La forma más radical de demostrar la falta de veracidad histórica del Nuevo Testamento sería demostrar la inexistencia de Jesús y la del Antiguo Testamento mediante pruebas que determinasen que Moisés es una invención.
En el primer caso, ningún autor serio pone en duda la existencia de Jesús, sin embargo, la existencia de Moisés no tiene una solución tan evidente, puesto que no existen fuentes externas a la Biblia para probar su indubitable existencia.
Los orígenes egipcios de Moisés coinciden con el hecho de que la tradición dice que una parte de los antepasados de Israel estuvo en Egipto en esclavitud y una tradición que muestra una relación de dependencia total no puede ser fruto de una invención. Muchos nombres de levitas son nombres egipcios e históricamente se sabe que los egipcios emplearon a esclavos semitas en las construcciones faraónicas.
La presencia de los hebreos en Egipto debería situarse entre los siglos XVII al XIII antes de Cristo (Ex 12, 40-41) y como dice expresamente el Génesis estuvieron unos cuatrocientos años, “Tienes que saber que tus descendientes emigrarán a una tierra extranjera. Allí serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años” (Ge 15, 13). El Génesis se refiere al hecho de que tras el deambular de los patriarcas por los bosques y praderas del Canaán se asentaron en Egipto, donde residieron durante varias generaciones. La presencia de los hebreos en Egipto pasó por dos etapas completamente distintas. En la primera gozaron del favor real del Faraón, de quien José había sido el primer ministro, sin embargo en la
segunda “se levantó un rey nuevo que no había conocido a José” (Ex 1, 8) que sometió al pueblo hebreo a la esclavitud por razones raciales y religiosas, “Estuvimos en Egipto como esclavos del Faraón, sacándonos el Señor de allí con mano poderosa” (Dt 6, 21).
Siguiendo al historiador Manetón, Sumo sacerdote de RA, del periodo Ptolomaico, que vivió en Helíopolis en los reinados de Ptolomeo I y II, se sabe históricamente que durante los siglos XVII o XVI a. C., Egipto estaba invadido por los hicsos, o pueblos pastores semitas, que establecieron su capital en Avaris (Tell ed Daba).
Su hegemonía en Egipto puede coincidir con la dinastía XV, de los siglos XVII-XVI. Es verosímil pensar que durante el dominio hicso los clanes patriarcales hubieran podido asentarse en Egipto con todo tipo de facilidades al amparo de los faraones reinantes. Algunos hicsos llevan los nombres de Jacob y Hur.
Vemos pues que nos estamos refiriendo a una época históricamente muy temprana ya que la primera evidencia arqueológica relacionada con los hebreos se remonta alrededor de los años 1210 a. C. y se refiere a la llamada “Estela de Merenptah” en la que en una línea de jeroglíficos se menciona el nombre de Israel.
Esta estela fue hallada en 1896 por el egiptólogo británico William M. Flinders Petrie (1853-1942) en el templo de Merenptah en Tebas, mide 2,25 metros de altura y es de granito negro. Data de los años 1208- 1207 a. C. y contiene un himno de victoria que conmemora la aclamación de Egipto sobre sus enemigos.
El final de la estela se mencionan los enemigos de Egipto que se hallan en la región de Canaán, entre los que aparece “Israel”, diciendo: “Israel está derribado y yermo, no tiene semilla”. La estela se conserva en el Museo del Cairo.
Aunque los hechos históricos son casi inexistentes y solamente podemos mencionar el que acabamos de citar, la pretensión de negar la existencia de Moisés tiene poca consistencia, en consecuencia, dado que seguir la línea de la no existencia de Moisés no podía conducir a ningún resultado satisfactorio, las críticas al Antiguo Testamento se
desarrollaron por otros caminos: poner en duda la autoría del Pentateuco (Toráh).
Hipótesis sobre la autoría del Pentateuco
Como ya hemos comentado, hasta el siglo XVIII, la tesis de la autenticidad mosaica del Pentateuco fue comúnmente admitida, pero, como también se verá más tarde, es en ese siglo y con la llegada el racionalismo, cuando empiezan a cuestionarse autorías y existencias de personajes.
Antes del siglo pasado, solo unos pocos eruditos habían expresado sus dudas sobre la autoria del Pentateuco por Moisés.
Se sabe que el sefardita Abraham Ibn Ezra (1092-1167) exegeta judío y gran intelectual realizó comentarios muy originales sobre la Sagrada Escritura, en sus obras “Comentarios sobre el Antiguo Testamento” y “Comentarios sobre el Talmud”, mencionando algunos pasajes que hacían pensar la existencia de varios autores.
Pero el primer critico de la época moderna fue Bodenstein von Karlstadt(*), más conocido como Carlostadio(*). En su obra “De canonicis Scripturis” sostuvo que no se podía defender que Moisés fuese el que escribió el libro, indicando que Moisés no pudo escribir la narración de su muerte y que además el estilo coincide con el de otros pasajes del Deuteronomio, de los cuales no sería autor.
El filósofo Baruch Spinoza, autor del célebre “Tractatus theologico politicus” en 1670, donde en los capítulos 6 y 7 dice que el autor del Pentateuco y de los Libros Históricos de Josue y Reyes fue Esdras, utilizando diversas fuentes, entre ellas de Moisés. Se comienza a hablar de una redacción o al menos de retoques posteriores a Moisés. Con la obra del Padre Richard Simon (1638-1712), se inició el estudio crítico de la Biblia. En su obra “Histoire critique du Vieux Testament” (1678) advirtió la existencia de duplicados, cambios de estilo y divergencias en el contenido; circunstancias que utilizaría como base para establecer su crítica literaria del texto.
Ya en la época ilustrada, autores como el pastor luterano alemán Henning Bernhard Witter (1711) y el médico francés Jean Astruc (1753) esbozaron lo que vendría a llamarse “hipótesis documentaria antigua”.
El pionero de esta hipótesis fue Witter (1683-1715), que en su estudio inacabado del Génesis “Jura Israelitarum in Palaestina” se dio cuenta de la diversidad de nombres divinos utilizados en pasajes similares. Este párroco alemán de Hildesheim, compara el relato de la creación de Ge 1, 1-2,4 con el del paraíso de Ge 2, 5-3, 24, señalando la diferencia de los nombres divinos, la diversidad de estilo y la presencia de repeticiones; llegando de este modo a formular la hipótesis de dos relatos paralelos, pensando en la posibilidad del empleo de diversas fuentes.
Esta línea de trabajo fue seguida cuarenta años más tarde por Astruc, (1684-1776) médico del rey Luís XV, un protestante convertido al catolicismo y lector apasionado de la Escritura, que dejó una obra titulada “Conjectures sur les mémoires originaux dont il paroit que Moyse s'est servi pour composer le livre de la Genése. Avec des remarques, qui appuient ou qui éclaircissent ces conjectures” (1753). Astruc, propuso la “Hipótesis documentaria”, al observar la alternancia en el uso de los nombres de Dios (Yahvé, Elohim).
En la misma línea continúa en 1780 Johann Gottfried Eichhorn, (1752- 1827), Profesor en Göttingen en 1788, estudiando los relatos del Diluvio y el arca de Noé observa que puede ser separado en dos relatos similares, aunque distintos entre sí, en uno de ellos se utiliza un nombre para Dios y otro distinto en el otro.
Eichhorn ha sido llamado el fundador de la crítica moderna del Antiguo Testamento. Fue un erudito muy versátil, en 1783 publicó su trabajo más famoso, “Introducción al Antiguo Testamento” y en 1814 escribió una “Introducción al Nuevo Testamento”.
Fue el primero en aplicar sistemáticamente a toda la Biblia una metodología crítica más elevada que él denominó “Higher Criticism”. A partir de ese momento el termino “Introducción” ha sido usado
técnicamente para describir un libro en el que se estudia el origen, el autor, la fecha y la historia literaria de los libros bíblicos.
Teoría clásica documental
En el siglo XIX, se propone la “Hipótesis de los fragmentos” propugnada por varios autores, el teólogo católico escocés Alexander Geddes(*) en 1792; el protestante alemán Johann Severin Vater, profesor de la Universidad de Halle (1771-1826) en su trilogía “Comentarios sobre el Pentateuco” publicada en 1802-1805 y el teólogo alemán Wilhelm Martín Leberecht De Wette en 1840, entre otros, en la que se determina que el Pentateuco seria el resultado de una recopilación de varios fragmentos distintos.
De Wette, se pasaría a la “Hipótesis de los complementos” que había sido propuesta por Kelle y H. Ewald (1823) que sostenía que el Pentateuco proviene de un “escrito fundamental”, es decir, textos que emplean para Dios el nombre Elohim, “complementado” con otros textos.
A mediados de siglo, el danés Hermann Hupfeld (1853) recogió y reelaboró la “Hipótesis documental” y propuso una “Nueva hipótesis de los documentos”. Philip Kelle y Walter Elwel llamaron “elohista” al escrito o documento fundamental, que se correspondería con lo que más tarde se denominó “sacerdotal” (será el documento P), habría que admitir un documento yhawista (J), y por último un segundo elohista. Añadiendo todo esto al Deuteronomio resultaría el Pentateuco, con ello se sentaban las bases para la elaboración de la que se convertiría en la "Teoría clásica documental".
En 1865 el erudito alemán Karl Heinrich Graf (1815-1869), propone cambiar el orden de los documentos de Hupfeld, afirmando que el documento básico era el más tardío, de la época del Destierro o después; antes estarían los documentos yahwista y elohista y en tiempos de Josías se compondría el Deuteronomio.
Pero el que formuló con más éxito la “hipótesis documental” fue el filólogo Julius Wellhausen, que estaba notablemente influido por la idea hegeliana del evolucionismo religioso y opinaba que Israel pasó de formas primitivas a expresiones cada vez más elevadas de religiosidad. Como era sobre todo un historiador, -fue Profesor de Estudios Orientales-, le interesaba el problema de la distribución histórica de los documentos que sus predecesores ya habían señalado. Wellhausen desarrolló una teoría, que además de ser denominada con su nombre, alcanzó un éxito extraordinario entre los estudiosos de la exégesis bíblica. Éxito que tiene su aspecto paradójico, pues como veremos inmediatamente Wellhausen era ateo. Su teoría aun hoy en día goza del favor de muchos exégetas, aunque con el paso del tiempo las propuestas originales han sufrido modificaciones.
Julius Wellhausen, protestante, nació en el año 1844 en Hameln, Alemania y murió en la ciudad de Gottinga en el 1918. Comenzó su carrera profesional como profesor de Teología, pero renunció a ello porque no creía lo que se suponía que debía enseñar.
Wellhausen excluía que en la historia de la humanidad pudiera producirse ningún tipo de intervención sobrenatural o divina, no creía ni en Dios, ni en los milagros. A pesar de estas creencias, dedicó muchos años de su vida, con gran tenacidad, al estudio de los libros del Antiguo Testamento.
Su teoría está basada en la afirmación de que la mayoría de los libros del Pentateuco tienen su forma actual después del retomo de la cautividad en Babilonia en el año 536 a. C.
Según Wellhausen, el Pentateuco constituye una recopilación de libros previos, afirmando que adquirió su forma presente en una serie de etapas, de varios siglos, en las que se “ensamblaron” cuatro documentos distintos; Moisés no escribió ninguno de los libros que llevan su nombre, ni Isaías, ni tampoco Daniel.
La obras más conocidas de Wellhausen son “Die Composition des Hexateuchs und der historischen Bücher des Alten Testaments”
(Berlín, 1876-1877) y “Prolegomena zur Geschichte Israels” (Berlín, 1878).
Bien es verdad que nunca faltaron opositores a la “Teoría clásica documental”, tanto entre los cristianos (protestantes y católicos) como entre los judíos, sin embargo, la estructura fundamental de la hipótesis documental ha seguido siendo sustancialmente la que indicó Wellhausen.
Los elementos esenciales de su teoría pueden resumirse de la forma siguiente: en un inicio, alrededor de los santuarios tribales, se fueron transmitiendo las tradiciones religiosas constituidas en función del culto o bien como recuerdos de las diversas tribus; después apareció la redacción escrita más antigua que se denomina el documento yahvista (850-750 a. C.). Se llama así porque se menciona siempre a Dios con su nombre Yhwh, incluso antes de la revelación a Moisés (Ex 3, 6; Ge 4, 26). Se supone que este documento proviene del reino de Judá y se le denomina J.
El siguiente documento es el elohísta (E), un documento más evolucionado, que la escuela de Wellhausen considera que procede del norte y tiene influencias de la predicación profética, que tendría sus orígenes en el siglo VIII a. C. Se trata de un documento teológicamente más elaborado, donde intervienen los ángeles como mediadores entre Dios y el hombre, asigna a los personajes principales, como Abrahán y Moisés, el título de profeta y concede amplia atención a las colecciones legislativas.
Según la Hipótesis documentaria estos dos documentos se habrían unificado después de la caída de Samaría (año 722 a. C.), sirviendo como base el texto yahvista (documento J) armonizándose las dos fuentes. Este trabajo estaría ya ultimado en la época de Josías.
En el 622 a. C., bajo el rey Josías, con ocasión de los trabajos de restauración del Templo, fue descubierto el “libro de la ley”, “El sumo sacerdote Helquías dijo entonces al secretario Safán: En la casa de Yahve encontré el Libro de la Ley. Después se lo pasó a Safán quien lo leyó” (II Re 22, 8). Realmente no se sabe a que libro se refiere el
sacerdote, algunos lo identifican con el libro del Deuteronomio, al menos en su parte central y otros piensan que se refiere al Pentateuco. Para muchos seguidores de Wellhausen, el descubrimiento fue un “piadoso engaño” concebido para conferir autoridad al libro; según ellos se trataba en realidad de una primera redacción del Deuteronomio, a la que siguieron varias versiones sucesivas, con añadidos y modificaciones diversas. Finalmente, un redactor unió el Deuteronomio con los documentos J y E unidos.
El último documento, el sacerdotal (sigla P, de la inicial de la palabra
"Priester" que significa sacerdote en alemán), sería obra del ámbito
sacerdotal; compuesto después del destierro, pudiéndose atribuirse a Esdras y dataría de alrededor del año 458 a. C.
Por el año 400 a. C., un redactor sacerdotal habría intentado fusionar todo ello en un documento unitario (documento P).
Según esta hipótesis, alrededor del año 400 a. C. un redactor habría compuesto los cuatro primeros libros tomando como base el documento P e interpolando J y E que previamente se habían fusionado. El documento D daría lugar al Deuteronomio y Josué.
Como es natural, en el mundo académico se ha estudiado profusamente esta teoría, existiendo gran cantidad de seguidores, así como algunos que aceptan parcialmente o con modificaciones la teoría, como el teólogo evangelista Otto Procksch (1874-1947) y el teólogo Rudolf Smend (1851-1913), profesor de la Universidad de Göttingen, que han tratado de demostrar que los cuatro documentos originarios de Wellhausen no son los más antiguos, sino que pueden identificarse fuentes anteriores. Pero también existen detractores, como Martín Noth(*), que a pesar de aceptar inicialmente la hipótesis wellhauseniana de los cuatro documentos, se separó de éste al no estar de acuerdo con las relaciones entre las fuentes y conjeturó que tras el gran bloque de narraciones del Pentateuco podía descubrirse una tradición oral y Johannes Pedersen (1883-1977), teólogo y lingüista de la Universidad de Copenhagen, que en 1931 rechazó formalmente la teoría documental, apostando también por la tradición oral.
Siguiendo a Norh, Ivan Engnell (1906-1964) refuto la teoría de Wellhausen, afirmando que el Pentateuco lejos de ser el resultado de una compilación de documentos escritos, es una combinación de tradiciones orales reunidas que nacen y se desarrollan en el culto. En la transmisión oral van paulatinamente adquiriendo forma histórica, sin llegar a ponerse por escrito hasta después del destierro, siendo las contradicciones que aparecen en el Pentateuco consecuencia de la transmisión oral y de las peculiaridades de la lengua hebrea.
Otras hipótesis
Las investigaciones continuaron, apareciendo otras interpretaciones sobre la composición del Pentateuco entre las que se pueden mencionar las siguientes.
La “Teoría de las formas” del alemán luterano Hermann Gunkel (1862-1932), que se interesa más por el estudio de las unidades literarias previas (relatos populares, poemas, leyendas...) procurando determinar la situación existencial de Israel mediante los distintos géneros literarios.
Gunkel admitía la teoría de las fuentes, (los documentos J, E, D, P) de la escuela wellhauseniana, pero en su investigación utilizó un método diferente, no incidía en la formación histórica del texto, sino que analizaba el texto final para señalar en él la existencia de “pequeñas unidades”, cuyo “género literario” intentaba estudiar.
Fue un giro radical en el estudio del Pentateuco, al que no se consideró ya como unidad de amplios documentos reunidos, sino como colección de muchas pequeñas unidades más o menos independientes. El interés no radica ya en la atribución de un versículo o de una palabra a uno de los documentos fuente, sino en la identificación de cada unidad literaria y de su lugar de inserción en la vida del pueblo de Israel.
El más conocido sucesor de Gunkel fue el teólogo luterano Gerhard von Rad (1901-1971), profesor en Göttingen y Heidelberg, que intentó
la combinación de los dos métodos: el de las fuentes-documentos y el de las formas literarias. Según von Rad, el Pentateuco está constituido por cuatro conjuntos de tradiciones, cada uno de los cuales desarrolla un tema fundamental: el éxodo y de la conquista; el Sinaí; la historia de los patriarcas y la historia primitiva. Antes de la época monárquica tan sólo existía, en su mayor parte, la tradición oral.
En 1981, Jacques Vermeylen, profesor del Centro de Estudios Teológicos y Pastorales de Bruselas y de la Universidad Católica de Lille, propuso la Hipótesis de las relecturas sucesivas, no se trata de buscar diversos estratos en el Pentateuco, su formación se llevó a cabo no con adición de datos nuevos, sino a través de redacciones sucesivas.
El antiguo profesor de Antiguo Testamento de las Universidades de Berlín y Heidelberg y actual Presidente de la Comisión Iglesia y Judaísmo de la Iglesia Evangélica alemana Rolf Rendtorff, en 1975 realiza el ataque más contundente a la teoría documentaria, indicando que en el Pentateuco se descubren cinco temas principales: la historia de los orígenes, la historia patriarcal, el éxodo y Moisés, el Sinaí, y la conquista de la tierra.
Cada uno de estos temas eran independientes y con los años se fueron enlazando unos con otros hasta formar una sucesión lógica de relatos. Esto se realizó por medio de las “unidades-puente” provenientes del área deuteronómica y del área sacerdotal.
Norman Whybray (1923-1997), pastor anglicano, Profesor de Antiguo Testamento y Hebreo en el Central Theological College de Tokio desde 1952 a 1965 y Director del Departamento de Teología de la Universidad de Hull hasta 1982, en su obra The Intellectual Tradition
in the Old Testament (1974) hace la crítica más completa a la hipótesis
de Wellhausen y afirma que el Pentateuco fue esencialmente el trabajo de un solo autor que utilizó múltiples recursos literarios, reflejados en la variedad de léxico, de estilo y de relatos repetidos.
¿Qué dice la Iglesia Católica?
Todo el catálogo de teorías que acabamos de mencionar pone de manifiesto la gran cantidad de estudios y tiempo que los eruditos han dedicado a tratar de discernir la historicidad y autoria del Pentateuco. Es un tema de indudable importancia en el orden académico pero de muy poco interés fuera de esos ámbitos. Para el católico, que cree en la Iglesia como depositaria de la Revelación, el problema se simplifica. La pregunta no es sí fue Moisés el autor del Pentateuco, la