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CAPÍTULO II: ANTECEDENTES HISTÓRICOS

4. Nietzsche: precursor de la vivencia del inconsciente en la filosofía

4.3.2. El vacío

En la propuesta de cuestionar y desacreditar tanto el orden establecido como la propia configuración de los individuos desalojándolos de sus costumbres y referencias, Nietzsche nos remite ineludiblemente, a mi entender, a la experiencia del vacío. Nos invita a mirar el mundo y vivir en él aun no teniendo las respuestas a determinadas preguntas, si bien, primero hay que tener la disposición de escuchar aquellas preguntas para las que no encontramos respuesta pues normalmente dirá que sucede lo contrario; es decir, “se oyen sólo las preguntas para las que se es capaz de encontrar una

respuesta”284. Siendo de este modo que la fe, los dogmas se yerguen allí donde

la inseguridad y la incertidumbre no es soportada por el hombre, allí donde el vacío y la duda resultan incómodos e inquietantes:

“Algunos tienen todavía necesidad de la metafísica, pero también ese impetuoso anhelo de certeza que hoy se descarga científico-positivamente en amplias masas, el

anhelo de querer tener algo absolutamente firme.”285

El poder vivir sin respuestas infunde en la vida del hombre la experimentación de un nuevo espacio psíquico, el vacío. Adentrarnos en este espacio vacío alejados de toda instrucción puede sumergirnos en una experiencia de inquietud e incluso de desorientación:

283 FINK, E., La filosofía de Nietzsche, Pág. 114.

284 NIETZSCHE, F., La gaya ciencia, aforismo 196: “Límite de nuestro oído”, Pág. 212. 285 Ibíd., aforismo 347: “Los creyentes y su necesidad de fe”, Pág. 294.

“Pues uno tiene que ser capaz de perderse algunas veces si quiere aprender algo de las cosas que no somos nosotros mismos.”286

Para acercarnos a la individualidad nos invita a no censurar los contenidos que se nos presenten, y así poder dar cabida tanto a los aspectos luminosos como oscuros de la vida. Hay que adentrarse en lo desconocido, admitir el caos y el desorden en la profundidad de la existencia y abrirse a lo abismal:

“…Una fuerza de la propia determinación, una libertad de la voluntad por la cual un espíritu desecha toda fe, todo deseo de certeza, ejercitado como está en poder sostenerse sobre cuerdas y posibilidades ligeras y hasta a bailar sobre los abismos. Tal espíritu sería el espíritu libre

«par excellence»”.287

Este nuevo espacio psíquico no se diferenciaría del espacio de la creación, allí donde también bebe el artista y donde la aparición de lo desconocido se hace posible. Es un espacio por tanto que reclama un reposo en atención vigilante, escuchar el silencio de la soledad lejos de los ruidos y las voces en las que estamos inmersos y confundidos, a lo que tantas veces hace Nietzsche hace alusión, como por ejemplo manifiesta en Así habló Zaratustra: “Y no quiero habitar ni residir allí donde todo el mundo esputa y escupe”288, y en otro

capítulo de la misma obra: “Donde acaba la soledad, allí comienza el mercado; y donde comienza el mercado, allí comienzan también el ruido de los grandes

comediantes y el zumbido de las moscas venenosas”289. También en Aurora en

el aforismo 491: “Por eso me retiro a la soledad, –para no beber de las

286 Ibíd., aforismo 305: “Dominio de sí mismo”, Pág. 254. También mirar el aforismo

303 de la misma obra.

287 Ibíd., aforismo 347: “Los creyentes y su necesidad de fe”, Pág. 296.

288 NIETZSCHE, F., Así habló Zaratustra, “Del espíritu de la pesadez”, Pág. 275. 289 Ibíd., “De las moscas del mercado”, Pág. 90.

cisternas para todo el mundo”290. Y en el aforismo 177 deja entrever que es en

la profunda soledad donde se produce la gestación291. Es un gestar que se

refiere tanto al arte como al pensamiento y la vida. La creación deja de ser un espacio reservado al artista para convertirse en un camino transitable para todo aquel que tenga el valor de mirar el vacío y soportar el vértigo de ese espacio informe, de mirar impertérrito el abismo que nos brindan la soledad y el silencio, si bien nos abren al espacio creativo. Espacio éste que está íntimamente relacionado con la “muerte de Dios” a la que Nietzsche nos remite y en base a dicha experiencia se produce “la transformación por la que se pasa de la autoalienación a la libertad creadora que se conoce a sí misma”292. En esta

experiencia de la muerte de Dios que Nietzsche propugna, Fink señala que después de Nietzsche ya no existe separación alguna entre Dios y el mundo, se termina el idealismo trascendente que ha recorrido occidente:

“Lo que es creído como Dios, como algo que está más allá del hombre y de la tierra, es sólo una dimensión de la existencia humana proyectada fuera de ésta por el hombre. (…) Ahora lo infinito se descubre dentro del hombre mismo. El hombre es el ser que se trasciende a sí mismo.”293

El espacio exterior que el hombre ha creado alrededor suyo, en las distancias que ha establecido con respecto a Dios, a la metafísica y a la moral, le ha mantenido separado del mundo; pero con la experiencia de la muerte de Dios esa distancia es recuperada por el hombre en su interioridad, que deviene apertura y se manifiesta en la aparición de un nuevo espacio. Este espacio,

290 NIETZSCHE, F., Aurora, aforismo 491: ”También, por eso soledad”, Pág. 319. 291 Ibíd., aforismo 177: “Aprender la soledad”, Pág. 168.

292 FINK, E., La filosofía de Nietzsche, Pág. 83. De esta transformación habla Nietzsche en

el primer capítulo de Así habló Zaratustra: “De las tres transformaciones”, Págs. 53-55.

apunta Bachelard, se dilata más allá de la reflexión racional y del pensamiento conceptual para adentrarnos en el espacio de la imaginación dinámica, de un

psiquismo de lo aéreo, cuya cualidad esencial es la ligereza de una mirada que

arroja fuera de sí todos los pesos, todas esas cenizas del conocimiento, lo que

en nosotros es pasado íntimo oculto 294, y que no se adhiere a nada:

“El aire nietzscheano es entonces una extraña sustancia, es la sustancia sin cualidades sustanciales. Puede, por lo tanto, caracterizar al ser como adecuado a una filosofía del devenir total. En el reino de la imaginación, el aire nos libera de las ensoñaciones íntimas, digestivas. Nos libera de nuestra adhesión a las materias: es, pues, la materia de nuestra libertad. A Nietzsche el aire no le trae nada. No le

da nada. Es la inmensa gloria de una Nada.”295

Esta perspectiva que Nietzsche adopta de la que nos habla Bachelard –que puede resumirse en estos dos versos: “¡Arroja al abismo lo más pesado que tengas! ¡Olvida, hombre! ¡Hombre, olvida!”296– nace del olvido consciente, del

deseo de desprendimiento de lo conocido, y alude al hueco y al vacío en una escucha abierta y atenta a las apariciones provenientes del inconsciente. Safranski advierte que “se trata, por tanto, de agudizar la atención (y el lenguaje), de tal manera que permita la aparición de muchas cosas”297. La

actividad del pensamiento consciente tendrá que cesar para permitir que el pensar y la vida surjan en el espacio (del inconsciente) y el tiempo (presente, la inmediatez de la vida, es decir más allá de nuestras metas y pretensiones) de la contemplación. Este espacio, el inconsciente, será previo a todo conocimiento

294 BACHELARD, G., El aire y los sueños, Págs. 179-180. 295 Ibíd., Pág. 170.

296 NIETZSCHE, F., Poesías, 67, Pág. 233. Cit. en BACHELARD, G., El aire y los sueños, Pág.

179.

que la consciencia exprese. Así el pensar consciente sería una actividad mental secundaria ocupando un espacio mucho más reducido y limitado de lo que se había venido pensando hasta ese momento según Nietzsche deja entrever en el siguiente párrafo:

“A lo largo de la mayor parte de los tiempos se ha tenido el pensamiento consciente como el único pensamiento. Ahora es cuando por primera vez alborea que la mayor parte de nuestro actuar mental es inconsciente, y pasa desapercibido.”298

4.3.3. La actitud de escucha y el inconsciente

“Quien quiere evitar la reducción naturalista y psicologista, pero rechaza también la perspectiva de la semejanza con Dios, como es el caso de Nietzsche, no puede menos de buscar una posibilidad que le permita dar transparencia a la vida de la consciencia sin destruirla, ha de desarrollar un lenguaje que le haga posible captar más de lo que capta la moneda usual del sentido común, tiene que abandonar la zona media de la comunicación socializada. El que tiene los instrumentos para ello se convierte en poeta.”299

En el inconsciente se produce la gestación y la consciencia lo trae a la luz si bien la mayoría de las veces muy torpemente, se queja Nietzsche, pues sus lenguajes no se adaptan bien y “tampoco puede uno verter sus propios

pensamientos del todo en palabras”300. En otro aforismo expresa que “el pensar

que se hace consciente es únicamente la parte más pequeña, podemos decir, la más superficial y la peor, pues sólo este pensar consciente tiene lugar en

298 NIETZSCHE, F., La gaya ciencia, aforismo 333: “¿Qué es conocer?, Pág. 272. 299 SAFRANSKI, R., Nietzsche. Biografía de su pensamiento, Págs. 230-231.

palabras, esto es, en signos comunicables…”301 Para Nietzsche el poder expresar

pensamientos más amplios y profundos, más cercanos a lo vital, conlleva un mayor acercamiento al pensar inconsciente en un ejercicio de “alejarse de las cosas hasta que ya no se vea mucho de ellas y tenga uno que mirar mucho

para seguir viéndolas”302, pues los pensamientos son cualitativamente distintos

de las percepciones, es decir, “los pensamientos son sombras de nuestras

percepciones, siempre son más oscuros, más vacíos, más simples que éstas”303.

Y es por ello que se hace necesario adoptar otro pensar y otro lenguaje que en parte podemos aprender de los artistas y en concreto de los poetas:

“Todo esto debemos aprenderlo de los artistas y ser en lo demás más sabios que ellos. Pues por lo general cesa en ellos ésta su fuerza más fina cuando termina el arte y comienza la vida. Pero nosotros queremos ser los poetas de nuestra vida y primeramente en lo más pequeño y en lo cotidiano.”304

En este sentido, la utilización de un lenguaje poético más cercano a la imaginación y al lenguaje de las imágenes, no es sólo una propuesta por parte de Nietzsche sino que él mismo es un ejemplo de expresión desde la misma imaginación. Bachelard en su ensayo Nietzsche y el psiquismo ascensional le describe del modo siguiente:

“La imaginación de Nietzsche es más instructiva que toda experiencia. Difunde un clima de altura imaginario. Nos conduce a un universo lírico especial. La primera de las trasmutaciones de valores nietzscheanos es una

301 Ibíd., aforismo 354: “Sobre el «genio de la especie»”, Pág. 307.

302 Ibíd., aforismo 299: “Lo que se debe aprender imitando a los artistas”, Pág. 249. 303 Ibíd., aforismo 179: “Pensamientos”, Pág. 209.

trasmutación de imágenes. Transforma la riqueza de lo profundo en gloria de altura. (…) Nietzsche ha puesto toda su energía lírica en un trueque de lo pesado en ligero, de lo terrestre en aéreo.”305

Nietzsche busca y ensaya el encuentro entre creatividad y vida. En esta confluencia reside para él la posibilidad de una vida más individual y original, y de aquí a su vez emergerá una realidad más vasta. En el ejercicio de escuchar y mirar atentamente estriba la posibilidad de matices siempre nuevos y el imaginar otros mundos permite que lo posible, si es que existe en potencia se convierta en real. Nietzsche hace a su vez un llamamiento a la responsabilidad, a la necesidad de un constante ejercicio de honestidad para con uno mismo: a la libertad psíquica. Esto supone el desprendimiento de la hegemonía de la consciencia aunque no necesariamente propone abandonar su suelo firme pues en la consciencia se posibilita el acto de la reflexión o como dice Safranski siguiendo a Nietzsche:

“Los juegos del lenguaje y de la conciencia son inagotables, y si no son «verdaderos», por lo menos tienen la fuerza de hacerse «verdaderos» en un acto secundario. El mundo del lenguaje y de la conciencia del entre en definitiva es también un mundo en el que vivimos, nos movemos y existimos.”306

La consciencia ilumina y apresa las percepciones ya sean sentimientos o pensamientos, las fija para que podamos recrearnos en ellas y comunicar nuestras experiencias. Pero ni las ideas ni las emociones son fijas, ni siquiera el ser humano es un ser fijado:

305 BACHELARD, G., El aire y los sueños, Pág. 200.

“Ahora te parece error algo que en otro tiempo has amado como verdad o verosimilitud. Lo arrojas de ti y te imaginas que tu razón ha conseguido una victoria en ese combate. Pero tal vez aquel error existía cuando tú eras otro todavía –tú eres siempre distinto– y para ti tan necesario como cualquier otra «verdad» actual, lo mismo que una piel que te cubriera y te ocultara mucho que tú todavía no pudieras ver. Tu nueva vida es la que ha matado aquella opinión para ti y no tu razón,…”307

Para Nietzsche la consciencia tiene la función de sacar a la luz ideas, sensaciones, sentimientos y fijarlas en determinados puntos, pero ni es su única función ni una finalidad en sí misma para dotar al organismo de unidad como se había creído hasta ese momento. La consciencia es más una posibilidad de función que una función instalada, pues ha sido adquirida recientemente en la evolución del hombre; es todavía demasiado joven en su desarrollo habiéndola sobrestimado en su capacidad de aprehender lo que es más adecuado y cercano a la verdad. No se puede tomar a la consciencia como “unidad del organismo”, ésta ha sido una identificación falsa pues la consciencia puede “crecer y sufrir variaciones”:

“La conciencialidad es la última y más tardía evolución de lo orgánico y por consiguiente es también lo más

inacabado y lo más endeble en el organismo.”308

Al respecto Assoun escribe que “en efecto, Nietzsche no desea determinar demasiado, con el riesgo de empobrecerla, esa otra esfera que lo consciente no agota. Basta con sugerir que el inconsciente designa esa región donde suceden «las cosas esenciales» de la realidad humana. Cuando la consciencia comienza

307 NIETZSCHE, F., La gaya ciencia, aforismo 307: “A favor de la crítica”, Pág. 256. 308 Ibíd., aforismo 11: “La conciencia”, Pág. 76.

a hablar, lo esencial ya aconteció y –se perdió o disimuló”309. Una de las

equivocaciones que Nietzsche atribuye a la tradición occidental consiste en haber centrado su saber en la consciencia del yo. Esto ha derivado en gran medida en un desconocimiento de los impulsos y necesidades que han llevado al hombre de occidente al conocimiento y a los objetos de su saber. Éste fue incorporándose en el hombre de tal manera que a lo largo de la historia ha ido manifestándose como verdad totalizadora e intrínseca a su ser, permaneciendo ajeno a los instintos y motivaciones que intervinieron en dicho proceso:

“Por tanto, la fuerza de los conocimientos no reside en su grado de verdad, sino en su edad, en su incorporabilidad, en su carácter de condicionamiento vital.”310

En Nietzsche hay una traslación del centro de gravedad de la consciencia al inconsciente. Tanto la razón como la consciencia surgen del espacio indeterminado del inconsciente311. En el inconsciente y en los instintos

procedentes de éste reside un saber más cercano a la realidad del ser humano y del mundo, si bien el camino hacia su encuentro se nos revela unas veces inaccesible, otras confuso, loco y lleno de dificultades. Y aunque la consciencia y el inconsciente se necesitan mutuamente, propone un cambio de relación entre ellos: una mayor flexibilidad y movilidad entre un mundo y otro, adquirir distancia, adoptar diferentes miradas y perspectivas cuando nos enfrentemos a las cosas y hacer todas las traducciones que seamos capaces sin aferrarnos a ellas dejando siempre el camino libre para otras nuevas. Aquí radicaría, a mí entender, la posibilidad de la aparición de la creatividad y de la espontaneidad, pues aunque Nietzsche expresa sin tapujos la realidad del ser humano, su

309 ASSOUN, P-J., Freud y Nietzsche, Pág. 157.

310 NIETZSCHE, F., La gaya ciencia, aforismo 110: “Origen del conocimiento”, Págs. 171-

174.

grado de condicionamiento y su falta de libertad, a su vez nos muestra un camino lleno de posibilidades por el que los seres humanos pueden transitar en un canto a la libertad psíquica que transluce a lo largo de toda su obra en un ejercicio constante de ida y vuelta, de interpretación, recreación y búsqueda. Y el acento de esta búsqueda recae y depende de la actitud de escucha que cada individuo adopte. Quizás sea en esta actitud de escucha donde repose la más profunda libertad de cada ser humano.