5. Objeciones posibles
1.6. Germen predicativo
Cuando enunciamos u oímos la palabra casa, nos viene a la mente un obje- to concreto del mundo que nos rodea, el entorno, situación, medio vital. Com-
118 Werth, P., Text Worlds: Representing Conceptual Space in Discourse, Pearson Education Limited, New York, 1999,
prendemos una serie de características generales, como paredes, techo, puerta, ven-
tanas, cobijo, habitación, etc., sus merónimos o partes. No hemos pensado aún en
una casa concreta, la propia o la del vecino, a no ser que tal nombre venga dis- tribuido entre otros adjuntos y con implicaciones mutuas. Partimos de expe- riencias previas acumuladas en la percepción lingüística. Procedemos así has- ta concretar el objeto suficientemente para entendernos. La casa ya refiere algo más personalizado. Esta casa concreta aún más, pues suponemos que estamos ante una casa específica o a la que se ha aludido en el decurso del habla. La casa
del vecino ya nos sitúa ante el objeto intencionado, pues la intuición imaginativa
(la imagen que tenemos de ese objeto) completa la generalidad casa en orden a la intención general de su significado.
El lenguaje procede de tal modo. Hemos establecido una relación lógica en- tre un nombre común, su concreto y particularidad (la casa antedicha es la del
vecino, y además bonita). El significado del conjunto o sintagma ha seguido ese
proceso desde el significado de cada una de las palabras asociadas en serie y dis- tribuidas en torno a un núcleo, el nominal sustantivo: presentador (la), núcleo (casa), modificador o adjunto determinativo (del vecino), etc.
Para ello, recurrimos a palabras mínimas cuya función es la de deícticos o mostradores del objeto aquí representado. Interrelacionan de-mostrando. Hay en ellos una relación de-mostrativa. La preposición de ya comporta aquí una intención singularizante: determinar algo genérico, común, abstracto. Es forma retropro- yectiva. Concreta el grado de objetividad de lo enunciado. Le corresponde, como vemos, o mejor dicho, encierra una operación lógica de implicaciones semánticas.
Esta distribución corresponde además a un principio de determinación objeti- va. De acuerdo, por tanto, con la fórmula propuesta, diremos que el término casa se determina con el artículo la, que presenta e interpreta ante el interlocutor el gé- nero y número gramaticales, y el subsintagma (sintagma dentro de otro) prepositi- vo del vecino, cuya interrelación (sentido: A r B) funciona como intuición o ima- gen concreta de la casa. Se han cumplido además los principios gramaticales de concordancia y los textuales de coherencia, pero también otros ontológicos, como que la casa es objeto perteneciente a un sujeto, (d)el vecino, como si dijéramos que el
vecino tiene una (la) casa, es su dueño, o que la casa es del vecino,... pertenece al…, etc.
Concordancia y coherencia son fenómenos gramaticales de la correspondencia o correlación y coherencia lógicas del pensamiento. La correspondencia ontológica es- tablece que un elemento semántico X es verdadero si corresponde a un elemento de la realidad Y: X ↔ Y. La coherencia de igual índole dice que la verdad de un ele-
mento semántico X depende de la verdad del conjunto E de elementos semánticos
a los que pertenece: X, x1, x2, x3… xn (E). En gramática no determinamos la verdad
de estas relaciones, pero las suponemos en función suya. Nos fundamos en ellas. Entre casa y vecino, que se presentan en asociación ontológica (objetos perci- bidos por un sujeto bajo una relación perceptiva), rige un principio de composi- ción determinativa que equivale a una oración atributiva o predicativa, según el verbo que sustituya al determinante de o lo rija. Desde tales alternancias, cabe decir incluso que la preposición de implica una relación verbal entre términos. El texto amalgama, es decir, superpone funciones que, en gramática, conside- ramos discretas, en atención al carácter discreto del signo lingüístico (una uni- dad sigue a otra linealmente, pues no se articula al mismo tiempo que aquella, pero la implica de algún modo). La superposición de funciones (amalgama) ya implica estructura textual, por ejemplo al considerar conjuntamente en un sus- tantivo la función sujeto y su carácter agente, con lo que unimos una categoría (sustantivo), un rasgo sintáctico (sujeto) y otro argumental (agente), todo ello en un solo Sintagma Nominal (SN). Un nivel se superpone a otro en función del «arco» que recubre las relaciones internas del sentido: A r B. Es el fenómeno retroproyectivo del lenguaje. La discreción superpone elementos. Los computa.
La retroproyección es acto simultáneo, pues implica anticipación o protención tanto respecto del futuro como del pasado ya retenido en la conciencia. Al re- cordar, anticipamos el futuro que la memoria contiene y reserva de lo ya vivi- do en presente como potencia de enlace o conexión con todo lo que advenga posteriormente, incluida la proyección de futuro. El pasado es aún potencia de presente desde un futuro suyo implícito. Se mantiene en función de presencia. Cuando falta, ya no hay futuro. Morimos o nos desconectamos de todo posible sentido de los actos. Lo retenido en la memoria conecta entre sí los recuerdos manteniendo la coordinación de los conceptos, ideas, temas, paradigmas, sin- tagmas, oraciones, etc. Tal función conectiva es anticipante. Esta modalidad de la anticipación resulta del proceso relacional inherente a toda forma de conoci- miento. Fundamenta su posibilidad, lo posible de toda forma, es decir, los nexos que interrelacionan con inherencia de funciones los contenidos de las palabras y sus formaciones. En tal nexo ya se constituye la unidad relacional del conoci- miento y lo conocido, de la mente y la realidad por ella procesada como signifi- cado y sentido. Ya es algo práctico, un pragma. Y fundado. La situación a la que remite la pragmática de continuo no debe confundirse con el acontecimiento simple de los hechos reales, supuestos o imaginados, pues estos aún tienen por
fundamento aquella posibilidad real de comprensión. Más que la situación, in- teresa, por tanto, su fundamento. Y este revela un principio de reconocimien- to en la dialexis o discurso lingüístico. La posibilidad inherente del nexo consti- tuido al conocer o contactar con la mente lo real favorece el reconocimiento de la realidad ya inserta en quien conoce y su dinamismo energético. No hay otra pragmática cognitiva que la asunción de esta energía, que es la de la palabra.
En aquella superposición «arqueada» de niveles asistimos, de tal modo, a la pre- sentación cognitiva del sintagma real en función del paradigma, del nombre que lo engendra. Unos nombres funcionan como correlatos o intuición correlativa de otros: pino añade a árbol, o vecino a casa, la intuición concreta de un rasgo sensible o imaginado. Y en tal consideración, comprobamos que no hay un tipo peculiar de texto, sino diversas regulaciones o combinaciones expresivas del conocimiento ya operado en el lenguaje que adquirimos. Habrá texto allí donde una o varias po- siciones terminológicas o de palabra (recordemos: posición … X …) determinen una función suya interpretativa de acuerdo con unos principios lógicos, gra- maticales y ontológicos (atribuciones reales de los seres o cosas) que presupo- nen una situación espacio-tiempo y un modo (entonativo, lógico —afirmación, ne- gación, duda, suspensión—, gramatical: declarativo, interrogativo, imperativo, exclamativo). Espacio, tiempo y modo son hipercategorías existenciales del len- guaje. Toda palabra las contiene o presupone. Al hablar o escribir, ocupamos, vivimos un espacio y tiempo según un modo de habla y escritura. Y el acto de habla implica acción. Contiene una determinación suya.
Ese dinamismo funda sintaxis.
Según esto, los denominados sintagmas circunstanciales, que nosotros re-
presentamos como SN4 en el esquema básico de oración o proposición grama-
tical, según explicaremos, equivalentes de las denominadas oraciones circuns- tanciales de la gramática, se distribuyen entre las tres hipercategorías. Podemos agrupar todos los referentes al Espacio en un paradigma; lo mismo respecto del Tiempo y del Modo, pero aquí distinguimos aún entre modalidad lógica y gra- matical, según lo anotado anteriormente. La situación, lo circunstante, subya- ce entonces en todo enunciado, cualquiera que sea su tipo o elemento presente, siempre que quepa inducir el eje de relaciones al que este pertenece. La elipsis, implicaciones y suposiciones ahorran, por una parte, energía articulatoria cola- teral o superf lua, pero, por otra, contribuyen incluso a la intensidad significati- va del texto. La relación existencial aquí-ahora, el mínimo espacio-temporal de enunciado, es presupuesto de cualquiera de sus componentes.
Los sintagmas se agrupan, como es sabido, en la oración o proposición, cuyo principio ontológico se centra en la relación:
sujeto (agente o paciente) – acción (estado) – objeto (atributo) a la que corresponde el esquema:
SN1sujeto + Verboatributivo/predicativo + Sn2 (atributo / objetodirecto) + Sn3 (objetoindirecto, destinatario)
⎧ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎨ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪⎩
Sn4 (circunstante)
Sintetizamos el esquema en la frase Juan compra libros a su hermano por (para)
su cumpleaños. El Sn4 amalgama, es decir, superpone o interconecta realmente las hipercategorías Espacio-Tiempo-Modo, por lo que abarca el conjunto nu- clear de la proposición, figure o no, según decíamos, en su formulación expre- sa. Tendremos, pues, este modelo de proposición básica:
co
Sn1 + Verbo + SN2 + Sn3
⎧
⎪ ⎪
⎨
⎪ ⎪
⎩
Sn4
La expansión del verbo a cualquiera de los sintagmas (un verbo sustituye a uno o varios de los Sn) convierte el tipo de proposición simple en compleja: las tradicionales oraciones subordinadas. Son, en realidad, agrupaciones o series de proposiciones simples interrelacionadas por marcadores específicos de coordina- ción, yuxtaposición y subordinación. Es lo específico del modelo de texto ar- gumentativo. La interrelación encadenada de frases en proposiciones ordena los hechos, razones, implicaciones, suposiciones, expectativas, en torno a un tema, evento o situación de hecho:
Ɗ co
Tm: P1 + P2 + P3… Pn
Cada una de estas series de proposiciones origina una secuencia. (En el caso de haber una sola, la consideramos también secuencia porque constituye, en sí misma, discurso. Hay otras delante o detrás). Por tanto, y como cada proposición (P) equi- vale, como mínimo, a dos sintagmas, nominal (Sn) y verbal (Sv), estén o no mani- fiestos, en la agrupación de proposiciones también tendremos esto en cuenta:
[P1 (Sn + Sv) – P2 (Sn + Sv) – P3 (Sn + Sv) – Pn (Sn + Sv)]
A su vez, los conectores o marcadores proposicionales y oracionales complejos, los conjuntivos, sustituyen a los guiones e indican el tipo de relación, correla-
ción o texto. En principio, toda conexión entre proposiciones textuales correlata: pone en relación discursiva una unidad con otra u otras. La unidad de partida correlaciona los relatos (enunciados discursivos) activando alguna de sus relacio- nes nominales internas: sujeto, acción, objeto, circunstante, más sus determi- nantes, especificadores, adjuntos, complementos, etc., según las denominacio- nes de las diferentes escuelas lingüísticas.
Si nos fijamos bien, cada uno de estos funtores o símbolos contiene o es re- sultado de un proceso que implica diferentes operaciones mentales. Un SN (Sintagma Nominal), por ejemplo, ha convertido una serie de asociaciones en unidad en torno a un núcleo. El sintagma nominal la casa asocia los elementos y estructuras que forman el objeto casa: ladrillos, paredes, techo, ventanas, etc. Cuando decimos casa, ya concretamos tal serie de objetos bajo una unidad di- ferente. Podemos considerar, por tanto, que el nombre casa atribuye o predica de algún modo como núcleo nominal, de carácter sustantivo, de todos aquellos otros objetos que la integran también como el objeto que ella es, pero ahora en una función nuclear nueva respecto de otros predicados o atributos.
Así pues, todo término lingüístico relata también otros. Y lo hace compa- rando elementos entre sí. Es un tropo, decíamos. Este carácter trópico resulta de la relación interna que lo constituye. Mira siempre a otra parte de sí mismo, desde sí y su entorno. Redunda. Replica. Y nunca es lo mismo.
La redundancia es otro tipo de verdad ontológica, simbolizada como: X es verdadero = X. Todo término dice de sí mismo aquello que lo constituye. Ahora bien la redundancia lingüística comprende además la replicación del tér-
mino, de tal modo que el núcleo nominal aparece en diferentes funciones: SN1,
SN2, SN3, SN4. El proceso de replicación incluye, o puede incluir, explicitacio-
nes, desarrollos de los elementos y relaciones que constituyen el núcleo, verbal o nominal. Este desarrollo es su expansión, que normalmente constituye su ho-
rizonte o alcance de funciones. Un SN2, de Objeto Directo, tiene por horizon-
te el verbo que lo integra. Y así los demás.
El concepto fenomenológico de horizonte es importante por constituir el grado de cohesión y coherencia. Determina su posible relación tropológica.
N.B. El cometido de esta exposición solo identifica estas unidades, sus marcadores, conectores y ti-
pología textual. Aquí nos limitamos a la comprensión de las nociones básicas y estructuras elementales. Las relaciones más complejas entre unidades subordinadas solo se insinúan.
ACTIVIDADES DE LECTURA COMPRENSIVA
Es aconsejable realizar, al menos, tres de ellas.
1. Señale otros ejemplos, y explíquelos, de denotación y conno- tación.
2. Lo mismo en cuanto a los conceptos de hiperónimo, hipóni- mo y cohipónimo.
3. Resuma y caracterice los tipos textuales según lo expuesto. 4. ¿Qué entendemos por hipercategorías del lenguaje y qué impli-
can en una teoría lingüística?
5. ¿Cómo se correlacionan o correlatan los sintagmas en una pro- posición? Aporte un ejemplo y explíquelo.
Planteamos cuestiones que permiten aplicar los conocimientos adquiridos. Es fundamental que el estudiante las afronte inicialmen- te por sí mismo, sin otra ayuda que lo asimilado, a no ser en mati- ces muy especiales. Este tipo de ejercicio contribuye a una compren- sión más dilatada del tema. Supone releer el texto, retroproyectarlo. (Cuando releemos, empieza realmente el estudio).
Cuestión reflexiva. ¿Qué entendemos por elicitación del sonido y
qué cambio de orientación teórica supone para la Lingüística? (Re- cordar lo que Saussure dice respecto del significante, en concreto, de los fonemas).
ACTIVIDAD COMPARATIVA
¿Observa alguna diferencia lingüística entre las imágenes de estas viñetas, extraídas de Internet? Aplique lo comentado sobre el hori- zonte de integración, el esquema comunicativo de locución, alguna de las funciones del lenguaje, que ya conocemos, etc.