la historia de ese cultivo es fascinante. Para el caso de las pocas haciendas al- godoneras todavía existentes en la región central y en Piura, la crisis provocada
por la guerra del Pacífico no se debió tanto a la destrucción física, sino más bien a las condiciones por ella creadas: cupos, ausencia de créditos, cierre de mercados de exportación, disminución brusca de la mano de obra servil ante- riormente captada. Hacia 1884, se exportaba solo un tercio de lo efectuado en la década anterior. Tanto la escasez de mano de obra como las oscilaciones de los precios mundiales de algodón hicieron que estos años fueran muy difíciles para el sector. la solución adoptada consistió en reducir los riesgos en la producción y captar mano de obra por el sistema de aparcería para mantener los niveles productivos. además, la oferta exportable se redujo. la producción norteame- ricana de fibras cortas y suaves inundó el mercado británico e impidió ampliar el acceso de las fibras áspera y semiáspera de las variedades nativas locales; sin embargo, la revolución tecnológica en la industria textil de esos años hizo po- sible que se empezaran a aceptar fibras largas y ásperas. los mercados externos demandaban marginalmente los subproductos de la pepa de algodón, luego del proceso de extracción de grasas —la denominada torta—, para utilizarlos como alimento de animales. así, luego de la crisis mundial de 1894, la situación mejo- ró para los precios del algodón y, por consiguiente, la producción pudo superar el nivel conseguido antes de 1879.
entonces, el gran ciclo del algodón se inició hacia 1895. el empuje del mer- cado mundial estuvo acompañado por un estímulo local en pequeña escala, proporcionado por el surgimiento de una industria textil en lima a inicios de siglo. Todo ello coadyuvó a que, a diferencia del azúcar, la demanda de merca- dos fuera correspondida por una respuesta inmediata de la agricultura litoral. entre 1900 y 1910, la cantidad de hectáreas del cultivo algodonero aumentó dramáticamente de 22 mil a más de 56 mil ha, con el consecuente aumento de la producción, de 9 a más de 23 mil toneladas, y del empleo, que incluía a más de 20 mil trabajadores hacia 1909.
luego de 1910, hubo cierto letargo en el precio mundial del algodón, se- guido por el inicio de la Primera guerra mundial (1914) y por los desequili- brios en el mercado que esta produjo, como fueron los enormes problemas de crédito y precios de los productores locales. Tras la superación de tales pro- blemas, vendría una época de bonanza tanto en precios como en volúmenes, en general, para todo el sector exportador peruano; seguida por la guerra y, a diferencia del resto de la oferta exportable, de una continuidad en los buenos precios y un acceso creciente a mercados más allá de 1920, en virtud de la plaga de gorgojo que afectó a los campos norteamericanos en 1921. Hasta que no se recuperó la producción mundial en 1925, los precios y mercados tendieron a ser contraproducentes, mientras que la cantidad de hectáreas de cultivos y la pro- ducción fue ascendente: las primeras pasaron de 55 a 120 mil entre 1916 y 1925, y la última de 27 a 45 mil toneladas para el mismo período. como resultado, el empleo se duplicó.
además, en virtud de las dificultades que siempre mostraban las fibras nativas y las importadas por los productores locales, el administrador de una hacienda de Pisco, Fermín Tangüis, logró genéticamente en 1912 una nueva variedad local, de fibra suave y corta, lo que llevó inmediatamente a que los productores de la costa central la incorporaran en sus tierras y, para 1919, ya figuraba en las exportaciones peruanas. los hacendados de Piura consiguieron buen resultado con otra variedad adaptada a sus condiciones ecológicas: la va- riedad norteamericana Pima. de esta manera, mercados y ofertas adecuadas hicieron posible una época dorada del algodón.
ahora bien, todo este dinamismo fue posible gracias a factores esencia- les de producción disponibles con relativa facilidad: tierra, agua y crédito. la cantidad de tierras bajo cultivo de algodón creció debido a que haciendas y medianas propiedades, antes que comprar tierras cultivadas, irrigaron pam- pas disponibles y cambiaron sus cultivos. así, la cantidad de tierras irrigadas creció en el departamento de Ica, en el de Piura y en el valle de cañete. en Piura, por ejemplo, los diversos márgenes del río chira fueron irrigados, como fue el caso de la obra llevada a cabo, desde 1902, por miguel checa, con apo- yo de la Peruvian corporation. También en el caso del río Piura, la alianza de Hilbck, schaefer, seminario y ostemdorf permitió la creación de la compañía Irrigadora limitada (1900), que irrigó tierras en el bajo Piura, para lo cual se apropió de grandes extensiones de la comunidad de catacaos, por medio de ventas cuestionables. asimismo, Hilbck individualmente instaló bombas de agua en diversos fundos comprados y terminó dominando el margen izquier- do del río Piura. la compra coercitiva de tierras eriazas a las comunidades, su
cuadro 7
Área sembrada, ProduccIón y consumo InTerno de algodón (1901-1929)
año Área sembrada (miles de ha) Producción (toneladas) consumo interno (toneladas) 1901 22,9 9.611 1.600 1905 28,7 9.882 2.350 1909 56,7 18.719 2.700 1916 55,6 27.426 3.200 1920 104,0 38.396 3.053 1925 119,0 45.467 3.050 1929 127,0 65.591 3.700
irrigación y la concentración de la propiedad fueron características del bajo Piura. diversos comerciantes, como mendoza Hnos. o calixto romero, com- pletaron el panorama de un sistema de habilitación, compra de tierras y reven- tas que terminó reduciendo significativamente las tierras de las comunidades de castilla, catacaos o Querecotillo.
el código de aguas de 1902 concedió enorme poder a los hacendados en el manejo hídrico en las cuencas, quienes pasaron a controlar la distribución de la misma. aunado a ello, vendían fertilizantes a los pequeños propietarios, les da- ban crédito y finalmente los endeudaban, lo que brinda una idea de lo sucedido con el mercado de tierras en aquellos años. además, hubo otras canalizaciones, como la tardía irrigación estatal de las Pampas de nuevo Imperial, en cañete, efectuada por el gobierno de a. b. leguía en los años veinte; pero, estas obras fueron llevadas a cabo de manera predominante por la iniciativa privada.
otro elemento que permitió una mayor disponibilidad de tierras para el cultivo del algodón fue que, frente a la creciente incertidumbre y competencia en el sector azucarero, muchos agricultores cambiaron de cultivos. de esta for- ma, un valle emblemáticamente azucarero como el de cañete se convirtió en algodonero. entre 1901 y 1909, la producción allí pasó de 621 a 2.544 toneladas de algodón. en chincha baja se abandonó el sembrío de menestras para pasar igualmente a este cultivo, mientras que chincha alta se especializó en los vi- ñedos. en 1915, el 66% de las tierras chinchanas estaba cubierto de algodón, al igual que el 48,5% de las tierras de Pisco. en general, se fue dibujando un pano- rama de azúcar en el norte y de algodón en Piura y la costa central, compartido con viñedos en Ica.19
Por su lado, el crédito fue fluyendo, lenta y sostenidamente, conforme cre- cía el cultivo. al inicio, solo las casas comerciales —como grace, locketts o duncan Fox— habilitaban a los medianos y grandes agricultores con créditos a corto plazo, mientras la enorme cantidad de pequeños agricultores-propie- tarios lo eran por hacendados vecinos o pequeños comerciantes. a pesar de la bonanza, la baja rentabilidad comparada con otras actividades nacionales, así como la complejidad del mercado de agricultores, con centenares de media- nos y pequeños acreedores, desanimaban a las entidades financieras. recién en 1918, el banco Italiano se animó a participar en el negocio de la habilitación a los algodoneros, pero a pequeña escala y básicamente a agricultores grandes y medianos conocidos. Hasta 1930, el crédito seguiría estando controlado por las casas comerciales y por pequeños habilitadores.
si bien crédito y disponibilidad de tierras acompañaron el proceso, también lo hizo la estrategia de utilización de la mano de obra. el sistema de arrenda- miento (aparcería o yanaconaje) fue el mecanismo preferido de los hacendados
para expandir el cultivo en sus tierras, por medio de la provisión de recursos económicos, semillas o herramientas de labranza a sus contratistas. no obstan- te, numerosos estudios señalan que, conforme se dinamizó el proceso de pro- ducción algodonera, el interés por aumentar la productividad y, en general, por mejorar los procesos productivos llevó lentamente a un recorte de privilegios en este sistema: véase en el cuadro 7 cuál fue la reacción de los productores frente a los malos precios de mediados de la década de 1910 y tras 1925. en todo caso, todavía en la década de 1920, aunque en menor grado, se usaba mano de obra asalariada y permanente y se seguía apelando al arrendamiento. Para la multitud de pequeños propietarios, el trabajo directo en sus propias tierras era la constante y, a veces, emplearse en las haciendas vecinas. recuérdese en este punto que la naturaleza estacional del cultivo determinó un empleo masivo de mano de obra temporal (jornaleros), por parte de la hacienda o sus aparceros; esta mano de obra, mayormente serrana, se empleaba en tiempos de cultivo y cosecha.
es bueno anotar que grandes y medianos agricultores, a pesar de algunas excepciones al invertir en forma personal o colectiva en fábricas de jabones o aceites, o procurar seguir conservando el proceso de desmotaje en la propia ha- cienda, terminaron dejando buena parte del encadenamiento productivo y del mercadeo en manos de las casas comerciales. así, la inglesa duncan Fox abrió numerosas desmotadoras en distintos valles y, pronto, un apreciable porcentaje del algodón producido era desmotado en estas centrales, fuera de las haciendas. como ella, otras casas entraron en el negocio de compra de la producción en cha- cra, habilitación y posterior desmote, empacado y exportación o venta a las fábri- cas textiles limeñas, algunas en manos de la duncan Fox. Por cierto, los pequeños productores fueron los primeros en acogerse a este tipo de economías a escala, aunque muchas haciendas siguieron conservando cierto margen de autonomía.20
luego de 1925, el sector se hundió en una crisis, debido a la caída de los pre- cios mundiales y a una abundante producción. además, en 1925, un fenómeno de el niño redujo la producción. en los siguientes años, el sector tendría muchas dificultades. Tal vez por ello, en 1927, el gobierno de a. b. leguía, muy a su pesar, creó el crédito agrícola, para colaborar con los bancos y las casas comerciales al proveer crédito barato a tantos agricultores con diversas necesidades.