Segunda Parte
CONSTRUCCION DE UN FUNDAMENTO PARA DESARROLLAR FLEXIBILIDAD
En la discusión previa, los valores, las creencias y las expectativas derivadas de aquellos, se ha resaltado como una fuerza en la determinación del grado de posibilidades de uno. Cuando el sistema de valores fomenta una forma rígida, estereotipada, de respuesta a las exigencias de la vida, la habilidad para resolver problemas en forma efectiva a través del descubrimiento de soluciones que están más allá de los límites del pensamiento y la percepción, está disminuida. También se ha puesto de relieve que la
construcción a través de la experiencia de un nuevo marco de referencia, más adaptativo, es una base sólida para un cambio significativo.
En el caso del individuo deprimido, cualquier dificultad en las capacidades para resolver problemas surgirá en una forma u otra como una aparente falta de habilidad para adaptarse a la realidad de la situación o cambiar de acuerdo al cambio de los tiempos. En la primera situación, el individuo parecerá “atascado”, o dando una batalla que no podrá ganar, v.g., ejerciendo control sobre algo o alguien en la esfera de influencia de la persona. En la segunda situación, el individuo será visto como ignorando o minimizando los ajustes sugeridos por la retroalimentación, aislándose hasta que la situación haya alcanzado un punto peligroso que precipite la crisis, la cual a menudo es el punto de comienzo de la terapia.
Las metas en la facilitación de la flexibilidad incluyen: 1) fomentar una variedad de formas de visualizar un evento particular; 2) enseñar una variedad de capacidades para resolver problemas, o al menos como tomar ventaja de las capacidades de otros en lugar de permanecer “atascado”; y 3) facilitar el descubrimiento del individuo del ese punto crítico donde uno debe dejar de ser lo que ha sido y moverse hacia adelante con lo que puede ser. Además, la persona debe tener acceso a la habilidad de ser activo en su propio beneficio en ese momento crítico, dando un paso hacia adelante. Esta meta en particular es la que posee la mayor capacidad para prevenir los episodios depresivos posteriores. Obviamente, el estrés de la vida diaria que puede desencadenar episodios depresivos nunca puede ser prevenido completamente, pero ciertamente uno puede desarrollar la sensibilidad hacia los propios sentimientos y las señales de la situación para saber cuándo gobernar claramente las situaciones potencialmente dañinas.
Básicamente, el problema aquí es el de “dejar ir”. Para poder avanzar un paso en el beneficio propio, uno debe ser capaz de dejar algo atrás. Hay lados complementarios invisibles en la moneda del cambio.6 Valores respecto a la estabilidad y las obligaciones, temor a lo no familiar, miedo al éxito, temor al
fracaso, ganancias secundarias, y un sinnúmero de otras explicaciones han surgido como explicaciones de por qué las personas, incluso aquellas en aflicción, podrían dar un paso atrás. Cada explicación tiene un valor potencial al considerar lo que puede estar inhibiendo a un individuo en particular, pero, por último, sin importar la razón, el desafío está en moverse hacia adelante.
¿Cuando las personas lo “dejan ir”? ¿Bajo qué circunstancias las personas se movilizarán a pesar de la ansiedad o miedo respecto al(los) resultado(s) potencial(es)?
Para algunas personas, las presiones externas, por decirlo así, y no existe otra opción que la adaptación (v.g., cuando su familia se muda durante los años de la infancia). Para otros, el moverse hacia adelante es un movimiento fluido basado en el reconocimiento (consciente o inconsciente) que están a su disposición alternativas mucho mejores, más adaptativas. Para otros, sin embargo, tener que moverse hacia adelante o dejarlo ir es un combate mano a mano desesperado, y el cambio no ocurrirá probablemente hasta que la persona haya alcanzado un estado de aceptación que no hay otras alternativas. Si, por ejemplo, consideramos nuevamente la creencia “querer es poder”, ésta se mantendrá a pesar de los repetidos
6 (N.T.) Para un interesante análisis del problema estabilidad-cambio, se sugiere ver La estética del cambio, de B. Keeney, Ed. Paidós, Barcelona, 1991
intentos fallidos para alcanzar una meta abierta o encubierta (como intentar cambiar a alguien o intentar mantener el status quo en algún escenario).
El último escenario es indudablemente el más común en el tratamiento de los individuos deprimidos. El ejemplo de la madre deprimida con un hijo esquizofrénico, descrita anteriormente en este capítulo, es un ejemplo que puede ilustrar el punto respecto a la aceptación de la falta de alternativas como el fundamento para dejarlo ir. Cuando esta cliente describió en detalle los muchos psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, facilidades de tratamiento residencial, y programas de tratamiento diurno a los cuales se había acercado en un esfuerzo para obtener ayuda para su hijo, era obvio cuán apegada estaba en el sistema de creencias “querer es poder”. No hubo necesidad de desafiarlo. Por el contrario, el autor simplemente le preguntó cómo sabría cuando la complejidad del problema excediera la capacidad de los sistemas de salud mental para tratarlo. Este fue un simple reencuadre. Además, se le preguntó cómo sabría cuándo hubiera hecho el esfuerzo suficiente y cuándo estaría correcto reconocer que era el tiempo para adoptar una forma diferente de tratar con la situación, manteniendo el aura de desesperación debilitante. Aunque esto puede sonar simple aquí, ella nunca había pensado mucho ese tipo de interrogantes. No había definido dónde estaba el punto para dejarlo ir, y, en consecuencia, no podía reconocerlo ni aunque hubiera estado frente a ella. Se la estimuló para que comenzara a definir un punto para si misma donde supiera en todas las dimensiones dentro de si misma que había hecho todo lo que podía hacerse y que no podía hacer más. Con ese marco mental establecido, se le dio la prescripción paradojal de consultar 100 de “ese tipo” de terapeuta y otros 100 de “esos tipos” de terapeutas, la cual catalizó el percatarse del elevado precio que implicaba llevarla a cabo, que fue seguido rápidamente por la transformación. Concluyó que había hecho lo que podía y que la exigencia excedía sus haberes. Nuevamente, el cuidado por su hijo no fue disminuido; por el contrario, fue moderado con un reconocimiento más realista de los límites superiores de su capacidad para tratar con él. Además, la necesidad para establecer, reconocer y proteger sus propios límites fue modelada a lo largo de la terapia.
Metáforas para facilitar el “dejar ir”
La habilidad de las metáforas, o las anécdotas, para impartir perspectivas y construir una identificación ha sido bien descrita en la literatura (Lankton y Lankton, 1983; Rosen, 1982; Zeig, 1980a). En la primera fase del tratamiento, en el cual la facilitación de flexibilidad es considerada una meta preliminar que antecede a las intervenciones más específicas que apuntan a los problemas del cliente individual, las metáforas pueden ser usadas para construir una fuerza de aceptación de ideas y tácticas para relacionar la flexibilidad y la inevitabilidad del cambio. Esas metáforas pueden ser estructuradas en al menos dos formas: aquellas que implican transiciones universales, y aquellas que implican transiciones singulares para el cliente y que son tomadas de su propia historia personal.
Transiciones Universales D9
Las metáforas que implican “Transiciones universales” describen, esencialmente, los cambios que han ocurrido en algún área que es de interés para el individuo. Quizá los cambios tecnológicos pueden ser descritos en términos del progreso hacia adelante y el costo inadvertido para lograrlo, o quizá los cambios históricos o sociales serán más impactantes; pero uno puede usar cualquier cambio universal que es más probable que apele al cliente, en base de lo que el clínico conoce de aquel. Por ejemplo, una metáfora de este tipo podría incluir las siguientes ideas:
No sé si usted habrá considerado esto antes... pero puede hacerlo ahora... puesto que hay conocer algo muy importante... que toda pizca de progreso tiene un beneficio y un precio... y continuar en lo mismo tiene un precio... si eso fuera posible... pues el movimiento hacia adelante de los cambios en el mundo ha brindado maravillosas posibilidades para algunas... cosas que usted considera tan grandes que no considera las implicaciones... pero si usted considera la tecnología, por ejemplo, usted ve realmente que el cambio es
una cosa maravillosa que abre nuevas posibilidades... y el costo para obtenerlo se pierde en el cambio... y
cuando usted vuela en un avión... la habilidad para viajar grandes distancias en forma rápida es posible... a pesar de las nubes hediondas a gasolina... y cuando usa el teléfono, usted puede compartir información en forma rápida y conveniente... pues le da algo de privacidad... y cuando conduce su auto, puede llegar a donde va en el tiempo que usted elija... pero se producen tacos en las carreteras y el gasto puede ser considerable... y cuando un cambio promete más beneficios que los costos... como el cambio que estará
experimentando y que no puede predecir exactamente aun... estará mucho más cómodo con el
conocimiento que moverse hacia adelante en cualquier área tiene un beneficio... y un precio... y su sufrimiento ha sido un precio suficiente... ¿por qué no disfrutar el beneficio?
En esta metáfora, se estimula indirectamente al cliente para que piense respecto al hecho que el cambio es inevitable, y que cual el foco está sobre el valor del beneficio, más que en la exageración del costo, el cambio a lo menos puede ser tolerable, y a lo más puede disfrutarse. (Esta directiva está descrita en el contexto clínico en los Casos 1 y 3 en el Apéndice B.)
...Transiciones personales
Las metáforas de “Transiciones personales” que implican la descripción de transiciones provenientes de la historia personal singular del cliente, tendrán por cierto un gran significado emocional para el cliente. En el curso de la entrevista clínica, puede obtenerse información respecto a los cambios específicos por lo cuales ha pasado el cliente, exitosos o no. El clínico puede desarrollar un percatarse de las circunstancias en las cuales el cliente ha reconocido el cambio, cómo lo logró (v.g., a través de mecanismos activos o reactivos), y cómo lo integró. (Esta directiva está descrita en el contexto clínico en los Casos 1 y 3 en el Apéndice B.) Esas anécdotas personales pueden ser insertadas en metáforas que resalten las fortalezas de la persona como capacidades que pueden ser usadas apropiadamente en los cambios deseados en la actualidad. Una metáfora de este tipo podría ser estructurada como sigue:
Quizá usted se recordará describiéndome las mudanzas que hizo su familia cuando usted estaba creciendo... con cuánta frecuencia se encontró teniendo que acomodarse a nuevas personas, a nuevos lugares... y fue por cierto un mundo inestable, en todo sentido, en el cual tuvo que moverse... y es por cierto excitante querer mudarse... considerar que lo que está más allá de lo que uno ya sabe, puede ser maravilloso experimentar... y cada vez que se mudó... y descubrió nuevos amigos... y nuevos lugares para jugar... y nuevas formas de disfrutar con usted mismo... obtuvo algo importante... y fue una oportunidad maravillosa... para mudarse y descubrir que puede acomodarse... y crecer... en cualquier lugar que esté... debido a su habilidad para moverse... y agregar a lo que ya tiene como parte suya... que usted ha olvidado a veces que aun está allí... como las partes que saben cómo explorar... y las partes que saben cómo disfrutar nuevas experiencias.. que usted ya se ha apoyado en ellas muchas veces durante su vida...
El diálogo con el cliente en este punto respecto a experiencias específicas entregadas por la metáfora, permite que el clínico expanda un aprendizaje particular y lo extienda a las circunstancias actuales, como recursos para ser usados al servicio del cambio. Ese diálogo puede ser muy dramático a veces, amplificando fortalezas y debilidades, a la vez que se ofrecen oportunidades empacar nuestras valijas psicológicas y hacer algún viaje.
Dejándolo ir: Extendiendo los niveles
A veces es una herramienta viable en la facilitación del “dejarlo ir”, el uso de tareas simbólicas que colocan el acento en un nivel “seguro” (v.g., sin estar emocionalmente cargado) de la experiencia. Una vez que se ha hecho esto, el clínico puede hacer uso de sugestiones que infieren que los aprendizajes adquiridos en una dimensión pueden ser extendidos a otras dimensiones de la experiencia, así como también desencadenando una reacción en cadena que eventualmente impacte a la(s) dimensión(es) necesaria(s).
Cómprelo y arrójelo a la basura
Puede usarse con los clientes una estrategia de “Cómprelo y arrójelo a la basura.” Esta estrategia implica dar la directiva al cliente que vaya y compre algo barato, que lo tenga consigo durante un corto tiempo (algunas horas), y después lo destruya y lo arroje a la basura. Dirigir a alguien a adquirir algo con la intención de un rápido abandono, suministra una experiencia que ilustra ciertos puntos importantes, incluidos: algo puede ser importante durante un período limitado de tiempo y después puede ser descartado, algo no necesita ser para siempre para tener valor, y uno no necesita invertir su persona en algo, porque, en esencia, “nada es para siempre.”
Pack rat
Similarmente estructurado y especialmente diseñado para el tipo “Pack rat”, el cliente puede ser dirigido a ir al garaje, al sótano, o al ático por un limitado período de tiempo cada día, que está diseñado
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como un tiempo para “tenerlo y dejarlo ir”. Específicamente, se instruye al cliente para encuentre entre los objetos que ha acumulado, aquellos que pueden ser descartados (ya sea donados o arrojados a la basura).
...La mudanza
Esta puede ser una directiva poderosa, especialmente con metáforas respecto a la experiencia de “mudarse” —cuando uno debe examinar las posesiones que se empaquetan, decidiendo que cosas acumuladas ya no tienen ningún significado, como lo tuvieron antes y ahora son simples “cachivaches”, y aquellas que continúan teniendo un significado y es valioso guardarlas. El énfasis de la metáfora está en los cambios en los sentimientos a través del tiempo, los que son valiosos y los que uno ha dejado atrás. Esto puede sembrar la idea que uno está sujeto a cambios en la percepción y la experiencia, enfatizando nuevamente la aceptación que los cambios son inevitables. El pensamiento “todo o nada” que es una distorsión cognitiva común en los deprimidos es fragmentado y desechado a través de experiencias en una dimensión que puede ser extendida a otras dimensiones a través del tiempo. (Esta directiva está descrita en el contexto clínico en el Caso 4 en el Apéndice B.)
Descubriendo la diversidad
Tom Robbins, en su novela Even Cowgirls Get the Blues (1976) afirmó que el efecto que quizá el éxito no es todo lo valioso que puede ser. Robbins señala que cuando uno intenta algo y tiene éxito, uno asume que ha encontrado la forma “correcta” para lograrlo. El fracaso, sugiere, puede ser más instructivo debido a su exigencia inherente de explorar alternativas. Encontrar una vía diversa del pensamiento es difícil de lograr para cualquiera, dadas las pautas de la mente, incluso en algunos individuos que son claramente más creativos y expansivos que otros en sus pensamientos. Para la persona deprimida en particular, la cual es propensa al pensamiento dicotómico y otras pautas cognitivas distorsionadas (Beck, 1983; Burns, 1980), la necesidad de desarrollar un percatarse de la naturaleza gris del mundo, en lugar de la versión en blanco y negro, es a menudo una parte básica del tratamiento.
Un día en el zoológico
Una directiva multidimensional que no es amenazante y sí puede disfrutarse, es pedirle al cliente que pase “Un día en el zoológico.” Específicamente, se instruye al cliente para que vaya al zoológico con un lápiz y papel para tomar notas detalladas de las diversas formas en las cuales los animales han evolucionado mecanismos fisiológicos y conductuales para adaptarse a las exigencias de sus ambientes nativos. Las estrategias brillantes que ha desarrollado la naturaleza para mantener el equilibrio, puede suministrar algunos ejemplos fascinantes respecto a la forma en la cual verdaderamente opera el universo. Los animales están especialmente adaptados a un hábitat particular, y a través de la evolución continua de sus mecanismos tienen la capacidad para ayudar o dañar. Mientras más constante permanece el hábitat, el animal puede prosperar. Si el hábitat atraviesa por cambios significativos, las capacidades adaptativas del
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animal son probadas. En este punto crítico los animales, literalmente, se adaptarán o morirán. Hablar respecto a las numerosas especies en peligro y cómo llegaron a estar en peligro, ofrece una oportunidad de primera calidad para comunicar indirectamente que la vida suministra capacidades que son refinados mecanismos de adaptación. Hay un vigoroso paralelo entre lo que ocurre en la naturaleza y los dilemas que ocurren durante el curso de la vida de los seres humanos.
Es poco conocido que la colección de plantas del Zoológico de San Diego es considerablemente más valiosa en dinero que la colección de animales. Las plantas también tienen la habilidad para ofrecer comunicaciones metafóricas respecto a los peligros potenciales de echar raíces en un ambiente cambiante o inestable. Uno puede extenderse sobre la adaptación, al señalar en la metáfora cómo los humanos han puesto en peligro el planeta debido a su habilidad para adaptarse a climas y condiciones diversas. El mensaje implícito es que la adaptación es crítica para la supervivencia y que la capacidad para adaptarse es inherentemente humana. La identificación de este recurso es un paso necesario antes de extraerlo y usarlo. (Esta directiva está descrita en el contexto clínico en los Casos 2 y 4 en el Apéndice B.)
...La encuesta
Otra estrategia para facilitar el descubrimiento de las formas diversas de pensamientos es “La encuesta.” En esta estrategia, se indica al cliente que “conduzca una investigación científica” en la cual interrogue a otros, en una forma neutral, para describir sus posiciones y racionalidad en problemas de importancia personal para el cliente. Se le indica crear un cuestionario o componer preguntas para una entrevista que suministre una estructura para esa interacción, y utilizar el instrumento con personas familiares u otras, dependiendo de cuáles tendrán, probablemente, un mayor impacto. El descubrimiento inevitable es que los individuos pueden tener opiniones virtualmente opuesta respecto a la cuestión y tener una racionalidad o justificación que suene razonable. Ante cada justificación, el cliente está expuesto a la posibilidad de un “reencuadre”, y demostrar que hay muchas formas “correctas” d pensar respecto a un problema. El pensamiento dicotómico puede ser así minimizado, y puede facilitarse una gran diversidad y profundidad de pensamiento respecto a problema. (Esta directiva está descrita en el contexto clínico en el Caso 1 del Apéndice B.)
...Puntos de vista
Si el cliente, por cualquier razón, no desea o no es capaz de llevar a cabo una encuesta, como la descrita arriba, una estrategia alternativa es pedirle que tome una variedad de problemas sociales, los ordene en una jerarquía de compromiso emocional, que vaya desde la apatía personal a el compromiso emocional ante ellos, y escriba al menos dos (más, si es posible) “Puntos de vista” sobre ese problema particular. Además, se le solicita generar al menos media docena de argumentos en apoyo de cada uno de los puntos de vista diferentes. Esto puede requerir, en una u otra forma, una investigación para llevar a cabo esta tarea en forma efectiva, pero el cliente tiene una amplia oportunidad para descubrir apoyos
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adecuados para las visiones diferentes, para derivar una confirmación de sus propios puntos de vista, y tomar en consideración perspectivas que previamente ignoró o consideró trivial. El efecto neto es comenzar a construir una mayor aceptación de lo que es, más que esforzarse no realista y depresiógenamente por lo que no puede ser.
Una cognición rígida común en los deprimidos es lo que Beck (1983) ha descrito como