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ESTILO COGNITIVO

El elaborado y efectivo modelo de la terapia cognitiva de la depresión reconoce el rol de la cognición en la evolución y mantención de la depresión. Pero más que concentrarse en las distorsiones cognitivas bien descritas en la literatura de la terapia cognitiva (Beck, 1973, 1983; Burns, 1980), el énfasis está aquí en el estilo general de pensamiento de la persona que puede llevarlo a ser susceptible de distorsiones cognitivas. El estilo de pensamiento de una persona puede ser descrito al menos en dos continuos en el enfoque de este autor. El primero es el continuo “abstracto-concreto” y el otro es el

“global-lineal”.

La dimensión abstracto-concreto implica la evaluación de cuán capaz es el individuo de hacer abstracciones. Esta es una información importante para el desarrollo de una estrategia de intervención, ya que mientras más concreto sea el cliente, es menos probable que generalice aprendizajes a partir del contexto específico bajo consideración a otros contextos similares sin la asistencia del clínico. La persona concreta tiende a pensar de acuerdo a la realidad verificable, en contraste con el pensador abstracto que puede funcionar fácilmente en un modo separado de la realidad “objetiva”, respondiendo a constructos hipotéticos y formulaciones teóricas como si tuvieran el mismo significado que las realidades, objetos y

experiencias concretas. El lenguaje es un reflejo del estilo de pensamiento, y el grado de pensamiento concreto o abstracto puede ser evidente cuando se escucha atentamente las expresiones de sentimientos e ideas que hace el cliente. Con relación a la depresión, la tendencia a ser muy concreto o abstracto en el estilo cognitivo en un contexto particular puede ser un impedimento. Muchas de las distorsiones cognitivas descritas en la literatura de la terapia cognitiva son ejemplos claros de pensamiento concreto, particularmente el pensamiento “todo o nada” que crea una simple pero peligrosa dicotomía en la percepción, donde tal dicotomía no existe verdaderamente.

La investigaciones sugieren que los individuos depresivos son más concreto en su estilo (Burns, 1980). De igual modo, la naturaleza abstracta de algunos estilos de pensamiento impide vivir en forma efectiva, debido a la poca habilidad para reconciliar las ideas y sentimientos abstractos con la necesidad de hacer elecciones concretas de acuerdo a los parámetros claramente definidos en la vida diaria. Así, un individuo depresivo puede presentar una dolencia como la siguiente, “”He estado batallando con la depresión durante años, porque no puedo centrarme, ni contactarme con mi energía ni con el universo, y realizarme a mi mismo.” ¿Qué significa eso? ¿Sabe el lector qué quiere decir eso? El autor no lo sabe. Y es aparente que el individuo tampoco, puesto que no hay un puente entre esos términos y la experiencia real. En una situación como esa, la meta inmediata es lograr que la persona sea concreta al dar una definición de su propia experiencia a las abstracciones como “centrado”, “conectado con el universo” y “realización de si mismo”. Para el pensador concreto, la meta puede ser el fomento de alguna habilidad para pensar en forma abstracta y descubrir pautas y generalizaciones que puedan tomar el lugar de las experiencias desconectadas, al azar. Para el pensador abstracto, la meta terapéutica puede ser que desarrolle algunas definiciones claras y pragmáticas de las metas y las ideas valoradas.

El continuo global-lineal relacionado con el estilo cognitivo implica la evaluación de si el individuo tiende a responder con pensamientos y sentimientos en una forma que refleja una falta de organización y prioridad. Esta dimensión de la experiencia puede ser evidente casi de inmediato, simplemente en cómo el cliente presenta sus dificultades. ¿Son presentadas en una secuencia basada en una cronología, grado de dificultad, o algún otro sistema de ordenación? ¿O los problemas son presentados de un modo desorganizado, un “disparo de escopeta”? Considere el contraste entre estos dos estilos de presentación:

1. “Tengo diversos problemas que enfrentar, y sé que n puedo tratarlos todos a la vez. Pienso que primero tengo que hablarle del problema X, después podemos dedicarnos a los problemas Y y Z.” (Lineal)

2. “Tengo un montón de problemas, necesito solucionarlos ahora y espero que pueda ayudarme para que pueda lograr manejar X, Y y Z, puesto que no puedo por mi mismo.” (Global)

Una forma trillada pero cierta para describir las diferencias entre el pensador lineal y el global es esta: El pensador lineal puede ver los árboles pero no el bosque, mientras que el pensador global puede ver el bosque pero no los árboles. Uno de los dos estilos puede estar relacionado con la disposición mental depresiva, en la tendencia a estar tan orientado a los detalles que las experiencias son analizadas en exceso (y por lo tanto pierden su gestalt), o reaccionar tan globalmente que se ignoren los componentes individuales que podrían haber señalado un respuesta diferente y más efectiva. En general, sin embargo, los

individuos deprimidos tienden a pensar más globalmente, de modo que responden a todas las circunstancias que enfrentan con una respuesta depresiva masiva. El cliente mantiene la percepción que hay numerosos problemas que resolver y que representan colectivamente un barrera abrumadora e infranqueable para la felicidad personal. Cuando el cliente demuestra una falta de habilidad para dar prioridad a los problemas y resolverlos metódicamente, la naturaleza global de su pensamiento es evidente. Esto es incluso típico cuando los que piensan linealmente están deprimidos. Muchas de las intervenciones terapéuticas para la depresión actualmente en uso hacen énfasis en el fraccionamiento de los problemas en componentes más manejables para poder tratarlos en una forma lineal.