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Conocimiento y subjetividad

CAPÍTULO II: ANTECEDENTES HISTÓRICOS

4. Nietzsche: precursor de la vivencia del inconsciente en la filosofía

4.2.3. Conocimiento y subjetividad

Nietzsche reclama el reconocimiento de la subjetividad y la participación activa del sujeto que quiere conocer y para ello propugna invertir el camino

232 NIETZSCHE, F., Aurora, aforismo 22: “Obras y fe”, Pág. 35. Y también en La gaya ciencia, aforismo 58: “¡Sólo en cuánto creador!”, Págs. 117-118.

233 NIETZSCHE, F., La gaya ciencia, aforismo 354: “Sobre el genio de la especie”, Págs.

304-308.

234 Ibíd., aforismo 355: “El origen de nuestro concepto «conocimiento»”, Págs. 308-309. 235 NIETZSCHE, F., Aurora, aforismo 382: “Jardinero y jardín”, Pág. 271.

236 NIETZSCHE, F., La gaya ciencia, aforismo 304: “Cuando hacemos algo, abandonamos

seguido hasta ese momento, que consistía en la identificación con pensamientos, sentimientos y percepciones construidos a partir de una imagen aprendida del mundo y de nosotros mismos obviando parte de nuestra experiencia en este aprendizaje. Propone partir desde el mundo interior, un camino individual y original que solo cada uno de nosotros puede llevar a cabo. En este mismo sentido Ávila señala en relación al pensamiento de Nietzsche que el conocer, la verdad no es “algo dado e independiente de

nuestra búsqueda y de nosotros mismos.”237

Por otro lado el que adoptemos pensamientos o sentimientos sin una participación activa no quiere decir que éstos estén desprovistos de subjetividad. Así, para Nietzsche todo conocimiento parte de una subjetividad aprendida de una conciencia ajena o proveniente de la propia conciencia. Cuando no somos conscientes de estos procesos es cuando pensamos que están desprovistos de subjetividad. Para él la subjetividad siempre es previa al conocer:

“Se ve que también la ciencia se apoya sobre una fe, no existe ciencia alguna «libre de presupuestos».”238

El verdadero camino del conocimiento conlleva la liberación del espíritu y cambiar aquellas costumbres y valores que nos han conformado, aquello que

consideramos sagrado y “santificado”, y poder “soportar la contradicción” 239 y

ser capaces de soportar el desvío de toda conciencia social. Nietzsche escribe sobre las consecuencias de este desvío:

237 ÁVILA, R., Identidad y tragedia. Nietzsche y la fragmentación del sujeto, Pág. 79. 238 NIETZSCHE, F., La gaya ciencia, aforismo 344: “En qué medida somos piadosos

nosotros también”, Pág. 287. También mirar sobre este tema el aforismo 300: “Preludios de la ciencia”, Págs. 249-250.

“El ánimo de quien está en el camino de conocer, en cuanto contradictorio con la «fama permanente» se tiene por

ignominioso, mientras conserva todos los honores la

petrificación de los puntos de mira.”240

Hay que desprenderse de las ideas con las que nos hemos identificado y nos han dotado de unidad para así empezar a vivir en una diversidad y pluralidad de acontecimientos y perspectivas tanto exterior como interior. Todo ello implica aceptar la contradicción y admitir todos aquellos sentimientos o experiencias de vida que han sido objeto de rechazo a lo largo de la historia como el sufrimiento, la locura o el egoísmo, a lo que Nietzsche nos dice: “Tu

egoísmo es la desgracia de tu vida…, esto se predicó durante miles de años”241.

O por ejemplo con respecto al fracaso, Nietzsche escribe:

“Existe también un hombre completamente distinto, (…) Que esto no me sale bien –se dice a sí mismo–, pues tal vez me salga lo otro, y en total no sé si debo más a lo que me hace fracasar que a lo que tengo éxito.”242

El conocimiento al que Nietzsche insta implica el descondicionamiento de los presupuestos y prejuicios establecidos en torno a él, para así posibilitar un nuevo comienzo de búsqueda desde la propia visión del individuo. Esto conlleva la ruptura con las costumbres establecidas ligadas al entorno social o como numerosas veces dice, «el desvío del rebaño», un distanciamiento del consenso común, y por tanto el acercamiento a uno mismo, entrar en contacto con lo que uno es. En este reencuentro con uno mismo relacionado directamente con la subjetividad, con el camino individual y con el espíritu

240 Ibíd., aforismo 296: “La fama permanente”, Pág. 247. 241 Ibíd., aforismo 328: “Causar daño a la necedad”, Pág. 268. 242 Ibíd., aforismo 303: “Dos hombres felices”, Pág. 253.

hay, para Nietzsche, un trayecto inevitable que recorre la vivencia del dolor en un reconocimiento del mismo. Menciona bastantes veces en su obra cómo la evasión del dolor nos impide a su vez vivir la alegría. También llama nuestra atención en múltiples ocasiones sobre la tendencia cada vez más generalizada a evadir el dolor. A esto contribuye la atención y valor creciente que se le da al mundo externo, tanto al espacio como al tiempo que se le dedica, en detrimento de la dedicación al mundo interno, al espíritu:

“Nuestro tiempo, por mucho que hable de economía, es un despilfarrador: despilfarra lo más valioso, el espíritu.”243

Este dolor que obviamos, sea reprimido o simplemente aún no considerado por nuestra razón, lo veamos o no, está presente en nuestras vidas aunque sea en un tiempo y espacio distinto al de la consciencia. Colli lo expresa de manera muy clara en su aforismo equívoco sobre el dolor:

“El dolor no es un accidente eliminable: forma parte de la base. El hombre para suprimirlo tendría que negar la vida, y por tanto –si fuese posible– mediante la razón. No hay instinto contra el dolor, porque el dolor expresa ya algo más. Sólo lo que se expresa en la alegría puede «remover» lo que se expresa en el dolor.”244

El sufrimiento inútil, desesperanzador, alienante es aquel que se genera en la negación de ese dolor del que habla Colli que forma parte de nuestra base, pues negarlo conlleva negarnos a nosotros mismos. De modo que en esta evasión y/o negación del dolor, nos alejamos de nuestra experiencia. Esto da

243 NIETZSCHE, F., Aurora, aforismo 179: “¡Tan poco estado como sea posible!”, Pág.

169.

lugar a un sufrimiento añadido, un dolor sobrepuesto. Quizás podamos llamar a la experiencia del dolor, sufrimiento existencial o vital y a la negación del

dolor, sufrimiento psicológico o sufrimiento “al modo estoico”245 como lo llama

Nietzsche. El sufrimiento psicológico queda retenido y encapsulado en el logos, en el yo llamado consciente que, aunque dominador, tiene que soportar todo el peso existencial produciendo un desequilibrio además de obnubilar nuestra visión. Esta sobrecarga del yo reclamará en los albores del siglo XX ser asistido en el proceso psicoterapéutico. Y éste es uno de los aspectos donde Nietzsche abre una brecha y se anticipa a nuestro tiempo.