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EL ESTADO DE LA CUESTIÓN EN GALICIA

In document Los museos eclesiásticos en Galicia (página 190-194)

En lo que respecta a Galicia, la precocidad de los primeros proyectos de fundación de un Museo del Seminario en Santiago de Compostela en 1883, sorprende, y, a la vez, sitúa la actividad al mismo nivel de lo que entonces estaba surgiendo en el país. Antes de los años 80, en Cataluña se habían dado pequeños pasos en torno a los museos diocesanos, animados por las exposiciones retrospectivas de arte. No obstante, no fue hasta mediados de los 80 y los 90 cuando las ideas se convirtieron en realidad. Santiago de Compostela muestra, sin embargo, un impulso importante e innovador algunos años antes, coincidiendo con otros proyectos de tipo civil como el Museo Arqueológico de la Sociedad Económica de Amigos del País de esa ciudad (1884).

Por R. O. de 10 de abril de 1866 se había autorizado a los prelados de las diócesis españolas a tomar las medidas necesarias para que, en sus respectivas jurisdicciones, no se dispusiera de los objetos artísticos o arqueológicos que existiesen o fueran descubiertos en las iglesias y sus dependencias sin previo conocimiento de la Academia de Bellas Artes y la Comisión Provincial de Monumentos correspondiente325, lo que nos pone en la pista de hasta dónde llegaba el control estatal en material patrimonial y la situación de las diócesis sometidas a las determinaciones de los organismos institucionales creados a tal efecto. Sin embargo, la preocupación de la Iglesia por sus

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Ver “Los Museos de las Dióces is”, en Galicia Diplomática, tomo IV, nº 42, 3 noviembre 1889, p. 305.

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posesiones en el campo artístico ya había comenzado algunos años antes con la publicación de órdenes para la formación de inventarios de las alhajas, ornamentos y libros parroquiales en todas las iglesias, como ocurrió en la diócesis compostelana en 1860326, o la llamada a la vigilancia especial de los objetos de valor en las parroquias.

Por su parte, en estos años, la Iglesia comenzaba a embarcarse en la complicada tarea de conocer y controlar lo que había quedado de sus propiedades artísticas o con valor histórico destacado. Para ello, la diócesis compostelana recurrió, de nuevo, en julio de 1889 a la recomendación de la formación de inventarios (punto en el que se había insistido en el Congreso Católico Nacional del mes de abril). Expresamente se dice: “... y

dispone que en ellos se asiente cuanto á las iglesias pertenezca, por el orden siguiente: 1º Altares e imágenes. 2º Vasos sagrados, alhajas y objetos metálicos destinados al culto, como cruces, candeleros, etc. 3º Ornamentos sagrados y demás ropas, como son manteles, cortinas, etc. 4º Muebles de la iglesia, por ejemplo, armarios, bancos, etc. y 5º Archivo parroquial, especificando los libros y legajos.”327. Se trataba de avanzar en un camino en el que el primer paso era el conocimiento de lo que todavía se conservaba para, a partir de ahí, estudiar el modo de salvaguardarlo, bien dictando medidas protectoras, bien planteando proyectos de creación de museos diocesanos. Estas inquietudes son generales en todas las diócesis del país aunque sus esfuerzos, medios y resultados, variarán de un lugar a otro.

En la línea de lo que ocurría en Cataluña, el cardenal Payá y Rico comenzó, en 1883, las gestiones para la creación de dicha institución a raíz del descubrimiento de la cruz parroquial de Loimil del siglo XIII, que pasaría a ser su primera obra328. Este nuevo museo (que se esperaba fuera el primero de estas característica en España) reuniría exclusivamente obras de arte cristiano y religioso para servir de complemento al curso de Arqueología Sagrada329 para los sacerdotes que en el futuro debían hacerse cargo de las diferentes parroquias de la diócesis “(...) á fin de que nuestros curas párrocos respeten y

restauren con inteligencia los monumentos confiados á su celo; ayuden a descubrir las antigüedades que abundan en lugares y villas, y se hagan amar cada vez más por la ilustración y el patriotismo de sus estudios y obras”330. Completando la función educadora, se insiste en la importante labor conservadora del proyecto y recuperadora de todos

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Por O. de 13 de abril de 1860 el Arzobispo de Santiago de Compostela ordena la redacción de dichos inventarios. Esta orden se vuelve a repetir el 16 de Septiembre de 1862.

327

B. O. A. S., año XXVIII, nº 1182, 1 julio 1889, pp. 306-7.

328

Ver “Miscelánea”, en Galicia Diplomática, tomo II, nº 21, 2 de diciembre 1883, p. 164. Esta cruz finalmente acabó en el Museo de la Sociedad Económica de Santiago, hasta el 4 de noviembre de 1896 en que el párroco de Loimil solicitó su devolución a su Director. A. R. S. E. A. P. S., Caja 97, Sig. 648/10.

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A partir de 1887 es titular de esta materia el insigne historiador gallego D. Antonio López Ferreiro que había colaborado activamente en la formación del Museo Arqueológico de la Sociedad Económica. SERRANO TÉLLEZ, N. “La creación de los Museos…, Op. Cit., p. 245.

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Ver “Los museos de Antigüedades en Santiago”, en Galicia Diplomática, tomo II, nº 22, 8 de diciembre 1883, p. 166.

aquellos elementos artísticos arrinconados hasta ese momento en las sacristías y los templos.

La iniciativa fue apoyada desde el principio por la revista Galicia Diplomática y, personalmente, por su director Bernardo Barreiro. También lo fue la propuesta de 1889 de dotar a cada una de las restantes diócesis gallegas de un museo propio. Esta idea, proviene, sin duda, de las conclusiones extraídas del Congreso Católico Nacional celebrado de Madrid en ese año. La revista Galicia Diplomática se hizo eco del Congreso y publicó artículos relativos a las conclusiones obtenidas de él. En concreto, afirmaba sobre los museos eclesiásticos que su creación “... sería poderoso elemento de ilustración

del clero y de cultura popular; fomentaria la afición á los estudios é investigaciones histórico-artísticas; y avivaria el sentimiento del arte en todas las clases sociales, difundiendo el amor á la belleza artística contenida en las obras producidas por el arte cristiano; todo ello con gran beneficio de las costumbres y aumento de la piedad”331.

Las ideas traídas desde el Congreso de Madrid a Santiago impregnaron la conciencia de miembros de la Iglesia compostelana y de importantes personalidades de los círculos culturales de la ciudad, como don Bernardo Barreiro y don José Villamil y Castro (que actuó como comisionado de la Sección de Asuntos Artísticos Religiosos). Este apoyo se hizo público en la carta enviada a Galicia Diplomática por éste último tras observar el fracaso en que se había convertido el proyecto de creación de un Museo Arqueológico Central en Santiago, para el que se cedería su propia colección, la del Museo de la Sociedad Económica de Santiago, piezas del Cabildo de la Catedral y donaciones particulares. En vista de que ese museo civil no llegaría a realizarse nunca, por causas financieras y burocráticas, Villamil parece centrar sus esfuerzos en el Arqueológico del Seminario al decir:

“Ya en el Congreso Católico, reunido en el pasado paño, abogué hasta donde mis

fuerzas alcanzaron a favor de la creación de museos eclesiásticos de antigüedades. Oi entonces con inefables satisfacción las noticias que el señor Obispo de Vich me dio sobre el que ya había él creado. Y ahora no ha sido menor el placer que he recibido al ver que el Ilustrísimo Prelado de Astorga procedía á la creación de otro en la capital de su diócesis.

La creación, pues, de museos arqueológicos por los prelados ha pasado ya de la categoría de proyecto para entrar en la de hechos realizados”332.

Si en su escrito defiende férreamente la creación del Museo del Seminario, varía su postura en lo que respecta al resto de museos diocesanos que podrían abrirse en cada una de las cuatro restantes diócesis gallegas, de modo que “... en ninguna de estas

331

Ver “El Congreso Católico reunido en Madrid y Galicia Diplomática en la Sección 5ª”, en Galicia

Diplomática, tomo IV, nº 18, 5 mayo 1889, p.140. 332

VILLAMIL Y CASTRO, J. “Museo Arqueológico”, en Galicia Diplomática, tomo IV, nº 42, 3 noviembre 1889, p. 306.

poblaciones podría reunirse caudal de objetos ni para un mal gabinete, incapaz de estudio comparativo y no susceptible de metódica y científica catalogación.

Desparramados en cinco poblaciones los restos, no muy copiosos, de las antigüedades gallegas, su estudio sería dificultosísimo, mediante la comparación de objetos y, á parte de esto, dispendioso, largo y molesto, pocos le acometerían”. La

apuesta por un museo centralizador en Santiago de todas las riquezas artísticas e históricas de la Iglesia gallega parece clara, además de proponerse como más efectiva y rentable en el campo académico y económico.

Se interrelacionan, pues, en estos años, los proyectos de carácter civil y los eclesiásticos con mayor o menor fortuna, pero con una idea fundamental como es la de crear una base sólida de desarrollo museal y la formación de una red de museos que, finalmente, no llegó a buen puerto. El Museo, de carácter civil, de la Sociedad Económica, fue el único que se mantuvo en activo hasta la creación de los museos provinciales y de nuevas colecciones en centros eclesiásticos, ya en el siglo XX, como el Museo Diocesano de Lugo en 1917, el pequeño museo de los Escolapios de los años 20 en Celanova y el Museo de la Catedral de Santiago en 1930.

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