La matriz socio-política rafaelina
socialismo 82 y una pequeña agrupación denominada Partido Pitista , que
2.4. Cuarta etapa (1983-1991): el vecinalismo
La transición a la democracia en este país fue un proceso complejo, en el que se pusieron en juego distintos procedimientos de salida de la dictadura militar y de entrada a la institucionalidad democrática. Rasgos principales de esta transición, según diferentes autores que analizan este proceso, podrían ser el renacimiento partidario
112Véase La Opinión (1981).
113 Sobre el accionar de los gremios locales durante esta época, las fuentes orales que
pudieron contactarse (Ambroggi, Rosita, Entrevista a Rosita de Ambroggi; Maina,
Américo, Entrevista a Américo Maina), como así también la información obtenida de las
Actas de la Cámara de Industriales Metalúrgicos (Actas Nº 31-37, 1976-1977) y de los diarios locales, permiten entrever que, si bien hubo huelgas por mejoras salariales, no se advirtieron movilizaciones u otro tipo de acción sindical de carácter más masivo o violento. En general, la patronal mantuvo “…cordiales y efectivas relaciones con autoridades laborales, gremiales de la ciudad…” (ACIM, Acta Nº 31, 1976: 49). Respecto de la actividad de algunos focos de la denominada “nueva izquierda argentina” en la ciudad (Hilb y Lutzky, 1984), si bien no existen investigaciones que aborden esta temática en profundidad, entrevistas realizadas a algunos ex-integrantes refieren que hubo rafaelinos vinculados a Montoneros, al Ejército Revolucionario del Pueblo y al Partido Comunista. Muchos de ellos ya venían militando desde la escuela secundaria en la agrupación Fuerzas Armadas Peronistas; otros comenzaron la militancia a partir de la vinculación con una parroquia local cuyo sacerdote pertenecía a la línea tercermundista y realizaban acciones de ayuda social en barrios carenciados, y algunos otros, cuando comenzaron sus estudios universitarios en otras ciudades, como Santa Fe o Esperanza.
(Revista El Satélite, 2008; Peirone, Ricardo, Entrevista a Ricardo Peirone.). A pesar del
activismo de algunos referentes de esta nueva izquierda, y de intervenciones militares en la ciudad (Aterrizaje de un Boing 737 en un campo muy cercano a Rafaela, tomado por Montoneros en el marco de la “Operación Primicia”; el conocido caso del secuestro del militante Montonero rafaelino, Reynaldo Hattemer, en la puerta de una parroquia de la ciudad cuando asistía al casamiento de su hermano, y la desaparición de dieciocho militantes), en general, la población se mantuvo más bien al margen de toda la violencia política de estos años.
y la profusión de afiliaciones en casi todos los partidos -especialmente en los mayoritarios- (Novaro y Palermo, 2006); todo ello en el marco de un “convulsionado armado de un sistema político” (Cavarozzi, 2006) reflejo, a la vez, de una incertidumbre política, sobre todo por el lado del votante (Vommaro, 2006).
La situación de este momento en la ciudad de Rafaela fue, en ciertos aspectos, singular con respecto a la política a nivel nacional; en otros, corrió la misma suerte, es decir, los partidos tradicionales dieron marcha a la maquinaria partidaria electoral, discutiendo candidaturas, elaborando estrategias de campaña, o retomando viejas y conocidas fórmulas, etc. La particularidad local, en cambio, se presentó con el nacimiento, desarrollo y consolidación de un partido vecinalista. Si bien este tipo de agrupación no fue una novedad a nivel nacional, ya que a partir de lo que pudo indagarse sobre el surgimiento de otros partidos vecinales de la misma época, éstos surgieron bajo la promoción de los militares114 (Adrogué, 1993; Pavón, 2001), el que aquí interesa se
conformó por fuera de la órbita castrense, bajo la figura de un ex-dirigente ucrista y referente político de la ciudad tras haber ejercido el cargo de intendente por catorce años: Rodolfo Muriel.
Este vecinalismo en su versión rafaelina, recogió algunas de las características propias de los vecinalismos o “vecinazos”115 que se dieron en la Argentina a principios de los ochenta, como ser: el descreimiento por la política, los políticos y partidos tradicionales, anteponiéndolos con figuras como la del “buen vecino”, aquel candidato que lucha por la
114De acuerdo con lo que refiere Héctor Pavón, las fuerzas armadas, en su intentona “de
armar lazos con la sociedad luego de los primeros años de terror”, fomentaron la formación de este tipo de partidos, de los cuales los ejemplos más acabados podrían verse en Tigre, Esteban Echeverría, La Plata, en la provincia de Buenos Aires y algunos otros en Entre Ríos. Posiblemente haya trabajos que estudien alguno de estos partidos, pero al momento de producir esta investigación no se ha dado con ningún material, aspecto que se tratará de completar a futuro en la medida en que se profundice esta línea de análisis. Cfr. Pavón (2001).
autonomía comunal, por una administración eficaz y transparente, por los problemas cercanos de la comunidad, sin los vicios de la “vieja” política; la conjunción de personas de diferentes espectros políticos e institucionales, que constituye el factor de mayor poderío de este tipo de organización, pero también la fuente de las posibles discordias y diferencias (Candía, 2001; Taylor y Flint, 2002).
En contraposición con la inestabilidad institucional que se venía viviendo desde los sesenta a nivel nacional, pareciera que en Rafaela la política local, cada vez más aislada, trasgredió esta tendencia: los intendentes se mantuvieron por mucho tiempo, eran casi siempre los mismos, a pesar de tratarse de períodos históricos muy diferentes, y esto les permitió un margen de maniobra prospectivo y coherente con los intereses locales, esto supuso el fortalecimiento de la eficiencia y el desarrollo. Para el rafaelino medio, esto supone un aval importante, más allá del color del partido o de los antecedentes de los gobernantes.
En este sentido, no importaba si Muriel, un tradicional representante del ucrismo, había “traicionado” al partido oficiando como interventor durante el onganiato116, en todo caso, lo que quedaba en el
imaginario del rafaelino era que entre 1959 y 1973, había hecho importantes obras para la ciudad. Pareciera, en definitiva, que esto le valió el apoyo en la vuelta de la democracia.
Con respecto a los orígenes del vecinalismo, no podemos precisar si fue una idea del propio Muriel, o de “un grupo de gente que vino a
116 En entrevista con la autora, un ex - dirigente radical, Pablo Comtesse, refiere esta
suerte de “traición” al partido por parte de Muriel: “El radicalismo una vez lo invita a afiliarse , a él y a casi todos los del MAV y el radicalismo lo afilia. Entonces, yo planteo la impugnación de la afiliación de él, porque había dos líneas paralelas […] Muriel había quedado con el golpe de Estado de Onganía al frente del gobierno, es decir, lo habían volteado a Illia y se habían quedado con los militares, entonces dónde estábamos parados…lo tercero no me acuerdo, era bastante gordo… Ahí empieza un poco el planteo contra Muriel, de mi parte, y empiezo a participar en política particularmente porque no me gustaban esos manejos, que se estaban haciendo mal las cosas.”
hablar con él, para armar un movimiento, para presentarse a las elecciones del ´83” (Muriel, Fernando), o una mezcla de ambas situaciones117. A diferencia de otros movimientos vecinales de la época118, no se trató de un tipo de organización autogestiva producto de la movilización de algunos vecinos en torno a demandas específicas (vivienda, trabajo, seguridad, etc.), que podría poner en evidencia cierto límite entre la sociedad civil y la competencia específicamente política. Por lo que se argumenta a continuación, puede afirmarse que en Rafaela119 primero surgió el Partido e inmediatamente y a continuación
tomaron cuerpo las agrupaciones vecinales que se identificaron con él y que lo nutrieron. De modo tal que, en el vecinalismo rafaelino, estuvieron presentes formas tradicionales de hacer política, con innovaciones propias de la condiciones históricas que dieron origen a la “ebullición ciudadana” de principios de los ochenta. A continuación, se realiza un análisis de aquellas circunstancias que favorecieron los orígenes y el desarrollo del Movimiento de Afirmación Vecinalista120, sus características
principales y su ocaso, puesto que son parte del contexto a partir del cual se dan las condiciones de cambio político en los años noventa.
117 De acuerdo con la entrevista realizada a Hugo Marzioni, uno de los colaboradores
primigenios del movimiento, Muriel habría sido quien fomentara desde hacía tiempo la idea de conformar un partido de tipo vecinal: “Un día llegó a Rafaela el ex-ministro Frigerio, Muriel me invitó a la charla y fui. Ahí entramos a compartir ideas y me fui embalando, me gustaron las ideas y se habló de la formación de un partido vecinal. Ahí me gustó más, porque me sentía más cómodo. Trabajar en Rafaela, era mucho más simple para mi…trabajar en la Provincia, en la Nación…no quería moverme. Cuando me dijo de un partido vecinal de Rafaela, me entusiasmó de tal manera que le dije “vamos por más”, quiero ser tu primer colaborador y quiero hacerlo “ya”, más o menos esas
fueron las palabras. Inmediatamente nos entramos a mover, mejor dicho, un día me
llamó Muriel y me dijo ´vamos a hacerlo´ y nos reunimos 6 personas. […] Estábamos
yo, Rodolfo Muriel, Gerardo Piedrabuena, Omar Schiavi y un señor que era fotógrafo de apellido Dessi, Roberto Dessi, y el ´gordo´ Ricardo Avendaño.” Marzioni, Hugo,
Entrevista a Hugo Marzioni.
118Véase González Bombal (1988); Candía (2001).
119Lamentablemente no se han podido encontrar hasta el momento otros estudios sobre
el surgimiento y las características de partidos vecinales con los que pueda cotejarse este caso.