3. El encuentro con los otros en un proceso de formación para la reconstrucción de la
3.2. Encuentro político
3.2.1. Relevancia de la acción en los encuentros políticos, espacios de
Para nuestra apuesta formativa es muy importante abordar el primer requisito para el encuentro político, la noción de acción de Arendt (1993). En nuestra propuesta formativa es necesario que los participantes del proceso hagan acción. Es decir, recuperen su voz, aparezcan en el espacio público, inserten algo nuevo en la red de relaciones sociales, todo esto, con el fin de que construyan instituciones más justas que permitan la realización de sus proyectos de la vida. Es importante resaltar que la acción es la facultad de pensar en el mundo político, está
constituida por la libertad y por su impredecibilidad. La acción es iniciada por un agente y su resultado es incierto: es el hecho de brindar algo nuevo a la red de relaciones. La acción está mediada pues por el nacimiento en lo público. Gracias a la acción y a la palabra, el hombre se inserta en el mundo: es en un espacio en el que es posible la vida en su sentido no biológico sino político, donde los hombres se revelan.
Vale la pena recalcar que la acción planteada por Arendt cumple su función sólo cuando está acompañada de la palabra. Como ya lo dijimos, aquí el discurso no sólo es entendido como comunicación, sino como construcción, puesto que es una especie de vehículo para construir pluralidad y tener varias perspectivas del mundo. En la acción se entreteje una red de relaciones humanas. En palabras de Arendt se expresa como sigue: ―A la acción le es peculiar poner en marcha procesos cuyo automatismo parece muy similar al de los procesos naturales, y le es peculiar sentar un nuevo comienzo, empezar algo nuevo, tomar la iniciativa, o, hablando kantianamente, comenzar por sí misma una cadena‖ (Arendt, 1993).
Cuando se menoscaba la dignidad de un sujeto, se rompe el espacio de aparición y el mundo común dónde podemos hacer acción. Nos interesa saber entonces en qué consiste perder el mundo común de aparición.
Para Arendt (1993), la terminación del mundo como ―mundo común‖, conlleva a la pérdida de la capacidad de construir intersubjetivamente, esto es, de hablar, conversar. Cuando los sujetos se topan con una situación dolorosa, el primer espacio que pierden es el de aparición, la capacidad de hacer acción y por lo tanto, de construir con los otros.
Para la autora esta problemática empezó en la filosofía desde muy atrás, con el rechazo de Platón a la corporeidad y al mundo social, que él llamaba de mera apariencia. Platón privilegió, desde su ―alegoría de la caverna‖. un ―mundo de las ideas‖ que se alcanzaba sólo a través de la muerte, cuando el filósofo abandonaba su cuerpo. De esta manera, en la filosofía se empezó a entretejer una tradición enfocada en la muerte y no en el nacimiento. Arendt rompe con este ―hilo de la tradición‖ al establecer todo su pensamiento en torno a la natalidad como posibilitadora de acción en la pluralidad, nociones que serán explicadas en detalle más adelante.
¿En qué consiste entonces la acción? En su libro La condición humana (1993), Arendt construye el concepto de vita activa, que está compuesta de tres ―actividades‖: labor, trabajo y acción. Estas actividades son fundamentales porque cada una corresponde a una de las condiciones básicas ―bajo las que se ha dado al hombre la vida en la tierra‖ (Cruz, 2003, p. viii).
En primer lugar está la labor, que es la actividad que corresponde al proceso biológico del cuerpo humano, es decir, a las necesidades básicas tales como alimentarse, vestirse o asearse. En el proceso de la vida, la labor produce y alimenta las necesidades ligadas al espontáneo crecimiento, metabolismo y decadencia final del cuerpo. La condición humana de la labor es la vida misma.
En segundo lugar encontramos el trabajo, que es la actividad que corresponde a lo no natural de la exigencia del ser humano. Se refiere a un ―artificio humano‖. El trabajo no se encuentra atado al repetitivo ciclo vital de la especie ni a las necesidades de corte biológico. La mortalidad tampoco queda compensada por dicho ciclo. El trabajo produce el mundo de cosas ―artificial‖, elaborado, fabricado, diferente de todas las circunstancias naturales que apuntan a la conservación y a la durabilidad de la vida. Dentro de sus límites se alberga cada una de las vidas individuales, mientras que este mundo sobrevive y trasciende a todas ellas. La condición humana del trabajo es la mundanidad.
Ahora, la última noción que conforma la vita activa y que atraviesa todo nuestro trabajo, porque nuestra propuesta formativa apunta hacia la política, es la acción. Esta es la condición sine qua non de la política para Arendt y la conditio per quam de toda la vida política para Bárcena (2006, p. 132). La acción es la única actividad que se da entre los seres humanos sin la mediación de cosas o materia y corresponde a la condición humana de la pluralidad, ―al hecho de que los hombres, no el Hombre, vivan en la Tierra y habiten en el mundo‖ (Cruz, 2003, p. viii). Mientras que todos los aspectos de la condición humana están solo relacionados con la política, esta pluralidad es específicamente la condición sin la cual no sería posible la vida política. Es por esta razón que afirmamos en el capítulo 1 que la dignidad se reconstruye en la pluralidad y en la acción política de los sujetos.