

El diálogo está, por lo mismo, en estrecha relación con la dignidad: ese poder interiorizar la idea de dignidad, es decir, de sentirse digno, pasa necesariamente por participar del diálogo y en él, aparecer para ser escuchado y valorado en la diversidad.

3.2.5.Relevancia del razonamiento público en los encuentros de formación para la