soberania alimentaria
QUÉ PASA CON LA AGRICULTURA Y EL ALIMENTO HOY?
El mundo actual está marcado por un crecimiento poblacional tal que se piensa que para el año 2050 el núme- ro de habitantes del planeta será de 9 500 millones. Este crecimiento ha sido particularmente importante en las ciudades si condideramos que para el año 1900 apenas un 10% de la población era urbana mientras que en el 2007, y por primer vez en la his- toria, la población urbana fue mayor a la rural, previendo que esta diferencia seguirá en aumento.
Además, no en pocos casos, las ciudades se desarrollan sobre tierras fértiles, a orillas del mar o de grandes ríos y su establecimien- to causa problemas de agua y de energía que van en aumento. El crecimiento no planificado de ellas
a causa de su explosión demográfica produce problemas de vivienda, de abastecimiento de servicios básicos y muchas veces de alimentos creando cinturones de gran probreza. La FAO calcula que en el período 2010-2012 el número de personas subnutridas fue de unos 870 millo- nes. Esto representa el 12,5% de la población mundial o la relación de una persona por cada ocho. La gran mayoría de estas personas –852 millones– vive en países en desarro- llo, donde la prevalencia de la sub- nutrición se estima actualmente en 14,9% de la población.
En los últimos 50 años, la producción mundial de alimentos ha aumentado de forma vertiginosa, incluso más que la tasa de la población mundial. Entre 1990 y 1997, la producción per cápi- ta de alimentos creció casi un 25%; sin embargo, en el mundo aún pasan hambre 830 millones de personas, esto es aproximadamente una de cada siete, lo cual representa a una población mayor a la que vive en Eu- ropa. El problema del hambre, como fenómeno grave y generalizado, no se debe a la escasez de alimentos, sino a las dificultades de acceso, distribu- ción, mercados injustos y monopo- lizados. Para lograr este incremento en la producción de alimentos se han implementado procesos de
producción que le apuestan al uso de paquetes tecnológicos, semillas modificadas, monocultivos, entre otras prácticas que han dejado como resultado daños al ambiente y a la sa- lud y, además, beneficiando solo a los grandes monopolios del alimento en desmedro de pueblos y culturas que han resultado empobreciendos cul- tural y económicamente. El modelo dominante de inspiración neoliberal está impulsado por las grandes em- presas transnacionales de la agroin- dustria y basado fundamentalmente en la producción para la exportación y el encadenamiento productivo. La expansión del modelo de agroin- dustria se ha convertido en una agresión frontal contra la agricultu- ra agroecológica familiar. Ante ello, a los campesinos no les ha quedado más alternativa que buscar otras fuentes de empleo, aumentando los procesos migratorios y el crecimien- to de las ciudades. Todo esto, a su vez, incrementa la preocupación por el acceso a la alimentación de la población propugnando un modelo de agricultura industrial o revolución verde e ingresando en un círculo vicioso.
El insentivo de la producción agropecuaria hacia la exportación a través de subsidios promueve la venta de productos alimenticios en
mercados internos por debajo de los costos de producción, perjudicando las economías propias y volviéndolas insostenibles. Todo esto da como resultado:
• En salud: alarmantes estadísticas de desnutrición en menores de los sectores rurales y obesidad en niños de las zonas urbanas. Alimen- tos con baja calidad nutricional o contaminados con plaguicidas que provocan enfermedad y muerte; carne con hormonas y antibióticos. Enfermedades como la diabetes, hipertensión, problemas del cora- zón y algunos cánceres causados por la mala alimentación. Según la OMS, el sobrepeso y la obesidad son el quinto factor principal de riesgo de muerte en el mundo. Se dice que cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas adultas por enfermedades aso- ciadas a estos factores. Además, el 44% de la carga de diabetes, el 23% de la carga de cardiopatías isquémicas y entre el 7% y el 41% de la carga de algunos cánceres son atribuibles al sobrepeso y la obesidad.
En el 2008, 1 400 millones de adultos de 20 años y más tenían sobrepeso; en 2010, alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años de edad también lo
tenían. Si bien el sobrepeso y la obesidad, hace algún tiempo, eran considerados como un problema propio de los países desarrollados, actualmente ambos trastornos van en aumento en países de menor desarrollo, especialmente en sus ciudades. A menudo los cambios en los hábitos de alimentación y la poca actividad física llevan a sucumbir ante estas enfermedades. Es tan grave el asunto que podría ser considerado como un problema de política pública, pues está vinculado con fenómenos sociales como el modelo de desarrollo, politicas de salud, agrícolas, educativas, de transporte, de planeamiento urbano, de ambiente, distribución y comercialización de alimentos, etcétera.
• Pobreza rural: familias agricultoras, pescadoras y recolectoras de pro- ductos son cada vez más pobres y deben abandonar sus tierras y comunidades. La población rural está decreciendo rápidamente y el cinturón de pobreza en las ciudades es cada vez más extenso.
• Erosión de suelos y acaparamien-
to de tierra y agua: los suelos tradicionalmente agrícolas van a parar en pocas manos, mientras que la mayoría de campesionos debe conformarse con tierras
no aptas para la agricultura que se erosionan rápidamente. Algo similar sucede con el agua. Si consideramos nuestro país, de una superficie total de 256 370 km2, la superficie agrícola en el 2000, representaba el 48,2% (III Censo Nacional Agropecuario). Esta área agrícola estába conformada por un total de 842 882 unidades de producción agropecuaria (UPA), de las cuales el 98,3% de ellas eran reconocidas como privadas. Al separar por tamaños a las propiedades, se encontró que las UPA de menos de 5 ha representan el 63,96% del total, pero corre- spondían solamente al 6,53% de la superficie agrícola de Ecuador. Por otro lado, las propiedades entre 50 y 100 ha representan el 3,97% de las UPA y un 18,33% de la super- ficie agrícola total. Finalmente, las UPA mayores a 500 ha constituían el 0,16%, pero constituían una su- perficie importante a nivel nacional. Así, la diferencia entre los grandes y pequeños productores agrícolas era de 1 000 a 1, es decir, mil veces más grandes que las UPA de menos de 5 hectáreas. Hay que tomar en cuenta que la producción campesi- na en Ecuador está marcada por la pequeña propiedad sobre la tierra; 6 de cada 10 unidades productivas privadas tienen una extensión
menor a 5 ha. Por otro lado, la mitad de las familias rurales, cerca de dos millones de ecuatorianos sobreviven en unidades producti- vas de 2 ha o menos.
Asimismo, en el país el 85% del agua utilizada se destina al riego. Las empresas transnacionales que producen productos destinados a la exportación reciben la ma- yoría a de esta agua. Los cultivos
destinados al mercado nacional, generalmente producidos por manos campesinas, cuentan con una cantidad menor de agua para riego; por ejemplo, la producción
de arroz cuenta con concesiones de agua para regar únicamente el 44,69% de la superficie, mien- tras que el cultivo de papas solo recibe para regar el 25% de su superficie total.
• Pérdida de la diversidad agrícola,
alimentaria y ambiental:
la variedad de semillas son aca- paradas y controladas por empre- sas monopólicas de alimentos. Además, el uso de combustibles fósiles en la agricultura y ganade- ria industriales generan gases de efecto invernadero que incrementa el proceso de calentamiento global.
Según la Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Conti- nua (ESPAC), entre el año 2000- 2008, la superficie dedicada a pastos para producción industrial de carne y leche se incrementó en 460 000 ha. Las UPA de menos de 5 ha, consideradas para pequeña agricultura, destinaban en promedio un 24,7% de la tierra a este fin, es decir, que la tierra está destinándose a actividades que implican menores costos de mantenimiento y muy baja generación de empleo, de manera extensiva en la Costa y de manera intensiva en la Sierra.
Las prácticas agropecuarias de procesamiento y comercialización requieren de una gran cantidad de petróleo para su funcionamiento, siendo nada sustentables y muy contaminantes.