2. Objetivos de la investigación
1.4. Una visión alternativa Estrategia de empoderamiento
El paso del movimiento Mujeres en el Desarrollo al movimiento Género y Desarrollo fue, en un primer momento, resultado de las críticas socialistas que recibió el movimiento feminista liberal de los años 70 que se analizan más adelante. Aunque en la actualidad el enfoque Género y Desarrollo es asumido, especialmente tras la última Conferencia de NN.UU. sobre la Mujer realizada en Beijing en 1995, por todas las agencias, instituciones y gobiernos, lo cierto es que no lo está en su radical acepción original y que, muchas veces, se confunde género con mujeres.
Las percepciones sobre las mujeres que hemos desarrollado en los apartados previos, fueron desarrolladas principalmente por grupos de mujeres y agencias situadas en los países industrializados, y por organismos internacionales. El enfoque de empoderamiento, como estrategia de género en el desarrollo, tiene sus raíces en grupos de mujeres del Sur y considera no sólo la opresión que sufren las mujeres, sino la desigual posición entre los países del Norte y los del Sur, y las desigualdades de clase, etnia o raza.
ESTRATEGIA DE EMPODERAMIENTO7
Esta estrategia fue formulada por grupos de mujeres del Sur a finales de los años 70. En un seminario sobre ideología feminista y estructuras en la primera mitad de la Década de las Mujeres, organizado por el Centro Asiático y del Pacífico para Mujeres y Desarrollo (APCWD), y realizado en Bangkok en 1979, se establecieron dos objetivos feministas a largo plazo en la lucha por la liberación (Lycklama à Nijeholt 1992:14):
1. La liberación de la opresión de las mujeres implica no sólo equidad, sino el derecho de las mujeres a la libertad de elección y a poder controlar sus propias vidas, dentro y fuera del hogar.
2. El segundo objetivo es, por tanto, remover todas las formas de desigualdad y opresión a través de la creación de un orden social y económico más justo, nacional e internacionalmente.
El poder que se plantea en esa reunión no es el de la dominación sobre otros sino que implica cuatro elementos:
1. Un sentido de fuerza interior y confianza para enfrentar la vida. 2. El derecho a determinar nuestras elecciones en la vida.
3. La capacidad de influir en los procesos sociales que afectan nuestras vidas.
4. Poder influir en la dirección del cambio social.
Posteriormente, se desarrollaron esas ideas en otros encuentros de grupos de mujeres del Sur y, entre ellos, DAWN (Development Alternatives with Women for a New Era), se reunió en varias ocasiones antes de la conferencia de Nairobi de 1985 para diseñar visiones alternativas a los enfoques que se estaban planteando en la Década de las Mujeres.
Esta estrategia reconoce la desigualdad entre hombres y mujeres, y sitúa su origen en la familia, considerando que las mujeres experimentan su
7 La palabra empoderamiento es una traducción de la palabra inglesa
opresión de forma distinta según su raza, clase, historia colonial y posición dentro del orden económico internacional.
Cuestiona algunos supuestos de la estrategia de equidad, como que el desarrollo afecta de igual manera a todos los hombres y que las mujeres quieran integrarse al modelo de desarrollo occidental (Moser 1991:37). Comparte, sin embargo, con la estrategia de equidad el que surge de movimientos feministas, es decir, desde abajo, y el que intenta abordar intereses estratégicos de las mujeres.
La estrategia de empoderamiento busca la organización y concienciación de las mujeres a través de distintas vías. En muchas ocasiones, a partir de organizaciones que buscan responder a necesidades prácticas de género, en otras, con organizaciones ya existentes como sindicatos, grupos de base relacionados con proyectos o centros de investigación.
Aunque en una primera época, el concepto y la estrategia de empoderamiento no recibió atención por parte de las agencias de desarrollo, a lo largo de los años 90 ha ido introduciéndose en el discurso más oficial del desarrollo. Desde ese discurso el término empoderamiento se ha centrado en aumentar las posibilidades y los niveles de productividad de las mujeres individuales, en general fuera de la agenda feminista. Algunas diferencias respecto al enfoque original son (Bisnath y Elson 2000:23):
1. Se considera el empoderamiento como algo que se puede conceder desde arriba o desde fuera a través de recursos como los microcréditos. Uno de los enfoques de los programas de microcrédito busca la sostenibilidad financiera y lo han utilizado desde mediados de los años 90 agencias internacionales como el Banco Mundial, el PNUD, y las agencias gubernamentales británica DFID y estadounidense USAID. La justificación para dirigirse a las mujeres se da en términos de eficiencia considerando que son buenas en las devoluciones de los préstamos y que son un recurso infrautilizado. El objetivo es la sostenibilidad financiera suponiendo que habrá resultados de empoderamiento y reducción de la pobreza.
2. Se plantea como algo que es tema de las mujeres o de los grupos desempoderados, los pobres, y no como algo que afecta a las relaciones entre hombres y mujeres o a las relaciones entre grupos sociales. No hay un cuestionamiento de las estructuras de subordinación.
3. Es, o ha sido, un enfoque individualista el que se ha promovido buscando que las mujeres mejoren su situación económica, que se empujen hacia arriba en un contexto neoliberal donde el Estado se retira de su responsabilidad en la provisión de los servicios sociales.
Desde el movimiento feminista también se ha producido un desarrollo del concepto y un intento de matizar el tipo de poder que supone esta estrategia.
El empoderamiento tiene relación con la palabra “poder”, pero no como un hecho estático “se tiene poder”, sino como un proceso de adquisición de poder por parte de aquellos que antes tenían escasa autoridad sobre sus vidas. La noción de empoderamiento para Kabeer (1999:437) es la de un proceso mediante el cual aquellos a los que se ha negado la capacidad de realizar elecciones importantes para sus vidas adquieren esa capacidad. Es un proceso de cambio. Las personas que realizan muchas elecciones pueden tener mucho poder, pero no se empoderan porque previamente no estaban desempoderadas. La elección implica que existen otras alternativas, que se pueda elegir otra cosa, y la pobreza o insuficiencia de medios para cubrir las necesidades básicas suele conducir a que resulte difícil ejercer la capacidad de hacer elecciones relevantes; es decir, existe relación entre la pobreza y el desempoderamiento. Otro aspecto a considerar es que no todas las elecciones son iguales, y que algunas afectan de forma más importante que otras a aspectos estratégicos de nuestras vidas.
Cuando se define el “poder sobre” se dice que es el que permite movilizar recursos propios y ajenos para conseguir los objetivos propios. Existe cierto malestar y desconfianza en el feminismo respecto a las jerarquías y al poder sobre otros que ha llevado a buscar una noción de poder como capacidad de ser y de expresarse, concepto muy cercano al de capacidad humana (Sen, G. 1998) que desarrollan Amartya Sen y Martha Nussbaum.
Una característica del “poder sobre” es que su cuestionamiento lleva a un juego de suma cero. Si yo tengo más poder, tú tienes menos, y el aumento del poder de una persona o grupo supone que disminuye el poder de otros. En las elaboraciones teóricas suele haber tendencia a no abordar el tema del poder sobre y a defender que el empoderamiento es un proceso que beneficia a todo el mundo. En la práctica, sin embargo, sí se plantea la necesidad de tener poder sobre los recursos, es decir, acceso y control de los mismos, tanto de los recursos materiales como de los inmateriales.
El empoderamiento de las mujeres puede permitir beneficios generales en términos de productividad, mayores ingresos, mejor comunicación, etc., pero hay veces en que los hombres pueden ver empeorada la situación a corto plazo, como en el caso de una reforma de la tierra que les deje con el control de menos recursos, o ante el reparto del trabajo doméstico, etc. No es un proceso neutral y genera cambios en las relaciones de poder.
Las feministas, cuando han hablado de empoderamiento se han referido a otros tipos de poder que no siempre suponen un juego de suma cero, sino que pueden resultar positivos para todas las partes implicadas (León 1997). Distinguen tres tipos de poder:
1.- Poder desde dentro o poder interno. Es un proceso individual y propio, y nadie puede empoderar desde fuera, aunque se pueda facilitar o favorecer ese proceso. Supone una toma de conciencia sobre la propia situación y sus causas y trae consigo un aumento de la estima y confianza, de la percepción del propio valor. En ocasiones es el momento en que la opresión interiorizada y considerada “normal” se desvela y aparece como tal. Muchas veces requiere querer asumir los riesgos que conllevan los cambios necesarios en la propia vida y, por ello, tiene que ser asumido por cada persona.
2.- Poder con. Este tipo de poder resalta la importancia del trabajo colectivo, de la organización de las mujeres, en el proceso de empoderamiento. Muchas mujeres han desarrollado el poder interno y la confianza en si mismas en grupos de mujeres donde han podido hablar de sus problemas y aumentar su conciencia de la situación, o pensar en otras formas posibles de ser y hacer; para muchas mujeres que viven aisladas en sus casas el trabajo colectivo da un sentido de importancia, solidaridad y afecto a sus vidas. El poder hace la fuerza.
3.- Poder para. El proceso de empoderamiento busca transformar la realidad de subordinación en distintos terrenos y de formas diversas. Se busca el cambio y, en general, se parte de las necesidades prácticas de género (guarderías, cesta de la compra, escuelas o servicios de atención primaria) que son sentidas por las propias mujeres y se va profundizando en cambios más estratégicos de la relación de género.
Esta caracterización del poder, desde dentro, con y para, tiene varias connotaciones:
1.- El poder desde dentro, destaca la importancia de la agencia individual, concepto que desarrolla Amartya Sen (1990) cuando plantea que los seres humanos no son pasivos en el desarrollo, sino agentes del mismo, lo que supone que tienen una serie de metas y valores que buscan lograr, aunque esto suponga pérdidas en el bienestar propio. La participación de cada persona en el logro de los objetivos que busca supone un desarrollo de esa agencia.
En este sentido, el proceso de empoderamiento es complejo. Implica que las mujeres definan sus intereses y necesidades frente a los intereses y necesidades de otros, por ejemplo, de sus familias. Esto puede resultar conflictivo y doloroso porque rompe la idea de consenso y de intereses y necesidades compartidos y supone negociar los propios puntos de vista. Por
eso resulta fundamental el convencimiento de cada mujer sobre las propias necesidades e intereses y el conocimiento de los costes que puede tener el perseguir los propios logros. Tiene que ser, sobre todo, un proceso de abajo arriba que requiere la implicación de las afectadas (Zabala 2001:187-188).
El empoderamiento, señala Gita Sen (1998) no puede ser hecho por otra persona, ya que los cambios en la conciencia han de ser de cada una. Sin embargo los agentes de cambio externo pueden requerirse como catalizadores para que las personas se empoderen a sí mismas.
2.- El poder con y el poder para refuerzan la importancia de lo colectivo, de la organización, junto con un planteamiento político de cambio y transformación que facilita el aumento de conciencia y el establecimiento de las prioridades. Esto refuerza la noción de solidaridad entre mujeres y la importancia de que no sean utilizadas por estrategias de desarrollo de otros, sino que establezcan su propia agenda, teniendo en cuenta la propia diversidad de los grupos de mujeres.
El empoderamiento, por tanto, es un proceso de abajo arriba y de dentro afuera. Esto no supone que las mejoras en la posición de las mujeres o su empoderamiento sean responsabilidad exclusivamente de las propias mujeres. Hay necesidad de políticas que promuevan la equidad de género y el acceso a los recursos. Las instituciones nacionales e internacionales tienen que promover medidas que permitan la inclusión, la voz y la participación de los grupos “desempoderados”. Otra cuestión es si se debe llamar empoderamiento a todas esas medidas y políticas, y algunas autoras consideran que no, argumentando que tener un entorno legal más equitativo o un mayor acceso a los recursos, no significa un mayor control de las mujeres sobre sus propias vidas (Malhotra et al. 2002:9).
El empoderamiento es un proceso lento y cualitativo por naturaleza y para muchas organizaciones que trabajan en el ámbito del desarrollo y que están preocupadas por mostrar resultados, puede ser un proceso demasiado lento lo que ha llevado a que muchos programas de empoderamiento no se hayan dirigido a las personas más marginadas o pobres, sino a personas con más tiempo y con cierta conciencia previa ya que para participar en un grupo hace falta ser mínimamente consciente de la propia valía y capacidades.
Una de las mayores dificultades de la estrategia de empoderamiento es cómo se consiguen establecer indicadores cualitativos que reflejen el avance y las repercusiones de las políticas. Kabeer (1999:442-455) plantea que debe basarse en tres aspectos combinados: recursos, agencia y logros. Los recursos son condiciones para el empoderamiento, la agencia es un indicador de proceso y los logros nos indican resultados. La combinación de recursos y agencia es para ella lo mismo que la capacidad planteada por
Sen, es decir, la posibilidad de la gente de vivir vidas que desean, de conseguir formas valiosas de hacer y de ser.
1.- Recursos. No sólo materiales sino también recursos humanos y sociales que aumenten la capacidad o habilidad de elegir. Es necesario ver cómo estos recursos se trasladan a cambios en las elecciones que las mujeres pueden hacer teniendo en cuenta no sólo las asignaciones del momento sino las posibilidades de reclamar en el futuro. El control, aunque indica más poder que el acceso, es un término elusivo que significa el tener algo que decir respecto a un recurso.
2.- Agencia. Poder de decisión. Se mide preguntando el papel de las mujeres en decisiones concretas en la familia. Cuando se toman decisiones se suele considerar que ejercer el poder contribuye al bienestar; sin embargo, a veces sucede que las mujeres realizan elecciones que no mejoran su situación. Esto tiene que ver con que han internalizado la percepción de que son personas de menor valía pudiendo decidir tener un montón de hijos para satisfacer el deseo de sus maridos de tener hijos varones aunque esta decisión afecte a su salud. En este caso las decisiones surgen de y refuerzan el estatus subordinado de las mujeres, y el poder externo opera a través del consenso y complicidad de las mujeres. Otro aspecto a tener en cuenta es la existencia de alternativas o de conciencia de las mismas, ya que imaginar la posibilidad de elecciones diferentes sirve para que aparezca la posibilidad de crítica.
Dentro del poder de decisión hay que tener en cuenta que no todas las decisiones son igualmente importantes y suele existir una jerarquía de decisiones, algunas propias de los hombres y otras de las mujeres. Normalmente, las decisiones sobre la comida, la salud de los niños y niñas, etc., son de las mujeres, y sobre la educación, el matrimonio de los hijos e hijas o los bienes de capital son de los hombres. Hay que fijarse en quién toma las decisiones estratégicas y en si se realizan elecciones que antes no se podían hacer para ver el grado de avance. Sin embargo esto es difícil de medir con enfoques estadísticos ya que se subestiman las negociaciones y las decisiones informales.
3.- Logros. Hay que distinguir entre las diferencias de resultados que reflejan diferencias en la elección y las que reflejan desigualdad en la habilidad o capacidad de hacer elecciones. Además, la agencia de las mujeres es más significativa en cuanto a los logros si las mujeres han salido de la rutina que cuando los resultados se amoldan a las prácticas existentes. Algunos logros reflejan la eficacia de las mujeres dentro de su papel tradicional y otros son indicadores de su capacidad de transformación. Si se mira a dos logros que tienen que ver con su poder de decisión o agencia, como son la disminución de la mortalidad en niños y niñas menores de cinco años en la India y la reducción de las diferencias de
género en la mortalidad infantil en ese país, podemos señalar que la alfabetización de las mujeres lleva a conseguir el primer logro, mientras la alfabetización junto con la participación en la fuerza de trabajo consigue el segundo logro. En este último caso las mujeres dan igual valor a sus hijos que a sus hijas y ejercen una agencia transformadora mientras que en el primero es una agencia efectiva.
Es necesario triangular los tres indicadores para que nos den una visión más real del empoderamiento o el aumento de las posibilidades de elección estratégica en las vidas de las mujeres.
Kabeer también plantea (1999:456-458) que no se debe confundir entre estatus y autonomía ya que un mayor estatus no supone mayor autonomía, sino puede que menos. Los factores que conceden estatus o poder a una mujer en un contexto tradicional de desvalorización de la mujer no implican que está mejor la situación femenina en todos los sentidos. Un número mayor de hijos, el tamaño de la dote o el vivir en una familia nuclear dan más estatus y mayor poder de decisión dentro de la familia, e implican menor violencia doméstica contra las mujeres en algunos lugares de la India, y aunque la educación no influye, el tener empleo también está asociado a una mayor autonomía. En contextos muy opresivos, el estatus puede ir contra el empoderamiento ya que puede llevar al infanticidio femenino, a la pérdida de salud por un excesivo número de hijos, al mantenimiento de la dote o a la inmolación de las viudas.
En sociedades muy tradicionales se necesita no sólo la agencia individual sino la solidaridad colectiva para cambiar esas estructuras y valores que reproducen la subordinación de las mujeres como género, lo que supone que el empoderamiento no tiene sólo que ver con la elección individual sino con el contexto más amplio de valores donde se realizan la agencia y la elección.
En los últimos años se han seguido haciendo esfuerzos por medir diferentes dimensiones del empoderamiento de las mujeres, y la división de género del Banco Mundial ha realizado estudios en este sentido en algunos países (Mason 2003; Mason y Smith 2003). En ellos se mide el poder o autonomía existentes, pero no el proceso de adquisición de poder y se insiste en la importancia de los sistemas y normas de género de la sociedad estudiada más que en los comportamientos individuales para explicar los niveles de empoderamiento8. En otro estudio encargado por la misma
división se enfatiza la necesidad de estudiar el contexto específico para poder establecer indicadores de empoderamiento adecuados y las dificultades de medir un proceso si no es midiendo la situación en distintos
8 A pesar de ciertas deficiencias en la aplicación, que se comentan en el enfoque de
empoderamiento del Banco, en estos trabajos se observa un avance en el análisis del
períodos y resolviendo el aspecto de cuánto tiempo es el adecuado para el tipo de cambio buscado (Malhotra et al. 2002:17-20).
A la hora de aplicar la estrategia de empoderamiento, el énfasis se ha puesto en lo local, en los grupos de base y en los métodos participativos como instrumentos de empoderamiento de los más pobres y,