CAPÍTULO II: LA DOCTRINA DEL DESARROLLO TERRITORIAL
II.4. HACIA UNA PROPUESTA DE DESARROLLO TERRITORIAL AUTOCENTRADO; EL ECOSISTEMA SOCIOECONÓMICO
II.4.1. REVISITANDO LA TEORÍA DEL DESARROLLO ENDÓGENO
II.4.1.3. E L D ESARROLLO E NDÓGENO DESDE UNA PERSPECTIVA SISTÉMICA
Si queremos entender el desarrollo como algo más que la consecución de unos indicadores económicos, y queremos entender el bienestar social como algo más que la posesión de ciertos bienes y el disfrute de ciertos servicios, estamos obligados a profundizar en los aspectos de proceso sistémico socio-ecológico y las relaciones sociales del Desarrollo. Algo que como hemos
122 Por desgracias, es ya harto conocida la ambigüedad, contradicciones, y probablemente hipocresía, que las instituciones europeas mantienen para llevar a cabo en hechos concretos lo que plantean en sus documentos, sobre todo si los mismos están propuestos por la Comisión Europea, donde son los/as técnicos los que aportan algo de innovación respecto a los/as paralizados/as políticos/as, y por eso luego el Consejo Europeo limita constantemente las propuestas de la Comisión y del Parlamento Europeo.
visto la Teoría del Desarrollo Endógeno hace sólo parcialmente y sin considerar diversas dimensiones de la comunidad territorial (como las necesidades), así como sin considerar la inserción de los subsistemas que suponen las comunidades territoriales locales, en los límites biofísicos del sistema-planeta.
En este modelo que aquí se quiere proponer, que pretende ir más allá de la teoría del desarrollo endógeno, se parte de una visión integral del Desarrollo en términos de integración territorial, es decir de la obligada vinculación entre todas las comunidades humanas y todos los espacios territoriales del planeta, dado que su separación o disgregación, más allá de un artilugio analítico, conlleva un sesgo que potencia la insostenibilidad. Esta propuesta de “desarrollo territorial autocentrado” (por no usar el término endógeno y evitar por sus referencias a la citada teoría), entiende que la sustentabilidad radica en esa “visión sistémica compleja” de la integración territorial, puesto que sin ver integrados en el análisis territorial, además de factores tangibles, todos los aspectos intangibles, y no sólo los intangibles vinculados al sistema productivo, el desarrollo endógeno será una teorización limitada del desarrollo. Esto afecta principalmente al necesario análisis que en un proceso de desarrollo “auténticamente endógeno” debe hacerse de las consecuencias para las personas y comunidades de las decisiones productivas, así como de las consecuencias sobre los espacios y medio natural en general. Diversos autores identifican el surgimiento de las teorizaciones del desarrollo endógeno en los trabajo de Friedamnn y Weaber a finales de los años 70’ del siglo XX, vinculando el surgimiento de esta Teoría del Desarrollo Endógeno al enfoque de las “necesidades básicas” (FURIÓ, 1996: 103). De hecho, las relecturas y reflexiones que se vienen haciendo sobre la temática del desarrollo desde los años 60’ de la pasada centuria, muestran significativamente una línea de fuga clara hacia el replanteamiento del desarrollo en términos que vayan más allá de una interpretación económica del mismo, y ello tanto en reflexiones académicas123, como incluso en las reflexiones institucionales (en ese sentido han ido varias líneas de trabajo, por ejemplo las del PNUD dentro de la ONU, pero también las de un organismo tan vinculado a los capitales financieros, como el Banco Mundial124). Por ello resulta válida la síntesis que hace Furió acerca de la triple capacidad que, desde cierta teorización del Desarrollo Endógeno, una “sociedad económica” debe aportar: capacidad para innovar, para ser solidaria y para regular (FURIÓ, 1996:112).
123 GUNDER FRANK 1966; FURTADO 1974; HIRSCHMANN 1986, 1989; SEN 2000; STIGLITZ, J. (2000); BOISIER 1999, 2001, 2002, 2003; ALBURQUERQUE 1997b, 2005.
124 Ver sus Informes Anuales y sus programas de actuación, como por ejemplo el de Capital Social y el de Pobreza (www.worldbank.org)
Podemos entender que buena parte de las aportaciones de la Teoría del Desarrollo Endógeno son interpretables desde una perspectiva sistémica. Es decir, propongo reinterpretar las aportaciones que se han venido exponiendo acerca de las teorizaciones de los/as diversos autores de esta teoría, desde un enfoque sistémico (Teoría General de Sistemas –TGS-), que nos permite asumir que el sistema productivo local es un subsistema incorporado e interrelacionado con otros subsistemas productivos territoriales (conformando el entorno del sistema territorial; un sistema-mundo), y configurado por los subsistemas correspondientes a los diversos factores que conforman el Desarrollo Territorial, que reinterpretamos, desde lo aportado por FURIÓ (1996: 113) y por BOISIER (1999: 53), como los siguientes: Educativo-formativo, tecnológico-científico, axiológico/sociocultural, socioinstitucional, espacial/medioambiental. El enfoque sistémico propuesto, sin embargo, quiere ir algo más allá de la interpretación de la TGS al uso, que considera que unos sistemas se integran en otros y entre ellos hay intercambio de información y procesos. En este caso, lo que se propone es interpretar desde la epistemología de la complejidad el sistema territorial, incluyéndolo así en el sistema vital ecológico global (biofísico y social), de tal forma que se entienda que las acciones sobre cualquiera de los subsistemas son acciones sobre el conjunto del sistema (con consecuencias sobre el mismo en términos entrópicos y de desigualdad social). Es decir, desde la asunción que se hace aquí de los preceptos de la “sociedad del riesgo”, se plantea que el “sistema-mundo”, ahora más claramente percibido por la “emergencia” o visualización que favorece la globalización capitalista actual, no permite jugar a modificaciones parciales de los subsistemas sin perjudicar o dejar de mejorar otros subsistemas, y por tanto el sistema global. Así, la búsqueda del desarrollo territorial no puede ser la yuxtaposición de cambios parciales e inconexos en los subsistemas, sino que es la búsqueda de sinergias y simbiosis que contribuyan a un cambio generalizado del sistema-mundo, a partir de cambios en las interrelaciones y lógicas de comunicación entre los diferentes subsistemas, y a partir de cambios integrales o interrelacionados de esos subsistemas (factores de desarrollo territorial en este caso) en un contexto territorial dado. Por lo tanto, es el territorio como sistema el que cambia, y no sólo sus factores o subsistemas de forma aislada. Por consiguiente, la interrelación e integración entre subsistemas o sistemas parciales no permite desagregaciones en una secuencia temporal lineal125, por lo que sólo se puede estar parcialmente de acuerdo con la propuesta de Furió al respecto: “Debemos considerar el territorio
125 “El tiempo es uno y múltiple. Es a la vez continuo y discontinuo, es decir...evenencial, agitado por rupturas, sobresaltos que
rompen su hilo y eventualmente recrean en otra parte otros hilos. Este tiempo es, en el mismo movimiento, el tiempo de las derivas y dispersiones, el tiempo de las morfogénesis y de los desarrollos” (MORIN 1981, citado en IBÁÑEZ, 1998b:111). Por ello
cobra sentido la propuesta de S. Boisier acerca de “el Desarrollo como una emergencia sistémica”, y la apuesta por el desarrollo como potenciación de sinergias entre distintos elementos o subsistemas del territorio (BOISIER 2001 y 2003).
como una red de elementos interconectados… su evolución en el tiempo (convergencia o divergencia de los niveles de desarrollo, retorno de tendencias, bifurcación) sólo puede ser descrita como una trayectoria en una sucesión de situaciones donde la causa de una situación dada es la situación precedente y no tal o cual factor tratado de un modo aislado” (FURIÓ,
1996:134). Y es que es interesante la apreciación que desecha los factores tomados aisladamente como posibles causas del cambio o desarrollo territorial, pero Furió parece caer en esa misma “trampa cartesiana” de la desagregación y la linealidad causal, cuando expone que “la causa de una situación dada es la situación precedente”. Más bien, habría que interpretar que la “red de elementos interconectados” que supone el Territorio, estaría condicionada “complejamente” por las situaciones anteriores, dado que no sería posible demarcar o delimitar “una” situación anterior como “la precedente” (salvo de forma sesgada y abstracta por parte de un analista “objetivador”), sino que sería “el poso histórico total” (el “Devenir sincrético”126), positivizado o materializado, el que estaría presente en el territorio concreto, y no como una “presencia abstracta”, sino como la presencia específica y compleja que se materializa o encarna en las praxis históricas concretas que cada comunidad territorial va realizando en cada momento (que son las que condicionan, y son condicionadas, por las decisiones de la comunidad territorial y sus instituciones)127. Por ello precisamente es por lo que no hay una linealidad de progreso ni está garantizada la evolución hacia situaciones de desarrollo que contribuyan a una transformación social emancipadora, y por ello, tal como el propio Furió expone a continuación del texto ya mencionado, “Se puede concebir que la evolución de un sistema territorial admite a
menudo varias soluciones posibles, las cuales definen varias situaciones, <<a priori>> realizables, hacia las cuales se podría evolucionar, e incluso, estabilizarse en ellas” (FURIÓ,
1996:134).
De esta manera, siguiendo la perspectiva epistemológica de la complejidad, se podría entender que no es que un sistema se incluya en otro, sino que todos los sistemas forman parte de un
126 “El gran tiempo del Devenir es sincrético... Mezcla en sí de forma diversa, en sus flujos, sus encabalgamientos, estos tiempos
diversos con islotes temporales de inmovilización (cristalización, estabilización), torbellinos y ciclos de tiempos reiterativos. La complejidad del tiempo <<real>> está en este sincretismo rico. Todos estos tiempos diversos están presentes, actuando e interfiriendo en el ser vivo y por supuesto en el hombre: todo viviente, todo humano, lleva en sí el tiempo del evento/accidente/catástrofe (el nacimiento, la muerte), el tiempo de la desintegración (la senectud, que, por la vía de la muerte, conduce a la descomposición). El tiempo del desarrollo organizacional (la ontogénesis del individuo), el tiempo de la reiteración (la repetición cotidiana, estacional, de los ciclos, los ritmos y actividades), el tiempo de la estabilización (homeostasis)... Y todos estos tiempos se inscriben en la hemorragia irreversible del cosmos” (MORIN 1981, citado en IBÁÑEZ 1998b:111).
127 La Historia, desde una perspectiva compleja y sistémica, no es una sucesión de secuencias lineales, sino más bien “una espiral”, “un rizo”, “un bucle” o “una doble sinoidal” (MORIN 1981, 1994; BOISIER 2003). En todo caso su dinámica es la de una dialéctica compleja, transductiva o referenciada de forma concreta, en la cual lo relevante no es un fin idealizado o transcendente, sino un fin referenciado en la coherencia recursiva, en cada momento histórico, de las “innovaciones” que las praxis concretas vayan incorporando. Dicha coherencia debe serlo respecto a una ética emancipadora, codificada por las personas integrantes de los territorios concretos en cada momento histórico específico.
único sistema complejo, recursivo y entrelazado, sin principio ni fin (MONTAÑES, 2007). La crisis financiera-económico-social actual refleja bastante esta recursividad sistémica global.
En última instancia la cuestión por tanto, será analizar cómo se articulan las diferentes “situaciones históricas” presentes en un territorio, es decir, cómo se articulan las praxis concretas en el mismo; cómo se interrelacionan las redes conformando conjuntos de acción reflexivo- dialógica, cómo se vertebran instancias socioinstitucionales para regular la solidaridad y el diálogo social, y cómo se articulan ambas dimensiones para acometer la atención de necesidades de la comunidad territorial. Ahí, la sociología del desarrollo que adopto nos remite necesariamente a una sociología del conocimiento, que pueda co-analizar el “para qué, para quién y cómo” de las prácticas productivas, socioculturales, socioeconómicas, y de las decisiones socioinstitucionales inherentes. Con lo que dispondríamos de las claves para interpretar las consecuencias de elegir unas u otras soluciones, escenarios u oportunidades de desarrollo territorial.
Desde el paradigma de Desarrollo Territorial aquí defendido, las respuestas a las interrogantes serían: La atención de Necesidades Básicas como fin del desarrollo territorial (“el para qué”), la Comunidad Territorial o Ciudadanía que sería la respuesta al “para quién”, y la investigación- acción reflexivo-dialógica como método (“el cómo”).