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Como se ha apuntado al inicio del capítulo, San Lorenzo se sitúa en la parte norte del Istmo de Tehuantepec. Forma parte de la Cuenca Salina del Istmo, en la llanura deltaica del caudaloso río Coatzacoalcos. Se trata de una cuenca geológica sedimentaria que tuvo su origen costero y marino desde finales del Mesozoico, sobre el cual desde hace 230 millones de años y hasta la actualidad se depositan sedimentos continentales que en concepto de tiempo geológico podemos considerar recientes.

Hace 1 millón de años, en el período Pleistoceno, la actividad volcánica en la región de los Tuxtlas fue pronunciada y el océano retrocedió. Actualmente esta cuenca sigue en formación, con importantes movimientos tectónicos y sedimentarios que provocan el avance de la línea de costa hacia el continente, y las mareas penetran en el río y sus afluentes, hasta llegar a unos 40-50 km río arriba de la desembocadura, hasta San Lorenzo. Las investigaciones de Hammond (1976) sobre los movimientos recientes de la línea de la costa constatan que hacia el 1000 a.C. el nivel del mar redujo el tamaño de la planicie costera en 3.75 km, en esa época San Lorenzo era el centro poblacional olmeca más importante en la región (figura 1).

Pero volvamos al remoto pasado geológico, cuando parte o todo el Istmo se encontraba sumergido en el mar, fue entonces el momento de formación de los extensos depósitos sedimentarios. Al evaporarse el agua empieza la historia geológica de la cuenca salina, donde se conocen 43 domos salinos. En ellos no existen evidencias de fósiles, por lo tanto se pueden ubicar en la transición del Triásico al Jurásico. Estos domos juegan un papel importante a efectos tectónicos, ya que actúan como fluidos plásticos y provocan la formación de bloques y caídas que causan distorsiones en la estratigrafía natural. En la región de San Lorenzo los depósitos minerales asociados a los domos salinos son los de azufre, que se halla en toda la zona, y los de ferrosos,

como la hematita, la hematita especular, las concreciones y la limonita. Los depósitos minerales férricos se hallan cerca del lugar, en Almagres, El Palotal, al sur de Almagres, San Antonio, entre Almagres y el río Tatagapa, Cerro Colorado y en el Cerro La Encantada el cual se encuentra en Almagres al noroeste del yacimiento arqueológico. La presencia de estos minerales en el contexto arqueológico, bien en áreas de actividad o bien como minerales procesados, muestra el conocimiento del medio y de las propiedades de las distintas rocas y minerales y, tal vez, el control de una tecnología y su aplicación. Asimismo, la utilización, por ejemplo de la hematita como pigmento colorante en los pisos y construcciones distinguidos y de la hematita con especulas brillantes en alguna decoración cerámica, relaciona los minerales ferrosos con materiales elaborados de prestigio y distinción. Junto a los minerales de hierro propios de la zona, se suman la magnetita y la ilmenita, procedentes del exterior del área circunvecina y mostrando cierto control en su introducción, la magnetita como producto para elaborar los espejos y posiblemente otros productos con significados sagrados y, la ilmenita para elaborar grandes cantidades de posibles pequeñas herramientas (Di Castro, 1997) que además de hallarse en los diferentes contextos arqueológicos estudiados se hallaron concentraciones de grandes cantidades que indican posiblemente el control de la oferta y la distribución de este mineral.

En algunas colinas como el Cerro La Encantada o El Mixe, a sólo 7 km del sitio, algunas rocas limosas de color crema formaron el estrato Chinameca hacia el alto Jurásico y/o bajo Cretáceo. Se trata de rocas muy utilizadas en la construcción.

Después de una inconformidad local, hacia el alto Cretáceo la llamada Formación Méndez de naturaleza marina, aporta arcillas marrones grisáceas con arenas de grano fino del mismo color.

Pero probablemente la formación más extensa en la zona ocurre en el Terciario, con los depósitos marinos que formaron la mayoría de las colinas, incluida la meseta de San Lorenzo y la isla de La Venta. Se trata de lutitas o estructuras sedimentarias formadas por arcillas, arenas, conglomerados y rocas areniscas. Durante el Oligoceno se produce el vulcanismo más significativo, presumiblemente el que forma las Montañas de los Tuxtlas. Esto produce además la intercalación de materiales volcánicos entre los depósitos de lutitas grises de las formaciones La Laja (término que se utiliza en la región para nombrar la bentonita, roca local ampliamente utilizada en las construcciones) y Depósito.

Durante el Mioceno se formaron los sedimentos de petróleo. El asfalto o bitumen, llamado localmente chapopote, aparece en abundancia en los depósitos fluviales junto a San Lorenzo y fue muy utilizado por los olmecas, al menos como sellador. Actualmente se sigue utilizando como impermeabilizante de canoas.

Y ya en el Plioceno los océanos se retiran definitivamente, es el período en que emerge la Península de Yucatán.

Durante el Plio-Pleistoceno el vulcanismo provoca en los Tuxtlas las formaciones del suroeste del sistema montañoso y durante épocas geológicas más recientes del Pleistoceno tardío y Terciario se formaron los conos de los volcanes más jóvenes: San Martín Tuxtla, San Martín Pajapan, Santa Marta y el Pelón, conos visibles en los días claros desde la meseta de San Lorenzo. Así como también se formaron los cerros de menor tamaño en los mismos Tuxtlas como es Cerro Cintepec, en el flanco sur, que según análisis se trata de la fuente de basalto utilizada en las esculturas de San Lorenzo.

Los depósitos más recientes fueron sedimentos aluviales instalados por el río en las estaciones lluviosas, durante las inundaciones periódicas fuertes. Estos sedimentos fueron empleados por los olmecas en las modificaciones del asentamiento y en rellenos de construcciones, pero sobretodo se utilizaron y siguen utilizando para la elaboración de cerámica.

En el Mesozoico y hasta el Terciario, grandes masas de rocas ígneas o batolitos se insertaron entre las rocas sedimentarias. Rocas metamórficas como gneis, micas, serpentinas, conglomerados de piedra verde que se encuentran a largas distancias de San Lorenzo y que fueron utilizadas para la realización de objetos de prestigio, así por ejemplo, una de las fuentes de serpentina se encuentra en El Barrio, donde nacen las aguas del río Coatzalcoalcos a 130 km del centro olmeca.

En la actualidad en esta área se explotan yacimientos petrolíferos y de azufre3, minerales asociados a las formaciones salinas de la zona.

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El azufre del área ha sido el utilizado para la experimentación realizada (véase apéndice) sobre la aplicación de ácido sulfúrico al basalto. Este azufre fue recuperado de la zona ya limpio pero con muchas impurezas que disminuyeron su volumen para la utilización pero que nos implicaron en el proceso de molido y tamizado.

II.3. La geomorfología: