soberania alimentaria
CONSTRUYENDO SOBERANÍA DESDE LA RESISTENCIA
Para llegar a consolidar esta propues- ta, la historia nos cuenta de luchas y resistencias de movimientos sociales a nivel mundial, quienes, desde sus propios espacios como organi- zaciones sociales, agrupaciones de productores y consumidores, han aportado y exigido una respuesta. Entre ellos se destacan:
El movimiento indígena–campesi- no ecuatoriano
Uno de los valores profundos de los pueblos indígenas es su capacidad histórica de resistencia frente a las adversidades de la dominación euro- pea: ante la explotación económica, la opresión política, el estado de exclusión y discriminación socio- cultural. En ellos perviven valores, conocimientos, sabidurías, pero sobre todo, mantienen vigentes insti- tuciones culturales, económicas y políticas propias a pesar de todas las adversidades.
El Movimiento Indígena en Ecua- dor, como sujeto social, nace de la desestructuración del sistema de haciendas. La lucha por la tierra vino acompañada del fortalecimiento de las organizaciones rurales y la revita- lización de procesos identitarios con profundos contenidos étnicos. El tejido organizativo que paulatina- mente va creciendo empuja a la conformación de nuevas represen- taciones en los niveles nacionales y regionales, representaciones que muestran una clara confluencia entre historias locales y procesos organiza- tivos de mayor escala. Ejemplos de esto nos han dejado organizaciones como la CONAIE y sus filiales como la ECUARUNARI, CONAICE, CONFENIAE.
También grupos importantes como la FENOCIN, CNC-EA y FEI. Actualmente nuevas formas organizativas cam- pesinas surgen en la Costa ecua- toriana como la FECAOL, Tierra y Vida, los movimientos montubios y afroecuatorianos; el papel de la C-CONDEM en el impulso a los pueblos del manglar y pescadores; los movimientos de mujeres rurales y campesinas; así también nuevas for- mas organizativas como las redes que vinculan campo-ciudad, movimientos que actúan por la economía solidaria, el movimiento agroecológico y de los consumidores.
En la actualidad muchas de estas organizaciones suman sus fuerzas para lograr la aprobación de leyes que garanticen la soberanía alimentaria, pues esta constituye un elemento fundamental para la vigencia del Sumak Kawsay o Buen Vivir, con- cepción que plantea la construcción de sistemas sociales basados en la reciprocidad entre los seres humanos y la naturaleza.
La Vía Campesina: unidad entre campesinos y campesinas
Es el movimiento internacional que agrupa a millones de campesinos y campesinas, pequeños y medianos productores, pueblos sin tierra,
indígenas, migrantes y trabajadores agrícolas de todo el mundo. Defiende la agricultura sostenible a pequeña escala como un modo de promover la justicia social y la dignidad. Se opone firmemente a los agronegocios y las multinacionales que están destru- yendo los pueblos y la naturaleza. Se fundamenta en un fuerte sentido de unidad y solidaridad entre pequeños y medianos productores agrícolas procedentes del norte y del sur.
Se basa en la convicción de que las campesinas y los campesinos, incluyendo a los pequeños pescado- res, pastores y pueblos indígenas, que constituyen casi la mitad de la población mundial, son capaces de producir alimentos para sus comu- nidades y alimentar al mundo de forma sana y sostenible. Las mujeres juegan un papel fundamental en el trabajo de La Vía Campesina. Según
la FAO, las mujeres producen el 70% de los alimentos mundiales pero están marginadas y oprimidas por el neoliberalismo y el patriarcado. El movimiento defiende los dere- chos de las mujeres y la igualdad de género en todos los niveles y lucha en contra de toda forma de violencia hacia ellas. La Vía Campesina lanzó la idea de “soberanía alimentaria” en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996; en ella la definió como:
(...) el derecho de los pueblos a alimentos sanos y culturalmente adecuados, pro- ducidos mediante métodos sostenibles, así como su derecho a definir sus propios sistemas agrícolas y alimenta- rios. Desarrolla un modelo de producción campesina sostenible que favorece a las comunidades y su medio ambiente. Sitúa las aspiraciones, necesidades y formas de vida de aquellos que producen, dis- tribuyen y consumen los alimentos en el centro de los sistemas alimentarios y de las políticas alimentarias, por delante de las demandas de mercados y empresas. La soberanía alimentaria da prioridad a la producción y consumo local de alimen- tos. Proporciona a un país el derecho de proteger a sus productores locales de las importaciones baratas y controlar la producción. Garantiza que los derechos de uso y gestión de tierras, territorios, agua, semillas, ganado y biodiversi- El principal objetivo
del movimiento es hacer realidad la soberanía alimentaria y detener el destructivo proceso
dad estén en manos de quien produce alimentos y no del sector empresarial. Así, la implementación de una auténtica reforma agraria constituye una de las prioridades del movimiento campesino. La soberanía alimentaria se presenta hoy en día como una de las repuestas más potentes a las actuales crisis alimentaria, de pobreza y climática.
Slow food: bueno, limpio y justo
Este es otro de los movimientos que ha marcado una fuerte influencia en el mundo entero; se trata de una organización ecogastronómica sin ánimo de lucro fundada por Carlo Petrini y financiada por sus miembros. Ha desarrollado diversas estructuras para realizar sus proyectos y que tienen como filosofía:
• Creer que todos tenemos el derecho fundamental al placer, y que somos responsables de proteger un patrimo- nio alimentario, tradicional y cultural que hace parte de ese placer. Nuestro movimiento ha sido fundado en torno al concepto de ecogastronomía: reconocimiento de la fuerte conexión entre la comida, la tierra y el planeta. • Según Slow food la alimentación
debe ser buena, limpia y justa. Los alimentos deben tener buen gusto, deben ser producidos sin dañar el
ambiente, las especies animales y la salud; y los productores deben ser retribuidos justamente.
• Piensa también que debemos considerarnos coproductores y no consumidores; que debemos exigir información cierta sobre los modos de producción de lo que comemos; y apoyar a quienes producen el alimento. Así, nos convertimos en socios activos en toda la cadena del proceso de producción. Slow Food además tienen como misión la defensa de la biodiversidad en la oferta alimentaria, el impulso de la educación del gusto y pone en contacto a productores de alimentos de calidad y a coproductores a través de múltiples iniciativas.
Construimos la soberanía alimentaria, desde la resistencia a la propuesta
Como una consecuencia de esta lucha por los derechos colectivos, el agua y la tierra, producción agro- ecológica, acceso a alimentos sanos y de una manera justa, mediante un proceso participativo, en donde orga- nizaciones de productores, consumi- dores, movimientos de mujeres, indí- genas, montubios, grupos urbanos, estudiantes, pescadores y recolecto-
res del manglar, aportaron para que en la Constitución de la República de Ecuador, aprobada mediante referendo en septiembre de 2008, se reemplace el modelo de desarrollo neoliberal que se había implementado en el país en los últimos 25 años, por el principio del Sumak Kawsay: que considera que el fin último del Estado y la sociedad es lograr una vida digna para todos los ecuatorianos.
En la Constitución, la soberanía alimentaria aparece como uno de los ejes fundamentales del Sumak Kawsay. En 2009, los movimientos so- ciales logran la aprobación de la nue- va ley de Soberanía Alimentaria, hoy vigente, y más adelante en 2010, en un ejercicio de construcción colectiva varios movimientos sociales definen a la soberanía alimentaria como: El derecho que tienen los pueblos para controlar el sistema agroalimentario y sus factores de producción, de tal forma que la agricultura familiar, campesina, indígena, de orientación agroecológi- ca, la pesca y la recolección artesanal se desarrollen de forma autónoma y equitativa. De esta manera se garantiza el derecho humano a la provisión per- manente de alimentos sanos, nutritivos, suficientes y culturalmente apropiados. Para ello, es necesario recuperar y dinamizar modos de agricultura
ancestrales y ecológicos; generar circuitos económicos solidarios y controlar democráticamente los mercados para facilitar el acceso equitativo y oportuno a los alimentos, y remunerar con justicia al trabajo agrícola.
Es imprescindible también recuperar hábitos y patrones de consumo, saludables, nutritivos, y restablecer la identidad y cultura alimentaria de la población. El Estado intercultural, plurinacional y participativo debe generar y garantizar políticas públicas que además de favorecer el desarrollo de su sistema agroalimentario, impliquen una relación urbano–rural equilibrada, una relación armónica entre seres humanos y naturaleza. Un Estado que efectivamente ejerza su soberanía frente a injerencias transnacionales.
Para reflexionar
• ¿Qué haces en el día a día para ayudar a tu comunidad a vivir la soberanía alimentaria?
• ¿Conoces alguna organización en tu localidad que esté tomando acciones por la soberanía alimentaria?
• ¿Has participado alguna vez en alguna actividad con estas organizaciones o alguna otra?
MARCO JURÍDICO QUE IMPULSA