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Crítica de la razón pragmática

1. Praxis, poíesis: Aristóteles

1.1. Crítica de la razón pragmática

El olvido del proceso significante, o esta especie de espejismo cognoscen- te, ha exagerado la división entre el orden práctico, el poético y el representa- tivo o propiamente lógico. Se ha abierto un abismo entre la significación y el mundo significado. Se pretende cubrirlo instaurando en la pragmática la rever- sión del conocimiento: de la realidad mentada, evocada o imaginada, al modo de representarla significándola. Y entonces, nos encontramos con el siguiente panorama. La representación apofántica del mundo diría solo la conexión in- terna establecida entre el predicado y el sujeto de una proposición cuyo enlace es apodíctico, dictado por la necesidad intrínseca ahí reconocida y manifestada por es o no es (De Interpretatione, 16a, 10-15).

Así se descubre la fundamentación científica de la realidad. Tendríamos una

realidad mental o procedimiento intelectivo S → p (S est p), fórmula clásica de

representación cognoscitiva y que se da, manifiesta u oculta, en toda proposi- ción, lógica, semántica y gramatical. A ella se añadirían procesos psicológicos y lingüísticos de percepción intencional y manifestación declarativa, como la ase- veración, ya indicada, del enunciado simple ( fasis), propia de las definiciones, la enunciación, interrogación, duda, mandato, sorpresa, admiración, etc. Es decir, a la base nocional le sigue la confirmación, o no, de su ser entitativo, es decir, de la unidad lógica o carácter uno, bien de la cosa declarada, bien de la unión de sus partes (De Interpretatione, 17a, 15-20). Desde ahí, o sobre esta base, añadimos las modalidades de la intención objetiva, que se traduce en actos precisos de sig- nificación:

Conocimiento ↓

Acontece, sin embargo, que la propuesta de Aristóteles ya contempla en esa fórmula la reversión de la realidad sobre el acto que la concibe significándola. En la acción referente se produce la inscripción del acto significativo. Eso es el

logos apofántico. Cabe representarlo entonces como sigue

Conocimiento:

representación S ↑ → ↓p

realidad

Ahora bien, la representación para Aristóteles comienza por el afecto o afec- ciones (pazémata) de la sensibilidad, aquello que se inscribe como gramma —de ahí la gramática, y ya es fenómeno constatado por Platón—, sobre las cuales ac- túa la facultad intelectiva determinando, por necesidad interna del pensamien- to, la proposición lógica señalada. El afecto así entendido es la moción sensible —los sentidos impresionados por algo real— y perceptiva que mueve al enten- dimiento a tales operaciones. Y la mente actúa espontáneamente produciendo formas propias de intelección y comprensión de la realidad así presentada. La neurología actual explica estos procesos a partir de impulsos electromagnéticos de las células en los campos sinápticos. La ciencia ya ha conseguido controlar muchos de ellos y computarlos, hasta el punto de que las unidades de corrien- te neurológica pueden proyectarse en los circuitos neurotransmisores e incidir en la conducta nerviosa corrigiendo defectos como la afasia o la parálisis parcial de miembros. Tales impulsos siguen siendo fenómenos o grammas, es decir, uni- dades neurológicas cuya impresión f luye correlacionada de algún modo con el proceso mental ahí emergente.

El proceso indicado nos revela también que en esa unidad está inf luyen- do, afectándola de modo singular, la situación o medio en que se produce. Re- sulta lógico, pues lo procesado de la realidad es el entorno de aquella actualidad antes señalada del conocimiento. El campo de realidad se extiende al alcance intencional e intuitivo de la capacidad cognoscitiva de la razón humana, com- prendida en esta el conjunto de operaciones sensibles, perceptivas, conceptuales y significantes. Cuanto más alcance el entendimiento de la realidad concebida significativamente, más comprenderemos de ella.

Las mociones afectivas se dan, por tanto, en el medio o situación de conoci- miento significante. Cabe concluir entonces que los modos intencionales y los actos significativos guardan alguna relación inherente con y en el acto que con- cibe significando. En razón de ello, la intención es significativa y la significa-

ción intencional. Ahí, en ese acto, comienza la constitución lingüística del co- nocimiento.

Nos situamos, pues, en una nueva vertiente de lo que podemos designar como pensamiento lingüístico. El estudio del lenguaje presupone una modalidad precisa del acto de pensamiento, con una metodología y terminología apropia- da. Sucede, no obstante, que, como tal actividad, se cruza con otras, especial- mente la lógica y cognoscitiva:

representación modos intencionales

Conocimiento S p actos significativos

mociones afectivas

realidad

El significado obtenido de la realidad así presentada a quien conoce —el su- jeto cognoscente— nos permite entonces indagar la constitución, forma y cla- se, tipo, de tal realidad, su ser específico. Nos introducimos en el sentido que adquiere respecto de otros significados y formas. Significado y sentido son en ese instante aplicaciones dialógicas del hombre con la realidad. La aplicación es otro concepto básico de la hermenéutica y refiere aquel diálogo latente, y espe- cífico, la comunicación de la mente con la realidad en y según la situación, entorno existencial, contexto, etc. Cualquier determinación práctica que obtengamos re- sulta de ese proceso. La pragmática la entendemos, por tanto, como la aplicación dialógica, interpretativa, que la mente humana procesa conociendo. El pragma acontece en un área cognoscitiva como despliegue de sus componentes. No es algo ajeno al conocimiento y al pensamiento lingüístico ahí constituido. Volvere- mos sobre este aspecto al determinar el horizonte de integración textual.

Evidentemente, tal proceso implica una sospecha, al menos, de que algo se configura; de que aquello dado en la moción sensible es algo válido para nues- tro entendimiento de la realidad; de que la mente responde a una pregunta im- plícita: ¿qué es esto-aquí, eso-ahí? Y la pregunta le pertenece en propio, es decir, por naturaleza. Preguntamos por ser lo que somos y de tal modo.

En consecuencia, el proceso de conocimiento ya adelanta, anticipa —pro- tenciones y expectativas fenomenológicas—, una inquietud ante lo que se pre- senta en los sentidos y se mueve por los cauces neurológicos induciendo f lujos sinápticos que resultan mociones de las ideas. Ahora bien, aunque estas no se producen sin tales f lujos, su forma y actividad no se reduce a ellos, sino que les otorgan significado y sentido. La botella conocida no está en la mente ni es solo el resultado de los f lujos neurológicos en el cerebro. Este plus de realidad o, lla- mésmolo así, plusvalía existencial, semántica, a la que también pertenece el len- guaje, es propio, exclusivo del hombre.

Cabe decir, pues, que cuando el hombre pregunta qué es lo que lo induce a pensar y obtener significados según sentido de las cosas que se presentan en él como sensaciones, ya tiene dentro de sí el correlato de tal qué. Nuestra actitud ante la realidad es temática. Tendemos a plantearnos tema o tesis de cuanto co-

nocemos. La forma X → (R) se vuelve ↕ X ↔ (R): todo término, forma, pala-

bra, concepto, proposición, es centro polirradiado de relación (R) real múlti- ple. Tematizamos porque somos parte de la realidad misma, cuya moción actúa dentro de nosotros inscrita en nuestro modo de conocimiento, como tema suyo. Tal proceso vinculante es el fundamento de lo que se entiende por pragmáti- ca. Al ir del significado a la situación de las cosas u objetos que lo inducen en la mente, para determinar su sentido, ya estamos volviendo sobre la realidad que somos y actúa en nosotros mismos. Estamos vinculados con ella. Es el víncu- lo ontológico de correlación a priori del conocimiento. No hay, por tanto, salida del lenguaje hacia su fuera para volver a él con un nuevo contenido. Tal salida es lenguaje en sí mismo.