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2. Economía feminista del desarrollo: debates y aportaciones

2.4. La igualdad de las mujeres y sus intereses

Otro de los aspectos problemáticos de MED es su énfasis en la igualdad de las mujeres, como por otro lado hacía el feminismo liberal de la época. A pesar de reconocer los diferentes papeles de género que se daban

a lo largo del mundo, MED utiliza la común marginación que viven las mujeres de los procesos de desarrollo para minimizar las diferencias materiales de poder, recursos, intereses y necesidades que se daban entre ellas.

La falta de consideración de los aspectos de clase y etnia y de las injustas relaciones internacionales supone importantes tensiones entre las mujeres del Primer y Tercer Mundo sobre cómo debería definirse el problema de las mujeres y el desarrollo, tal como se reflejó en las conferencias mundiales de la primera década de la mujer10.

Benería y Sen plantean que el proceso de desarrollo y de acumulación capitalista tienen una serie de implicaciones para las mujeres:

“Primero, la posición de clase de la mujer estructura el significado concreto que el género tiene para ella. Las variaciones que existen entre mujeres de diferentes clases son tan importantes para la posición social de la mujer como los elementos comunes inherentes al hecho de ser una mujer dentro de una sociedad determinada. Segundo, la clase define las relaciones entre las mujeres mismas. Es decir, la clase no es simplemente un mecanismo diferenciador que coloca a la mujer en diversos comportamientos sociales. Es una relación social antagónica que define p.ej., las relaciones concretas de opresión que existen entre las empleadas domésticas y sus patronas” (1982:70).

También Sen y Grown (1988:15) señalan que el feminismo no debe ser monolítico en sus temas y estrategias “…ya que constituye la expresión

política de las preocupaciones e intereses de mujeres de diferentes regiones, clases, nacionalidades y trasfondos étnicos”. Consideran que ha

habido mucha confusión y malentendidos entre las mujeres en esta cuestión. Aunque todas estén de acuerdo en la existencia de una subordinación genérica, es erróneo pensar que puede haber temas, estrategias y métodos universales, válidos para todas las sociedades y todas las épocas. Opinan que el movimiento feminista necesita más

“…flexibilidad, apertura y sensibilidad a las cuestiones y métodos diversos tal y como los definen diferentes grupos de mujeres” (1988:70). Y,

10 Newland (1991:125-127) señala que las tensiones más fuertes se dieron en torno

a cuatro temas. El primero era el feminismo, ya que las feministas del Norte no comprendían las diferencias culturales de los movimientos de liberación de las mujeres del Sur que, por su parte, tenían muchos recelos y resentimientos respecto a las primeras cuyo interés era percibido como paternalista e intrusista. El segundo tema que provocaba tensiones era el de las diferencias culturales. Muchas de las instituciones que prevalecían y prevalecen en países en desarrollo (dote, poligamia, velo, purdah...) eran criticadas sin conocimiento de causa, y la ingerencia externa era utilizada por los más conservadores de esos países para segar la hierba de quienes querían cambiar las cosas dentro de cada país. El tercer tema era el debate sobre prioridades apropiadas, ya que mientras algunas consideraban que las mujeres debían centrarse en temas específicos de mujeres, otras pensaban que los grupos de mujeres debían ser vehículos de participación femenina en los problemas generales. Finalmente, el cuestionamiento de la bondad del desarrollo para las mujeres se argumentaba también desde posiciones antifeministas que estaban en contra tanto del desarrollo como del

explicando su propia visión de la relación entre el género y otras desigualdades:

“Rechazamos la creencia de que es posible lograr mejoras sustanciales en la posición económica y social de las mujeres bajo condiciones de creciente desigualdad relativa, si es que no de pobreza absoluta, tanto para las mujeres como para los hombres. Es imposible la igualdad para las mujeres dentro de los procesos económicos, políticos y culturales existentes, que reservan los recursos, el poder y el control para pequeños sectores de la población. Pero tampoco es posible el desarrollo sin una mayor equidad y participación de las mujeres” (Sen y Grown 1988: 16-17).

La noción de hermandad global también fue cuestionada por una red de investigadoras de Africa (AAWORD), que criticaba que las distorsiones ocasionadas por la penetración colonial en la distribución de poder y de recursos también se extendía a los desiguales términos en que las mujeres del Primer y Tercer Mundo entran en el dominio de la política de desarrollo, tanto como investigadoras, consultoras o personal de agencias. Además las mujeres son miembros de unas clases y países que dominan a otros y tienen privilegios en el acceso a los recursos por lo que no todas las mujeres tienen los mismos intereses (Kabeer 1994:32-33).

Las diferencias entre distintos sectores de mujeres que sufren distintos tipos de opresión, además de la opresión en las relaciones de género, llevó a Molyneux (1987) a plantear que el concepto de intereses de las mujeres, es confuso, porque no se puede decir que los intereses de clase, de etnia o de nacionalidad, por ejemplo, no sean intereses de las mujeres. Para ella las mujeres no son un grupo homogéneo, sino que están atravesadas por otros condicionantes, además de la situación de subordinación respecto a los hombres, lo que les hace tener variedad de intereses. Los intereses relacionados con la subordinación serían los intereses de género.

Incluso su situación de subordinación se ve matizada por otros factores. Aunque la prohibición del aborto en un país afecta a todas las mujeres, las mujeres con medios económicos tienen acceso a poder realizarlo en otro lugar sin necesidad de utilizar medios que arriesguen su vida. Su legalización e inclusión en un sistema público de salud afectará más positivamente a las mujeres con escasos recursos económicos. Poniendo otro ejemplo, aunque tanto las mujeres ricas como las pobres tengan un común peligro de agresión si están solas de noche en la calle, las mujeres pobres tienen un mayor interés en un conveniente transporte público nocturno que las ricas.

Dentro de los intereses de género11 Molyneux plantea dos tipos. Por

una parte estarían los intereses estratégicos de género que cuestionan directamente lo que se conoce como relación de género:

"...la abolición de la división sexual del trabajo, el alivio de la carga de trabajo doméstico y de la atención a los niños, la supresión de formas institucionalizadas de discriminación, el establecimiento de la igualdad política, la libertad de opción de embarazo y la adopción de medidas adecuadas contra la violencia y el control de los hombres sobre las mujeres" (Molyneux 1987:345).

Para la autora estos intereses estratégicos de género requieren cierto nivel de conciencia feminista. Por otro lado están los intereses prácticos de género que se derivan de la posición de subordinación de las mujeres y que son sentidos por ellas de una forma inmediata y sin necesidad de agentes externos. Una cesta de la compra accesible o por unos servicios sociales suficientes cubren necesidades de las mujeres en tanto que responsables del cuidado y bienestar de la unidad familiar. Estos intereses no cuestionan en absoluto el rol subordinado que los produce y están relacionados con la situación e intereses de clase de las mujeres ya que son las mujeres más pobres las que antes se movilizan por necesidades económicas.

La autora señala que no se pueden relacionar directamente los intereses estratégicos con los intereses prácticos ya que pueden estar en conflicto. En algunos casos, cuando las mujeres no plantean interés en conquistas estratégicas, no estamos ante una falsa conciencia sino ante contradicciones entre intereses prácticos de género e intereses estratégicos. Esto se puede ver en los recelos despertados en las mujeres ante la defensa de una ley de divorcio que permite la separación por deseo de cualquiera de las partes. Muchas mujeres pueden sentir amenazada su posible protección y seguridad económicas ante la posibilidad de abandono de la relación por parte de sus maridos que no tienen que buscar causas especiales para separarse.