CAPÍTULO I: FUNDAMENTACIÓN EPISTEMOLÓGICA
I.4. CONSTRUCTIVISMO Y DESARROLLO TERRITORIAL
Desplegando la fundamentación teórica de esta Tesis Doctoral, se considera aquí que al establecer que se construye socialmente la realidad y por ende el conocimiento sobre el Desarrollo y las acciones de intervención sobre el mismo (los programas de desarrollo), estamos convirtiendo en “objeto de análisis” al propio sujeto que analiza dicho objeto, puesto que como sujetos observadores-analizadores-programadores, aplicamos nuestra observación sobre nosotros como objetos/sujetos observados-analizados-programados. Es decir, adoptamos una perspectiva reflexiva que se retroalimenta con su propia acción de análisis, y que se contextualiza en un entorno académico y social que a su vez se observa y analiza, aunque sea inconscientemente, cuando observa y analiza el Desarrollo (lo que pretenden algunos/as que sea tan solo un objeto de estudio).
Por tanto se propone entender la Sociología del Desarrollo que queremos implementar, desde el análisis de su producción y aplicación concreta en el entramado de relaciones sociales e institucionales en el que se inserta; es decir desde su contribución normativa para generar políticas de desarrollo, o al menos referencias para las mismas. Se asume que una adecuada Sociología del Desarrollo debe asumir una perspectiva epistemológica constructivista, que entiende que las teorías y acciones metodológicas socio-institucionales para propiciar el Desarrollo, estén vinculadas, e incluidas, con el proceso de configuración práctica y materialización concreta de las necesidades sociales que deben atenderse, dado que la configuración de las mismas se realiza en un proceso de construcción social de la realidad. Se asume que tal construcción de la realidad social y la configuración del Desarrollo inmersa en ella, surge en un proceso colectivo de interacción social, en el que recursivamente los diferentes actores se configuran en el acto de construir su propia realidad. Dicha interacción, dentro del entramado de relaciones sociales de una formación social históricamente concreta, tiene un carácter de acción comunicativa dialógica, permitiendo una intersubjetividad en la que tiene lugar la construcción del conocimiento.
Este enfoque de la Sociología del Desarrollo engarza con la Teoría Crítica , pues está basado en una filosofía racional dotada éticamente para transformar la realidad, mediante una praxis que quiere superar los particularismos abstractos y alcanzar el ámbito de lo general y concreto. Abandonamos pues cualquier intento de refugiarnos cómodamente en una Razón Instrumental objetivista o “neutral”. Se entiende así el Desarrollo como un proceso de Cambio Social, y de ello se interpreta que la acción social implicada en tal proceso de cambio puede ser adecuadamente analizada desde una aproximación sociológica, que resulte comprehensiva y globalizadora. Se asume que el Desarrollo Territorial debe comportar un enfoque integral y sistémico que elude los sesgos asociados a enfoques fragmentarios (como por ejemplo el desarrollo económico o el desarrollo social) y que va más allá de un enfoque geográfico-espacial, constituyendo su eje básico y característica definitoria el análisis de los procedimientos para la mejora de las condiciones de vida y trabajo de la población, mediante la atención de sus necesidades humanas.
Con estas referencias epistemológicas y teóricas de fondo y con un impulso ideológico circunscrito al programa ético-humanístico de la modernidad (Justicia Social), nuestro enfoque pretende que se puedan hacer aportaciones respecto a una revisión crítica de ese programa de la modernidad, en lo referente al Desarrollo Territorial. Para ello, se parte de la premisa de la crisis ecológica de la “sociedad planetaria”. Desde una perspectiva integral y eco-sistémica la crisis afecta al modelo de civilización y su falta de calidad de vida y se concreta en dos dimensiones: la social (desigualdad-económica, de géneros, de ámbitos geográficos-, reconfiguración identitaria, infelicidad) y la medioambiental (agotamiento de recursos y cambio climático).
Desde este punto de partida, se plantea que debe haber un marco referencial para la elaboración de cualquier tipo de medida, acción, programa o mediación socioinstitucionales para promover el desarrollo territorial, asumiendo el mismo como un “imperativo categórico” de carácter ético, vinculado a la propia existencia de la condición humana (con sus atributos de dignidad). Ese imperativo es definido como la Sustentabilidad, identificando así la necesidad de eliminar la artificial e incongruente fractura ontológica que el modelo socioeconómico vigente produce entre Ser Humano y Naturaleza. La idea que se propondrá en esta investigación, dentro de ese marco, para promover un Desarrollo Territorial Sustentable, es la elaboración de un modelo teórico y metodológico que configure el desarrollo basado en la atención o cobertura de las necesidades humanas de la población, en cada escala territorial y de forma global.
Se propone que es precisamente la construcción participativa de programas o estrategias de desarrollo la única que puede dar lugar de forma consecuente al Desarrollo, puesto que es la única que asume que es la colectividad, la que debe definir y dar origen a los fines y medios para alcanzar la mejora de sus propias condiciones de vida y trabajo. De esta forma, la propuesta teórico-metodológica se convierte en una propuesta política de transformación, consecuencia no de un modelo cerrado, clausurado en su propia abstracción, sino de una propuesta de acción informada teórica y metodológicamente desde una perspectiva constructivista. Dicha propuesta deberá ser entendida como un punto de partida, tanto en su dimensión teórica de “programa de investigación” a completar, como en su dimensión de acción concreta en los procesos sociales. Desde esta investigación tratamos de referenciarnos en este ámbito epistemológico- teórico constructivista, asumiendo preceptos, categorías y aportaciones de diversos autores y paradigmas, pero básicamente centrándonos en el “constructivismo social” (principalmente a través de BERGER y LUCKMANN 1995 y 1997), el “constructivismo estructural” (BOURDIEAU 1991a, 1991b, 1999, 2001 y 2002), las reflexiones de la Teoría Crítica de Jurgen Habermas sobre la “acción comunicativa” (1970, 1985, 1986 y 1987), además de valiosas aportaciones importantes de Ulrich Beck desde la óptica de la “modernización reflexiva” (1997, 1998a), y las aportaciones elaboradas desde la Investigación-Acción sociopráxica30.
La perspectiva constructivista que hemos referenciado permite interpretar que los científicos, la “tecnociencia”, no acceden a una verdad absoluta “que está ahí” o viene dada, que existe al margen de quienes investigan, sino que el conocimiento, dentro de la realidad social, es una construcción interactiva histórica elaborada por parte de investigadores/as y profesionales concretos (con unas u otras implicaciones y postulados teóricos, que pueden ser contradictorios incluso en un mismo tiempo histórico). Así, llevando hasta sus últimas consecuencias esta posición o paradigma constructivista, concluiremos en que ni siquiera los/as científicos/as o un grupo de profesionales o técnicos/as son los que “pueden crear” el conocimiento en el ámbito
30 Al respecto de los debates sobre sociología del conocimiento y de la ciencia y los principales paradigmas, pueden consultarse muchas obras. Por su carácter sintético y por la aportación de bibliografía que realiza, comentamos el artículo “Cuatro paradigmas básicos sobre la naturaleza de la Ciencia”, que desde una orientación para la “educación de la ciencia” aportan VÁZQUEZ, A., ACEVEDO, J.A., MANASSERO, M.A. y ACEVEDO, P (2001). Desde este mismo plano de análisis y recensión sintética, nos parece muy relevante la consulta del trabajo de Tomás Ibáñez, por ejemplo su artículo sobre el constructivismo (IBÁÑEZ, T. 2003), así como un artículo de Alfonso Ortí (2002). La obra de Morin (1994) es otra vía para aproximarse a una forma de entender un enfoque dentro de estos “nuevos paradigmas”, y en concreto este autor es referente para la epistemología de la complejidad. Y en un campo similar al de Morin es interesante consultar diversas obras de M. Montañés como su propia tesis doctoral acerca de las “estrategias conversacionales” (2009), siendo muy sintético y clarificador uno de sus artículos (2007), el cual se encuentra dentro de un monográfico de la Rv. Política y Sociedad (2007) dedicado a este tema de la “complejidad en las ciencias sociales” (coordinado por T. R.-Villasante).
social, sino que el mismo sólo será parcial o “proto-conocimiento” en tanto en cuanto no venga validado socialmente31.
Sobre este tipo de reflexiones, ajustadas al campo de la producción de conocimiento sobre el territorio, mantienen Friedmann y Weaber (1979: 14-15) que: “…tanto doctrina como teoría están
animadas por ciertas <<suposiciones ideológicas>> que cambian los contenidos de la planificación regional y determinan su resultado”. Por eso estos autores mantienen que las
categorías de análisis en las ciencias sociales tiene su “razón de ser” en “la ideología”, y lo que ellos denominan “realidad subyacente de la organización socioeconómica”.
En el ámbito del desarrollo territorial, las premisas epistemológico-teóricas que se han expuesto implican que la realidad social de los territorios se sedimenta en la acción colectiva de sus habitantes, y que es en procesos participativos o dialógicos en los que se deberán generar los programas y acciones de cambio social y mejora, puesto que sólo de esa forma colectivamente mediada es como se puede abordar la complejidad de las actuaciones que fomenten el desarrollo territorial. Para ello se “acomodarán” o utilizarán las teorías y metodologías de que se disponga, que ya no serán por tanto un mecanismo ontológico-epistemológico-metodológico “de cierre”, sino de apertura a la reflexión:
“La linealidad, la proporcionalidad, la certidumbre, el empirismo y, sobre todo, la disyunción
cartesiana, base del método analítico, impiden aprehender la realidad social en su complejidad. El desarrollo...es...una cuestión o un problema de elevada complejidad, cuyo entendimiento requiere modelos mentales basados en otros paradigmas, específicamente el paradigma constructivista...no lineal, holístico, probabilístico, subjetivo e intuitivo...y el paradigma de la complejidad, recursivo, dialógico, hologramétrico... Somos víctimas de una suerte de <<maladie cartesianne>> que nos empuja al reduccionismo y cuya consecuencia más significativa, es, a mi juicio, la incapacidad para formular marcos cognitivos y teóricos capaces de explicar la estructura y la dinámica de los procesos sobre los cuales se demanda una intervención social...” (BOISIER
2003: 5).
De acuerdo con todas las consideraciones vertidas en este capítulo hasta ahora, se derivan al menos dos implicaciones para esta investigación:
a) por un lado la hipótesis del cuestionamiento de la mayor parte de componentes de los paradigmas dominantes sobre el Desarrollo y sobre el Desarrollo Territorial en concreto, imbuidos de una lógica positivista-cartesiana y neoliberal que ha desconsiderado los intereses y necesidades básicas del conjunto de las personas frente a los de determinados grupos de poder: “Tal vez nuestra incapacidad para <<intervenir>> un sistema social y conducirlo a una situación o
31 “Ningún objeto puede ser concebido aparte de las interacciones que lo han constituido y de las interacciones en las que
estado de desarrollo tiene que ver con nuestros propios esquemas mentales, con los paradigmas a los que continuamos aferrados, aun cuando han perdido buena parte de vigencia... El peso del cartesianismo dificulta reconocer el todo como contenedor y articulador de las partes (y no como la suma de ellas), e impide el pensamiento holístico y sistémico. En esas condiciones es difícil entender la naturaleza del fenómeno del desarrollo, totalizador y repleto de articulaciones”
(BOISIER 1999: 63-64).
b) por otro lado, la implicación que supone no ya sólo asumir la evidencia de que las aportaciones de esta Tesis Doctoral están hechas desde una determinada ideología, sino asumir que dichas aportaciones pretenden insertarse en una perspectiva doctrinal cuyas teorías sustantivas responden a una ideología compartida en la comunidad científica, cuya máximo exponente conceptual es el concepto de Sustentabilidad32.