1.3 Personajes y Público
1.3.2 Feminismo, ciencia y media ante un problema social
1.3.2.2 Construcción “científica” de la violencia en la pareja
A la luz de las numerosas publicaciones sobre el tema, el campo de la violencia en la pareja aparece como un cajón de sastre, donde se puede encontrar de todo. Ello es debido a que, aún tratándose de un proceso que se hace visible en el nivel interpersonal, sin embargo constituye un fenómeno complejo, determinado por una conjunción de variables situacionales, contextuales y personales. En este ámbito, por tanto, no existen teorías-panacea.
! Núcleo duro de la realidad conocida
El tema ha sido estudiado desde múltiples perspectivas. Aún cuando los estudios se presentan con etiquetas diversas, como las de violencia (“maltrato”, “agresión”, etc.) “familiar”, “doméstica”, de la “pareja”, etc., la columna vertebral de lo tra- tado, tradicional y actualmente, está constituido por la violencia en la pareja heterosexual en la dirección hombre " mujer (Altarriba, 1992, Aron, 2001, Ávila et al, 1995, Bernárdez, 2001, Caño, 1995, Cantera, 1999, CEMUJER, 1996, Co- mas, 2001, Comisión Europea, 2000, Corsi, 1994. 2003, Corsi & Peyrú, 2003, Echeburúa & Corral, 1998, Echeburúa et al, 2002, Edleson & Eisikovitz, 1997, Fagoaga, 1999, Falcón, 1991, Ferreira, 1999, Garaizábal & Vázquez, 1994, Gómez, 2003, González & Santana, 2001, Gracia, 2002, Jacobson & Gottman, 2001, Jasinski, 1998, Kashani & Allan, 1998, Lorente, 2001, Martínes & Tamargo, 2003, Marugán & Vega, 2001 a.b., Mullender, 1996, Osborne, 2001a, Pérez, A.M. 1995, Pérez, E., 2000, Pérez, F., 2002, Ravazzola, 1997, Torres, 2001, Walker, 1980. 1987).
La misma tendencia resulta observable a propósito de la violencia de “género” (Avila et al., 2003, Bosch & Ferrer, 2001, Fawcett et al., 1996, Fernández, E. , 2003, Fisas, 1998, Hester, Kelly & Radfort, 1995, Izquierdo, 1998, Lamberts- Bendroth, 1993, López, Jiménez & Gil, 2002, Magallón, 1998, Pérez, Raurich & Bustos, 1997, Tobeña, 1998, Varela, 2002, Velázquez, 2003, Wrangham & Peter- son, 1996).
Algo similar ocurre cuando se trata de aspectos monográficos de la violencia in- terpersonal, como el del “acoso sexual” (Comisión Europea, 1998, Pernas et al, 2000, Soria & Hernández, 2000, Wise & Stanley, 1992).
En algunos trabajos, se habla explícita o implícitamente, directa y exclusivamente, de la “violencia masculina” (Boock & Goode, 1996, Browker, 1998, Brownmi- ller, 1981, Cruz et al, 1990, Defensor del Pueblo, 1998, Fernández, 2003, Ferreira, 1992, Madanes, Klein & Smelser, 1997, Maqueira & Sánchez, 1990).
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No podía ser menos, tal como hemos apuntado a propósito de los “personajes” masculino y femenino del drama Sólo recientemente han empezado a circular monografías que encarnan la excepción de esta norma tradicional (Beaupre, 1997, Corry, 2001. 2002. 2003, Dutton, 1994, Eldridge, 1998, Hoff, 1994. 1999, Parker, 1999, Peterson, 2003, Satel, 1997, Straus, 1999), de las que daremos cuenta más detalladamente en el próximo capítulo.
El maltrato en la pareja, como las demás modalidades de violencia familiar, se desarrolla habitualmente en el contexto de las relaciones interpersonales directas, en vivo y cara a cara. La violencia que se pone en marcha en este tipo de interac- ciones ha dado pie a múltiples lecturas, interpretaciones y valoraciones.
Por una parte, los estudios empíricos ponen de manifiesto que el maltrato en las relaciones de pareja aparece en los más diversos entornos étnicos, sociales, reli- giosos y culturales en general.
Por otra, los de carácter teórico enfatizan lo que toda violencia interpersonal con- lleva de dominación o de imposición del poder de la parte agresora sobre la parte victimizada (controlada).
! Perspectivas teóricas
En este apartado, vamos a exponer, en forma de enunciados generales, una selec- ción esquemática de algunas de las aportaciones al tema realizadas desde las “ciencias” psicológicas y sociales, basándonos principalmente en resúmenes de Blanch (2001) y Cantera (1999. 2003).
• Existen tres tipos ideales de teorías sobre los motivos de la violencia en la pareja: o Naturalistas (fundamento biogenético, neurofisiológico, etc.)
o Culturalistas (determinación social y cultural) o Interaccionistas (interjuego naturaleza-cultura)
• Las que presuponen un origen interno (intrapersonal), innato y natural de la agresión y de la misma violencia tienen una serie de implicaciones sociales, políticas e ideológicas: al presuponer un carácter inevitable de la violencia, descartan teóricamente toda hipótesis racional concerniente a la prevención de la misma. Por ello desconsideran cualquier modelo de intervención para eliminarla, dejando sin embargo entreabierto el objetivo de minimizar sus efectos negativos, por ejemplo, canalizando la descarga (catarsis) de energías agresivas a través de actividades socialmente asumibles (deporte de competición, juego duro, etc. ). Por otra parte, las eventuales intervenciones preventivas a nivel cromosómico, bioquímico, neuroquirúrgico, psiquiátrico, etc. parecen plantear por el momento más problemas que los que podrían resolver.
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• Las que focalizan la determinación sociocultural de la violencia, en tanto que reacción a circunstancias situacionales y contextuales, inducen a pensar que la que se da en el ámbito de la pareja incluye elementos de aprendizaje, de respuestas a situaciones que son vividas por la persona agente como frustrantes, irritantes, estresantes o provocadoras, de respuestas imitativas, de presencia en el entorno de elementos incitadores a la agresión o de modelos de conducta violenta, de cumplimiento de ordenes institucionales y de normas grupales, sociales o culturales, de acción desenfrenada en contextos debilitadores de la capacidad de auto control cognitivo de la conducta moral, etc. Todo ello en circunstancias psicológicas como estado emocional de ira, celos, rencor, miedo, rabia, envidia, ansiedad, hostilidad, de pensamientos negativos sobre otra persona o sobre sus intenciones, en personas con déficit de habilidades sociales, comunicativas y de solución de problemas, etc., en contextos socioculturales donde dominan ideologías y valores relacionados con el recurso a la violencia como medio o como meta de la acción moral, etc. Estos modelos teóricos presuponen que las circunstancias que alimentan la violencia, al igual que los mismos patrones de la conducta violenta, son social y psicológicamente modificables.
• La visión interaccionista asume que la agresión y la violencia no son simples comportamientos naturales regidos por una lógica independiente del entorno sociocultural, sino que cobran significado y sentido precisamente en tanto que prácticas sociales en el seno de culturas determinadas.
• Las concepciones que destacan el carácter social de la violencia en la pareja no inducen a estudiarla atendiendo sólo a las características naturales del macho o de la hembra o a los rasgos de personalidad de las instancias implicadas, ni a considerarla como una simple cuestión de dos (ni, por tanto, un mero asunto privado) independiente de lo que se desarrolla en el entorno sociocultural. En la medida en que la conciben como una condensación y un reflejo de la violencia que se da en este entorno, la tratan principalmente como una cuestión social y cultural y como una realidad histórica transformable, sin que ello excluya el reconocimiento de la necesidad de un tratamiento individualizado de algunos aspectos de las respectivas situaciones de la víctima y del agente agresor. • Desde la perspectiva interaccionista, no aparecen monocausas del comportamiento
violento; por lo que ninguna variable puede ser considerada por sí sola una causa determinante del efecto violencia en la pareja: ni el machismo, ni las hormonas
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masculinas, ni el par de cromosomas sexuales XY, causan necesaria ni automáticamente, por sí sólos, la agresión en la relación de pareja. Y, puesto que en la vida de la mayoría de las parejas heterosexuales no consta que se dé ese maltrato, esa mayoría estadística no puede ser considerada la anomalía de una presunta norma general de violencia. Por esto, la literatura especializada, más que de causas, habla de circunstancias facilitadoras o de riesgo de la conducta violenta.
• Aparte de las variables objetivas, la violencia interpersonal depende en gran medida de factores subjetivos, como el juego de percepciones, impresiones, categorizaciones, evaluaciones, inferencias, atribuciones e interpretaciones recíprocas de las personas interactuantes, todo ello procesado a la luz de la experiencia previa y de la memoria selectiva que queda de ella, del presente estado emocional, de la propia visión del mundo y también de los propios intereses, prejuicios, deseos, miedos, actitudes, valores, aspiraciones, expectativas e intenciones.
En las tablas siguientes, se resume una parte del panorama teórico sobre la violen- cia interpersonal y del que, de algún modo, se hace eco la literatura especializada sobre violencia en la pareja.
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Modelos explicativos de la violencia interpersonal
1. Teorías psico y socio-biológicas
marco teórico elemento activador circunstancia facilitadora expresión conductual psico-socio- biologismo: causalidad intraindividual, de origen interno, innato, natural, onto-filogenético, etc.
herencia, instinto, pulsión, preprograma, determinantes
cromosómicos, genéticos, hormonales, glandulares, neurológicos, bioquímicos, constitucionales,.etc., disfunciones
cerebrales, patología mental, etc.
presencia del
objeto
conducta agresiva
Tabla 2. Teorías psico y socio-biológicas (Tomada de Blanch, 2001)
2. Teorías psicológicas marco teórico elemento activador circunstancia facilitadora expresión conductual frustración- "agresión (a) situación frustrante
impulso agresivo conducta agresiva
frustración- "agresión (b) situación frustrante impulso agresivo +señal incitadora conducta agresiva frustración- "agresión (c) situación frustrante impulso agresivo +estado de irritación +señal incitadora conducta agresiva provocación estímulo provocativo activación emocional conducta agresiva autoaprendizaje acto agresivo refuerzo positivo repetición conducta agresiva
Tabla 3. Teorías psicológicas (Tomada de Blanch, 2001)
80 3. Teorías psicosociológicas marco teórico elemento activador circunstancia facilitadora expresión conductual aprendizaje social
modelo violento (físico o simbólico) observación atenta de los resultados en el modelo conducta violenta imitativa obediencia autoridad
orden de agredir dada por la autoridad competente agencia, distancia, compromiso, desplazamiento de responsabilidad... conducta violenta obediente desindividuación (entorno) más: anonimato masividad hacinamiento actividad sobreestimulación droga-alcohol dilución de responsabilidad (persona) menos: autoobservación autoevaluación autocontrol vergüenza miedo compromiso perspectiva temporal (acción) más: desenfreno impulsividad compulsividad emocionalidad amoralidad radicalidad antisocialidad potenciales
81 4. Teorías sociológicas marco teórico elemento activador circunstancia facilitadora expresión conductual etiquetaje social rótulos socialmente estigmatizantes impuestos
por instituciones sociales a determinados personajes asunción personal de roles asociados a la etiqueta impuesta (profecía autocumplida) conducta violenta antisocial violencia subcultural apología y legitimación de la violencia, entrenamiento e insensibilización
del agente agresor
objeto repulsivo, deshumanización y culpabilización de la víctima conducta violenta institucionalizada estructura social conflictos socioeconómicos, laborales, ideoaxiológicos, tensiones socioculturales entre medios sociales y metas
culturales, etc. anomia, ambivalencia sociocultural, crisis legitimación sistema conducta violenta antinormativa (delictiva, criminal) construcción social
realidad socialmente pensada, verbalizada, codificada, contada, consensuada y compartida, racionalizada, centralizada, institucionalizada, y legitimada de la violencia presión social al consenso, a la conformidad y a la identificación
con los saberes valores y normas
sobre violencia
conducta
violenta
normalizada
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• En general, del conjunto de teorías existentes sobre el tema se puede deducir que es más probable que una persona active un proceso de agresión hacia otra si se encuentra en alguna(s) circunstancia(s) como las siguientes:
• Cuando ha interiorizado, en su proceso de socialización, valores, actitudes, normas y roles relacionados con la violencia.
• Cuando el propio estado físico, anímico, emocional y motivacional la predisponen o incitan a la conducta agresiva.
• Cuando percibe a la otra persona como merecedora de castigo o corrección.
• Cuando cree que una conducta violenta determinada le conlleva más beneficios que perjuicios.
• Cuando la actuación de otra persona le proporciona un modelo atractivo de comportamiento antisocial.
• Cuando el contexto grupal, organizacional o sociocultural en general la presiona o induce al empleo de la violencia.
• Cuando determinadas circunstancias ambientales disminuyen su capacidad de autocontrol y la predisponen a acciones desenfrenadas potencialmente antisociales.
• Supuesta la inexistencia de monocausas de la violencia en la pareja, tampoco cabe concebir la existencia de programas –panacea de prevención de este comportamiento: al no poderse afrontar una causa única, sino más bien un complejo entramado de variables, el ideal de una prevención primaria plenamente efectiva de la violencia en la pareja está (aún) lejos de ser operacionalizable. Sin embargo, un uso adecuado de los indicadores del maltrato puede facilitar enormemente la detección precoz del mismo y minimizar sus efectos. Por otra parte, el tratamiento asistencial (prevenciones secundaria y terciaria) adecuado de las víctimas de la violencia en la pareja requiere un notable dominio de habilidades profesionales y sociales.
• Han sido propuestos dos tipos básicos de intervención preventiva de la conducta violenta socialmente aprendida:
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1. Puntual, en forma de castigo ejemplar del comportamiento violento, de control y restricción de los modelos de conducta violenta y de refuerzo y promoción de modelos no violentos.
2. Global, como la promoción de la cultura de la paz, de los valores humanos relacionados con la prosocialidad (solidaridad, tolerancia, empatía, diálogo, cooperación, etc.) y, obviamente, la intervención de carácter jurídico, económico, socialcomunitario, político, militar, policial, biomédico, educacional, etc., en cualquier contexto identificado como fuente potencial o actual de violencia social e interpersonal.
1.3.2.3 La “realidad” de la violencia en la pareja a la luz de los mass media