Detrás de esa luz que todo Líder emana, hay un crisol de habilidades, personalidades y aptitudes que hacen que esa persona, y no otra, sea un modelo a seguir. Todas y cada una de esas cualidades son las razones para que un solo individuo le siga allá donde vaya. Están basadas en valores, formas de actuar, de transmitir e incluso de relacionarse.
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aplicando los valores del deporte
Cualquier detalle importa; “el perfeccionista”
“Es el detalle el que marca la diferencia entre un saltador y otro”, recalca Javier Illana. Para él, un verdadero Líder tiene que ser perfeccionista, con el afán siempre presente de ser mejor que el otro, porque “eres tú contra el mundo cuando te subes al trampolín”, explica. Y es en ese momento, “cuando te tienes que lucir”. Illana se describe a sí mismo como un perfeccionista, que incluso ha llegado a extremos obsesivos, estudiando sin descanso las formas de tirarse para que todo movimiento saliera perfecto.
Además, “ha de inculcar disciplina”, opina Martín Fiz, “en todas las facetas de la vida, desde que te levantas hasta que te acuestas, para hacer de ti un profesional y que cumplas los objetivos”.
Tiene que ser humilde
“Un ídolo debe ser humilde y saber compartir sus conocimientos con los demás”, expica David Casinos. El atleta está convencido de que todo Líder tiene que compartir lo que lleva dentro y enseñarle a la gente “como lo hacen, como lo vive con total naturalidad”. Además, tiene que saber escuchar, “ser capaz de hacerse entender y sacar lo mejor de las personas mediante la palabras y los gestos”.
No autoritarios
Los deportistas han vivido en sus propias carnes el efecto nocivo de contar con entrenadores y líderes que ejercían una autoridad excesiva sobre ellos, “tuve un entrenador ruso que era así, mi palabra le daba igual, solo le importaba que entre- nara, y yo creo que ese es uno de los grandes fallos”, analiza Javier Ilana. No es que el saltador de trampolín no valore su aportación en su carrera, porque cree que le ha ayudado a posicionarse, pero si le compara con su entrenador actual, Arturo Miranda, se queda con este. “Es una persona en la que puedes confiar, y te ayuda a que confíes contigo mismo. No te va a decir lo que tienes que hacer, por si fomenta el camino: que tú sepas lo que debes hacer, aunque nunca te va a poner impedimentos y siempre escucha”, explica. “Gracias a él he podido superarme”.
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EL LIDERAZGO
“Si tú a un niño le metes presión, se vendrá abajo porque es un niño y puede que no esté preparado”, explica Hombrados. La metáfora que él utiliza sirve muy bien para explicar la razón por la que el autoritarismo no debe ser el mejor rasgo de un Líder: siempre ha de tener presente que ha de sacar el mejor partido de su equipo, y no logrará con rudeza, sino con cercanía, empatía y comprensión. La presión que ejerce un autoritarismo exagerado debe cambiarse por una fuerza de compromiso, flexible pero lo suficiente como para que el equipo tome conciencia y la cumpla en la medida de sus posibilidades.
El buen Líder, es capaz de “notar ciertos puntos donde el niño aguanta el trabajo y el procedimiento, y son pistas para pensar que puede ser un buen jugador”, explica el portero de balonmano.
De la misma manera, el buen Líder no se impone porque no lo necesita. “Hace que la voluntad de la masa le siga de forma automática sin necesidad de llegar a ello”, explica Manu Sarabia.
Tiene la capacidad de servirse de su seducción natural en lugar de la imposición. “El verdadero liderazgo no se impone, se gana”, afirma Manu Sarabia. El ex jugador de fútbol opina que a un Líder le eligen los demás, porque “no llega uno mismo, y dice ‘aquí soy el mejor’. Eso se tiene que demostrar, sabe y actúa como cree que debe actuar y eso le lleva a ser Líder”.
Cualidades físicas, inteligencia y carácter
Tiene que haber una base sólida para que alguien crea que destacas por algo. Como subraya Joel González, “tiene que saber de lo que está hablando”. Pero además, ha de tener “físico y valores” para dedicarse a cualquier deporte, opina JJ Hombrados.
También hay que tener cualidades innatas, “en mi deporte hay que ser ágil, tener coordinación y reflejos”, añade. No obstante, es consciente de que “hay que trabajar en ellos”. Si un Líder no trabaja y potencia sus habilidades, puede perder su posi- ción privilegiada. Tanto que puede llegar otra persona con menos físico, pero con mucho más trabajo y esfuerzo y desbancar al que tenga más aptitudes de base, “hay muchos porteros de raza y luchadores natos que no son altos y han podido triunfar”,
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recuerda Hombrados, porque han cultivado esas habilidades y han destacado gracias a su esfuerzo continuado.
Debe “tener una fuerte personalidad, ser alguien que no se deja manejar por nadie y que tiene las ideas bastante claras”, añade Felipe Reyes, “y sobre todo ser un buen ejemplo para que te sigan y remen en tu dirección”.
Capacidad de soportar la presión
Tiene que ser una persona “con carácter”, porque según Hombrados debe saber gestionar la presión en determinados momentos importantes, sobre todo cuando te enfrentas a las finales. “El equipo espera lo mejor de ti ese día”, argumenta. Y es que la figura del portero en balonmano es más importante que en otros deportes, hasta tal punto que puede determinar el resultado de un partido que le sea adverso.
“Mentalmente es duro. Creo que tienes que tener un gen ganador para aguantar, capacidad de soportar críticas y presión importantes, capacidad de concentración y saber dar prioridad”, explica Fernando Hierro. Lo dice con conocimiento de causa, después de estar 14 años jugando en uno de los equipos de fútbol más importantes del mundo y más vigilados por los medios de comunicación.
Tiene que tener algo que le haga ser diferente
Coco Chanel decía que una persona era elegante cuando nadie notaba que llegaba a un lugar, pero que cuando se iba, todo el mundo era consciente de su ausencia.
Es lo que ocurre con un Líder natural: “tienes que tener algo diferente que te haga destacar sobre los demás”, reflexiona Carla Giudici. Por eso no hay dos líderes que sean iguales, cada uno puede destacar en una actitud pero todos comparten la capa- cidad de saber hacia dónde hay que ir y son capaces de encaminar al resto en esa dirección, “tienes que tirar de mucha gente, de ti, de muchas cosas. Hay que saber gestionar todas las situaciones que se te presentan”, prosigue, y por ello deben destacar por encima del grupo. A veces está solo en sus manos el hecho de buscar un sponsor para un equipo, gestionar un viaje, o darle la vuelta a una derrota para
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que no influya negativamente. Es el que tiene una solución para cada problema, por eso le hace ser diferente al resto.
Inculca valores
El primer entrenador de Martín Fiz, su profesor de matemáticas, además de despertar en el atleta vasco la pasión por correr, le enseño que “había que trabajar mucho, día a día, relacionarte con un entorno con las mismas inquietudes”, recuerda.
Para el atleta, un buen Líder es la persona que además de enseñarte, te inculca valo- res y la ilusión necesaria para “pasarlo bien”, pero también con espíritu de ganador. “Si figura es primordial en mi carrera”, afirma.
En toda su carrera profesional, Martín Fiz ha tenido cuatro entrenadores y de cada uno de ellos “he aprendido una cosa diferente porque cada persona y cada etapa de tu vida se requiere cosas diferentes”. El Líder como entrenador tiene que ser consciente de cuáles son esas necesidades para cubrirlas, y el Líder como corredor, en esta caso Martín Fiz, ha de ser responsables para cubrir esos objetivos.
A pesar de que entre el Líder y su equipo ha de existir un trabajo conjunto, debe hacer que su equipo sea autónomo, tiene que “apoyar, escuchar y guiar pero no tiene que fomentar la dependencia”, opina Javier Illana. “Es tu compañero de viaje, pero los objetivos a cumplir son los tuyos, no los suyos”. Entre las funciones de un buen Líder, también está la de dotar a su equipo de las herramientas y procedimientos necesarios para alcanzar la meta.