3. El encuentro con los otros en un proceso de formación para la reconstrucción de la
3.3. Encuentro de experiencias
3.3.4. La importancia de la narración biográfica en el proceso
Hemos señalado la centralidad del saber de la experiencia para el proceso formativo de reconstrucción de la dignidad, y también hemos mostrado cómo el lenguaje construye el mundo y construye también al sujeto. Tal como lo habíamos indicado ya, consideramos que la forma más adecuada de reconocer la experiencia y usar el lenguaje como acción es la narración. Consideramos importante acercarnos a la narración con perspectiva biográfica debido a que esta propicia que los participantes realicen una reflexión a partir de lo propio y porque tiene impactos en la narrativa de los otros que están involucrados en el proceso formativo. Volvamos a las palabras de Gómez, quien dice:
Sólo a través de un relato la experiencia adquiere unidad de sentido para sí mimo y para quien escucha; el yo narrador se construye y reconstruye en la urgencia de darle unidad a la trama; la subjetividad se despliega y se contrae, rememora y se proyecta en la temporalidad de la historia (2011, p. 6).
En el mismo orden de ideas, el Joan-Carles Mèlich (2002) dice que la vida humana es, ante todo, una narración. Con base en esto, argumenta que el hombre es un animal de palabra y por tanto un narrador, porque explica cuentos y le gusta que le expliquen cuentos.
Para INWENT este es el fundamento de algunas actividades y dinámicas que buscan un cambio de perspectiva en el sujeto:
Algunas técnicas de la pedagogía para la paz trabajan explícitamente sobre la base de la biografía individual, del origen propio y el contexto social de l@s participantes. En la mayoría de los casos tienen un carácter fuertemente autorreflexivo, motivando a cuestionar los determinantes del desarrollo propio, las costumbres y los esquemas establecidos, por lo que permiten a menudo un cambio de perspectiva (Dirnstorfer, 2008, p. 14).
De la misma manera, es a través del cultivo del ―narrador‖ que se hace todo el proceso de formación en la EDH. Se parte de la multiplicidad interna del sujeto a través de la idea de que el
―yo‖ está compuesto por muchos ―personajes‖ o ―máscaras‖ y que el ―narrador‖ puede darles un lugar deseado:
Puedo establecer la diversidad de personajes que me constituyen, algunos de los cuales son públicos (rostros, personajes, máscaras del yo), y otros no; y puedo establecer también que hay un narrador, que conoce cada uno de tales personajes, que cuenta pedacitos de experiencias de cada uno de los personajes.
Ese narrador tiene nombre, se llama el sí mismo.
El papel óptimo del sí mismo es el de construir un relato, una biografía, que de un lugar legítimo a cada uno de los personajes que me constituye (Jiménez et al., 2009, p. 38).
Si el sujeto tiene la capacidad de contarse, entonces su historia no es una sucesión causal de eventos objetivos. En efecto, el ―narrador‖ tiene a su disposición la plasticidad del sujeto para poder construir su propia biografía. Esto implica el acontecimiento, esto es, experimentar por segunda vez los sufrimientos, pero también implica transformarlos. Cuando Arendt habla de natalidad se refiere a este ―experimentar por segunda vez‖. Veamos lo que nos explica al respecto Bárcena:
Sólo experimentando por segunda vez los sufrimientos los transformamos en acontecimientos significativos. Se trata de experimentar ese sufrimiento en la memoria que opera de forma retrospectiva y perceptiva. Ésta es la memoria que Arendt defiende: ―Una memoria de esta clase sólo puede hablar cuando se han silenciado la indignación y la ira, que nos obligan a la acción, y esto necesita tiempo‖. Como no podemos hacer que el pasado no haya sido, la única alternativa es tratar de comprenderlo, darle sentido, y encontrar algún tipo de ―reconciliación‖ (2006, pp. 172-173)
Esta narrativa pasa por el cuerpo, especialmente en lo que se refiere al conocimiento que está en él, que es la memoria. Y esta idea nos permite llegar a la ética anamnética, para poder elaborar el acontecimiento, al que se hizo referencia anteriormente. Con base en la memoria es posible crear una racionalidad diferente a la del ―hilo de tradición‖ de occidente y esto tiene que ver con la filosofía de la memoria que nos presenta Tallafa (2003).
En ese mismo orden de ideas, para INWENT hay que encontrarse con el pasado histórico (el del holocausto, por ejemplo) pero también y fundamentalmente, hay que construir la biografía. Dice INWENT:
La perspectiva biográfica contribuye a que cada individuo sea más consciente de la importancia del propio pasado para el futuro. De esta manera la paz puede concebirse como un reto, y el aporte propio a una cultura de paz como responsabilidad personal (Dirnstorfer, 2008, p. 17).
Llegar a ese ―aporte propio‖ que menciona INWENT es propiamente nacer de nuevo en el sentido arendtiano del término natalidad. Nosotros consideramos con Arendt (1993) que la acción que se consigue en un proceso de formación, no es un nacimiento biológico sino biográfico. La acción es narrada.
Ahora bien, como vimos, para Arendt (1993) esto se hace en la pluralidad. En la medida que se narra la acción, ésta va quedando en la historia. La historia no es narrada por el agente, sino por otro que es quien dará cuenta de la acción: el ―narrador‖ que hemos mencionado. Cuando es narrada la acción, el agente se convierte en ―paciente‖, esto es, padece la acción. Como tiene que haber un agente y un narrador para que la acción quede en la historia, la acción no se puede dar en soledad. No sólo se trata entonces, en un proceso formativo, de construir la natalidad (iniciar algo nuevo), sino también la pluralidad (el encuentro con los otros).