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Academic year: 2021

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Portada: Diseñada por Sandra Marzán

La Fazienda de Ultramar, siglo XII, folio 6va.

l Esta obra está protegida por Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License. Para ver una copia de esta licencia visite http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/ oenvie una carta a Creative Commons, 444 Castro Street, Suite 900, Mountain View, California, 94041, USA.

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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

El Antiguo Testamento

La Biblia Hebrea……… 21

¿Quién escribió el Antiguo Testamento? ……….. 27

El Pentateuco... 31

Profetas anteriores…... 36

La Profecía en Israel………... 42

Profetas posteriores……… 44

Los Escritos……… 54

Los libros Deuterocanónicos..……… 55

El Canon de la Biblia……… 68

Canonicidad……… 69

Inspiración... 76

Interpretación……… 80

El método histórico-crítico……… 81

Críticas a la historicidad de la Biblia……… 87

Hipótesis sobre la autoria del Pentateuco... 89

Teoría clásica documental………....………… 91

Otras hipótesis………..………… 95

¿Qué dice la Iglesia Católica?... 97

La Biblia Cristiana………. 99

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Traducciones de la Biblia……….. 109

Los Targumin………. 112

Primeras traducciones de la Biblia cristiana………….. 114

La Biblia impresa………... 118

La Biblia en España………... 121

Las Grandes Biblias españolas………. 128

La Biblia en castellano………. 134

Códices……….... 138

Códices hebreos………....………... 143

Los cuatro grandes códices griegos..………... 145

Los códices latinos.……….. 153

Códice Bezae Cartaginensis………. 155

Codex Washingtonensis……… 157

Escritos antiguos descubiertos en el siglo XX... 158

Bibliografía……….. 165

El Nuevo Testamento Los autores del Nuevo Testamento……….. 167

Mateo………. 168

Marcos………... 170

Lucas y los Hechos……….... 172

Juan……… 173

Los otros autores……… 175

Los textos del Nuevo Testamento... 176

El Apocalipsis... 177

Los Hechos de los Apóstoles... 183

Las Epístolas... 186

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¿Cuándo se escribieron los Evangelios?... 208

Proceso de composición de los Evangelios... 215

Búsqueda de la historicidad en los Evangelios... 220

El secreto mesiánico... 223

La búsqueda del Jesús Histórico... 226

Las diferentes búsquedas...……… 227

Situación actual... 238

Otros evangelios... 241

El evangelio de Tomás... 243

Otros textos apócrifos... 244

El evangelio de Judas... 248 Ágrafa... 250 Evidencias arqueológicas... 252 Constatación de hechos... 252 Supuestos descubrimientos... 256 Bibliografía... 261 ANEXOS Índice onomástico... V Cronología de la historia de Israel... XVII

Cronología de los primeros años del Cristianismo... XXXVI Contextualización histórica... XLI Términos relacionados con la Biblia... XLIV

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ABREVIATURAS DE LOS LIBROS DE LA BIBLIA

Abdías Abd Judas Jds

Ageo Ag Judit Jdt

Amós Am Jueces Jue

Apocalipsis Ap Lamentaciones Lam

Baruc Bar Levítico Lev

Cantar de los

Cantares Cant Lucas Lc

Colosenses Col Números Nu

1ª Corintios I Cor 1º Macabeos I Mac 2ª Corintios II Cor 2º Macabeos II Mac

1º Crónicas I Cr Malaquías Mal

2º Crónicas II Cr Marcos Mc

Daniel Dn Mateo Mt

Deuteronomio Dt Miqueas Miq

Eclesiastés Ecl Nahúm Nah

Eclesiástico Eclo Nehemías Ne

Efesios Ef Números Nm

Esdras Esd Óseas Os

Ester Est 1ª Pedro I Pe

Éxodo Ex 2ª Pedro II Pe

Ezequiel Ez Proverbios Prov

Filemón Flm 1 Reyes I Re

Filipenses Flp 2 Reyes II Re

Gálatas Gal Romanos Rom

Génesis Ge Rut Rut

Habacuc Hab Sabiduría Sab

Hebreos Heb Salmos Sal

Hechos Hch 1º Samuel I Sm

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Jeremías Jr Santiago Sant

Job Job Sofonías Sof

Joel Jl 1ª Tesalonicenses I Tes

Jonás Jon 2ª Tesalonicenses II Tes

Josué Jos 1ª Timoteo I Tim

Juan Jn 2ª Timoteo II Tim

1ª Juan I Jn Tito Tit

2ª Juan II Jn Tobías Tob

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INTRODUCCIÓN

Las tres religiones monoteístas, judía, cristiana y musulmana, así llamadas por creer en un solo Dios, tienen también en común que su forma de relacionarse con Él está escrita en un libro.

Pero esa analogía es también la manifestación de una clara distinción entre ellas: mientras que para los judíos y musulmanes su libro sagrado, la Biblia y el Corán, es un fin en sí mismo, para los cristianos es la forma de conocer la vida y doctrina de la Persona a quien queremos imitar y seguir.

Los judíos llaman a los cinco primeros libros de su Biblia la Toráh, es decir, la Ley, como afirmación de que su contenido es imperativo; en la Toráh está todo lo que el judío tiene que hacer en sus relaciones con Dios. Para los musulmanes, Alá es un Dios misericordioso e indulgente, pero sólo para los que obedecen las revelaciones de Mahoma escritas en el Corán.

Sin embargo, los cristianos, como se nos conoce desde que empezó a utilizarse este apelativo en Antioquia, -según se menciona en los Hechos de los Apóstoles (Cfr. Hch 11, 26)1- somos seguidores de Cristo, nuestra religión no es la de un libro, es la de una Persona y las

1 Para las citas biblicas hemos utilizado la Biblia on-line que se incluye en la

pagina Web http://www.pastoralsj.org perteneciente a los Jesuitas, Provincia de Castilla.

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relaciones con Dios no están limitadas con normas, no se puede poner límites al amor.

Con los musulmanes, aparte de creer en un solo Dios, nos separan cuestiones muy fundamentales, incluso la percepción que tenemos de Dios es completamente diferente; los cristianos somos hijos de Dios y nuestra relación con Él está basada en esa filiación; los musulmanes, sin embargo, deben inclinarse ante Alá cinco veces al día en la reverencia de un esclavo al amo; la misma palabra Islam significa “sometimiento”, es decir, el acatamiento ciego a la voluntad divina; sus relaciones con Dios tienen como principio la servidumbre.

Con los judíos existe una relación más entrañable, no solamente creemos como ellos en un solo Dios, sino que nuestro Dios es el mismo que el de los judíos. El Dios de Israel es también el Dios de los cristianos, como lo expresa San Pablo en su Epístola a los Romanos cuando dice que fue elegido para predicar el evangelio del Dios prometido por sus profetas en las Sagradas Escrituras (Rom 1, 1-4). La Biblia cristiana se compone, en su mayor parte, de las “Sagradas Escrituras” judías y de un conjunto de escritos que, al expresar la fe en Cristo Jesús, la ponen en relación directa con ellas. A estos escritos les llamamos “Nuevo Testamento”, expresión correlativa a la de “Antiguo Testamento”, que es como conocemos a las Sagradas Escrituras judías. Con la incorporación del Nuevo Testamento, la Antigua Alianza del pueblo hebreo, se transforma en la Nueva (Cfr. II Cor 3, 6) y Eterna Alianza de los cristianos.

“El Nuevo Testamento reconoce la autoridad del Antiguo como revelación divina y no puede ser comprendido fuera de esa relación estrecha con él y con la tradición judía que lo transmite”.2

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son para los cristianos Palabra de Dios, no obstante, dentro del mundo cristiano, los católicos quizás hemos estado tradicionalmente algo desligados de una parte de la Biblia, habiendo prestado poca atención al Antiguo Testamento,

2 “El Pueblo Judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia Cristiana” Documento de la Pontificia Comisión Bíblica, 2002.

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quizás porque la Reforma luterana usó y abusó de ella. Fue una reacción a la libre interpretación protestante que sirvió para justificar doctrinas que nunca se habían escrito en la Biblia y por eso la Iglesia, en una actitud que hoy llamaríamos paternalista, creyó conveniente la existencia de una serie de condiciones para su lectura, en un intento de evitar que lectores carentes de una cierta formación cayeran en errores. Sin embargo, el Nuevo Testamento ha gozado de mayor atención, puede ser que nos resulte más comprensible o le veamos mayor utilidad adentrarnos en las narraciones de la vida de Jesús, en definitiva el modelo a imitar.

La Biblia es la Revelación de lo que Dios le dice a los hombres, pero no podemos olvidar que en el contenido de la Biblia se refleja el contexto social, cultural, geográfico y temporal del momento en que fue escrita.

Las narraciones fueron escritas hace más de dos mil años y cuentan hechos localizados en Israel, Egipto y Mesopotamia.

Por tanto, será preciso no olvidarse de estas circunstancias concretas, además de tratar de conocer lo más posible el entorno y acontecimientos que rodeaban a los autores humanos del texto.

Por la misma razón es conveniente tener algunos conocimientos sobre la geografía de esas zonas y de los principales acontecimientos históricos que allí ocurrieron, todo ello puede ayudar a la comprensión de lo que queremos leer.

La lectura del Antiguo Testamento puede generar sorpresa e incluso escándalo en algunos lectores que olvidan que algunos hechos objetivamente malos allí descritos, se muestran para expresar la fidelidad de Dios a su Alianza con los hombres, a pesar de la maldad y de los pecados de éstos.

No podemos olvidar que la Biblia fue escrita en hebreo, griego y en algunos casos en arameo, por tanto, nuestra versión vernácula procede de las traducciones de los textos más antiguos en esos idiomas, fundamentalmente del griego, esto nos obliga a buscar una Biblia

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escrita en nuestro idioma que además de ser una buena traducción, esté de acuerdo con el canon del credo que profesamos.

Todo lo anterior podría ser aplicable a cualquier libro de historia antigua, pero si nuestra intención al leer la Biblia se queda en la mera erudición no necesitaríamos decir nada más. Pero cuando leemos algo, lo que fundamentalmente queremos es saber lo que nos transmite quien nos escribe; en el caso de la Biblia el autor principal es Dios y no sacaremos el provecho adecuado de su lectura si no estamos en sintonía con Aquel que nos escribe.

Cuanta mayor información tengamos de la Biblia mejor será su comprensión, por eso nos ha parecido útil resumir en este trabajo una serie de aspectos que pueden ayudar a facilitarnos su lectura.

¿Qué relación hay entre la Biblia hebrea y la de los cristianos? ¿Cuándo aparece la Biblia en nuestro país? ¿Cuándo se escribieron los distintos libros de los Evangelios? ¿Qué son los Evangelios Apócrifos? ¿Cuál es el texto más antiguo que tenemos de los Evangelios? ¿Y del Antiguo Testamento? ¿De dónde vienen los nombres de Antiguo y Nuevo Testamento? Estas son algunas de las preguntas que podremos contestar con la lectura de estas páginas.

Es para nosotros importante destacar que la información que se expone en las siguientes páginas es de tipo descriptivo, no quiere plantear ninguna controversia, es un texto dirigido al público en general, que puede encontrar refundida aquí una información que, en muchos casos, está dispersa por razón de la especialización de los investigadores. Es decir, en estas páginas el especialista no encontrará nada nuevo, sin embargo, para los profanos en el tema, en el sentido secular del término, es decir, aquellas personas que carecen de conocimientos y autoridad en esta materia, puede serles de utilidad lo que aquí se cuenta y generar un interés que les haga mirar la Biblia como lo que es, la forma que Dios ha tenido de hablar a su pueblo.

Hemos dividido el trabajo en dos partes, de la misma forma que en dos partes está dividida la Biblia, el Antiguo y el Nuevo Testamento.

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En la parte correspondiente al Antiguo Testamento, se habla tanto de éste como de las Sagradas Escrituras hebreas, es decir, de lo mismo pero con distinta denominación.

La diferencia entre los hebreos y los cristianos se reduce a la forma de denominar y clasificar los libros, mientras que para los judíos el Tanaj se divide en tres grupos, la Ley, los Profetas y los Escritos, para los cristianos la división se realiza teniendo en cuenta los contenidos. La única clasificación que coincide es la de los cinco primeros libros, a los que nosotros llamamos el Pentateuco, en referencia a su número. Los cuatro libros judíos de los Profetas Posteriores se transforman en seis en la Biblias Cristianas, al dividir estas en dos los libros de Samuel y Reyes. Los cristianos los llaman Históricos junto con que los libros de Rut, los dos de Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester y I y II de los Macabeos, mientras los judíos los clasifican a unos de ellos en los Escritos y a otros los denominan libros deuterocanónicos. Parte de los Escritos son llamados por los cristianos Libros sapienciales.

Pero insistimos, estas diferencias y algunas otras existentes que mencionaremos en su momento, sólo son fundamentalmente de clasificación, no afectan al contenido, salvo pequeñas excepciones. Los métodos de clasificación en ambas religiones han atendido a diferentes criterios.

Evidentemente esa duplicidad no existe con el Nuevo Testamento, que es privativo de los cristianos y de unos judíos que creen que Jesús (Yeshúa) fue el Mesías que esperaba el pueblo israelita, los judíos mesiánicos. Estos judíos, que no son reconocidos como tales por los propios judíos, pero que tampoco son cristianos, reconocen el Nuevo Testamento (B'rit Hadashah) como libro Sagrado.

Además del Pentateuco o Toráh, como le denominan los judíos, existe una tercera versión, la de los samaritanos, que tiene pequeñas diferencias con las anteriores y que fue adoptada por los habitantes de Samaria al escindirse de la ortodoxia judía.

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Estas diferencias se centran fundamentalmente en el cambio del Monte Moriah por el de Garizin, como lugar destinado por Dios para la edificación del Templo.

Entre otras peculiaridades, los samaritanos solamente adoptan el Pentateuco como libro sagrado, consideran que el único Profeta es Moisés y que el centro de culto no está en Jerusalén sino en la Montaña de Garizin. 3

La Biblia es el libro del que se han realizado más ediciones -en la actualidad se ha traducido a 405 idiomas- y del que se han estudiado hasta los más mínimos detalles, por ejemplo, datos que podrían ser clasificados de normales, como que tiene 1.328 capítulos con un total de 40.030 versículos; pero también otros que podrían entrar dentro de lo que es pura anécdota, como saber que en el texto original hay 773.692 palabras y que contiene 3.566.480 letras o que la palabra Yahvé, aparece 6.855 veces y que el salmo 117 se encuentra justo en la mitad de la Biblia.

Para aquellos lectores que quieran ampliar los temas que aquí se tratan, al final cada una de las dos partes en que se divide libro se ha incluido una pequeña bibliografía en castellano. Realmente la bibliografía es extensísima y más aún si incluimos textos en inglés u otros idiomas. Nosotros solamente hemos hecho referencia a ediciones en castellano.

En vez de utilizar notas a pie de página para ampliar datos de algún personaje, hemos incluido en los Anexos un índice onomástico. Cuando detrás del nombre de una persona se incluye (*) indica que en el Índice Onomástico podemos encontrar más datos sobre ella.

3 Para más detalles véase Luis Fernando Girón Blanc, “La versión samaritana del Pentateuco”, en Narraciones Bíblicas de la Creación (Edición y estudio comparativo), Colección ‘Anejos de ‘Ilu Revista de Ciencias de las Religiones’, nº VII, Madrid 2002. Págs. 75-82.

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EL ANTIGUO TESTAMENTO

La Biblia Hebrea

El Antiguo Testamento, común para judíos y cristianos y el Nuevo Testamento, continuación de la Revelación de Dios a los hombres, conforman la Biblia, nuestro libro Sagrado, el libro por excelencia. En el lenguaje habitual de los católicos no se hace referencia a la Biblia en su globalidad, es más corriente al citar algún texto identificarlo como perteneciente a uno u otro Testamento. Otras confesiones religiosas que también tienen a la Biblia como libro sagrado no suelen hacer estas distinciones, hablan genéricamente de la Biblia, de la misma forma que los judíos hablan de la Biblia (para ellos Tanaj) como algo propio.

Esta forma de expresarse identifica, en cierta manera, las creencias del lector, puesto que son varias las confesiones religiosas que tienen a la Biblia como sustento de lo que Dios les dice. Por eso cuando se habla de la Biblia (biblioteca en griego, βιβλια, Biblia) se debería concretar a que Biblia nos estamos refiriendo, no es igual la Biblia hebrea que las Cristianas y dentro de éstas las Católicas y las Protestantes.

Aunque para todas las confesiones la Biblia es la Palabra de Dios, para judíos y protestantes es la única Palabra de Dios, y en consecuencia única guía en todos los asuntos de fe y práctica religiosa, sin embargo, para los católicos, sin perder esta procedencia divina, no es la única fuente de la Revelación de Dios a los hombres, puesto que la Iglesia Católica considera que también la Tradición es fuente de Doctrina.

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Pero si hacemos referencia a su contenido, es decir, a los diversos libros que la componen, la diferencia cuantitativa entre la Biblia judía y la cristiana, o más exactamente entre la Biblia hebrea y el Antiguo Testamento de las Biblias católicas, es que en éstas últimas se incluyen siete libros, llamados Deuterocanónicos, que no fueron aceptados por algunos judíos en la antigüedad y por ningún judío en los momentos actuales.

Estos libros, denominados Apócrifos por los protestantes, que tampoco los incluyen en sus Biblias como más tarde veremos, son Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y I y II Macabeos.

La Biblia católica, respecto a la hebrea, además de diferenciarse en el número de libros también lo hace en la clasificación de éstos.

Estas diferencias se refieren a la totalidad de los libros en su conjunto, puesto que individualmente considerados no existen diferencias sustanciales de contenido entre unas Biblias y otras, pudiendo existir solamente pequeñas diferencias en algún caso concreto, como el conocido añadido de Lutero (1483-1546) en la Epístola a los Romanos o los últimos capítulos del Libro de Ester.

La razón por la que algunos judíos, concretamente los de Palestina, no aceptaban los libros Deuterocanónicos como sagrados fue debido a que en el Concilio de Jamnia4 se establecieron una serie de criterios para determinar que libros eran aceptados dentro del Canon.

Fundamentalmente fueron criterios aparentemente circunstanciales como que los libros hubiesen sido escritos en hebreo, antes del año 400 a. C. y en Palestina.

4 El primero en hablar de un “concilio de Jamnia” fue Heinrich Grätz en 1871 al decir que en Jamnia la sinagoga decidió cerrar definitivamente su canon de las Escrituras. A la caída de Jerusalén en el año 70 se logró establecer en Jamnia, cuidad situada a 16 Km. al sur de Judá, cerca de la actual ciudad de Yebna, una especie de escuela o academia rabínica. Sin embargo, desde la década de 1960 a la actualidad S. Z. Leiman, basándose en los trabajos de J. P. Lewis y otros especialistas, opinan que no existió realmente ningún concilio en el que los judíos fijaran el canon de sus Escrituras, ya que estas discusiones se prolongaron hasta años bastante posteriores.

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Sagradas Escrituras

Tanaj Correspondencia A. T. Bereshit Génesis Shemot Éxodo Vayikra Levítico Bamidbar Números Tor áh (La Ley) Devarim Deuteronomio Yehoshúa Josué Shoftim Jueces I Samuel Shemuel II Samuel I Reyes P ro fetas anteri or es Melajim II Reyes Yeshayahu Isaías Yirmiyahu Jeremías Yejezkel Ezequiel Hoshea Oseas Yoel Joel Amós Amós Obadyah Abadías Yona Jonás Mija Miqueas Najum Nahum Javakuk Habacuc Tzefania Sofonías Haggai Ageo Zejaria Zacarías N eb iim (L os Profe tas) P rofe tas poste ri or es Tr ei A sar ( L os D oce) Maleakis Malaquías Tehilim Salmos Mishlei Proverbios Iyovt Job Shir Hashirim Cantar de los Cantares

Rut Rut Eijá Lamentaciones Kohelet Eclesiastés Ketu bim (L os Es cr ito s) Esther Ester

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Daniel Daniel Esdras

Ezra y Nejemiah Nehemías

I Crónicas Divrei Hayamim II Crónicas

Los libros rechazados incumplían algunos de esos criterios, como por ejemplo, el Libro de Judit que fue escrito en arameo y el Libro de Baruc que fue redactado en Babilonia.

La Biblia judía o Sagrada Escritura, se divide, como podemos ver en el cuadro anterior en tres grupos, Toráh, Nebiim y Ketubim, es decir la Ley, los Profetas y los Escritos, recibiendo en su conjunto el nombre de Tanaj, acrónimo formado por las iniciales hebreas de cada una de las partes que la componen.

Esta división se cree que fue establecida en la Mishná.5 En el prólogo que se incluyó alrededor del año 132 a. C. al Eclesiástico, encontramos que se menciona “la Ley, los Profetas y otros que los han sucedido”. Los libros de la Toráh6 reciben sus nombres de la primera palabra sobresaliente de cada libro. Sin embargo, los nombres utilizados para estos libros en las Biblias cristianas no son las traducciones del hebreo, sino del nombre en griego de la traducción llamada de los Setenta, así por ejemplo el libro del Éxodo es denominado por los judíos “Nombres” (Shemót) y el Levítico “Y llamó” (Vayikra).

La Toráh, está compuesta por los cinco libros mosaicos: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio y contiene el conjunto de 613 mitzvot (preceptos) del Judaísmo, de los cuales, 248 son obligaciones y 365 son prohibiciones.

5 Como más tarde se verá, la Mishná es el conjunto de seis libros que contienen comentarios a la Toráh. Los comentarios que complementan a la Mishná se incluyen en la Guemará. Ambos, Mishná y Guemará forman el Talmud.

6 Palabra hebrea que significa enseñanza, instrucción. En su sentido más amplio se utiliza habitualmente para designar a la totalidad de la revelación y enseñanza divina al pueblo de Israel. En un sentido más restringido se refiere únicamente al texto de los cinco primeros libros de la Biblia.

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A estos cinco libros que llamamos Pentateuco, también los judíos los denominan Jumash (los cinco) y los dividen en 54 secciones llamadas "Sidrot" o "Parashot". Cada parte es leída el sábado por la mañana durante los Servicios, consiguiéndose de esta forma que sea leído completamente hasta el final durante el año Judío.7

Los Profetas se subdividieron en Profetas Anteriores y Profetas Posteriores, dentro de los cuales se incluyen los doce profetas menores, (los hebreos los consideran todos como un solo libro). Los Escritos abarcan todos los libros restantes de la Biblia hebrea.

El Tanaj dependiendo del Canon (conjunto de libros que la forman) que se considere, es decir, el palestinense o el alejandrino, tienen diferente numero de Libros.

Flavio Josefo(*) en su obra, “Contra Apión”, que el historiador judío escribió en el año 100 d. C., habla de veintidós libros que eran considerados como divinos, señalando cinco de Moisés, trece de los Profetas y otros cuatro libros que contenían libros de alabanza a Dios, sin embargo, el cuarto libro de Esdras, un apócrifo del Antiguo Testamento, escrito a final del siglo I d. C., habla de veinticuatro libros, en realidad los dos dicen lo mismo porque Josefo(*) une el libro de los Jueces con el de Rut y el de las Lamentaciones con el libro de Jeremías.

En el siglo II d. C., el Talmud nos da la misma cifra de veinticuatro libros, lo cual nos indica que en esa época ya estaba cerrado el Canon de los libros judíos.

La Biblia de los Sesenta, escrita en griego, conocida también como Alejandrina o Septuaginta, además de los libros protocanónicos, es

7 En Palestina se dividió la Toráh en 155 porciones y se tardaba tres años en leer

completamente los cinco Libros de la Toráh. En algunas comunidades se dividió en 175 porciones, de modo que tardaban tres años y medio en completar el ciclo de lectura. En Babilonia fue dividida en 54 porciones que correspondían al número de semanas del año embolismal (año bisiesto de 13 meses). Esta división llegó a ser la norma halájica (del hebreo halajá, Ley judía) aceptada por los judíos en todas partes.

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decir, los veinticuatro libros a los que nos estamos refiriendo, recoge los siete libros deuterocanónicos mencionados al inicio.

La Septuaginta consideró como libros independientes los doce libros (Trei Asar) correspondientes a los profetas menores, dando como resultado que el total de libros de la esta traducción griega era de treinta y cinco, además los siete deuterocanónicos, en vez de los veinticuatro que se indicaba más arriba. (Véase el cuadro anterior). Cabria preguntarse qué opinaban antes del Concilio de Jamnia los judíos de Palestina en relación con los libros deuterocanónicos. Como siempre las opiniones son variadas, algunos autores sostienen que en realidad existía un Canon breve que no incluía estos siete últimos libros; otros creen que existía un solo Canon y que tanto palestinos como alejandrinos lo aceptaban, aunque más tarde los fariseos rechazaron los libros deuterocanónicos. Finalmente, la opinión que se acepta como más probable es que existiera un doble Canon, el Canon breve para los judíos de Palestina y un Canon más extenso para los judíos alejandrinos.

No se tiene certeza de la autoridad que decretaba que libros eran Sagrados o no. Existen autores que piensan que era la clase sacerdotal y más concretamente el Sumo sacerdote el que ejercía este tipo de vigilancia, otros opinan que eran los profetas los que gozaban de autoridad para juzgar si un libro era inspirado.

Se ignora también cuando fue cerrado el Canon judío, para unos seria en tiempos de Esdras (458 a. C.), el sacerdote-escriba y líder religioso, apoyado por Nehemías (445 a. C.), opinión que se basa en lo que cuenta Josefo(*) en su obra “Contra Apión”.

Josefo(*) expresa su convicción, probablemente basada en la tradición, de que las escrituras de los hebreos palestinos formaban una colección cerrada y sagrada que data de los días del rey persa Artajerjes Longiamanus (465-425 a. C.), un contemporáneo de Esdras.

Para otros autores la fecha de conclusión del Canon judío seria la época de los Macabeos, en el siglo II a. C. No obstante, existen documentos que atestiguan que casi todos los libros estaban reunidos

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en colecciones y eran considerados sagrados después del destierro (año 586 a. C.).

El libro del Eclesiástico, escrito en hebreo en Palestina por Jesús, hijo de Sirac, hacia el año 180 a. C. y traducido al griego en el año 130 a. C. por su nieto, contiene un prologo añadido por este último, en el que hace referencia que su abuelo Jesús ben Sirac “se dio mucho a la lección de la Ley, de los Profetas y de los otros libros patrios” es decir, existe certeza de que en esa época los Libros Sagrados estaban divididos en tres grupos, siendo muy probable que la Ley y los Profetas estuvieran completamente cerrados.

No se sabe que colección de Libros Sagrados fue aceptada por Jesús, de lo que sí hay evidencias es que en el Nuevo Testamento se incluyen unas trescientas cincuenta citas del Antiguo, de las cuales unas trescientas corresponden al texto de los Setenta, de lo que se puede deducir que los evangelistas utilizaron esa traducción de la Biblia Hebrea y en consecuencia admitían como canónicos e inspirados todos los libros contenidos en ella.

¿Quien escribió el Antiguo Testamento?

Como veremos más tarde, los autores humanos del Nuevo Testamento están más o menos identificados. No ocurre así con los redactores del Antiguo; la mayor lejanía en el tiempo y la gran cantidad de años transcurridos en su elaboración impiden, en muchos casos, conocer la persona o las personas que son responsables de los textos.

El Nuevo Testamento lo forman 27 libros y se escribió en un periodo de tiempo de unos setenta años, los que van desde el año 50 al 120 y el número de personas se podría decir que está limitado a solamente siete,8 sin embargo, la redacción del Antiguo Testamento que consta

8 Hay dudas de sí la Carta los Hebreos fue escrita por San Pablo. Con relación a

las cartas de Pablo solo hay certeza de que él fue el autor de siete de ellas, Romanos, las dos a los Corintios, Gálatas, Filipenses, primera a los Tesalonicenses y Filemón.

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de 46 libros (24 en expresión hebraica), se realizó en más de mil años, en una época en que los datos históricos son confusos o inexistentes. Desde el Génesis, primer libro de la Biblia atribuido a Moisés, hasta la redacción del Eclesiástico, que como acabamos de decir es del año 180 a. C., muchos son los autores de los textos Sagrados. Más aún si incluimos los libros Deuterocanónicos, pues los dos libros de los Macabeos y el Libro de la Sabiduría, como veremos más adelante, se escribieron después del 180 a. C.

Es más, si tenemos en cuenta que en pocas ocasiones aparece el nombre de quien lo escribió y que en otras, la tradición los ha atribuido a personajes importantes, es difícil saber con certeza el nombre de quién compuso algunos libros en concreto.

Si a esto añadimos que durante la época de la formación de la Sagrada Escritura no había un concepto individualista de escritor, al considerarse que la composición de un libro tenía una dimensión comunitaria y un marcado sentido social, se acrecienta la dificultad. Como se puede observar no hemos querido utilizar hasta ahora el concepto autor, puesto que en ultima instancia el autor de la Biblia es Dios o dicho con una expresión litúrgica habitual la Biblia es Palabra de Dios.

A continuación se detalla el contenido de las diferentes clasificaciones que se hacen en las Biblias cristianas, formando un conjunto de cuarenta y seis libros, en vez de los veinticuatro que incluyen las Biblias hebreas.

La Ley Narran el origen del pueblo judío y contienen el conjunto de leyes por las que tienen que guiarse los judíos en su vida pública y privada. Definen como debe ser el culto y dan normas morales.

Contiene, los cinco libros conocidos como el Pentateuco, es decir, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

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Históricos Relatan la historia del pueblo de Israel. Describen las guerras en las cuales Dios ayuda a su pueblo. Como Israel se divide y vuelve a unirse con los Macabeos. De cómo va evolucionando el concepto de Alianza, la adoración a dioses falsos y de cómo Dios los castigó. Se incluyen los siguientes libros: Josué, Jueces, Rut, I Samuel, II Samuel, I Reyes, II Reyes, I Crónicas, II Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Tobías, Judit, I Macabeos y II Macabeos

Poéticos y

de Sabiduría Estos libros son un canto a la grandeza de Dios, de su misericordia, de su lealtad hacia el hombre y de su sabiduría. Hay poemas y cánticos que alaban a Dios por su bondad, su poder y su gloria.

Son los libros de Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduria y Eclesiástico.

Profetas Su contenido nos muestra la predicación y la actuación de los Profetas. Los profetas son el medio que Dios utiliza para hablar a los hombres.

Se dividen en Profetas Mayores: Isaías, Jeremías, Baruc, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel. Y Profetas Menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

Para situarnos en el contexto histórico en el que se escribió el Antiguo Testamento, puede ser útil el resumen que se presenta a continuación y que también se incluye en los Anexos en forma de cuadro, en los que se muestran las diferentes etapas de la historia de Israel en conexión con los libros que la narran.

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También seria conveniente consultar la relación cronológica de los hechos más importantes de la historia de Israel que se incluye en los Anexos.

La Biblia comienza con el Libro del Génesis, que en sus once primeros capítulos se dedican a describir la Creación, sin ningún hecho histórico contrastable.

El periodo patriarcal que abarca desde los años 1850 a 1250 a. C., se relata en los capítulos 12 al 50 del Génesis. Abraham baja a Canaán. Jacob y sus hijos en Egipto.

Estos dos periodos podemos denominarlos proto históricos, pues no existe ningún tipo de información ajena a la Biblia que nos permita contrastar los hechos que allí se narran..

El periodo del Éxodo (1250-1200) se relata en los otros cuatro libros del Pentateuco, siendo los hechos más destacados la salida del pueblo hebreo hacia Canaán dirigidos por Moisés, la Alianza en el Sinaí y la marcha por el desierto.

El periodo de la conquista de la tierra se describe en los Libros de Josué y Jueces. Las guerras cananeas tienen lugar alrededor del año 1050 a. C.

El periodo de la monarquía unida que comienza con el primer rey Saúl (1040-1010) sigue con David (1010-970) y termina con el Rey Salomón (970-930) lo encontramos en los Libros de Samuel, Reyes y Crónicas. En ellos se describe la división del gran reino de Salomón en el año 922 en dos reinos independientes, Israel al Norte y Judá al Sur. Las divergencias entre los dos reinos siguen narrándose en los libros de Samuel, Reyes y Crónicas. En esta etapa hasta el Exilio, hacen aparición los Profetas que tratan de reconducir al pueblo hacia su Dios, como podemos ver en los libros de Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías. Históricamente en esta etapa acontecen los siguientes hechos, el Reino del Norte entre los años: 930-721, dinastía de Omrí (885-841), dinastía de Jehú (841-735) que coincide con el periodo de máximo esplendor. Influjo idolátrico cananeo. Se narra la expansión de Siria en el año 721

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y la caída y fin del reino. La guerra sirio-efrainita. Decadencia Asiria. Reforma de Josías y la caída de Jerusalén.

El exilio en Babilonia desde el año 587 al 538 lo describe el Libro de Ezequiel, el de Abdias y los capítulos 40 al 55 de Isaías.

El edicto de rey Persa Ciro en el año 538 que permite la vuelta del destierro y la restauración del Templo lo podemos seguir por los Libros de las Crónicas y por los capítulos 56 al 66 de Isaías.

En esta época podemos decir que surge un nuevo judaísmo con el descubrimiento del Deuteronomio en unas obras del Templo y el posterior desarrollo la escuela sapiencial y la recopilación de los escritos antiguos (538-331).

Esta época denominada Periodo de la Restauración la completan los libros de los profetas Esdras, Nehemías, Ageo, Zacarías, Malaquías y Joel y en los Proverbios, Job, Eclesiastés, Ruth y Jonás.

En los trecientos años anteriores a la vida de Jesús, el territorio judío pasa por el dominio de los griegos y los romanos. El dominio de los seléucidas, la persecución de Antioco IV, la rebelión de los Macabeos y el dominio romano que se inicio en el año 63 a. C. está narrado en los Libros de los Macabeos, Tobías, Ester, Judit, Eclesiástico, Cantar de los Cantares, Daniel y Sabiduría.

Con el mismo fin de situar los hechos en relación con los textos, pero refiriéndonos al Nuevo Testamento, puede verse en los Anexos una relación cronológica de los hechos acaecidos en los primeros años del cristianismo.

El Pentateuco

A pesar de que la primera referencia histórica sobre la existencia del pueblo de Israel la tenemos en La Estela de Merenptah, también llamada Estela de la Victoria o Estela de Israel, en la que el faraón Merenptah conmemora su campaña militar en las tierras de Canaán en los años 1210 a. C., los hechos que hemos relacionado y el resto que se incluyen en la Biblia fueron considerados históricos, no existiendo, ni

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entre los judíos ni cristianos, la más mínima duda de que, por ejemplo, el autor del Pentateuco era Moisés. La historicidad de la Biblia fue un tema incuestionable, hasta que con la llegada del racionalismo en el siglo XVII todo se cuestionó.

Como más tarde veremos en el apartado “Críticas a la historicidad de la Biblia”, esta autoría y otros muchos aspectos de la Biblia, se han puesto en duda. En el llamado Siglo de las luces, con el predominio de la razón sobre otros valores, se cuestionaron las ideas y se reexaminaron a la luz de esta nueva metodología todas las cosas, incluida la Biblia.

Las diferencias de estilo, de léxico y repetición de pasajes, que los estudiosos e investigadores encontraron en la Biblia propiciaron el cuestionamiento de la personalidad de los escritores bíblicos y concretamente se piensa que los autores reales diferían de los que tradicionalmente se venían asignando.

En el caso concreto del Pentateuco se comienza a decir que los autores fueron varios, basándose sobre todo en la utilización del nombre de Dios.9 Es verdad que en unas partes se utiliza el termino Yahvé y en otras Elohim, no mezclándose nunca, lo que hizo suponer que existían varios autores que nombraban a Dios por apelativos distintos.

En la hipótesis documentaria de Wellhausen, que más tarde enunciaremos, se reconocen en el texto cuatro fuentes distintas, que habrían sido objeto de síntesis por redactores tardíos de la época del cautiverio de Babilonia, obteniéndose la versión que conocemos actualmente.

9 Además del nombre propio Yahvé, los hebreos tenían tres nombres comunes para Dios; El, Elohim y Eloah; Elohim es una forma en plural, pero los lingüistas lo llaman plural de majestad o rango, o de abstracción, o de magnitud. Elohim ha sido explicado como una forma plural de Eloah o como un plural derivado de El. Yahvé aparece más de seis mil quinientas veces en el Antiguo Testamento, mientras que todos los nombres comunes de Dios en conjunto no aparecen ni la mitad de las veces. El nombre Elohim se encuentra 2.570 veces; Eloah, 57 veces (41 de ellas en el Libro de Job), El 226 veces.

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Pero a este tema le prestaremos atención más adelante. Siguiendo esta fase descriptiva, digamos que el Pentateuco es la parte del Antiguo Testamento más conocida por los católicos en general y probablemente, dentro de el, los libros del Génesis y Éxodo.

El Pentateuco podríamos dividirlo en dos grupos, los dos libros citados y los otros tres, Levítico, Números y Deuteronomio, porque en el Génesis y en el Éxodo se describe la intervención de Dios en la Creación y la historia del nacimiento del Pueblo de Dios y los otros tres forman una unidad temática, donde se describe la legislación hebraica.

En los cincuenta capítulos del Génesis, los primeros once, como ya se ha comentado, se describe la Creación, pero curiosamente existen dos relatos de la misma.

En el capitulo primero se describe el relato sacerdotal de la Creación en la que se dice que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gen 1, 26). Se denomina sacerdotal porque se supone que fue escrito por un grupo de sacerdotes judíos del siglo VI a. C.

En el capitulo segundo se nos presenta la Creación según la denominada fuente yahvista, porque sus autores, probablemente del siglo X a. C., llaman a Dios con el nombre de Yahvé.

Vemos pues que la versión que se presenta en segundo lugar realmente fue la que se escribió primero.

Si comparamos los dos relatos observaremos que existen diferencias sustanciales entre ambos, en el yahvista del capitulo segundo, Yahvé crea solo al varón y después de él crea a la mujer, lo primero que crea es al hombre y más tarde las plantas, los animales y finalmente la mujer, en un solo día.

Sin embargo, en la versión sacerdotal del capitulo primero, Dios crea el mundo en seis días y luego descansa el séptimo, el hombre y la mujer son creados simultáneamente y en ultimo lugar, después de haber creado las plantas y los animales.

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Si son correctos los supuestos de los estudiosos, entre estas dos versiones existen cuatro siglos de diferencia y su redacción se realizó teniendo en cuenta las circunstancias concretas de los momentos en que se escribieron.

Probablemente cuando se hizo una recopilación del Génesis se encontraron con dos relatos de la Creación y decidieron incluirlos los dos, dando preferencia al que se había escrito más tarde, porque quizás exponía una idea de Dios más de acuerdo con el sentir del momento. Estos once primeros capítulos se completan con la caída de Adán y Eva y la historia de Caín y Abel (Caps. 4 y 5), el Diluvio (Caps. 6-10) y la Torre de Babel (Cap.11).

Continua el Génesis la narración con los orígenes del pueblo de Israel, contando la vida de los Patriarcas; Abraham (Caps. 12 al 25), Isaac (Caps. 26 al 27), Jacob (Caps. 28 al 36) y José (Caps. 37-50).

Todos ellos son personajes conocidos, no obstante mencionemos, como recordatorio, una pequeña referencia sobre ellos.

Abraham, Padre de todas las naciones, obedeció al Señor al salir de su tierra Ur y Dios le promete una descendencia numerosa y le asegura que sus descendientes recibirán la tierra de Israel en herencia. Volvió a obedecerlo cuando el Señor le pidió el sacrificio de su hijo Isaac, fruto de la confianza en Yahvé cuando este le prometió un heredero, a pesar de la avanzada edad y esterilidad de su mujer Sara.

Isaac se casó con Rebeca, la hija de Bathuel, y tuvieron dos hijos mellizos, Esaú y Jacob. Esaú, el primogénito, fue el amado de Isaac, mientras que Jacob era el favorito de Rebeca. Jacob se quedó con el derecho de primogenitura y recibe la bendición paterna con la complicidad de su madre. Dios le cambia su nombre por el de Israel. Jacob se casó con Lía y Raquel, las hijas de su tío Laban, para quien trabajó durante muchos años, que junto a sus esclavas, Zilpá y Bilhá, le dieron doce hijos, que se convertirían en los Patriarcas de las doce tribus de Israel. Lía dio a luz a Isacar, Judá, Leví, Rubén, Simeón y Zabulón; Raquel, a José y Benjamín; Zilpá a Gad y Aser, y Bilhá a Dan y Neftalí.

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La historia de José es muy conocida, era el undécimo hijo de Jacob, su madre Raquel era la mujer amada por Jacob y como consecuencia de ello, el más querido por su padre, lo que produjo la envidia de sus hermanos que lo vendieron a unos mercaderes, convirtiéndose con el paso del tiempo en un alto personaje en la corte egipcia.

El segundo libro del Pentateuco es el Éxodo, quizás es el más importante del Antiguo Testamento porque en el se incluyen los acontecimientos históricos del nacimiento de Israel como pueblo de Dios.

Sin ninguna duda el personaje central es Moisés, que elegido por Dios saca a su pueblo de la esclavitud de Egipto.

La Alianza que se establece entre Dios y Moisés es lo que convierte a Israel en Pueblo de Dios (Cfr. Ex 19, 3-8).

Los siguientes tres libros del Pentateuco contienen las normas que tiene que seguir un buen judío, en el Levítico se indican las leyes litúrgicas o de culto, lleva este titulo porque el sacerdocio era ejercido por los miembros de la tribu de Levi. Los elementos más importantes del culto judío fueron el Templo, los sacrificios, la oración y las fiestas.

Como sabemos el Templo fue destruido dos veces, la primera en el año 587 por Nabucodonosor y la segunda por Tito en el año 70 d. C. El libro de los Números recuerda la peregrinación del pueblo en el desierto y tiene este nombre porque empieza con el censo de los hijos de Israel.

El Deuteronomio contiene en su mayor parte las leyes relativas a la conducta moral, esta estructurado en forma de tres discursos de Moisés a los israelitas en tierras de Moab.

Actualmente no se puede atribuir su autoría a Moisés, como anteriormente había sido fijada por judíos y cristianos. El Deuteronomio es un sumario de textos escritos en diferentes épocas procedentes de diversas fuentes.

Su nombre fue adoptado por la traducción de la Biblia de los Sesenta, “déuteros nómos” significa en griego “segunda Ley” por oposición a

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la “primera Ley” recibida por Moisés en el Monte Sinaí, los judíos lo denominan “Devarim” que significa “Palabras”.

Profetas anteriores

Siguiendo la clasificación judía de la Biblia, el siguiente libro después del Pentateuco es el de Josué, sucesor de Moisés. También lo es en las Biblias cristianas pero su clasificación es diferente y en este caso está considerado como el primer libro de los Libros Históricos.

Josué es mencionado en el libro del Éxodo por su valor en la batalla contra los amalecitas “Después vinieron los amalecitas y atacaron a Israel en Refidím. Moisés dijo a Josué: “Elige a algunos de nuestros hombres y ve mañana a combatir contra Amalec. Yo estaré de pie sobre la cima del monte, teniendo en mi mano el bastón de Dios” (Ex 17, 8-10). Josué hizo lo que le había dicho Moisés y fue a combatir contra los amalecitas. Entretanto, Moisés, Aarón y Jur habían subido a la cima del monte.

Josué es uno de los hombres enviados por Moisés a explorar la tierra de Canaán según se menciona en el de los Números “Estos son los nombres de las personas que envió Moisés a explorar el país. Y a Oseas, hijo de Nun, Moisés lo llamó Josué” (Nu 13, 16) que significa “Yahvé es salvación”. Josué pertenecía a la tribu de Efraín.

A pesar de aparentar ser un libro histórico que narra la conquista de la Tierra Prometida (Jos 1-12) y el reparto que se hace entre las distintas tribus (Jos 13-21), contiene demasiadas inexactitudes para darle esta categoría. Los tres últimos capítulos (22-24) dan cuenta de la asamblea de Siquem –donde todas las tribus renuevan la Alianza- y de las disposiciones de Josué.

Realmente es un libro religioso que muestra como Yahvé es fiel a sus promesas y protege a los hebreos cuando estos lo respetan y cumplen sus mandamientos.

En cuanto a su autoría, los críticos modernos le dan el mismo tratamiento que al Pentateuco, habiéndose incluso creado, a partir de la

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mitad del siglo XIX, el término Hexateuco para denominar a los seis libros formados por el Pentateuco y el libro de Josué.

No fue este el criterio de los samaritanos, puesto que ellos no lo incluyen en su Pentateuco.10

Los católicos están divididos, muchos de los Padres Apostólicos11 asumen que el autor es Josué; aunque siempre hay católicos que asignan el trabajo a alguien que vivía poco después de la muerte de este gran líder.

El séptimo libro de la Biblia Hebrea y segundo de los Profetas Anteriores del canon hebreo es el Libro de los Jueces, que narra la historia de los hechos que sucedieron en Israel entre la época de Josué y la de Samuel.

El narrador no relata la historia como lo haríamos hoy en día, puesto que no sigue un orden cronológico. El historiador de Jueces tiene realmente una intención épica y como objetivo, el presentar que cuando Israel se aleja de Yahvé por la idolatría, Yahvé permite que los enemigos lo derroten.

Se considera que el escritor de Jueces fue con probabilidad el profeta y el último juez Samuel, el cual pudo utilizar documentos preexistentes, siendo probable que su redacción fuese anterior a los últimos años del rey Saúl, que había sido precisamente ungido como rey por Samuel como respuesta al clamor del pueblo de Israel.

En esta época, en la que el pueblo de Dios no está consolidado como nación, Dios hace intervenir a los jueces, que son llamados así porque eran instrumentos de la justicia divina para salvar al pueblo de los enemigos que les acechaban.

10 Samaria es la región situada entre Galilea y Judea cuyos habitantes se separaron de la ortodoxia judía. Su ciudad santa es Siquem o Sicar (actualmente Nablus). 11 Reciben el nombre de Padres Apostólicos los autores cristianos de fines del siglo I y principios del siguiente, que representan el testimonio escrito más antiguo después del Nuevo Testamento. Entre ellos se incluyen Clemente de Roma, Ignacio de Antioquia, Papías de Hierápolis, Policarpo de Esmirna.

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Durante este periodo, que duró unos trescientos cincuenta años, Yahvé nombró a once jueces que van apareciendo a lo largo del libro, así por ejemplo, en el capitulo tercero se ve como el Señor nombra a Otoniel y a Aod. Los jueces más conocidos son la profetisa Débora (Caps. 4 y 5), Gedeón (Caps. 6-9) y Sansón (Caps. 13-16).

El cántico de Débora del capitulo quinto es uno de los pasajes más antiguos de la Biblia, es un poema que celebra la victoria sobre el jefe cananeo Sísara. Exalta el poder de Dios que defiende a sus hijos y la valentía de las seis tribus que participaron en el combate: Efraín, Benjamín, Manasés, Zabulón, Isacar y Neftalí.

Los dos siguientes libros de la Biblia Hebrea son Shemuel y Melajim, es decir, Samuel y Reyes. En las Biblias cristianas ambos están divididos en dos partes, formando un total de cuatro libros.

Esta misma separación aparecía ya en la traducción de la Septuaginta, donde se les designa como primer, segundo, tercer y cuarto libro de los Reinos. Denominación que se mantiene en la primera versión de la Vulgata, donde se llama a los dos libros de Samuel primero y segundo de Reyes, señalando como tercero y cuarto de Reyes a los que nosotros nombramos como primero y segundo de Reyes.

Los dos libros de Samuel constituyen la principal fuente de la historia de Israel durante los siglos XI y X a. C., continuando con la narración histórica donde la dejó el libro de los Jueces.

Samuel se destacó por ser el guía espiritual de la nación durante la opresión filistea. Sus grandes objetivos fueron mantener las tradiciones religiosas de Israel y salvaguardar viva la fe en el Señor, sin dejar de estimular el fervor patriótico de los israelitas y la voluntad de resistir a la dominación extranjera.

A pesar de instaurar la realeza en la persona de Saúl, siempre afirmó que por encima de la autoridad del rey estaba la Palabra del Señor. En los libros de Samuel sobresalen tres figuras, Samuel, el profeta austero; Saúl, el primer rey de Israel ungido por él y David, el elegido del Señor.

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La narración de los hechos puede dividirse en tres partes principales, los que acaecieron en el periodo desde el nacimiento de Samuel hasta que ungió a Saúl como primer rey hebreo (I Sm 1, 7); los acontecimientos que se produjeron durante el reinado de Saúl (I Sm 8, II Sm 1) y los sucesos que ocurrieron durante el reinado de David (II Sm 2, 24).

En la redacción final de la obra se percibe la influencia del Deuteronomio, aunque en menor medida que en los libros de Josué, de los Jueces y de los Reyes.

La tradición talmúdica considera a Samuel autor del primero de los libros que llevan su nombre. El capítulo de la obra que relata los sucesos que tuvieron lugar después de su muerte, se considera fruto del trabajo de los profetas Gad y Natán, ambos consejeros del Rey David. Natán aparece en la Biblia en el segundo libro de Samuel en un dialogo con el rey David, en el que éste le expresa su deseo de construir un templo para albergar el Arca de la Alianza.

Yahvé le dice a Natán que será el descendiente de David, su hijo Salomón quien lo haga “El me construirá una casa y yo, por mi parte, afirmaré su trono real para siempre.” (II Sa 7, 13).

Por lo general, los especialistas modernos coinciden en que los libros son obras compuestas por varios autores que recurren a fuentes muy distintas.

Los libros de los Reyes continúan con la historia del pueblo hebreo, comenzando con el reinado de Salomón, que fue el periodo con mayor esplendor de toda la época monárquica y llega hasta el momento en que el pueblo israelita vivió sus instantes más dramáticos, la invasión de Jerusalén en el año 586 a. C. por las tropas de Nabucodonosor, el fin de la dinastía davídica 134 años después de que Samaria hubiese caído en poder de los asirios y la deportación a Babilonia.

A la muerte de Salomón el Reino se dividió en dos, el del Norte, Israel, al principio con capital en Siquem y finalmente en Samaria, comprendía casi 10 tribus, Efraín, Manases, Rubén, Gad, Dan, Neftalí, Aser, Zabulón, Isacar y parte de la de Benjamín.

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Israel tuvo 19 Reyes de 9 dinastías distintas, comenzando con Jeroboam, hasta que fueron exilados a Nínive el año 722 a. C.

El del Sur, Judá, con capital en Jerusalén, con 19 Reyes todos de la misma dinastía, descendientes de David, hasta que fueron exilados a Babilonia el año 586 a. C. por los asirios, que destruyeron Jerusalén y quemaron el Templo.

La inspiración y canonicidad del libro de los Reyes no ha sido nunca puesta en duda ni por los judíos ni por cristianos.

Históricamente algunos de los datos que se incluyen en el libro de los Reyes se han comprobado. La estela de Mesa, descubierta en el año 1868 por F. A. Klein, un misionero alemán de origen francés, cerca de Dibán (Jordania) y traducida por el investigador francés Charles Clermont-Ganneau (1846-1923), contiene 34 líneas de caracteres labrados que se pensaban eran hebreos y que posteriormente se comprobó que eran moabitas, una lengua muy parecida al hebreo. El gobierno francés pretendió comprar la piedra a los árabes, pero previamente éstos la rompieron, aunque se pudieron recuperar casi todos los fragmentos. Actualmente se encuentra expuesta en el Museo del Louvre.

El bloque de piedra de basalto de 1,13 por 0,70 m., fue erigido por el rey moabita Mesa en el año 850 a. C., para dar gracias a su dios Kemós, por la victoria que había logrado contra

Ahab y Joram,

reyes de Israel, que le tenía sometido. Esta batalla se cuenta en el segundo libro de los Reyes en el capitulo tercero.

En Qumrán se encontraron copias de estos libros escritos también en hebreo y se ha comprobado que se acercan bastante a la traducción griega de los Setenta, teniendo, sin embargo, algunas omisiones y variantes propias. Basándose en la fecha tardía del último relato del libro (562 a. C.) se piensa que existen dos fechas de redacción del texto, una después de la muerte de Josías en Megiddo (609 a. C.) y otra durante o después del exilio (587-535 a. C.).

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Los descubrimientos de Qumrán nos aseguran que los textos que conocemos de la Biblia son los mismos que se leían cien años antes de Cristo, fecha en que fueron copiados los textos descubiertos.

Pero, dado que la Biblia no es un texto histórico, aunque obviamente describe muchos hechos históricos, podríamos preguntarnos si los acontecimientos narrados son pura fantasía o se ajustan a situaciones históricas reales.

Al igual que las estelas de Merenptah y Mesa, que ya hemos comentado, se han encontrado múltiples pruebas arqueológicas que certifican la existencia de personajes o lugares descritos en la Biblia. Nos gustaría destacar entre ellas el descubrimiento de la ciudad de Ebla y las 20.000 tablillas cuneiformes datadas 2500 años a. C., por la referencia que hace de Abrahán y otros personajes.

Al norte de Siria, a unos cincuenta kilómetros al sureste de Alepo, unos arqueólogos italianos dirigidos por Paolo Matthiae, Profesor de Arqueología e Historia del Arte de la Universidad de Roma de La Sapienza, descubrieron en el año 1964, en un lugar conocido hoy como Tell Mardikh, los restos de la ciudad estado de Ebla.

Diez años más tarde se descubrieron las tablillas que hacíamos referencia más arriba, estaban escritas en un idioma desconocido, que se denomino eblaíta. Este idioma fue descifrado por Giovanni Pettinato, catedrático de Asiriología de la Universidad de Roma.

Tal cantidad de información ha permitido conocer las estructuras políticas, económicas y sociales de esta ciudad estado, uno de los principales centros económicos y culturales del Próximo Oriente del tercer milenio a. C. y que fue destruido en los años 1600 a. C. por el rey hitita Mursilis I (1620-1590 a. C.).

Pero lo que nos interesa destacar aquí es que en las tabillas se mencionan en el mismo orden que aparecen en el Génesis, las cinco ciudades de la llanura que siempre se había negado su existencia al no ser mencionadas por ningún texto extrabíblico, nos referimos Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Bela (Cfr. Ge 14, 2).

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La Profecía en Israel

La colección de libros que se denominan Los Profetas (Nebiin) se completa con los de, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores, los cuales se les conocen con el nombre de Profetas posteriores. El calificativo posterior se emplea para indicar que estos profetas realizaron sus profecías en tiempos posteriores a la división de Reino.

Fue con los Profetas Posteriores con quienes comenzó la profecía clásica israelita, aunque en sentido estricto el primer profeta fue Samuel, que no está incluido entre ellos.

La palabra “profeta” viene del griego y significa “hablar en nombre de”, indicando claramente la misión de estos hombres. El profeta es el que habla en nombre de Yahvé; es su voz en medio del pueblo.

Abrahán y Moisés son bíblicamente denominados Profetas, en el Génesis cuando Abimélec, el rey de Guerar, mandó que le llevaran a Sara, mujer de Abrahán, al pensar que era hermana de este, Dios le dice al rey “Pero ahora, devuélvele la mujer a ese hombre. Él es un profeta, y va a interceder en tu favor, para que salves tu vida.” (Cfr. Ge 20, 7) y en el Deuteronomio Moisés dice de si mismo “El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre vosotros, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán.” (Cfr. Dt 18,15). Además de los profetas que estamos mencionando y cuyos libros se encuentran dentro del canon, existieron otros profetas que también escribieron, pero no se conservan sus escritos, como los anteriormente citados Natán y Gad, y Semaías, que es nombrado como profeta en los libros de Reyes (Cfr. 1 Re 12, 22-24) y Crónicas “Cuando Roboam volvió a Jerusalén reunió a toda la tribu de Judá y la de Benjamín, ciento ochenta mil combatientes escogidos, para pelear contra Israel, para que reconocieran la autoridad de Roboam y se sumaran a su reino. Pero la palabra de Yahvé fue dirigida a Semaías, hombre de Dios. Le decía: Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los israelitas de Judá y Benjamín, y diles de parte mía: No suban a combatir con sus hermanos; que cada uno se vuelva a su casa porque

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estos acontecimientos vienen de mí.” Ellos escucharon la palabra de Yahvé y abandonaron sus propósitos de marchar contra Jeroboam” (2 Cr 11, 1-4).

Algunos de los mayores profetas, como Elías y Eliseo, no escribieron sus discursos proféticos y por lo tanto a veces se los llama “profetas orales”.

Los escritos de los profetas posteriores abarcan unos 400 años, entre los siglos VIII y V a. C., comenzando poco antes de la caída del reino del Norte en manos de Asiria, pudiéndose dividir cronológicamente en cuatro grupos.

Los profetas del siglo VIII a. C. fueron Jonás, Amós, Óseas, Miqueas e Isaías.

Durante esta época la potencia dominante era Asiria, que capturó y mandó al exilio a las diez tribus del Reino del Norte, desapareciendo este como nación.

En este siglo el papel principal de los profetas fue tratar de evitar la cautividad del Reino del Norte, clamando al pueblo para que volviese a la adoración del verdadero Dios, pero también, particularmente en el caso de Isaías, sostener al Reino del Sur en estos tiempos de gran crisis nacional.

Los asirios desaparecieron como dominadores antes de terminar la centuria y el Imperio Caldeo o Neobabilónico ocupo su lugar. Durante los años de transición entre la caída de Asiria y el resurgimiento de los caldeos, varios Profetas fueron enviados por Dios para que el pueblo de Judá emprendiera una reforma completa que impidiera la inminente cautividad babilónica. Entre esos profetas estaban Nahum, Habacuc, Sofonías y, tal vez, Joel.

Durante el periodo del exilio en Babilonia los Profetas fueron Jeremías, Ezequiel, Daniel y, quizás, Abdías.

Los mensajes de los Profetas durante este periodo tenían una constante común, ayudar al pueblo de Judá a entender el porqué Dios permitía el cautiverio, generar esperanza en la restauración y hacerles entender la

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oportunidad que les esperaba, si eran fieles a Dios, al regresar de la cautividad.

Jeremías se dedicó a propagar sus mensajes entre los habitantes de Jerusalén y de Judá, antes y durante el comienzo del cautiverio y Ezequiel se ocupó de los deportados en Babilonia.

Cuando concluyó el exilio, los Profetas Hageo y Zacarías alentaron al pueblo a levantarse y construir el Templo (520-515 a. C). Zacarías recibió una serie de visiones apocalípticas que describían el futuro que aguardaba a Israel durante la era de la restauración si eran fieles a Dios (Za 6, 15).

Alrededor de un siglo después de Zacarías vino Malaquías, siendo este el último de los Profetas del Antiguo Testamento.

La procedencia de los profetas era muy variada, sirva como ejemplo que Isaías probablemente era de las clases altas de Jerusalén y sin embargo Amós era un campesino de una pequeña aldea de Judá.

El elemento común a estos doce (trei asar) hombres, cuyas profecías se incluyen en un solo libro en el Tanaj e Isaías, Jeremías y Ezequiel fue que anunciaron el mensaje de Dios. Su misión les acarreó persecución, rechazo y hasta la muerte, porque Dios les pedía decir verdades que resultaban muy incómodas para los poderosos dirigentes y el pueblo, dado que denunciaban sus injusticias, su hipocresía religiosa y sus crímenes.

Aunque no eran escuchados por el pueblo, los Profetas fueron fieles a su misión, ofreciendo esperanza a los israelitas y asegurándoles que si ellos rectificaban podrían salvar a la nación de la destrucción.

Profetas posteriores

La clasificación de los libros que se incluyen dentro del apartado de los Profetas probablemente se realizó no atendiendo al contenido de los libros, sino teniendo en cuenta el oficio de su autor, puesto que hemos visto que en este apartado se incluyen obras de contenido histórico como son Josué, Jueces, Samuel y Reyes.

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Esto se pone de manifiesto cuando vemos que el Libro de Daniel no se encuentra incluido en este apartado, a pesar de que contiene algunos de los mensajes proféticos más importantes que encontramos en las Escrituras

Daniel fue fundamentalmente un hombre de estado en la corte del rey Nabucodonosor y quizás por esta razón no fue considerado dentro de la clasificación de los Profetas, a pesar de haber recibido algunas de las mayores visiones de todos los tiempos. Su libro se encuentra dentro de los Escritos y no junto a los de aquellos que dedicaron sus vidas solo al oficio profético, como fueron, por ejemplo, Ezequiel o Jeremías.

Para entender las preocupaciones de los profetas que se agrupan dentro de los calificados posteriores, concretemos un poco más el tiempo en que vivieron.

Amós, Oseas y Miqueas realizaron sus profecías durante el siglo VIII, una época de prosperidad y riqueza en el Reino de Israel, pero con una mala distribución de la misma, lo que producía abusos, corrupciones e injusticias sociales.

Nahum, Sofonías y Habacuc son tributarios de los enfrentamientos de los asirios, egipcios y caldeos que luchaban por tener la hegemonía del medio Oriente en el siglo VII: El mal gobierno de los reyes de Judea propicio el asedio de Jerusalén en el año 587 a. de C. y la deportación del Pueblo de Dios a Babilonia.

Después de la dominación babilónica, los israelitas fueron conquistados por el imperio persa, siendo este el ambiente histórico que vivieron Ageo, Zacarías, Malaquías, Abdías, Joel, Jonás, Baruc entre los siglos VI al III.

Durante el dominio de los persas, que practicaron una política religiosa de tolerancia, el Pueblo de Dios vuelve a su tierra y se estabiliza en el territorio, ocupándose especialmente de la reconstrucción del Templo y de la restauración de la fe de los padres, predicada por Esdras y Nehemías.

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Abadías es uno de los casos extremos de carencia de datos personales

que por regla general caracteriza a los Profetas. Del autor del Libro de Abdías, el más breve de los escritos proféticos del Antiguo Testamento, tiene solamente veintiún versículos, no sabemos nada relativo a su autor, puesto que de este profeta no existe ninguna descripción patronímica ni geográfica en la Biblia.

No obstante, algunos autores han querido identificarle con el príncipe enviado por Josafat, junto con otros príncipes, sacerdotes y levitas, para adoctrinar al pueblo en la ley de Yahvé (Cfr. II Cr 17, 7).

San Jerónimo relata una tradición judía, según la cual, Abdías no es otro que el mayordomo del rey Ajab, que llevaba el mismo nombre y que había ocultado a cien profetas (Cfr. I Re 18, 2).

De Habacuc tampoco sabemos nada, su nombre significa hortaliza, del hebreo “hábagqúq”, excepto que es el autor de su libro porque su nombre aparece dos veces en el mismo, al comienzo de los capítulos primero y tercero, o lo que es lo mismo, del primer y último capitulo, ya que el libro tiene solamente tres.

De la vida del autor no hay datos ciertos, sólo opiniones no contrastables con datos. En el libro de Daniel existe una referencia a un Habacuc profeta, pero es insuficiente para identificar al personaje con el autor del libro “El ángel del Señor le dijo: Lleva esa comida que tienes a Babilonia, a Daniel que está en el foso de los leones.” (Dn 14, 32-38).

Habacuc, en un lenguaje duro interpela a Dios queriendo conocer hasta cuando, la justicia y la bondad de Dios permanecerán calladas frente a las injusticias y las opresiones.

Jonás, (su nombre significa paloma en hebreo) parece ser que es el

mismo profeta hijo de Amati o Amitai (Cfr. Jon 1, 1) que en tiempo de Jeroboam II (783-743 a. C.) profetizó una victoria sobre los asirios, “Él restableció las fronteras de Israel, desde la Entrada de Jamat hasta el mar de la Arabá, conforme a la palabra que había dicho el Señor, el Dios de Israel, por medio de su servidor el profeta Jonás, hijo de Amitai, que era de Gat” (II Re 14, 25).

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La tradición judía cree que Jonás fue el que ungió al rey Jehú por orden del profeta Eliseo, según se describe en el segundo Libro de los Reyes en el capitulo nueve.

Los cuatro capítulos de su Libro no son profecías en sentido estricto, sino más bien el relato de un viaje del profeta a Nínive, probablemente escrito por él aunque habla en tercera persona, y de las aventuras que le ocurrieron con motivo de aquella misión.

En el Evangelio de Mateo (Cfr. Mt 12, 38-40) cuando algunos escribas y fariseos le piden a Jesús una señal, él les responde refiriéndose a Jonás que estuvo tres días y tres noches en el vientre de una ballena, en clara referencia a su Resurrección después de tres días.

Amós, como ya hemos comentado era un campesino originario de una

localidad de Judá, Técoa, que estaba situada a 20 kilómetros al sur de Jerusalén. Recordamos que el pueblo de Israel desde los tiempos de Salomón estaba dividido en dos reinos: al norte el reino de Israel, con capital en Samaría, y el reino de Judá al sur, con capital en Jerusalén. Amós originario del sur fue llamado por Dios para predicar en Samaría, capital del Reino del Norte en tiempos del rey Jeroboam II, después de que lo hubieran hecho Elías y Eliseo.

Amós, debido a sus orígenes humildes, queda deslumbrado por la riqueza y desigualdades del Reino de Israel, contra las que lucha. Se le llama el profeta de la justicia social, su libro contiene nueve capítulos y es el primero que en la literatura profética habla del “Día de Yahvé” como aquel en que la justicia de Dios pedirá cuentas al pueblo.

Oseas fue casi contemporáneo de Amós. Cuando alrededor del año

750 a. C., Amós finalizaba su misión en Israel, comenzó Oseas, que era originario del Reino del Norte e hijo de Beeri.

Ambos, que predicaron al final del reinado de Jeroboam II, fueron testigos de los mismos males, injusticia social, idolatría y olvido de Dios.

Oseas establece un paralelismo con su propia situación personal, que describe en los tres primeros capítulos del libro, la infidelidad de Gomer su esposa y la situación de infidelidad que los israelitas venían

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practicando para con Dios desde la misma salida de Egipto. Así como su esposa lo abandona por otro hombre, los israelitas abandonan a Dios para irse con otros dioses (Baal).

El resto de los catorce capítulos de su libro Oseas los dedica a esta situación, convencido de que el pueblo volverá a establecer una Nueva Alianza de amor basada en la fidelidad.

Isaías fue el profeta más importante, tanto por su mensaje como por su

personalidad, ejerció su ministerio en la segunda mitad del siglo VIII a. C., en Jerusalén, en los reinados de Jotán (740-734), Acaz (734-716) y Ezequías (716-687)12 de quien fue amigo y consejero.

Como él mismo describe, inició su misión a la muerte del rey Ozías en el año 740 a. C. “El año en que murió el rey Ozías, vi al Señor sentado en un trono elevado y alto, y el ruedo de su manto llenaba el Templo... Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Y respondí: Aquí me tienes, mándame a mí.” (Is. 6, 1-9) Durante el reinado de Acaz interviene enérgicamente contra la corrupción de Judá y Jerusalén.

No se sabe la fecha de su nacimiento; no obstante, como su vida profética comenzó, como hemos dicho, el año 740 a. C., es de suponer que debió nacer por lo menos dos décadas antes, es decir, entre los años 770-760 a. C., siendo por tanto, casi contemporáneo de la fundación de Roma como es sabido, se convino situarla el 21 de abril del 753 a. C.

Pertenecía a una familia aristocrática, estuvo casado y tuvo dos hijos. Fue un hombre culto y cercano a círculos de sabios y de funcionarios reales. Exhortó a Judá, asediada por el ejército asirio, a confiar sólo en Dios y a conocer sus caminos. Una leyenda judía tardía recogida por la obra apócrifa La Ascensión de Isaías, narra su martirio bajo el reinado de Manasés (693-639 a. C.), quien lo habría aserrado por la cintura.

12 Esta fecha es la que aporta el arqueólogo norteamericano Edwin R. Thiele (1895–1986), mientras que su compatriota y colega William F. Albright (1891-1971) ha datado su reinado entre 729 y 686 a. C.

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