foco MEDICIÓN
3.2. Estudios sobre las dimensiones de Calidad de Vida y Prostitución
3.2.1. Estudios sobre Salud Física
3.2.1.3. Consumo de Drogas
Los estudios más recientes sobre el consumo de drogas y en relación a las mujeres que ejercen la prostitución están centrados exclusivamente en grupos muy concretos de personas que ejercen en la industria del sexo, en concreto en las mujeres que ejercen en la modalidad de calle, colectivo que en España, y en algunos países europeos, es minoritario y tendente a desaparecer. Las muestras suelen ser pequeñas y con muchos problemas asociados, (ASE-Psiké, 1997; Baker, Case y Policicchio, 2003; Brents y Hausbeck, 2005; Church, Henderson, Barnard y Hart, 2001; Farley y Barkan, 1998; Meneses, 2003; Raphael y Shapiro, 2004; Surrat, Inciardi, Kurtz y Kiley, 2004; Wiliamson y Folaron, 2001).
Por otro lado, en este grupo de mujeres (consumidoras de drogas) la variable prostitución no es determinante, ya que el ejercicio está ligado a la obtención del dinero para la compra de droga como explica Jeal, Salisbury y Turner (2008). Estos autores realizan un estudio para obtener una comprensión detallada de la vida de las mujeres que ejercen en la calle; la muestra son 22 mujeres que ejercen en Bristol (Londres); las mujeres informaron como se desarrollaba una jornada de su vida, un ciclo continuo de ejercicio de la prostitución y la consiguiente compra de drogas y su consumo y la vuelta al ejercicio para conseguir más dinero. Los tipos de riesgos que sufren en la calle son los siguientes: infecciones de transmisión sexual, violación, violencia física y verbal y asesinato en las dos situaciones: tanto en la prostitución como en la compra de drogas. La mayoría de las mujeres que se inyectaban drogas tienen enfermedades potencialmente mortales, incluyendo
113 trombosis venosa, embolia pulmonar y abscesos. Algunos de las entrevistadas decían que dormían en pisos o aparcamientos donde se consumía crack; la mayoría reconocen que no comen, no beben o no duermen con regularidad lo que contribuye a la pérdida de peso y su problemas de salud física y mental; además de estos problemas tienen otros asociados como: el alojamiento inestable, la separación de los hijos o de la familia, necesitar dinero para tomar medicinas, etc.
Potterat, Rothenberg, Muth, Darrow, y Phillips-Plummer (1998) sugieren un vínculo complejo entre el uso de drogas ilegales y la subsiguiente entrada en prostitución, ya que encontraron que un 66% de las prostitutas entrevistadas habían usado drogas antes de comenzar a ejercer la prostitución; un 18% comenzaron ambas conductas al mismo tiempo y un 17% usó drogas después de comenzar a ejercer la prostitución. Aunque es necesaria una demostración empírica para establecer la relación causal entre estos sucesos (uso de drogas y entrada en prostitución), estos datos demuestran la fuerte secuencia temporal de estos eventos críticos ya que el abuso de sustancias suele preceder a la entrada en prostitución.
Diversos autores realizan estudios específicos sobre el colectivo de personas que ejercen en la calle, donde las variables más estudiadas son los problemas de Salud. Este colectivo es el que presenta una peor Calidad de Vida en todos los ámbitos, pero en especial en el ámbito de la Salud Física (Baker, Case y Policicchio, 2003; Baker, Wilson, y Winebarger, 2004; Barnard, 1992; Brewis y Linstead, 2000; López y Pinedo, 2007; Meneses, 2003; Pinedo y Martín, 2006; Ribeiro y Sacramento, 2005; Sanders, 2005; Surrat et al., 2004; Vanwesenbeeck, 2001).
La novedad que aportan los estudios de la última década sobre prostitución de calle y drogas es que no se centran tanto en la constatación sobre las prevalencia de las enfermedades, sino que se intenta estudiar otros factores que pueden mejorar su Calidad de Vida; por ejemplo Jeal y Salisbury (2004a) realizan un estudio sobre la evaluación de las necesidades de Salud de las mujeres que ejercen en la calle en Bristol. Los autores aplicaron una entrevista a 70 mujeres. Todas informaron tener problemas de Salud crónicos. Las ITS eran entre 9 y 60 veces más comunes que en la población general. Muchas mujeres (44 %) habían experimentado abuso sexual y el 38% por ciento había recibido atención. La mayoría (97%) habían recibido más dinero para tener relaciones sexuales sin protección. La mitad (51%) tenía relaciones sexuales sin protección. Todos tenían problemas de drogas o dependencia del alcohol. En la última semana, el 22% habían compartido agujas y el 59% habían compartido material de inyección, a pesar de que la mayoría (96%) saben y conocen los riesgos. La Salud y las desigualdades sociales experimentadas
114 por este grupo son mucho peor que cualquier otro grupo de mujeres que ejercen en otras modalidades.
Creighton, Tariq y Perry (2008) realizan un estudio sobre las mujeres que ejercer en la calle y que acuden a una clínica de ITS de Londres. El estudio se realizó entre 1 de julio de 2006 y 31 de enero 2007. El equipo contactó con 120 mujeres que informaron consumir drogas, tener sexo sin protección con sus clientes y el uso de métodos anticonceptivos poco fiables o el no uso. 7 mujeres estaban embarazadas, 6 eran VIH positivas y 12 fueron positivos en serología de sífilis. Otras 17 tenían enfermedades de transmisión sexual. Se encontró una alta frecuencia de VIH, la sífilis, otras infecciones de transmisión sexual bacteriana y embarazos no deseados entre las mujeres que ejercen y asisten a esta clínica, además se detectaron una cantidad considerable de otros problemas de Salud física en este grupo y un número importante de prácticas sexuales de riesgo.
En España, Rut Pinedo (2008, p. 325) realiza una investigación sobre la Calidad de Vida y Salud Física con 146 personas que ejercen en diversas ciudades de Castilla y León en diferentes modalidades (calle, piso y club). La muestra de las personas que ejerce en la calle representan el 14,38% de la muestra total; está compuesta por mujeres (72%) y transexuales (28%), tanto españolas (57%) como inmigrantes (43%). Las conclusiones más relevantes para el grupo de personas que ejercen en la calle son las siguientes: presentan importantes problemas de consumo de drogas que conllevan otros problemas de Salud; es en el único grupo en el que se ha encontrado consumo de heroína por vía parenteral, siendo la vía de infección por VIH/SIDA en este colectivo; también se ha encontrado que en la mayoría de los casos había un policonsumo ya que también consumían cocaína, hachís, tabaco y alcohol; es el grupo que tiene más prevalencia de ITS; es el grupo que sufre más agresiones físicas y sexuales; son las que han tenido y tienen mayor número de IVEs, tanto antes como durante el ejercicio de la prostitución, en comparación con el resto de grupos; presentan peor Salud mental que las de club y las de piso y han recibido mayor atención psicológica tanto antes como durante el ejercicio.
Meneses (2007) hace un análisis de las consecuencias y de las circunstancias del consumo de cocaína en el entorno de la prostitución en España y en todas las modalidades (calle, piso y club) en 6 ciudades españolas (incluida Gijón). Se aplicaron entrevistas semi-estructuradas a 60 personas de edades comprendidas entre 18 y 50 años de edad. Los resultados son los siguientes: las sustancias piscoactivas más empleadas en la actividad de la prostitución son el alcohol y la cocaína. Otras sustancias, como el cannabis, la heroína o el popper, eran consumidas en menor medida. En el caso
115 de la heroína se trata de personas dependientes a esta sustancia que recurrían a la prostitución para mantener su consumo. El uso de alcohol se ha producido con anterioridad a la realización de la prostitución y su consumo en este último contexto estaba asociado al alterne con el cliente, al contacto previo a las prácticas sexuales y a un aumento de los ingresos de las personas que ejercían esta actividad, ya que obtenían un porcentaje económico de lo consumido por el cliente. Existía cierto control por parte de estas personas para evitar la embriaguez, puesto que repercutía negativamente en sus relaciones con el cliente y en sus ganancias. El consumo de cocaína solía producirse e iniciarse con la realización de los servicios sexuales. El consumo de alcohol y cocaína era ocasional y como instrumento o herramienta de trabajo (ayuda a reducir las barreras psicológicas o la inhibición y ayuda a aumentar la tolerancia a las largas horas de trabajo sexual con distintos clientes). El consumo de cocaína también se asoció con proporcionar o complacer al cliente sin tener que realizar servicios sexuales. Entre las consecuencias del consumo de drogas están las relaciones sexuales sin protección y un mayor riesgo de violencia por parte de los clientes. Las personas que ejercen desarrollan estrategias de reducción de daños por consumo de drogas como por ejemplo la reducción de la dosis con el fin de no perder el control, uso de drogas simuladas, y la selección de los clientes no consumidores. Las mujeres inmigrantes entrevistadas han iniciado el uso de cocaína en España coincidiendo con el inicio en la prostitución, mientras que entre las mujeres españolas el uso experimental u ocasional de cocaína se había producido con anterioridad al inicio en la prostitución.
Otro estudio que analiza el consumo de drogas y de alcohol con una muestra amplia de mujeres que ejercen la prostitución (en diversas modalidades y en diferentes provincias) está realizado por el equipo de Investigación Sociológica (EDIS, 2004). En este estudio se analiza el perfil de las personas pertenecientes al colectivo de exclusión social (mujeres que ejercen la prostitución, drogodependientes, sin techo y ex -reclusas). Las muestra de mujeres que ejercen es de 264 y es comparada con los otros grupo de exclusión y con una muestra de mujeres que no sufren exclusión o normalizadas (N=396). Los resultados en cuanto al consumo de alcohol se recogen en la tabla 12.
116 Tabla 12: Consumo de alcohol en los diversos grupos de exclusión. Fuente: Realidad social de las mujeres sin techo,
prostitutas, ex reclusas y drogodependientes en España (EDIS, 2004, p. 157).
El consumo de alcohol de manera abusiva (altas, excesivas y de gran riesgo, superior a los 50 ml. de alcohol puro) es mayor en el colectivo de mujeres drogodependientes (un 16.2%), aunque también destaca el de mujeres que ejercen la prostitución (12.9%). Por el contrario, entre las mujeres ex reclusas y sin techo este uso abusivo de alcohol está menos extendido. Si se comparan estos datos con la población normal, el resultado se puede apreciar en la tabla 13. El porcentaje de mujeres que no beben es similar en ambos grupos, pero la proporción de mujeres que consumen alcohol de manera abusiva es casi tres veces superior en el colectivo de mujeres en exclusión (el 9.3%), que en el de normalizadas (el 3.6%).
Tabla 13: Diferencias en el consumo de alcohol en dos grupos de mujeres (excluidas y normalizadas). (EDIS, 2004, p. 158).
En cuanto al consumo de drogas los resultados para el grupo de mujeres que ejercen la prostitución se recogen en la tabla 14. Este grupo de mujeres obtiene un índice de consumo mucho más bajo que el resto de los grupos de exclusión.
117 Tabla 14: Consumo de drogas en los grupos de exclusión social. (EDIS, 2004, p.154).
En la tabla 15 se constata que existen semejanzas en cuanto al consumo de drogas entre el grupo de mujeres normalizadas y el grupo de las mujeres que ejercen la prostitución.
Tabla 15: Diferencias en el consumo de drogas en dos grupos de mujeres (excluidas y normalizadas). (EDIS, 2004, p.155).
118 Los resultados de Rut Pinedo (2008, p. 246) en relación al consumo de drogas son los siguientes: hay relación entre el consumo de drogas y el tipo de prostitución de manera que son las personas que ejercen prostitución en la calle las que en mayor medida consumen drogas y las de piso las que en menor medida lo hacen; las personas que ejercen en la calle son las que mayor tiempo llevan consumiendo respecto a las de club y a las de piso, no habiendo diferencias entre estos dos últimos grupos. En general, exceptuando el grupo de personas que ejercen en la calle, las que ejercen en club o piso presentan medias de frecuencia de consumo cercanas a 0 ó 1, es decir, presentan un consumo de drogas muy esporádico (nunca ó 1 ó 2 veces al año). Las personas que ejercen en la calle presentan un consumo más frecuente de todos los tipos de drogas analizadas, destacando, además del consumo de tabaco y alcohol, el consumo de cocaína (5.5% la consume diariamente) y son las únicas que consumen heroína (6.2% la consume diariamente).
En Asturias, Fernández (2004, p. 80) aporta datos sobre el consumo de drogas en una muestra de 115 mujeres que ejercen en los club. No fuman tabaco el 46,1% de las mujeres; las que menos fuman son las latinoamericanas; muchas mujeres dicen que han comenzado a fumar desde que ejercen; entre los motivos señalan la imitación de las compañeras, como herramienta de trabajo con el cliente, el aburrimiento cuando no hay apenas clientes en el local, vencer la timidez, afrontamiento de la jornada laboral, etc. No beben alcohol el 28,2% y beben el 71,3% de las mujeres con la frecuencia y cantidades siguientes: beben de forma ocasional, ó 1-2 copas al día el 62,19%; beben más de 3 copas al día el 37,80%. Por lo general, los hábitos de consumo están asociados al tipo de trabajo; para aumentar las ganancias es necesario beber, pues de cada copa consumida, tanto por el cliente como por la mujer, ganan un 50%. No consumen drogas el 90,4%; si se produce el consumo de sustancias suele ser en horas de trabajo y con los clientes. De las que dicen consumir drogas (el 9,6% de la muestra total), el tipo de drogas y su distribución es la siguiente: sólo Hachis, el 45,5%; Hachis y Cocaína, el 27,3%; sólo Cocaína, el 18,2%; y sólo Heroína, el 9,1%. Algunas mujeres aseguran que son los propios clientes los que introducen las drogas en el local y prefieren compartir el consumo a solas con la mujer en la habitación; ante esta situación se dan dos conductas: consumir para complacer al cliente y no perder la ganancia o fingir la toma de la dosis y tirarla al suelo.
Este último aspecto (el consumo de drogas durante el ejercicio) también es analizado por Brewis y Linstead (2000, p.86); para los autores, las drogas pueden ser usadas por múltiples motivos en el mundo de la prostitución, “algunas veces para mantener a las trabajadoras despiertas durante largos días y largas noches, (…), algunas veces para relajarlas y aliviar la sensación de lo poco
119 placentero que es el trabajo. Algunas veces esto también ayuda a jugar el papel requerido en el trabajo, para llegar a ser el producto que los clientes demandan‖. Para muchas personas el consumo durante el ejercicio es considerado como una estrategia para incrementar su confianza, su control, su fortaleza psicológica, etc. (Meneses, 2007; Fernández, 2004; Pinedo, 2008), sin embargo, puede conllevar el efecto contrario: pérdida del control, menor percepción de riesgo, etc., factores que las colocan en una situación de mayor vulnerabilidad hacia riesgos de carácter sexual y episodios de violencia (Vanwesenbeeck, 2001).