• No se han encontrado resultados

De “Mujeres en el Desarrollo” a “Género y Desarrollo”

2. Economía feminista del desarrollo: debates y aportaciones

2.1. De “Mujeres en el Desarrollo” a “Género y Desarrollo”

planteamiento feminista liberal MED. En 1977 se formó el taller sobre la Subordinación de las Mujeres, SOW en sus siglas inglesas, en el Instituto de Estudios sobre Desarrollo de Sussex, constituido por mujeres feministas que intentaban llevar su compromiso en el movimiento feminista al terreno de su trabajo académico (Pearson, et.al. 1984). Se organizó una conferencia, donde participaron 60 mujeres de todo el mundo, con el título “La continua subordinación de las mujeres en el proceso de desarrollo”, donde se discutió el impacto en las relaciones de género de los cambios en la economía mundial9. Posteriormente, las críticas al feminismo liberal y a los límites del

movimiento MED se fueron extendiendo, y surgieron enfoques alternativos desde los movimientos de mujeres del Sur.

2.1. DE “MUJERES EN EL DESARROLLO” A “GÉNERO Y DESARROLLO”

El movimiento MED criticó los estereotipos de los planificadores sobre lo que debía ser trabajo femenino y masculino, y Boserup había argumentado contra el intento de hacer generalizaciones basadas en la biología sobre la división del trabajo, señalando que cada sociedad consideraba “natural” su particular división del trabajo entre los sexos. Desde este punto de vista, el movimiento ayudó a cambiar la idea sobre los roles desde las explicaciones biológicas a las culturales. Sin embargo, su énfasis se centró en las mujeres de forma aislada, y en cómo había afectado el desarrollo a su situación y qué debía hacerse para mejorarla.

La corriente crítica impulsó el concepto de “relaciones de género” para explicar la subordinación de las mujeres en el proceso de desarrollo. El problema no son “las mujeres” sino las relaciones sociales construidas social e históricamente entre hombres y mujeres, que delimitan en cada sociedad formas específicas de relación entre ambos géneros. Esta relación no es armoniosa y basada en roles complementarios, sino conflictiva. Donde se

9 Los documentos de la conferencia se publicaron en un boletín del Instituto de

Estudios sobre Desarrollo, IDS Bulletin, vol. 10, nº 3, en 1979, y una selección de ellos en

expresan más fuertemente las relaciones de género es en las relaciones de parentesco que Whitehead define como “género adscriptivas”. Hablar de esposo, padre, hijo o de esposa, madre, hija supone un género específico para cada uno, definitivo y opuesto al contrario. Pero, además de en la unidad familiar, hay muchas otras relaciones sociales donde el género es importante, aunque no sean relaciones de género. Para realizar un trabajo no es necesario ser hombre o mujer, pero en la práctica hombres y mujeres son empleados para distintas tareas y, por tanto, cuando se piensa en las secretarias se piensa en mujeres, y si se piensa en los jefes se visualizan hombres. De esta manera, cuando se da una jerarquía en la organización del trabajo, las categorías de género se asignan a empleos de forma que no contradigan la jerarquía fundamental de los hombres arriba y las mujeres debajo que existe en las relaciones adscriptivas (Whitehead 1979:10-13).

El término análisis de género fue abriéndose paso y adoptándose por parte de las agencias de desarrollo aplicándose como un instrumento de planificación y política aunque con diferentes contenidos. Razavi y Miller señalan dos marcos que permiten mostrar las principales diferencias en la aplicación del análisis: el marco de los “roles de género” y el análisis de las “relaciones sociales”. Ambos marcos comparten un análisis desagregado de género en los roles y el control o acceso a los recursos, pero divergen en varios aspectos.

El marco de los roles de género tiene su base teórica en el concepto de los roles de sexo del feminismo liberal. No considera el hogar como una unidad indiferenciada con una función de consumo y producción conjunta, sino que identifica divisiones de género en el trabajo productivo y reproductivo, y diferencias de género en el control y acceso a los ingresos y a los recursos. La equidad se define como el acceso individual y el control de los recursos utilizando argumentos de eficiencia económica para el reparto de recursos a las mujeres por lo que no resulta conflictivo ya que equidad y eficiencia van de la mano. Al tratar los roles de género, o la división de género del trabajo, tiende a descuidar las relaciones sociales y la conexión existente entre hombres y mujeres asumiendo que hombres y mujeres tienen intereses separados, lo que no es cierto. Por otro lado, este marco no concede suficiente importancia a otras relaciones como pueden ser las de casta o clase social (1995a: 13-16).

El marco de las relaciones sociales se adentra en las relaciones a través de las que las personas cubren sus necesidades, es decir, los derechos y obligaciones, las normas o los valores que sustentan cada sociedad. Trata por tanto las relaciones que se dan en la esfera de la producción y en la de la reproducción social. Considera que acabar con la subordinación de las mujeres no consiste sólo en redistribuir recursos, sino que implica redistribuir poder, por lo que resulta un marco más conflictivo.

Tiene en cuenta otras relaciones sociales y la existencia de aspectos comunes y diferencias entre las mujeres, así como la existencia de separación y conexión en las relaciones entre hombres y mujeres. La argumentación prioritaria es la equidad y sus proponentes reconocen que el proceso de redistribución es un juego de suma cero que a corto plazo supone una pérdida de poder económico, social y político para los hombres, aunque a largo plazo se espera que todos y todas ganen. Este marco reconoce que las relaciones sociales están insertas en el conjunto de instituciones a través de las que los grupos adquieren recursos: el hogar, la comunidad, el mercado y el estado (1995a:13, 28).

Se puede señalar que ambos marcos representan una versión actualizada de las posiciones mantenidas por el feminismo liberal y el feminismo socialista durante los años 70. Sin embargo, el término género, a medida que se ha ido introduciendo en el conjunto de las instituciones y se ha ido aplicando en la práctica del desarrollo, se ha convertido en un concepto menos político y polémico que el termino feminismo. Para muchos y muchas se trata de desagregar la información por sexos, olvidando los aspectos de la relación de género. Baden y Goetz señalan que en la 4ª Conferencia sobre la Mujer en Beijing, algunas activistas feministas rechazaban el término género por su utilización descriptiva de la situación de las mujeres y porque las cuestiones relacionadas con el poder habían desaparecido (1998:25).

2.2. LA INTEGRACIÓN DE LAS MUJERES EN EL PROCESO DE