El pasado siglo XX ha sido el escenario de la reflexión, discusión y crítica del planteamiento teórico del museo de cara a su maduración. Ésta se fue desarrollando hasta la actualidad, en que el museo, como tal, se ha visto acompañado por nuevas fórmulas de conservación y exposición del patrimonio más dinámicas, diversificadas y multidisciplinarias.
El museo decimonónico comenzó a ser el centro de la crítica a partir de los años 20, en relación a su papel como institución cultural convertido en un heterogéneo y confuso almacén muerto, con objetos de los que difícilmente se podía aprender. Paralelamente a la vertiente oficial de las políticas estatales, intelectuales y personas del mundo de la cultura inician una discusión teórica en torno al museo que favorecerá su renovación tras la Segunda Guerra Mundial y la creación de los organismos oficiales a nivel internacional, como la Oficina Internacional de Museos (precedente del International
Council of Museums). La celebración de reuniones, congresos y conferencias, y la
publicación de revistas especializadas sobre los nuevos planteamientos resultaron buenos métodos para la difusión internacional de las nuevas pautas museológicas104.
De todos modos, independientemente del movimiento intelectual en el plano teórico, el desfase entre los nuevos planteamientos propuestos y el estado de los museos tardaría mucho en compensarse. El museo legal y el real necesitaron un largo paréntesis para perder sus diferencias, y mucho más en el caso de los museos eclesiásticos.
Desde las primeras actuaciones en la formación de los museos diocesanos en las diócesis catalanas y su repercusión, con mayor o menor éxito, en otras sedes eclesiásticas del Estado, la situación no había variado notablemente en el panorama museístico religioso. Apenas unos cuantos museos, mayoritariamente diocesanos, se encontraban en funcionamiento, aunque con graves dificultades y con más voluntad, por parte de sus cuidadores, que medios. Las corrientes museológicas procedentes de los museos provinciales de arqueología y bellas artes, allí donde se habían formado, probablemente ayudaron a concienciar a muchos religiosos en la necesidad de conservar y mostrar aunque los resultados tuvieran más una apariencia de museos del XIX que de museos nacidos de las nuevas corrientes teóricas europeas.
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En el plano nacional no debemos olvidar la importancia de la Conferencia Internacional de Museos (organizada por la Oficina Internacional de Museos) celebrada en Madrid en 1934 cuyos resultados fueron publicados poco tiempo después.
En Galicia no se había creado aún ningún museo de titularidad eclesiástica, a pesar de los primeros intentos frustrados del cardenal Payá y Rico en la centuria anterior de formar el primer museo diocesano de Galicia en Santiago. Así que, en 1917, ostentará este privilegio el de la sede lucense al convertirse en el primer museo diocesano en territorio gallego. Poco tiempo después, en la década de los años 20, el rector de los padres Escolapios, instalados en el desamortizado Monasterio de Celanova, decide la creación de un pequeño museo en la sacristía con el conjunto de reliquias y objetos artísticos que habían sobrevivido a años de expolio y exclaustración. El siguiente eslabón de la cadena fue el Museo Catedralicio de Santiago de Compostela, en 1930, generado a partir de las obras olvidadas en el claustro de San Clemente tras la Exposición Regional de 1909 a cargo de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago, y las piezas recogidas por la catedral. En cualquiera de los casos, y a pesar de representar tipologías diferentes (parroquial, diocesano y catedralicio), el fondo de las colecciones nos remite a museos de características diocesanas, es decir, todos estos ejemplos recogen piezas de diferentes lugares que los estrictamente adjudicados a su especificidad. Y ello, probablemente porque entonces la estructura museística no estaba todavía definida y se habían convertido en los únicos interesados con suficiente capacidad de actuación para hacerlo realidad.
En el plano legal (del que nos ocuparemos más detenidamente en un capítulo específico) la normativa hasta ahora escasa, contradictoria e ineficaz, comienza a multiplicarse para dar cobertura a múltiples aspectos hasta ahora sin una base jurídica. Esta legislación abarcaba la reglamentación de los museos arqueológicos, la redacción de inventarios de los monumentos históricos, las declaraciones de Monumento Nacional, el reglamento de las Comisiones Provinciales de Monumentos, la enajenación de objetos artísticos, entre otras muchas cuestiones, hasta llegar a la Ley del Tesoro Artístico Nacional de 1933.
En el plano religioso, esta normativa se multiplica en la misma promoción y, frente a los anuncios y advertencias preventivas de los años anteriores, comenzamos a ver una reglamentación más estricta y específica en relación con los museos y la conservación patrimonial105. De todas ellas destacamos el R. D. del Ministerio de Gracia y Justicia de 9 de enero de 1923 sobre la enajenación de objetos artísticos que, independientemente de su origen civil, dedica una parte importante de su articulado al patrimonio religioso y a la formación de los museos diocesanos en su artículo séptimo al decir “El Gobierno
fomentará la creación de Museos diocesanos para la mayor conservación y custodia de
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Circulares de la nunciatura apostólica (a cargo del Nuncio Monseñor Ragonesi y del Nuncio Monseñor Federico Tedeschini) a los Excmo. Sres. Cardenales y a los Excmo. Sres. Arzobispos y obispos de España de 21 de junio de 1914 y de 7 de julio de 1922 sobre la conservación del patrimonio histórico y artístico de la Iglesia, Compilación legislativa del Tesoro Artístico Nacional, Ministerio de Instrucción Pública, Madrid, 1931.
las riquezas artísticas, históricas o arqueológicas de cada Diócesis”. Este movimiento
normativo en España venía siguiendo la tendencia iniciada en Italia en la formalización de los nuevos museos y la gestión del patrimonio histórico-artístico de la Iglesia con textos como la Circular de la Secretaría de Estado de Su Santidad a los Reverendísimos Ordinarios de Italia en 1º de Septiembre “para la tutela e incremento del arte sagrado”106.
En el campo específico de la Santa Sede en este principio de siglo, en 1910, bajo el pontificado de San Pío X (1903-1914), tiene lugar la ampliación del Museo Cristiano de Pío IX con el Museo Lapidario Hebreo, formado con 137 inscripciones procedentes de antiguos cementerios judíos de Roma107.
En Italia, tras el paso de León XIII, será Pío XI el prelado más preocupado por la codificación y organización del tema patrimonial y museístico que se hacía cada vez mayor. Este Papa se ocupó varias veces del Arte Sacro, desde la inauguración de la Pinacoteca Vaticana, el 28 de octubre de 1932108, hasta la formación de la Comisión Central para el Arte Sacro bajo la presidencia del Cardenal Ildefonso Schuster con la doble finalidad de velar por los monumentos antiguos y vigilar las obras nuevas. Su labor también se extendió a la creación de comisiones diocesanas de arte sacro por todas las diócesis italianas, en la celebración de congresos anuales de obispos, sacerdotes y artistas para hablar sobre esta materia109, y el impulso a los estudios de Arqueología Sagrada en los Seminarios.
Uno de los ejemplos más claros en España de las consecuencias de las disposiciones salidas de Italia fue la proliferación de exposiciones de arte sacro que se celebraron a partir de los años 30 (y mucho más a partir del fin de la guerra civil y el establecimiento del régimen de Franco). Exposiciones que, además de responder a los planteamientos teóricos de la conservación y difusión patrimonial, tenían un fuerte contenido político. Fue el caso de la Exposición Internacional de Arte Sagrado celebrada en Vitoria110 en 1939, con la bendición del Papa, cuyas conclusiones, publicadas ese
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FERRANDO ROIG, J. Normativa eclesiástica sobre Arte Sagrado, Montaner y Simon, S. A., Barcelona, 1940, pp. 153 y ss.
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Los Museos Gregoriano Profano, Pío Cristiano y Lapidario Hebraico, fueron transferidas, por voluntad de Juan XXIII (1958-1963) desde el Palacio de Lateranense a un nuevo edificio construido expresamente en el Vaticano. En 1970 estas colecciones fueron abiertas otra vez al público.
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“Sermo Occasionem nactus dedicationis novae Pinacothecae Vaticanae, die XXVII Oct. MDCCCCXXXII…”, en Acta Apostolicae Sedis, vol. XXIV, nº 11, 3 noviembre 1932, pp. 355-357. El 27 de octubre de 1932 se inauguraba la nueva Pinacoteca Vaticana en el edificio expresamente construido por el arquitecto Luca Beltrami según los deseos y las directrices de Pío XI. Se daba por resuelta la vieja cuestión concerniente a la exposición de las pinturas que, a falta de una sede adecuada, habían sido trasladadas continuamente dentro de los Palacios Apostólicos. La idea de una Pinacoteca, considerada en sentido moderno como exposición abierta al público, surgió en 1817 tras la caída de Napoleón y la consiguiente restitución a la Iglesia de gran parte de las obras de su pertenencia. Actualmente la colección consta de 460 cuadros distribuidos en 18 salas.
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FERRANDO ROIG, J. Normativa eclesiástica…, Op. Cit., p. 13.
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Se trataba de una exposición, organizada por la Jefatura de Bellas Artes del Ministerio de Educación Nacional, de objetos litúrgicos actuales que pretendían mostrar el arte más adecuado para la dotación de templos destruidos antes y durante la Guerra Civil. “La Exposición ha de abrirse en Vitoria, ciudadela de
mismo año, se centraban en la constitución de Comisiones Central y Diocesanas de Arte Sacro, desarrollo de cursos, conferencias y exposiciones sobre el tema, la publicación anual de una revista de arte sacro, y la inclusión en los programas de enseñanzas de clases sobre la liturgia, la música sacra y lo necesario para la formación de los nuevos artistas que han de crear los objetos religiosos y los templos.
Tras la Guerra Civil española, la tendencia catolicista se impuso como uno de los puntales del nuevo orden político, lo que favoreció la generalización del espíritu religioso en la sociedad civil y la proliferación de actos y manifestaciones de índole católica: exposiciones de arte sacro antiguo y moderno, comisiones de valoración de arte sacro, introducción de los valores religiosos en la vida cotidiana y la educación, celebración de las festividades religiosas con gran pompa o vuelta a la tradicional devoción de las reliquias.
Y todo ello en un período enmarcado por el trasfondo del final de la posguerra y el descontrol al que se vio sometido el patrimonio artístico de la Iglesia. Y es que, a pesar del interés creciente por la conservación, lo cierto es que la falta total de medios económicos y humanos había llevado a un abandono de la mayor parte de las parroquias. La falta de seguridad en las iglesias de los pueblos, el abandono de éstos en favor de la ciudad, la despoblación del campo, y las necesidades apremiantes de muchas parroquias por mejorar su situación, llevó a la venta de sus obras a coleccionistas, marchantes y anticuarios que se aprovecharon de una situación inmejorable que se alargó en el tiempo hasta los años 70.
De nuevo el coleccionismo artístico de arte sacro quedaba en manos de personas ajenas a la Iglesia y el único modo en que pudo reaccionar ésta fue con el impulso a los museos diocesanos, allí donde no se habían formado aún, y por parte de los párrocos más concienciados con la creación de pequeños museos parroquiales que garantizasen una “protección” contra el robo y la dispersión de los objetos parroquiales hacia el museo diocesano. Entre los factores que favorecieron la creación de estos museos también se encontraron la firma del Concordato con la Santa Sede en 1953, en la que se creaba una comisión para la vigilancia y conservación de las obras de la Iglesia, el ambiente católico de exaltación de la educación cristiana y sus vías, las nuevas directrices salidas del Concilio Vaticano II y las posibilidades de evangelización que ofrecían los museos religiosos.
lealtad y tradición de la España cántabra. Y se ha previsto, para su apertura, el Tiempo Pascual del presente Tercer Año Triunfal”. Junto con la exposición se organizaron actos paralelos como la Semana de Música
Sacra, la Semana de Arte Sacro, Conferencias sobre formación litúrgica, y sesiones de teatro y cine. Catálogo
de la Exposición Internacional de Arte Sacro, Ministerio de Educación Nacional, Jefatura Nacional de Bellas
El final del proceso evolutivo de los museos eclesiásticos y del coleccionismo religioso termina en nuestros días con un importante esfuerzo de la Iglesia en la mejora de sus equipamientos museológicos y el establecimiento de convenios con los diferentes niveles de la administración pública para llevar a cabo proyectos museológicos de calidad y con voluntad de servicio al público, católico o no.