Las reflexiones alrededor de las cabezas colosales olmecas se han centrado en:
a) El hecho que tras análisis petrográficos de las rocas (Williams y Heizer, 1964; Heizer et al., 1968; Coe y Diehl, 1980:I) se pudieran establecer las procedencias de la materia prima en la que se realizaron los monumentos y la extremada lejanía de los yacimientos ubicados en Cerro Cintepec, en los Tuxtlas, con los centros de San Lorenzo y La Venta, apuntó a un gran esfuerzo social destinado a la producción de estos rostros individualizados. Hipótesis que se establecieron en cuanto a esfuerzo, desplazamiento de un gran volumen de población para el transporte, organización, rutas y prioridades. Las investigaciones de Porter (1990:93) que apuntaban la posibilidad de un reciclaje de monumentos relacionados con el poder como puede ser la transformación de tronos en cabezas colosales abren una nueva perspectiva en los estudios5. Las
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“Las figuras dentro de un nicho, aunque comunes en el arte olmeca, son característica central en el frente de los altares cubicoides olmecas. La presencia de estas figuras, borradas, centradas en uno de los lados alargados de las cabezas 1, 2 y 7 de San Lorenzo, revela que estas esculturas fueron altares y que posteriormente fueron reesculpidos para modelar cabezas colosales, cuyas partes traseras, planas, antes enigmáticas, fueron la base plana de los antiguos altares. La estratigrafía escultórica representada por las
observaciones y estudios minuciosos de Cyphers6 (1997c:177, 2004a, 2004b) constatan que todas las cabezas de San Lorenzo menos la número 8 están recicladas de antiguos tronos7 y por esto poseen su lado posterior plano, además apunta que si observamos el trabajo final o acabado de superficie de estas cabezas se puede apreciar cómo la parte frontal y lateral mayoritariamente modificada para mostrar el rostro, está acabada con un fino martillado, el cual va avanzando hacia martillado grueso cerca de la base y la parte dorsal, esta última con una superficie pulida que pertenece al trabajo realizado para producir el anterior monumento trono. Las nuevas perspectivas de los estudios apuntan hacia el reciclaje de monumentos, atribuido a debilidades del poder o a falta de recursos o políticas que permitieran el traslado de la piedra (Cyphers, 2004a), y al hallazgo de monumentos olmecas con antecedentes escultóricos monumentales.
b) A quienes o qué sector de la sociedad representan ha sido una de las preguntas con múltiples posibilidades. Las descripciones individuales de los rasgos y ornamentos las muestran como retratos (Kubler, 1962; Westheim, 1963; Armillas, 1964; Piña Chan y Covarrubias, 1964; Coe, 1968, 1981; Stirling, 1955; Wicke, 1971; De la Fuente, 1975, 1977, 1991, 1992, 1994, 2000; Clewlow et al., 1967, 1975; Coe y Diehl, 1980,: Porter, 1990; Cyphers, 1997, 2004a, 2004b,). Estos retratos pueden ser idealizados, ya bien porque no se trata de personajes contemporáneos a los escultores, quizás como requerimiento obedeciendo la función social marcada (De la Fuente, 1994:220), o bien por tratarse de seres deificados (Kubler, 1962) o retratos genéricos (Wicke, 1971).
fases de esculpido de estas tres cabezas colosales revela un patrón que sugiere la probabilidad de que muchas cabezas colosales hayan sido también altares reesculpidos. Solamente la cabeza 2 de Tres Zapotes, la 1 de Cobata y Monumento 23 de Abaj Takalik, no muestran las formas redondeadas cubicoides, resultado del reesculpido de altares”. Porter, (1990:92). En el artículo Porter utiliza el término altar como tradicionalmente se denominó a estos monumentos, pero parte de la interpretación de Grove (1973), el cuál a partir de las evidencias de los grabados en la roca de Chalcatzingo identifica los altares como tronos o asientos de los gobernantes.
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Las citas realizadas a partir de Cyphers (2004a) no han podido ser especificadas con la página correspondiente a la reciente publicación, paralela al final de la tesis. En este trabajo se consultó el documento correspondiente a la conferencia de Cyphers (2002) en el Homenaje a Beatriz de la Fuente.
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“En San Lorenzo, nueve de las 10 cabezas colosales parecen ser producto del reciclaje y hay evidencias de que este proceso se llevó a cabo en el sitio. Gracias al reciclaje de tronos, los olmecas nos legaron las impresionantes cabezas colosales, actualmente emblemas de su cultura en todo el mundo; pero, desafortunadamente, con esto borraron para siempre los asientos de sus gobernantes”. Cyphers, (2004a).
Más allá, aparece la pregunta sobre la identidad de estos personajes o al grupo que pertenecen. Se ha escrito que podían ser jugadores de pelota delatados por el casquete o tocado que llevan (Piña Chan y Covarrubias, 1964:36), por causas similares también pueden ser personajes militares (Coe, 1981:763-741) y según Westheim (1963:131) puede tratarse de dioses de la vegetación. Pero mayoritariamente se interpretan como personajes poderosos, jefes ancestrales (Bernal, 1968:775; Wicke, 1971), reyes (Coe, 1972), gobernantes (Coe, 1989; Grove, 1993; Cyphers, 1994:54; 1997:229; 2004a), hombres que estaban en la cúspide de la escala social debido a que poseían la sabiduría (De la Fuente, 1975:61; 1994:218). No parecen llevar nada más distintivo de su poder que los ornamentos, en cierta manera personales, pero la estrecha relación entre tronos y cabezas colosales (Porter, 1990), su colocación en áreas de jefatura, sólo en centros rectores y el esfuerzo social invertido son las explicaciones que apoyan la respuesta (Cyphers, 1997c, 1997d). La verdad es que su indumentaria u ornamentos son particulares de estas representaciones y sólo se van a encontrar representaciones similares en el trono SL-14, en los personajes laterales8. Por otra parte, en culturas del Clásico y del Postclásico mesoamericano se representó al gobernante en escenas de mando y otras también que correspondían a su condición como guerrero y jugador de pelota.
Es importante anotar dentro del significado de estas esculturas en particular el deseo de perpetuar la memoria de estos personajes destacados, a través del reciclaje de tronos y por lo tanto de la destrucción de una simbología y unos mensajes relacionados con los antiguos monumentos y sus funciones, pero añadiéndoles el valor de las imágenes terrenales de los personajes representados, con todo realismo y a través de formas colosales, las cuales posicionadas
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Puede consultarse en las imágenes publicadas en Cyphers (2004b:72-73) los detalles de las representaciones. Por otra parte en la misma publicación se congrega toda la información referente a los tronos y posibles relaciones de SL-14 con el resto del corpus escultórico olmeca, por ejemplo con el trono Monumento 5 de Laguna de los Cerros, o con el trono Altar 5 de La Venta. Así mismo Los bajos relieves laterales presentan, en el lado derecho un personaje ataviado con “un tocado en forma de casco, el cual tiene cuatro elementos alargados que pueden ser plumas o garras (tres hacia arriba y una al frente). Coe y Diehl (1980:I320) definen esta insignia como cráneo de un animal, quizás una tortuga con elementos en forma de garra” (Cyphers, Ibid.:71). El personaje del lado izquierdo, cuenta con rasgos particulares del rostro e indumentaria, también se identifican las orejeras y el tocado, este último formado por un sombrero con una garra de ave (Cyphers, Ibid.:72-73). Este último personaje Grove (1981:65) lo llama Pata de águila y lo relaciona con el personaje representado en la cabeza colosal 4 de La Venta, con el mismo tocado. Para Cyphers (ibid.:73) puede representar al mismo personaje que la cabeza colosal 5 de San Lorenzo, por el tocado y las orejeras.
verticalmente deberían superar la altura de los tronos. En este sentido, también se podría añadir en cierta forma la propuesta de Grove (1993) que por su posición en los sitios de La Venta y San Lorenzo y en relación a las otras esculturas de estos sitios y patrones iconográficos referidos a los sitios de Chalcatzingo y Teopantecuanitlan podrían tratarse de esculturas referidas al pasado, a tal hecho podemos unir que se trata de retratos.
c) La localización alineada de las cabezas colosales (véase las fig. IV.22 y IV.23 al final del capítulo) de San Lorenzo en dos ejes norte-sur (Beverido, 1970) y uno, este-oeste en La Venta (Covarrubias, 1946), justo en áreas relacionadas con el poder como puertas de entrada a ella, fue una evidencia interpretada por Beverido (1970) y que apoya la organización y complejidad de la sociedad olmeca del período Preclásico. Por otra parte, Tolstoy (1972:459) interpretó los alineamientos como posibles propuestas de colocación que indican su secuencia cronológica.
El estudio sobre la disposición de las cabezas colosales en el centro de San Lorenzo y a partir de las investigaciones sobre los contextos de los monumentos realizados por Cyphers (1997, 2004a, 2004b; Cyphers et al., s.f.), abren nuevas perspectivas en este apartado al proponer la movilidad de las esculturas y la creación de escenas escultóricas como pautas para la cohesión y la identidad a nivel regional. Los estudios de Cyphers (2004b) muestran que SL- 4, SL-2 y SL-53 estaban aún en proceso de reciclaje y situadas en la parte norte de la meseta, por el contrario el resto de las cabezas colosales se dispusieron en la parte central sur de ésta.
“El propósito de su tallado (de las cabezas colosales) fue la creación de una macro-escena de gobernantes ancestrales en la cima del sitio. Pero ésta no fue terminada al igual que el tallado de tres cabezas, las cuales fueron abandonadas en el lugar donde estaban siendo trabajadas. Posiblemente, este gran acto conmemorativo iba a ser un intento de reforzar el poder menguante de la capital en vísperas de un gran éxodo de población del sitio y de la región, alrededor del 800 a. C.” (Cyphers, 2004a)
d) Las investigaciones sobre el proceso escultórico parten del desconocimiento sobre los posibles antecedentes, realizados por grupos mesoamericanos, sobre unos singulares monumentos de dimensiones grandes, donde se tallaron rostros detallados con tocados y adornos, siguiendo unas proporciones reales o ideales
pero armónicas de todos los rasgos. Las preguntas eran ¿Cómo se puede pasar de trabajar en barro pequeñas figurillas a trabajar esos rostros enormes y detallados?, ¿Cuál es el paso intermedio y desconocido entre el trabajo de la piedra para realizar utensilios domésticos y votivos, hasta llegar al trabajo de las cabezas colosales?.
Los primeros estudios sobre estas cuestiones postulaban la posibilidad de la existencia aún no hallada de modelos o maquetas realizadas en arcilla y posteriormente, al desarrollarse las técnicas de tallado de la piedra verde cincelarse en materiales más duros (Kubler, 1962:69), pero no especificaba las técnicas; hechos que Clewlow et al. (1967:63) asignaron a la concepción iconográfica olmeca sobre la representación de las bocas atigradas, pero no a un concepto técnico. Anteriormente, Covarrubias (1957:56) emitía una hipótesis sobre el labrado de los detalles en la piedra verde pulida, que explicaba la formación de las comisuras de la boca a partir de depresiones circulares, realizadas por la abrasión producida por el movimiento circular con una herramienta de forma cilíndrica y puntiaguda. Las similitudes entre las comisuras de la boca de las esculturas en piedra (entre ellas algunas de las cabezas colosales) y las realizadas sobre hachas votivas de piedra verde fueron apuntadas también por otros investigadores como Drucker (1952:189) y Coe (1968:56).
Kubler (1971:162) parte de la idea que los escultores olmecas desconocían los dominios del arte representativo y natural en escultura, y más de las características de tallado en tamaño grande, considerando que sus herramientas y conocimientos sólo se ceñían a esculturas y tallas de pequeño tamaño. Este autor ha caracterizado el trabajo escultórico realizado en las cabezas colosales como experimentación, en el sentido que su enorme talla fue el resultado tras intentar esculpir piedra con mucho detalle, pero ello sería posible quizás si se parte de una gran roca, donde los sucesivos errores y pruebas aún se puedan contemplar en esculturas inacabadas y desechadas. Las grandes cabezas, opina Kubler, sirvieron como esbozos realizados por maestros escultores que durante el período comprendido entre 1150–1000 a. C. (fase San Lorenzo A) perfeccionaron el dominio de las herramientas como pudieron ser fuertes picos y mazos y sus conocimientos al respecto, tras experimentaciones en
madera durante los años 1250–1150 a. C. (fase Chicharras). También Clewlow et al., (1967:63) opinan que los escultores olmecas, acostumbrados a las pequeñas tallas, para obtener las experiencias de realizar las cabezas colosales tuvieron que superar organizativa y técnicamente el cambio de la escala y la talla.
A parte de estos estudios, la publicación en 1991 de un artículo de Rivera Grijalva, titulado “Posible sistema de tallado de las denominadas cabezas colosales olmecas”, propone su interpretación sobre el proceso de esculpido. Se basa en las descripciones de los cronistas del siglo XVI sobre estas tareas y a las evidencias de la escultura del Tlaloc hallada en Coatlinchan, la cual se encontraba en proceso de tallado, formando parte del bloque no desprendido de la roca. Su interpretación sobre el labrado de las cabezas colosales parte de bloques que debían ser cortados y esculpidos en una primera fase en el yacimiento pétreo. El proceso escultórico, según Rivera (1991:82) iniciaría con el desbaste del bloque en bruto y el pulido de toda la superficie, donde después se trazarían los rasgos. Sobre este envolvente se seguirían los trazos con martillado. Aunque no cita ni dibuja las cabezas colosales 1 y 3 de La Venta, creo que el trabajo del envolvente puede estar fundamentado en la apariencia actual de LV 1 y en la interpretación de la exfoliación laminar natural como parte de este proceso del envolvente; y en LV 3 como monumento inacabado con la parte del tocado y laterales muy voluminosos. Tal proceso, me parece improbable, debido a que los rasgos del tocado seguirían pulidos y que posiblemente se necesitarían dos acciones de pulido y mucho trabajo destinado al proceso. Mi perspectiva, se apoya en los estudios del reciclaje de monumentos trono para elaborar cabezas colosales y en la inicial apropiación de cantos del flujo basáltico en superficie para la realización de los monumentos en su primera fase.
Asimismo Clewlow et al., (1967:65) piensan que las herramientas de trabajo de los escultores de estas grandes obras de piedra volcánica fueron picos y mazos de piedra más dura, considerando las superficies laterales de las cabezas SL 4 y SL 5 como prueba de la actividad. Los mismos autores desarrollan una hipótesis por analogía conocida en la India para la elaboración de las superficies
dorsales planas y pulidas9, a partir de la abrasión con arena o arena de cuarzo bajo el movimiento horizontal de una viga de madera y cera. Esta última hipótesis puede ser reemplazada por la actualmente estudiada por Porter (1990:92) y Cyphers (1994, 1997) sobre el reciclaje de los tronos a cabezas colosales, a partir de la cual esta superficie pulida correspondería al acabado de la etapa anterior cuando fue monumento trono.
Las observaciones y descripciones de Porter (1990:91-94) le permiten interpretar el reciclaje como:
“Al sugerir que los “altares” eran, en realidad, tronos, Grove (1973) proporciona una base razonable para explicar las cabezas colosales como altares reesculpidos. Esta es la única interpretación plausible de los altares Olmecas propuesta hasta ahora. Si esta interpretación es correcta, es probable que esos tronos jugaran un papel en la carrera de los líderes Olmecas, en el mismo grado que lo impresionante de la apariencia de las esculturas. El desuso posterior a la inauguración, jubileo u otro evento, para el cual los tronos fueron esculpidos, pudo hacer posible la conversión de estos impresionantes monumentos en otra clase de esculturas conmemorativas, tales como las cabezas colosales. Tal vez las cabezas colosales sean retratos o efigies de los líderes para quienes los tronos fueron esculpidos, y pudieron haber sido convertidos en monumentos mortuorios a la muerte de éstos. Sin embargo, no es posible, a partir de los registros arqueológico y escultórico, determinar si el reesculpido de los tronos sucedió antes o después de la muerte de dichos líderes”. (Porter, 1990:93-94). Es así como a partir de estas nuevas perspectivas sobre el trabajo de esculpido de los rostros a partir de monumentos que anteriormente funcionaron como tronos, podemos preguntarnos si los rostros representados se relacionan o no con el personaje que ostentó el poder y el trono anteriormente. Como puede verse la posible respuesta a tal pregunta dependerá de la interpretación de los datos a nivel global, siempre dentro del campo de las hipótesis. Así, Cyphers (2004a) también anota la posibilidad de una relación directa entre el trono reciclado y el
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Como anota Porter al respecto: “Tradicionalmente, los mesoamericanistas han tratado las cabezas colosales con la parte posterior plana y los tronos fracturados, como problemas separados. A las cabezas colosales con la parte posterior plana, se les ha dado un trato estético o relativo a la tecnología artística, mientras que los tronos fracturados y mutilados siempre se les ha considerado desde un punto de vista sociopolítico. Originalmente, Stirling (1955:20) explicó el hecho de que las cabezas colosales tuvieran la parte posterior plana, como el resultante de su ubicación contra alguna estructura (..). Heizer explicó el aplanamiento de las cabezas colosales como anticipo del uso de rodillos y otros medios tecnológicos para el transporte de esculturas pesadas (Heizer, comunicación personal). Furst y Furst (1980), sostuvieron que las caras de las cabezas colosales estaban aplanadas para reducir la posibilidad de que se rompieran al transportarlas. Coe y Diehl (1980), llevan este determinismo al extremo de afirmar que las caras “negroides” planas, de las cabezas colosales olmecas, son el resultado de un deseo de ahorrar costos en el trabajo vinculado con la escultura de retratos de “indios americanos típicos”. Porter (1990:94)
personaje representado, y maneja la relación de la localización a nivel regional de los monumentos hallados, tanto esculturas exentas como las diferentes clases de tronos y las cabezas con los sitios establecidos, manifestando símbolos monumentales de una jerarquía político-administrativa, compuesta por monarcas capitalinos y jerarcas menores en la provincia. La creación de escenas conmemorativas a partir de la localización de las cabezas colosales en la cima del sitio:
“confirma la estrecha relación entre los máximos símbolos de poder de las grandes capitales olmecas: las cabezas y los tronos. En contraste con el significado de las cabezas, el trono refleja los distintos cargos políticos y especifica la legitimidad que respaldaba a cada individuo. También transmite mensajes de otra índole a partir de las semejanzas y diferencias entre ellos. Por ejemplo, se puede evaluar la importancia relativa de cada jerarca a partir del tamaño de su asiento. Los más poderosos pudieron financiar la creación y el traslado de los tronos más grandes, pero aparentemente no era permitido que personas en cargos menores tuvieran asientos de igual grandeza y costo social. Por ello, es factible que los tronos y sus respectivos tamaños señalen niveles administrativos en la sociedad”. (Cyphers, 2004a).
Por otra parte, las investigaciones de Clewlow (1967, 1975) valoraron una serie de características como las medidas (frontal, circunferencia, lateral, altura y peso), el esculpido de tocados, con sus elementos decorativos, clases de barbiquejos y ornamentos de las orejas, la forma del entrecejo, del iris y la boca, la presentación de comisuras en la boca y los tipos de mutilación predominante. A partir de estas características de representación, analizando similitudes y diferencias, presentó una división de las cabezas colosales halladas hasta 1975 en tres grupos correspondientes a los estilos propios de los tres centros de San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes. Asimismo se subdividieron en seis grupos interpretados como escuelas de escultores donde artistas con varias habilidades realizaron los trabajos (Clewlow, 1968:58).
Cabe concluir que, la organización de las observaciones sobre las cabezas colosales realizada en los trabajos de Clewlow (1967, 1974), con una clasificación de elementos o características10 a observar diferentes y junto a un mayor número, se ha utilizado en el presente capítulo como punto de partida del análisis.
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e) Las mutilaciones11 ejercidas sobre rostros, tocados y partes dorsales a partir de depresiones circulares, de afilamientos o acanaladuras, lasqueados burdos que rompen los labios protuberantes y las cavidades rectangulares y cuadradas ejercidas en la parte posterior, generalmente han estado interpretadas todas como desperfectos intencionales o mutilaciones (Pohorilenko, 1973:265). Junto a estas mutilaciones, los reportes de excavación de algunas cabezas colosales como monumento enterrado12 y otros hallazgos en los fondos de las barrancas, fueron explicadas mayoritariamente como actuaciones rituales un poco contradictorias,