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El contexto político y económico en el que surgen las instituciones

Las instituciones financieras internacionales nacieron en el momento en que estaba finalizando la segunda guerra mundial que resultaría devastadora para las economías y sociedades europeas que, junto a la muerte de miles de ciudadanos, vieron asolados sus fábricas y edificios. La posición estadounidense, alejada del terreno de conflicto, permitió que su economía siguiera expandiéndose y fortaleció su posición acreedora como suministradora

de mercancías a las economías en guerra1. De esta manera, EE.UU. fortaleció

una posición económica hegemónica que ya venía teniendo tras la primera guerra mundial.

El objetivo al crear estas instituciones era superar los problemas que habían enfrentado las economías capitalistas en el período de entreguerras que habían hecho difíciles e imprevisibles las relaciones económicas internacionales. Como señalan Lichtensztejn y Baer:

“Los principios explícitos que guiaron la formación de ese nuevo sistema de relaciones entre las naciones reflejaban una clara reacción ante las políticas bilaterales y proteccionistas, así como frente a los procesos especulativos provocados por los desórdenes monetario-cambiarios que siguieron a la primera guerra mundial y los sufridos principalmente durante la década de los años treinta. Por oposición a ese estado de cosas, y en respuesta a sus demandas, se diseñó un sistema capaz de restaurar las condiciones para promover el movimiento de mercancías y de capitales libre y multilateral” (1986:24):

La conferencia monetaria y financiera que se celebró en julio en Bretton Woods fue la culminación de un proceso de debates que se habían venido realizando entre EE.UU. y Gran Bretaña desde 1941. Ambas potencias deseaban evitar la posibilidad de que se reprodujera la situación caótica de entreguerras, pero mientras la posición defendida por los británicos pretendía defender los intereses europeos y especialmente los británicos, la posición de EE.UU., aunque recogía los intereses de los países capitalistas desarrollados, buscaba afianzar su posición hegemónica y la posición subordinada de Europa.

Como en el siguiente apartado trataremos las negociaciones desde el punto de vista de la creación del Banco Mundial, dedicaremos las líneas que siguen a la creación de la nueva institución responsable del nuevo orden monetario internacional, el Fondo Monetario Internacional.

La discusión en torno a ese nuevo sistema monetario internacional se llevó la mayor parte del debate y del interés tanto de Gran Bretaña como de EE.UU. Se presentaron dos propuestas, una de cada potencia: el Plan Keynes y el Plan White y, pese al prestigio de Keynes, la nueva institución recogería en lo sustancial el plan norteamericano defendido en el Plan White.

1 Durante los años del conflicto, la economía norteamericana experimentó un

considerable avance y su PNB tuvo un crecimiento en términos reales del 60% entre 1940 y 1945 y su apoyo a los aliados mediante alimentos, combustible, materias primas, maquinaria y recursos financieros produjo una deuda de los países aliados con EE.UU. de 50.000 millones de

Las diferencias principales se dieron en torno a tres aspectos. El primero, el patrón monetario a establecer a partir de ese momento, ya que el patrón oro que había estado en vigor desde finales del siglo XIX se vino abajo con la primera guerra mundial y fue suspendido en la Conferencia de Génova de 1922. El segundo, la cuantía que tendría que tener el Fondo para hacer frente a los problemas monetarios y cambiarios garantizando una cierta estabilidad, y los aspectos que habría que considerar para fijar la cuota de cada país. El tercer aspecto de disconformidad fue la responsabilidad sobre los desequilibrios en la balanza de pagos entre los países superavitarios y los deficitarios.

Respecto al patrón monetario, el Plan Keynes propuso la creación de una nueva moneda internacional, el “bancor” que sería una unidad de cuenta o medio de pago internacional creado por una autoridad monetaria supranacional con competencias semejantes a las de un banco central. El Plan White por su parte propuso restablecer el oro como instrumento de reserva internacional y, al plantearse que las existencias de ese metal eran insuficientes para las necesidades del comercio mundial, se sugirió que toda moneda nacional podía adquirir un estatuto de medio de pago internacional si se podía convertir en oro (Arrizabalo 1997:28; Lichtensztejn y Baer 1986:27). La posición británica no quiso dar un mayor poder a la economía de EE.UU. ni correr el riesgo de que el patrón monetario estuviera a expensas de la política de un solo país por los peligros que entrañaba y que quedaron en evidencia en las décadas siguientes. La postura estadounidense buscaba esa hegemonía y contaba con que su país tenía la mayoría de las reservas de ese metal; a finales de los años 40 sus reservas eran el 80% de las reservas mundiales de oro (Palazuelos 1986:156), por lo que era el único país cuya moneda podía ser convertible en oro.

El acuerdo adoptado en la conferencia fue el establecimiento de un patrón oro-dólar, en el que la Reserva Federal garantizaba la convertibilidad al precio de 35 dólares la onza de oro. Las demás monedas tienen una paridad fija en relación al dólar y un margen de fluctuación de un 1%, de forma que si se superaba ese margen el banco central del país debía intervenir comprando o vendiendo divisas para impedirlo. Para devaluar o revaluar la moneda hasta un 10% había que informar al FMI, y para hacerlo en más del 10% pedir su autorización.

El segundo aspecto de debate fue la cuantía con que tendría que contar el Fondo y los criterios para las cuotas de cada país. La idea planteada por Keynes fue la de crear una Unión Internacional de Compensaciones, dotada con 26.000 millones de dólares, cuyo papel sería asegurar las reglas

internacionales y disponer de una cantidad suficiente de dinero que permitiera una expansión del comercio internacional y la disponibilidad de crédito, de forma que los países con déficit pudieran acudir de forma casi automática a ese fondo. Las cuotas deberían fijarse de acuerdo al comercio exterior de cada país, posición que favorecía los intereses de Gran Bretaña que tenía una mayor apertura externa y que, según ese criterio, tendría la mayor participación en la Unión. La postura de White fue crear un fondo común de reservas con una dotación inicial de 5.000 millones donde la cuota de cada país fuera proporcional al PIB, al nivel de reservas, etc., que no pudiera otorgar créditos por encima de sus posibilidades. El acuerdo adoptado favoreció las posiciones de EE.UU. y se creó un Fondo de 8.800 millones de dólares con un 25% en oro y un 75% en divisas nacionales, donde EE.UU. tenía un 31% y Gran Bretaña un 15% de las cantidades2. En las décadas siguientes se comprobaría la

insuficiencia de esta cantidad para las necesidades existentes y sería la financiación privada quien ocuparía este hueco.

Finalmente, una tercera divergencia que puede considerarse básica fue la insistencia de Keynes en que los mecanismos de ajuste de la balanza de pagos se aplicaran tanto a los países excedentarios como a los deficitarios de capital. Los desequilibrios debían solucionarse con mecanismos correctores globales siendo responsables de los mismos tanto los acreedores como los deudores. La posición estadounidense, sin embargo, sólo creaba obligaciones y condiciones de ajuste para los países con déficit en su balanza de pagos. Esta última postura fue la base del acuerdo y supuso que EE.UU., desde su entonces posición acreedora, quedara a salvo de rendir cuentas de su política económica, y que el peso de los ajustes recayera sobre los países que recurrieran a solicitar el apoyo del FMI para resolver sus déficit; estos países tendrían que seguir las recomendaciones del Fondo (Lichtensztejn y Baer 1986:29).

Como se puede concluir de los resultados del debate, el nuevo Fondo Monetario Internacional respondió a los intereses estadounidenses y reflejó su hegemonía. Por otro lado, las nuevas reglas de juego en el sistema monetario internacional ayudarían a fomentar esa supremacía en las siguientes décadas, tanto por mantener su moneda como referente internacional mientras era libre de expandir la cantidad de dólares en circulación, como por su peso específico en la institución que aún hoy es determinante en las decisiones importantes.

2 Al no firmar finalmente la URSS, el fondo quedó dotado de 7.600 millones y

3. LAS NEGOCIACIONES PARA LA CREACIÓN DEL BANCO