II. 5. Biodiversidad
II.5.2. La fauna
Un gran número de especies faunísticas mantienen la naturaleza animal de la región de San Lorenzo. En estas líneas citamos algunos grupos de animales que son autóctonos de la región y que a través de las distintas ocupaciones humanas han logrado sobrevivir hasta nuestros días. La información sobre la existencia y el protagonismo de algunos animales la percibimos referenciada en producciones culturales como la escultura olmeca, haciendo alusión a la esfera social y simbólica; asimismo en los estudios de contextos domésticos arqueológicos olmecas hallamos los restos faunísticos que pudieron formar parte de su alimentación. Ambos datos nos aportan información sobre la relación del ser humano con la naturaleza animal en este momento cultural.
Pero la ocupación olmeca fue una de las culturas que intervinieron en el territorio, con sus valores y hábitos culturales; tras ellos otras muchas sociedades, con valores y hábitos diferentes, han ocupado la naturaleza: culturas prehispánicas posteriores a los olmecas con relaciones tributarias que influían la población animal, culturas post-colombinas con la consecuente introducción animales, hasta llegar a las últimas ocupaciones de la época industrial, con la extensión de las modificaciones
provocadas por la agricultura, la ganadería y el regreso al tráfico de animales. Otro factor importante en la actualidad y que afecta a la fauna es la contaminación del agua producto de los residuos de aceites y petroquímicos de las refinerías de petróleo próximas al Coatzacoalcos.
Como presentación del medioambiente y después de tanta alteración, enumeramos aquí las especies autóctonas que los Tenochtitleños actuales utilizan dentro de su alimentación y sus referencias a animales peligrosos.
La marcada estacionalidad que provocan las lluvias abundantes durante el verano afectan el tipo de fauna de la zona. Las llanuras, caños y potreros se inundan y muchos peces y aves llegan a ellas. La fauna en las áreas de popal se compone de aves residentes y migratorias, y animales marinos como moluscos y crustáceos.
En los ríos, esteros y lagunas, debían abundar los peces que constituyeron un complemento alimenticio para la población. En la actualidad (Coe y Diel, 1980:II) y parece ser que desde tiempos olmecas (Symonds et al., 2002), la pesca es más significativa que la caza en la obtención de proteínas animales y recursos económicos. Al menos entre 5 y 6 días al mes los campesinos contemporáneos salen a pescar e incluso algunas personas de Xochiltepec son pescadores a tiempo completo. Se utilizan redes para atrapar los abundantes peces que viven en este nudo de ríos o en épocas de lluvias pueblan las lagunas. Los Tenochtitleños consideran el róbalo (Centropomus undeimalis) como el mejor pescado y el peje lagarto (Lepisosteus tropicus) incluso se cría. Un pescado muy común es la mojarra (Cichlasoma) del que se conocen 7 clases distintas, también se pesca pámpano (Dorosoma anale), cabeza de hueso (Arius melanopus), juile (Rhamdia guatemalensis), lisa (Agonostomus monticula) y anguila (Synbranchus marmoratus). Los peces de mar no son muy apreciados y cu están más de conseguir frente a la riqueza fluvial de la que disponen sin gran esfuerzo.
Algunas clases de crustáceos, mariscos y moluscos se recolectan en los ríos. En las planicies de inundación al norte y noroeste de la meseta de San Lorenzo, la recesión de la inundación y las lagunas temporales permiten la explotación de los recursos fluviales.
Los peligros en el río vienen por la subida de los tiburones cuando con las mareas penetra el agua del mar en el río.
Ya cuando M. Coe y E. Wing estudiaron el medio7 y la población a finales de los años sesenta, nadie se dedicaba a cazar a tiempo completo. Los autores comentan que se salía esporádicamente o una vez a la semana, además debemos tener en cuenta que a diferencia de la población prehispánica, en el presente se tienen animales domésticos.
Actualmente se cazan algunas aves acuáticas8 como la garza (Egretta thula), el Garzón Cenizo (Árdea herodias) conocida como grulla, la Cigüeña americana (Mycteria americana) o galambado, cormorant o el pato búcio (Phalacrococorax olivaceuso Phalacrocórax brasiliensis), el Pelícano Blanco (Pelecanus erythrorhynchos) o alcatraz. Patos salvajes de hábitos migratorios llegan también a las lagunas, se trata de los llamados canates (Anas platyrhynchos) y Ganso Manchado, oca o anser (Anser albifrons), así como el pato salvaje llamado pichichi (Endrocygna autumnalis), que es muy común en el río Tatagapa y las lagunas. Actualmente también se cazan pájaros como la Paloma Huilota (Zenaida macroura) o paloma azul, los Hocofaisanes o faisanes reales (Crax rubra) y la Pava Cojolita (Penélope purpurascens), Tinamúes (Tinamus major y Crypturellus spp.) y chachalaca Vetula (Ortalis vetula).
En este hábitat húmedo se encontraban muchas especies de aves, algunas apreciadas por su plumaje, otras por su valor alimenticio y otras por su simbología, como el águila arpia (Harpya harpyja).
Los reptiles9 también formaron parte de la subsistencia del cuerpo y de la ideología de los grupos olmecas. El único reptil de estas tierras que se utiliza como alimento es la iguana verde (Iguana iguana), que pone y esconde sus huevos en la arena en marzo. Tanto la iguana como sus huevos son muy apreciados por su valor proteínico. El cocodrilo o lagarto (Cocodrilo de Río o Cocodrilo Americano, Crocodylus acutus) en la actualidad es ya muy escaso y los informantes del estudio de M. Coe y E. Wing en el Proyecto Río Chiquito10 sólo comentan haber oído alguno en Laguna Manatí. En las lagunas cerca de San Lorenzo se encontraban algunos caimanes (Caiman sclerops) de medidas menores al cocodrilo, estos reptiles que se cazaban con arpón o cuchillo.
7
Coe y Diehl (1980:II, apéndice 1 y 2)
8
Se han consultado los registros y nombres científicos en: Guía de aves de México de Peterson y Chalif.
9
Últimas referencias: NOM-059-ECOL-2001.
10
Las tortugas fueron uno de los principales vertebrados en la alimentación de los olmecas. Cuando las aguas se secan de los potreros las pequeñas Chopontiles o Almizcleras (Claudius angostatus) quedan atrapadas en el barro. La tortuga Pinta o Tortuga de Monte Mojina (Rhinoclemmys aureolata) pone sus huevos con los primeros sures, al igual que ella las Galápago (Staurotypus triporcatus) y Pochitoca (Kinosternon lencostomum). La tortuga Concha Blanca o riverina (Dermatenys mawii) prefiere las aguas más limpias del río. No como alimentación sino todo lo contrario, aparece el sapo (Bufo marinus).
A parte, la selva es un hábitat propicio para la reproducción de gran variedad de roedores y especies animales de herbíboros y carnívoros11. Actualmente aún podemos reparar en algún Venado de Cola Blanca (Odocoileus virginianus.), Mazama Americana o mazate (Mazama sartorii), oso hormiguero (Tamandua mexicana), armadillo (Dasypus novemcinctus), pecari (Tayassu tajacu), mapache (Procyon lotor), tlacuache (Dedelphys marsupialis), coyote (Canis latrans), tejón o coatí (Nasua narica), zorro (Didelphys marsupialis), conejo (Sylvilagus floridanus), tepescuintle-Agouti paca (Cunizalus paca), cerrete (Dasyprocta mexicana) mono aullador (Alovatta palliata) y chango o mono araña (Ateles geoffroyi), por citar dos de los grupos más considerados de entre los simios que ocupan e incluso podían haber ocupado las copas de los árboles. Animales que hasta 1950 se conocían en la región eran los manatis (Trichechus manatus), el tapir o antiburro (Tapirus bairdii) y el jaguar (Felis onca).
Los felinos, como el jaguar (Felis onca), el jaguarundi (Herpailurus yagoarondi) y el ocelote Margay, (Leopardus wiedii), por sus representaciones en piedra tuvieron una importancia natural y mítica. Al igual que las serpientes, compartían el medio con los olmecas y estos en muchos casos los representaron unidos a símbolos de rango.
Las serpientes, son también considerados animales peligrosos, que pueden hallarse entre los maizales, el zacate, en la limpieza de acahuales o al salir de caza y pesca. Algunas de ellas son venenosas como la coralillo (Micrus sp.), la botacoral , la nauyaca, el bejuquillo, la prieta, la voladora, la mano de metate,o la tatoana; sin embargo otras como la sorda o rabo hueso (Bothrops atrox) no tiene una picadura mortal.
En la actualidad los insectos y algunas serpientes son los animales más peligrosos del medio. Ya desde tiempos olmecas, las plagas de insectos pudieron
intervenir en las cosechas, otros insectos venenosos son las arañas como la araña capulina o viuda negra (Latrodetus mactans) y los escorpiones, pulgas y garrapatas. También se consideran legendariamente peligrosos los murciélagos, de los que se mencionan hasta 16 grupos distintos (Coe y Diehl, 1980:II, apéndice 2).
Mención especial deben tener las abejas (Melipona beecheii, Trigona jatiformis, Trigona pectoralis), que además de peligrosas son las productoras desde tiempos antiguos de miel y cera para la subsistencia de estas poblaciones.
En los contextos arqueológicos se han hallado abundantes restos de recursos acuáticos y huesos de aves y de perro. La importancia de este último y su alimentación carroñera puede haber enmascarado las cuantificaciones de restos óseos consumidos de otros animales dentro de los contextos domésticos.
No sabemos si en tiempos de la ocupación olmeca algunas especies se vieron afectadas por las actividades de subsistencia y las productivas de esas poblaciones, ya que a la falta de datos debemos agregar el desconocimiento de sus creencias y los tabús que podían afectar a las especies animales y que consideramos propios de cada sociedad.
Actualmente en las casas se tienen animales domésticos como perros, cerdos, patos y gallinas, y en las parcelas o en las parcelas comunales hay quien tiene vacas. A parte de los perros, estos animales aportan proteínas directas (alimenticias) e indirectas (económicas) a las unidades domésticas, que pueden ajustar con las procedentes de la caza y la pesca. Los caballos, animales reintroducidos después de 1492 d.C., en la actualidad forman parte de lo que podemos llamar tabú alimenticio, de hecho son considerados animales de transporte e imprescindibles en las familias.
Una diferencia más entre las ocupaciones olmecas y la actual en la región es, en términos económicos y de subsistencia, la domesticación y alimentación de animales como son los pavos y los cerdos, los cuales consumen mucho maíz y no todas las unidades domésticas pueden permitirse tener. Hoy, todos los animales que pueden venderse y sus productos se ofrecen en los mercados de las ciudades próximas, al igual que la miel de las abejas que se produce en cajas o enjambres.
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Últimas referencias: Bernardo Villa R y Fernando A. Cervantes: Los mamíferos de México, Instituto de Biología de la UNAM.
II.6. Consideraciones finales del capítulo
Terminar este capítulo refiriéndome a los animales domésticos es explicable, por su relación con prácticas económicas dentro de la comunidad y fuera de ellas, así como con la subsistencia familiar presente, y porque por una base de alimentación distinta, pero también los animales domésticos influyen en el gasto de recursos, por esto todo ello se ha tenido presente. Pero los datos anteriormente expuestos pretenden acercarse al posible el medioambiente de la zona donde se desarrollo el sistema cultural olmeca en San Lorenzo, los datos de este paisaje humanizado se presentan en el siguiente capítulo, pero ambos capítulos nos conducen al contexto de la escultura y de las ocupaciones del área. Así los asentamientos olmecas estaban localizados en la línea tectónica, situación que además de movimientos sísmicos y erupciones volcánicas más o menos alejadas, también fue cambiando los cursos de los ríos, la morfología de su paisaje y sus posibilidades. La situación de la meseta de San Lorenzo y su región circunvecina fue privilegiada en la cuenca baja del río Coatzacoalcos, a unos 50 km de la costa, acotada por cursos fluviales que separan una zona de contactos interiores de una exterior. La morfología de la zona, como se verá en el capítulo siguiente al tratar patrón de asentamiento, fue clave para establecer asentamientos, nodos terrestres y fluviales de comunicación y explotar al máximo las posibilidades de recursos. Esta área aparece insertada entre tierras inundables, fuentes de recursos para una subsistencia mixta, basada en la agricultura y los recursos acuáticos principalmente, aunque éstos en algún período de máxima población pudieron no ser suficientes, aprovechando la estacionalidad y varias cosechas e incluso podría ser las condiciones algo diferentes de zonas vecinas. Pero el clima tropical lluvioso varia significativa mente el medio, así como las posibilidades y actividades a realizar en época de secas (abril y mayo, período en el que llega a escasear el agua) o de lluvias (de junio a noviembre o diciembre). Estos puntos ya dejan entrever una situación marcada por las dos temporadas climáticas y por las posibilidades de comunicación que permitían a esta sociedad el aprovisionamiento de alimentos, materiales y roca volcánica. Estos temas serán tratados en el capítulo III.
Por otra parte estas condiciones climáticas han sido consideradas en la interpretación del área de SL-53, donde se llevaba a cabo una actividad productiva de reciclaje de un trono a cabeza colosal, cuyos datos en el registro arqueológico sumados
a la experimentación realizada en Matacapan (Veracruz)12 y trabajar con las mismas condiciones climáticas ha ayudado a determinar por ejemplo que el área de trabajo de la cabeza no sólo debía estar techada por el sol y el calor sino también por la humedad, ya que como se apunta en el apéndice correspondiente, a primera hora de la mañana, aún sin sol, fue imposible modificar el basalto con las mismas dispersiones de azufre aplicadas. En época de lluvias, la zona debía tener muros o canalizaciones que no permitieran entrar el agua en la zona hundida, ya que esta estaba construida sobre un sedimento de barro impermeable. Estos muros y/o canales no se han encontrado en la sección excavada.
En el capítulo también se ha expuesto los tipos de suelos y su localización no sólo con el fin de relacionarlos con las posibilidades de subsistencia y habitación sino también para conocer la estratigrafía del área y las condiciones post-deposicionales.
Finalmente, referirme a los apuntes sobre biodiversidad del punto 5 para comentar que a partir de los análisis de materiales hallados en las excavaciones y de los análisis de polen y fitolitos (Zurita, 1997) se tiene más información sobre el medio antiguo y las pautas de comportamiento de sus habitantes, así se ha podido determinar la importancia de los recursos acuáticos en contextos domésticos, e incluso la posible deforestación de la región a partir de máximos poblacionales y técnicas constructivas que se suceden en la secuencia estratigráfica de las áreas estudiadas, descubriendo cambios constructivos en muros, del bajareque a los muros de tierra comprimida, o en las construcciones de techumbres (Cyphers 1997b, Grégor, 1999), en este marco las secuencias de preparaciones de pisos y pisos de ocupación con distintos repellos se relacionan con modificaciones y rehabilitaciones. Quizás en este sentido, el medio actual deforestado y con sólo manchas de bosque tropical no es tan distinto del antiguo en épocas de gran ocupación humana.
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CAPÍTULO III
SAN LORENZO
Considerando que para llegar al estudio del contexto arqueológico de una escultura, es primordial iniciar el trabajo con la presentación del centro que la acogía, me refiero a San Lorenzo como centro urbano a través de su historia prehispánica, a partir de los datos y discusiones sobre su complejidad cultural, a nivel social, político, económico e intentando considerar las informaciones sobre sus posibles relaciones internas y externas, atendiendo la influencia de los factores fuera de las ciudades en la configuración de éstas1. De esta forma podrá comprenderse el significado de las cabezas colosales en el centro.
Dentro de los estudios sobre centros urbanos y sistemas estatales en la historia antigua de México, el concepto de ciudad aparece como trasfondo que refleja la complejidad sociopolítica, la trascendencia económica, y la escala demográfica de las sociedades prehispánicas. Dentro de esta concepción uno de los primeros centros considerado ciudad es La Venta, en el período Preclásico Medio (González Lauck, 1994, 1995, 1996); aunque también fue calificado como centro ceremonial (Bernal, 1973). En el esquema europeo, nacido en la sociedad urbana post-industrial, y desde inicios de la teoría arqueológica sobre la ciudad y la civilización2 (Gordon Childe, 1982), un centro urbano se definió en términos de densidad de población (se trata de la forma de la ciudad; una propiedad relativa a la jerarquización y densidad total de sitios en el área circunvecina), frecuentemente se trataba de un asentamiento amurallado o posicionado estratégicamente para asegurar la defensa (como las primeras ciudades sumerias del tercer milenio a. C. y ya que el concepto “civilización” comportaba el elemento de dominio y guerra), y por la distinción de ocupaciones entre la población “urbana” y la población “rural”, reflejada en una división de labores que incluía la elite, los comerciantes, y artesanos (en otros términos, se trata de la función de la ciudad).
En la ciudad se encontraba la concentración de tres “funciones”: la política- administrativa, la económica y la cultural simbólica (Eames y Goode, 1977:42). Pero
1
¿en las sociedades no occidentales la dicotomía entre rural y urbano mantiene las diferencias de formas y funciones? Estudios sobre esta cuestión en los centros urbanos mayas (Bray, 1972:915), aprueban que incluso un centro maya del período Clásico tiene una configuración no-urbana, a pesar de ofrecer todos los servicios proveídos por una ciudad. Así, determinar la línea entre forma y función ha llevado a comprender la ciudad, y es que en los centros urbanos mayas, como en los olmecas, la construcción de un espacio por medio de la concentración de instituciones políticas, económicas e ideológicas pueden atribuirle al centro un significado esencialmente urbano. Por ello, Trigger (1972:574-579) enfatiza la importancia entre las relaciones entre el centro principal y los secundarios, proponiendo una definición de ciudad que no depende de aspectos formales ni de funciones específicas, sino de funciones especializadas en relación al área circundante más amplia. Este autor considera que el proceso de crecimiento urbano comporta: a) una jerarquización de asentamientos, b) instituciones sociales definidas y especializadas y c) una relación entre el tamaño del asentamiento y las funciones que se llevan a cabo. Estas características pueden observarse en la región de San Lorenzo y en esta ciudad también puede identificarse la concentración de poder o recursos autoritarios3 bajo las imágenes de las cabezas colosales.
Afortunadamente en la actualidad las investigaciones sobre patrón de asentamiento, sobre la distribución de actividades y grupos dentro de los sitios, y de las relaciones entre centros contribuyen con nuevos datos, que crearán el marco para profundizar en los estudios sobre la complejidad sociopolítica en las aldeas y en las ciudades.
En este capítulo se presenta el sitio arqueológico de San Lorenzo como ciudad prehispánica en el período de 1200-850/800 a. C., a través de la consideración de los datos conservados en el registro arqueológico y las inferencias que se han realizado. Esta posición se razona en los siguientes apartados:
1. San Lorenzo a nivel regional, considerando la forma y la función del centro dentro de la jerarquía de asentamientos de la región.
2. El patrón de asentamiento en la región de San Lorenzo y las estimaciones sobre densidad de población en el área durante las ocupaciones
2
Véase nota 1 del capítulo I.
3
Guiddens (1980) describe la ciudad como el crisol del poder, en el cual se concentran lo que él denomina “recursos autoritarios”.
prehispánicas, a partir del trabajo sobre patrón de asentamiento realizado por el PASLT (Symonds et al., 2002).
3. Seguidamente se exponen los datos que apoyan la esfera económica del centro, iniciando por los recursos naturales y la economía de subsistencia a nivel regional y local, teniendo en cuenta los estudios sobre la capacidad de carga (Coe y Diehl, 1980; Symonds et al., 2002), y donde, en un medio tropical húmedo con un área de captación de recursos propicia en aves migratorias, pesca, fauna de bosque y terrenos aptos para la agricultura, tal y como se expuso en el anterior capítulo, se explotan estos recursos e incluso se apuntan los momentos críticos y la posibilidad de transporte de alimentos de las distintas áreas de la región hacia el centro.
4. A la citada economía para procurar la subsistencia diaria, debe unirse a la trascendencia económica del centro como nexo participativo en las redes preclásicas mesoamericanas de intercambio de materiales y redistribuidor de productos, datos que se exponen aquí en el apartado titulado las interacciones regionales e interregionales halladas en el contexto arqueológico. En los capítulos siguientes se retomarán con mayor extensión la importancia de estas relaciones entre regiones, al presentar los elementos