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2.1 Los Thesauri medievales “Cuando la Iglesia lo dominaba todo”: raíces de los museos.

In document Los museos eclesiásticos en Galicia (página 41-44)

Tal y como explica Julius von Scholsser en su obra sobre el coleccionismo manierista en el norte de Europa, el tesoro del templo es superior a la cámara del tesoro del príncipe terrenal en tanto que el dios es considerado señor por encima de todo poder terrenal. Por ello que el tesoro del templo adquiere un valor añadido que es el de pertenecer, en mayor o menor grado, a toda una comunidad y poseer un valor social de vital importancia33: es el resultado de la devoción de un pueblo a lo largo de los siglos. La tradición, comenzada en la Antigüedad, de realizar ofrendas a los dioses, es seguida por el cristianismo durante toda la Edad Media34 aunque no será hasta el siglo VII-VIII cuando comience a generalizarse el uso de los ajuares funerarios o las donaciones.

A ello contribuirán positivamente, según las épocas, diferentes acontecimientos, como la afluencia de materiales exóticos y de lujo desde Oriente, las Cruzadas, la época dorada de las peregrinaciones, etc., que favorecieron el enriquecimiento de los tesoros catedralicios. Con el tiempo, no sólo el valor simbólico resultó importante sino que el uso de materiales preciosos y de gran estimación económica se hizo cada vez más importante, para las Iglesias como modo de prestigio y poder, y para el donante como un “seguro” al que podía recurrir en caso de necesidad económica. Los intereses espirituales,

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SCHLOSSER, J. von. Las cámaras artísticas y maravillosas del Renacimiento tardío, Ed. Akal, Madrid, 1988, p. 9.

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HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, F. El patrimonio cultural: la memoria recuperada, Ed. Trea, Gijón, 2002, pp. 18-20.

económicos y sociales fueron los encargados de gestionar este nuevo patrimonio. En la Edad Media el eclesiástico actuaba como un señor feudal más, también en su modo de atesorar riquezas como reserva monetaria, copiando así la actitud de la monarquía y la nobleza medieval, aunque con una justificación aparentemente diferente.

El gran valor que llegaron a adquirir estos tesoros se debió, en gran medida, al tipo de objetos que los componían. Es evidente que el protagonista de esta época fue la reliquia, que atraía a miles de peregrinos llegados de todo el Occidente en busca de una protección ante el mal. El fenómeno de la reliquia dio origen, a su vez, a nuevas iglesias levantadas sobre lugares relacionados con los santos, a la formación de relicarios en metales preciosos, a la creación de ajuares que acompañaran la urna, a peregrinajes multitudinarios y a un nuevo “comercio” de reliquias que servía como reclamo de nuevos centros religiosos. En Galicia poseemos uno de los casos más importantes en el santuario Compostelano, convertido en el centro de peregrinaciones más importante del Occidente junto con Roma y Jerusalén35. Hasta tal punto resultó importante la cuestión de las reliquias que el arzobispo Gelmírez no dudó en enriquecer a la basílica y a la ciudad con nuevos restos traídos de otros centros europeos.

Junto a las reliquias, las sacristías catedralicias se fueron completando con todo tipo de objetos destinados a la liturgia: cálices, patenas, cruces, relicarios, vestimentas… que, debido a su suntuosidad, se convirtieron en verdaderos tesoros cuyo objeto era prestigiar el topos sagrado en el que se encontraban. En el caso de Santiago de Compostela, estos objetos del Tesoro no tuvieron un estatuto definido hasta finales del siglo XIV cuando el obispo don Juan García Manrique y el cabildo determinan que los cálices de oro y plata, las vestimentas de lujo y los ornamentos del servicio del Altar fueran únicamente utilizadas para el oficio divino, prohibiéndose su custodia en otros lugares que no fuesen el tesoro de la catedral o el sagrario del altar36.

En Galicia existen testimonios de esos tesoros en muchos monasterios y santuarios medievales de los que don Ambrosio de Morales nos dejó descripción. De Mondoñedo recoge que “Reliquias tiene muchas menudas, sin distinción, y sin testimonio,

sino son dos cabezas de las once mil Vírgenes”, de Celanova dice “en la sacristía tienen reliquias, y son huesos grandes. No saben cuyos, ni dan razon de ellos; yo creo cierto son de los dos cuerpos santos de San Rudesindo y Santo Torcuato (…) Tienen allí la mitra de

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HERBERS, K. “La devoción a Santiago de Compostela: Origen del culto y primeras peregrinaciones”, en XII

Rutas Cicloturísticas del Románico, Pontevedra, 1994, pp. 91-97 y HERBERS, K. “Cruzada y peregrinación.

Viajes marítimos, Guerra Santa y devoción”, en XV Ruta Cicloturística del Románico, Pontevedra, 1997, pp. 127-131. La creación del mito de Santiago el Mayor en España no respondía sólo a motivos religiosos y devocionales sino también a planteamientos políticos de primer orden. HERBERS, K. Política y veneración de

santos en la Península Ibérica. Desarrollo del “Santiago político”, Fundación Cultural Rutas del Románico,

Pontevedra, 1999.

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PEREZ RODRÍGUEZ, F. La Iglesia de Santiago de Compostela en la Edad Media: el cabildo catedralicio

San Rudesindo, y es de lienzo con sola una fagita de hilo de oro por la boca. Por ser muy pequeña parece la con que le enterráron, y que tuvo otra mayor y mejor. Tambien están tres anillos suyos, dos de plata dorados, con cristales grandes, y uno de oro con corniola grabada. El cáliz del Santo es pequeño, de plata dorada y muy ancha copa como todos los antiguos: no hay mas de una ampolla del Santo, y esa es de cristal con el pie de plata dorada”, y de Xunqueira de Ambía relata “reliquias tienen menudas encerradas en los altares, y memorita muy antigua de lo que son”37.

La opulencia de estos tesoros y sacristías está ampliamente documentada en el caso español a través de la rica literatura de viajes en la que los protagonistas nos describen con una fidelidad, a veces asombrosa, las riquezas de las catedrales y los monasterios peninsulares. “Entré, primeramente, en el amplio “Sagrario”, decorado con

tan perfectas pinturas, que me parecía entrar en la Capilla Sixtina, y después me enseñaron las alhajas que se guardan en los arcones”. Este es el inicio de la descripción

que Jerónimo Münzer nos hace, entre 1494-5, del tesoro de la Catedral de Toledo, uno de los más ricos de entonces38. El sacerdote italiano don Juan Bautista Confalonieri también dejó su particular descripción del tesoro compostelano en 1594, cuando nos dice que “Junto a la sacristía hay otra estancia donde se guardan muchas reliquias, y en particular

la cabeza de Santiago el Menor, en plata, con muchos huesos de dicho apóstol, en cuya fiesta hacen mucha solemnidad; una cruz grande de plata, antigua, con un crucifijo lleno en su interior de madera de la Santisima Cruz, de tamaño mayor que un dedo grande; otra, tambien con [reliquia] de la Cruz, muy verdadera; una Espina de la corona de Cristo, la mayor que nunca he visto, muy gruesa y larga y en la punta se ve la sangre; está en un [relicario de] cristal, plata y oro”39.

Tampoco faltan inventarios de la época que nos detallan el contenido de los tesoros en cada momento, como el legajo compilado en la sede compostelana por el archivero Cardenal Valcarce en el siglo XVIII con las “Visitas y recuentos de las Sctas.

Reliquias, Plata, Ornamentos, y mas cosas desta Sta. Iglesia. Y asimismo de las Lámparas; y quien las a dado, y tiene obligación a encenderllas. Y desto ay un apeo antiguo, que está entre los papeles del Deposito. Ansimismo ay aquí papeles tocantes á algunas de las Stas. Reliquias que ay en esta Sta. Iglesia”40.

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MORALES, A. de. Las antigüedades de las ciudades de España que van nombradas en la Crónica con las

averiguaciones de sus sitios y nombres antiguos, Madrid, 1792, pp. 147, 198 y 204. 38

MÜNZER, J. Viaje por España y Portugal en los años 1494 y 1495, Madrid, Tipografía de la Revista de archivos, bibliotecas y museos, 1924, p. 154.

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GUERRA CAMPOS, J. “Viaje de Lisboa a Santiago en 1594 por Juan Bautista Confalonieri”, en C. E. G., vol. XIX, 1964, p. 225. La sala que detalla es la llamada Capilla de San Fernando que sirvió de relicario entre 1544 y 1641.

40

LÓPEZ FERREIRO, A. Historia de la Santa Apostólica Metropolitana Iglesia de Santiago, Santiago de Compostela, vol. XI, adiciones, p. 79.

Junto con las reliquias, los tesoros de las catedrales comenzaron a llenarse de objetos extraños, exóticos y diferentes que llegaban de países lejanos del Oriente, a los que se les atribuía ciertas propiedades mágico-protectoras y que destacaban, precisamente, por su rareza. Son elementos encuadrados dentro del concepto de

naturalia, es decir, objetos raros, o más bien llamativos, de la naturaleza (cuernos de

elefantes, huevos de avestruz, conchas marinas, raíces de mandrágora, cocos, etc.). En España son conocidos los ejemplos del Monasterio de Guadalupe o la propia Catedral de Santiago41 en la que un cuerno de elefante era admirado no sólo por su condición de rareza sino por haber pertenecido al héroe Roland (al igual que ocurría con el olifante de la Catedral de Aquisgrán, considerado el cuerno de caza de Carlomagno). El resto de objetos que poblaban estos tesoros los conformaban piezas valoradas por su antigüedad, en un intento por prestigiar y legitimar un pasado hundido en las raíces del cristianismo o procedentes del mundo musulmán, en referencia a la lucha contra el infiel y la formación de botines de guerra. En Galicia podemos referenciar, en el llamado Tesoro de San Rosendo del Monasterio de Celanova (actualmente conservado en el Museo de la Catedral de Ourense), un anillo cuyo engaste es una piedra gravada de época romana o las ocho piezas del antiguo juego de ajedrez fatimí.

2.2.- El fin del monopolio coleccionista religioso. Nace el

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