intervención socio-política
CONDICIONES Calle Abierto: calle
1.5.1. Prostitución de calle
1.5.1.1. Descripción de la modalidad de calle
La prostitución de calle es la más conocida y visible y la más estudiada a pesar de ser la menos practicada en España en ciudades pequeñas o provincias; actualmente es una modalidad que tiende a desaparecer y es ejercida por mujeres de mayor edad, o por mujeres con problemas de adicción y toxicómanas, por transexuales o mujeres con graves problemas socio- familiares y de salud (Acién y Majuelos, 2003; Agustín, 2001; Defensor del Pueblo Andaluz, 2002; EDIS, 2004; Emakunde, 2001, 2007; González y Tirado, 2006; Estébanez et al., 2002; Malgesini, 2006; Medeiros, 2000; Pinedo, 2005, 2008; Pons, 1992; Serra, 2008).
A pesar de descender el número de personas que ejercen en la calle, es la modalidad más controlada (a nivel estadístico, antropológico, sanitario y policial) desde las instituciones, las policías locales y entidades no gubernamentales que se dedican a la intervención con mujeres que ejercen la prostitución (Pinedo, 2008; Serra, 2008); los estudios sobre este sector aportan datos y cifras bastante fiables frente a otras modalidades, piso y club, que son menos visibles y de mayor dificultad de acceso. Esta accesibilidad hace que, en ocasiones, sean tomadas como referencia principal en los estudios e investigaciones y realizando generalizaciones equivocadas (Pons, 1992; Serra, 2008; Vanwesenbeeck, 2001).
A través de los estudios realizados en diferentes Comunidades Autónomas y en Asturias conocemos un poco más el desarrollo y las características de la modalidad calle. A continuación vamos a presentar una síntesis de las características recogidas en estos estudios.
La Prostitución de calle es aquélla que se ejerce en las calles de la ciudad, generalmente en el centro urbano y/o en calles cercanas a parques y plazas públicas, cascos antiguos, zonas
43 portuarias, vías del tren, etc.; el contacto sexual se efectúa en diferentes lugares: pensiones u hoteles cercanos a la zona; en el domicilio del cliente; en los parques; en los vehículos de los clientes; en la calle: en portales o entrantes de garajes, etc.
La mujer realiza su actividad en la calle, y reclama la atención del cliente en la vía pública; los clientes pueden pedir sus servicios de diferentes formas: telefónicamente, en el caso de haber tenido ya contacto con la mujer; por contacto directo: el cliente se acerca a las zonas donde se ubican las mujeres y se desplaza a pie a la zona; el cliente se desplaza en coche, da vueltas por la calle, y detiene la marcha donde se encuentran las mujeres para pedir sus servicios; las mujeres se encuentran en un bar cercano a la zona de prostitución de calle, y esperan a que las llamen los clientes telefónicamente. Una vez establecido el contacto, salen del local y acuden a la cita con el cliente.
El precio por servicio es inferior al que se exige en club y pisos y oscila entre los 10 y los 30 euros. De esta cantidad, las mujeres perciben el 100%. Las ganancias mensuales medias de las mujeres que ejercen este tipo de prostitución, son de unos 600 euros, pero este dato es muy variable de mes a mes, ya que depende de las horas de dedicación mensual, y la afluencia de clientes.
El precio varía mucho geográficamente y sobre todo, si se trata de ciudades importantes o ciudades más pequeñas; en Barcelona (Malgesini, 2006) se dice que el precio es de 20 euros por el servicio básico (penetración vaginal con preservativo) más 10 por la habitación del hotel. Otros servicios como el sexo anal se pueden cobrar más, en torno a los 30 o 40€. En general, las ganancias mensuales en la calle pueden oscilar entre los 500 y los 2500€, dependiendo también del aspecto físico de la persona y de la edad.
El horario de la prostitución de calle suele ser nocturno; comienza al anochecer, en torno a las 10 ó las 11 de la noche y suelen estar hasta las 4, ó incluso las 7 de la mañana. Las mujeres dicen que hay más clientes a altas horas de la noche que al comienzo de la noche; durante estas horas es menos molesto para los vecinos.
Cuando la prostitución de calle es ejercida por españolas, el horario es más variado y depende de cada mujer; no existe un horario fijo, aunque prefieren comenzar cuando ya ha anochecido; cada mujer empieza y termina cuando quiere y el tiempo es muy variado, desde 1 hora hasta 6 horas.; los días de dedicación no son constantes; hay mujeres que están todos los días, otras sólo los fines de semana, porque hay más clientes; otras sólo están 5 días a la semana, y otras sólo se dedican a la actividad de forma esporádica y puntual, dependiendo de la necesidad económica, la necesidad de consumo de alcohol o drogas, etc.
44 Los riesgos percibidos por las mujeres son principalmente: miedo a algunos clientes que tienen algún desorden mental, personas que les pueden agredir, etc.; por este motivo, suelen estar juntas en la calle, con móviles y siempre se dicen unas a otras si se van con un cliente o van a comprar comida o tomar algo en un bar cercano; son formas de seguridad que se establecen para evitar riesgos. Juliano (2002) señala que se suele pagar a otras personas o parejas para que vigilen los coches y controlen el tiempo de permanencia con un cliente. Otro de los temores más frecuentes están relacionados con los robos; por este motivo suelen llevar poco dinero encima y si lo llevan lo meten en las botas o zapatos. Las inmigrantes recién llegadas a nuestro país suelen tener miedo a los controles policiales de extranjería, principalmente si llevan poco tiempo en nuestro país. Algunas mujeres inmigrantes aseguran que agradecen tener la policía cerca; los agentes suelen patrullar la zona y dicen sentirse más seguras y protegidas de los clientes agresivos. Las agresiones físicas y sexuales, las humillaciones, los robos, etc. que soportan las mujeres que ejercen en la calle son más elevados que en el resto de modalidades de prostitución (club y piso), y no sólo por parte de los clientes sino también por parte de los transeúntes, vecinos, policía, pareja, compañeras, etc. (Malgesini, 2006; Pinedo, 2008; Serra, 2008).
En el estudio realizado en la Comunidad de Valencia (Serra, 2008) se destaca que en esta modalidad las mujeres se enfrentan al rechazo que manifiestan los vecinos y a la frecuente victimización de la que son objeto por parte la sociedad en general y de algunas instituciones que intervienen en este ámbito cayendo en el error de victimizarlas por la simple razón de ejercer en la calle. La prostitución de calle es la modalidad que se ejerce en peores condiciones de salubridad y seguridad: las mujeres están expuestas al frío, al calor y a la lluvia, no tienen lugares donde poder llevar a cabo su higiene íntima, se pasan muchas horas de pie, pueden sufrir agresiones y robos, etc. (Emakunde, 2007; Medeiros, 2000; Malgesini, 2006; Orte y Ballester, 2008; Pinedo, 2005, 2008; Serra, 2008).
1.5.1.2. Perfiles de las personas que ejercen en la modalidad de calle
El X Informe sobre Exclusión Social elaborado por Médicos del Mundo sobre toda la población que atienden en España (2005), destaca algunas características prevalecientes en la población de personas que ejercen en la modalidad de calle en diversas ciudades de España:
Es predominantemente femenina, ejercida por mujeres, y de forma minoritaria por transexuales, travestis y hombres. Existe un alto índice de inmigrantes, entre el 70% y el 85%,
45 que empieza a ser visible a partir de los años 90. Entre las inmigrantes, predominan las provenientes de Latinoamérica, seguidas de las africanas. Ente las latinoamericanas, predominan las colombianas y las ecuatorianas. Predomina la situación de irregularidad administrativa de las inmigrantes; predomina el nivel de estudios primarios, seguido del secundario, y se han detectad o casos de niveles terciarios. Las edades de las mujeres suelen oscilar entre los 18 y 50 años aproximadamente, con una media de 30 a 35 años, que difiere según la nacionalidad. Por lo general, las latinoamericanas son más mayores y las africanas y de Europa del Este más jóvenes. Entre las transexuales y los varones, la edad media es menor. Muy baja incidencia de mujeres provenientes de Europa del Este. Entre las españolas, la edad media es más alta que la del resto y, en gran proporción, el ejercicio de la prostitución callejera parece estar en relación a la drogodependencia por vía parenteral. Ello hace que sea un colectivo con alto índice de positividad en VIH/SIDA. Las inmigrantes tienen bajo índice de ITS y VIH/SIDA. Por lo general, se trata de personas sin adicciones, ni antecedentes penales. Se detectan más prácticas de riesgo entre los clientes. Las mujeres suelen manifestar que algunos clientes ofrecen más dinero a cambio de sexo sin preservativo.
Entre las transexuales, también hay prevalencia de extranjeras, en su mayoría latinoamericanas. La mayoría se encontraba en paro, están en situación de irregularidad y no presentan cobertura sanitaria. No suelen tener antecedentes penales.
Según diversas investigaciones (Meneses, 2003; Oso, 2001; Pinedo, 2005, 2008), la mayor parte de las mujeres entrevistadas dice no estar controladas por terceras personas (―chulos‖, proxenetas, parejas, etc.). Aunque se detectan diferencias sustanciales en determinadas ciudades. Por ejemplo, según Médicos del Mundo (2005), en Madrid, la mayor parte de las mujeres están vigiladas y controladas por personas y redes. En cambio, en ciudades más pequeñas las mujeres parecen trabajar de forma más autónoma.
La prostitución de calle ejercida por mujeres drogodependientes es la que presenta mayor vulnerabilidad social y sanitaria, siendo, igualmente, el grupo donde se observa el mayor grado de desestructuración familiar y de exclusión social. (Estébanez et al., 2002). Como consecuencia, las personas que ejercen en la calle presentan niveles altos de estrés psicosocial, menor Calidad de Vida, son más jóvenes en su inicio en la prostitución, mayor exposición a enfermedades de transmisión sexual, baja autoestima y mayor consumo de drogas ilegales (Emakunde, 2001, 2007; Pinedo, 2005, 2008).
En Asturias (Fernández, 2004, 2007; Ojer et al., 2007) el perfil es muy especifico y diferente a las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, donde predominan las inmigrantes de
46 distinta procedencia. En Asturias es ejercida mayoritariamente por mujeres españolas de mediana edad; tienen graves problemas asociados como son la drogodependencia, alcoholismo, problemas socio-familiares y económicos graves, problemas con la justicia y problemas de salud. Conocen los recursos de la zona y son usuarias asiduas de las ONG relacionadas con prostitución, además de los centros de salud, (Hospital, Salud Mental, Planificación familiar, etc.) y servicios de empleo. Las españolas suelen percibir salario social, en otros casos se encuentran en el paro o tienen otros trabajos de forma continuada o esporádica. La edad de comienzo en el ejercicio de la prostitución suele ser muy temprana, en algunos casos en la pubertad (13-15 años).
Las mujeres con problemas de adicción o toxicomanías surgen en España y en Asturias a finales de los 70 y principios de los 80; ejercen la prostitución para costearse las drogas y su consumo diario (Estébanez et al., 2002; Meneses, 2003; Pinedo, 2005; Pons, 1992; Santana, 2006). Sus condiciones de vida son precarias y su actividad se desarrollaba principalmente en la calle. Desde la década de los 70 hasta la década de los 90, el origen de estas mujeres era exclusivamente español, y la presencia de inmigrantes era nula. En la literatura científica sobre prostitución ha sido uno de los colectivos más estudiados, dados los factores de riesgo que rodean a estas mujeres y el entorno de la prostitución de calle (Pons, 1992; Rodríguez, 2002; Vanvwesenbeck, 2001), como son el VIH-SIDA, las ITS, enfermedades crónicas, trastornos psicológicos, etc. Por otro lado, son mujeres marginadas y excluidas socialmente debido a su condición de toxicómanas y porque ejercen la prostitución. Actualmente sabemos que en España, y en Asturias también, este colectivo es minoritario y tiende a desparecer (Fernández, 2004; 2007; Ojer et al., 2005, 2007; Pons, 1992).
En Asturias, la prostitución de calle también es ejercida, de forma muy minoritaria, por mujeres inmigrantes procedentes de África Subsahariana (Fernández 2007, Ojer et al., 2007). El perfil de estas mujeres es coincidente con los perfiles descritos por Juana Mª Santana, (2006), por la Comisión de Malos Tratos (CIMTM, 2002) y por González y Tirado (2006): son mujeres jóvenes que desconocen el idioma; su proceso migratorio es largo e inmerso en redes de tráfico; para garantizar el pago de las deudas se les practica rituales de magia; tienen dificultades para acceder a los recursos por falta de ―papeles‖.
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