II. La comunicación atrapada en un discurso colonialista
3. Cultura, poder y comunicación
Insertar la comunicación en el terreno de la cultura, como un fenómeno político-social, es posible una vez se ha mostrado cómo los procesos de intercambio de sentido se encuentran enraizados en contextos complejos, de racionalidades económicas, política y culturales singulares.
El apitalis o e te dido o o u a ed glo al de pode , i teg ada po p o esos e o ó i os, políti os ultu ales, u a su a a tie e todo el siste a (Castro-Gómez, 2007, p. 17), expone las complejas interconexiones que constituyen nuestro escenario de enunciación. De antemano anuncia, la necesidad latente de desarrollar un nuevo lenguaje que dé cuenta de las imbricaciones de estas relaciones, para alejarse así de las limitaciones epistémicas que el lenguaje heredado por las ciencias sociales del siglo XIX nos ha dejado.
Sin embargo, llegar a esa construcción implica reconocer la importancia del papel de los sistemas simbólicos y de los discursos en la configuración de los modelos sociales. Sin lugar a dudas, se puede afirmar que la comunicación se ha convertido en un espacio estratégico de los procesos económicos y políticos. Naturaleza que se escapa a una visión del acto comunicativo como mera transacción inst u e tal: la o u i a ió es p i e o u he ho ultu al políti o o té i o – esto si e haza u a isió de la atu aleza, a la ez útil pa a do esti a el u do … – simplemente porque el hombre se encuentra de este lado del espejo del mundo que llamamos el sentido y la acción. Para nosotros, el universo se inclina hacia un lado y no hacia otro, se expande e la di e ió de la ele ió de la o ie ia o e el de la o jeti a ió . Maig et, , p. 17)
Los medios, al ser la materialización más visible y poderosa de los procesos de comunicación en la sociedad, han pasado de ser concebidos como simples superficies de soporte, ha ocupar un lugar p otagó i o e la fo a ió , la ep odu ió la o testa ió de o ju tos de p á ti as de creen ias, ue ez la de a e a i diso ia le pode ultu a Maig et, , p.
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La elección de un medio determinado, así como la selección de los contenidos que circulan sobre este, obedece a la forma como se estructuran y articulan las corrientes de sentido y de poder det ás de di hos edios. ‘e o o e ue los edios o stitu e ho espa ios la es de o de sa ió e i te se ió de últiples edes de pode de p odu ió ultu al Ma tí Barbero, julio-diciembre, 2002, p. 19), es un ejercicio por comprender que el modo como la comunicación se actualiza - cobra vida en el aquí y en el ahora social – en un espacio determinado, no es el resultado de una mera estructura física o técnica, ni se orienta, únicamente, por criterios de eficacia o impacto.
Visualizar las mediaciones implícitas en la relación comunicación, cultura y poder, es un elemento esencial en la configuración de un escenario que permita el levantamiento de una lucha, desde el conocimiento, a favor de la representación y el reconocimiento de mudos otros. La revolución atribuida en el siglo pasado a las mujeres, cobra hoy otras dimensiones como la de los indígenas, los homosexuales y los ecologistas; una lucha ceñida de manera protagónica sobre el mundo de la cultura y la política.
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Para este punto se hace ya un poco más evidente, la noción de la que se vale la comunicación so io é t i a pa a defi i se o o u p o eso so iopolíti o. Es la ida so ial toda la ue, a t opologizada, de ie e ultu a (Martín Barbero, julio-diciembre, 2002, p. 15). Si partimos de esta definición, los puntos de conexión entre los actos comunicativos y la cultura serían, básicamente, todos. Sin embargo, y bajo la claridad de que esa conexidad total entre cultura y comunicación reafirma la relación indisoluble entre estos dos términos, con el fin de hacer una serie de precisiones en favor del tema que nos concierne, se pueden mencionar tres puntos fundamentales:
- Quien realiza la enunciación, lo hace determinado por las condiciones particulares de un escenario localizado geográfica, política, económica y socioculturalmente.
- Lo dispositivos comunicacionales se han convertido en agentes desterritorializadores, herramientas de desdibujamiento de las subjetividades.
- La comunicación se presenta como mecanismo de difusión y estructuración de nuevas formas de aprehender y estructurar el entorno social.
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Se percibe, entonces, una doble naturaleza de la cultura. Por un lado, actúa como contenedor de las condiciones que posibilitan y modelan el ejercicio de la producción y recepción de sentido; en general, es el escenario donde las prácticas comunicativas cobran vida. Por el otro, es el resultado de esos flujos e intercambios de sentido que ella misma contiene. Desde esa perspectiva de la cultura como escenario automodificable, se sustenta la lucha por revolucionar el modo como tradicionalmente se han articulado los sistemas de valor hegemónicos. En palabras de Jesús Ma tí Ba e o: Lo ue esta os i te ta do pe sa es la hegemonía comunicacional del mercado en la sociedad: la comunicación convertida en el más eficaz motor del desenganche e inserción de las culturas – étnicas, nacionales o locales – en el espacio/tiempo del mercado y de las tecnologías glo ales. … pe sa el luga est atégi o ue ha pasado a o upa la o u icación en los nuevos
odelos de so iedad julio-diciembre, 2002, p. 15).
Un lugar estratégico porque los procesos de comunicación, a través de los cuales se da lugar a la construcción de políticas de ordenamiento, de protección y de reconocimiento, posibilitan re- construir la escena sociocultural, es decir, modificar las condiciones que dan lugar a los procesos de apropiación, creación y acción. Por ejemplo, el modo como los individuos, de manera colectiva, interactúan con las formas de poder. Una reconstrucción propicia, debido a que la cultura está sie p e e t elazada o si ple e te de i ada de los p o eso de la e o o ía políti a. Las relaciones económicas y políticas no tienen sentido en sí mismas, sino que adquieren sentido para los actores sociales desde espa ios se ióti os espe ífi os o «episte es» Cast o-Gómez, 2007, p. 16).
Es a través de lenguaje como los intercambios discursivos encuentran una herramienta de determinación y enunciación de la realidad sociocultural; el sentido se adquiere y otorga a través del lenguaje, esa herramienta fundamental para organizar y comprender los fenómenos sociales. La comunicación como acontecimiento cultural, como proceso social, se fundamenta en dinámicas de a á te si óli o. la edia ió de las itualidades nos remite al nexo simbólico que sostiene toda comunicación: a sus anclajes en la memoria, sus ritmos y formas, sus escenarios de i te a ió epeti ió Ma tí Ba e o, julio-diciembre, 2002, p. 19)
Con respecto al problema del poder, a la hora de poner en diálogo a la comunicación y a la política, lo más adecuados sería hablar de una economía política de la comunicación. Es decir, de
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las relaciones sociales, y dentro de estas las relaciones de poder, tejidas en torno a los diferentes ciclos productivos que se involucran en esta relación de doble vía.
Por un lado, tenemos la relevancia cobrada por los medios como canales y escenarios de configuración de la sociedad, espacios que dan vida a la formulación, recepción y creación de múltiples fe ó e os de a á te políti o, ultu al so ial. El edio o se li ita a ehi ula o traducir las representaciones existentes, ni puede tampoco sustituirlas, sino que ha entrado a o stitui u a es e a fu da e tal de la ida pú li a Ma tí Ba e o, julio-diciembre, 2002, p. 16). Las superficies de transmisión se superan como herramientas de carácter operativo, y entran a ser parte inherente de los discursos, como poseedores de significado y de sentido. Más que dar una respuesta al cómo, dentro del proceso de enunciación, los medios se insertan en el qué, el por qué y el para qué de las prácticas sociales a través de las cuales los individuos construyen sus relatos.
Se suma a esta participación tan activa de los medios, la naturaleza misma de la acción política, la ual o o siste e la ag ega ió de pu tos de ista p e o st uidos, si o e u a i te i a le discusión por caminos diversos, que produce una auto-alte a ió de los pu tos de ista. Maig et, 2005, p. 344) De manera semejante a la comunicación, la política se erige como un acto de creación, una construcción en donde interactúan sujetos activos y diversos en sus lenguajes, creencias, opiniones y argumentos.
Definir la política como una interacción pública, no determinada en sus móviles de manera predeterminada o autónoma, sino sujeta a las dinámicas propias de la confrontación y el cuestionamiento, de la puesta en relación de sujetos y colectividades que se enuncian desde la particularidad de sus escenarios, nos acerca a una percepción discursiva y dinámica de los flujos de pode ue teje el u do so ial. La ida políti a e pe petua ela o a ió ole ti a, lle a de contradicciones, nunca cerrada sobre sí misma, se fundamenta en una imaginación social, una producción de palabras, de imágenes, de calendarios, de jerarquías, mediantes los cuales el «pue lo» se ela o a, se o iliza, se i agi a e últiples f a io es ue se opo e e i te a túa (Maigret, 2005, p. 349)
Comunicación y cultura se convierten, entonces, en un escenario obligatorio de batalla política. Desde una perspectiva instrumental, mediocéntrica y conductista, la comunicación y la cultura podían ser vistos como simples objetos de la política, sin embargo, actualmente se hace evidente
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el carácter constitutivo que tienen estos dos campos dentro de las relaciones de poder; son escenarios esenciales de enunciación y lectura de los intereses propios a los sistemas de valor, sean estos hegemónicos o marginales. Las mediaciones entre comunicación, cultura y política, se pueden convertir en un conducto legítimo, a través del cual la alteridad encuentre un mecanismo para cristalizar en estados sociales, las ideas y opiniones, producto de la diferencia
En efecto, los discursos totalizantes del pensamiento colonial han encontrado en los escenarios mediáticos una fuente de legitimación social, una herramienta fundamental de control sobre la dis u si idad, u i st u e to de legiti a ió de u pode dis i i ato io. Los á itos semióticos tales como los imaginarios massmediaticos y los discursos sobre «el otro» son un elemento sobredeterminante de las relaciones económico – políticas del sistema capitalista, y que la lucha por la hegemonía social y política del sistema pasa necesariamente por el control de esos
ódigos se ióti os Cast o-Gómez, 2007, p. 16)
En efecto, los discursos cobran legitimidad desde las instituciones, sean estas gubernamentales, o grandes organizaciones supraestatales. No obstante, el poder político no es sólo ejercido por los gobiernos y por sus instituciones derivadas como la policía, las superintendencias, el ejercito, sino que además, y de manera poderosa, es ejercido por otro tipo de instituciones, no ligadas formalmente con las anteriores. Es el caso de las universidades y de las demás instituciones de carácter educativo, que tiene de manera supuesta la funcionalidad de distribuir el conocimiento. Aún cuando tanto unas como otras no dejan de ser fieles vasallos, en la mayoría de los casos, de ese espíritu moderno de liberación ficcional.
Lo anterior, ya que no importa bajo qué nombre se ejerza la dominación, los alcances de lógicas tan poderosas como la moderno/colonial han logrado permear gran parte de los escenarios sociales. Se persigue, en última instancia, una necesidad política de alimentarse de la comunicació o o ehí ulo de e pa sió , legiti a ió do i io: el dis u so —el psicoanálisis nos lo ha mostrado— no es simplemente lo que manifiesta (o encubre) el deseo; es también lo que es el objeto del deseo; y ya que —esto la historia no cesa de enseñárnoslo— el discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, po edio de lo ual se lu ha, a uel pode del ue uie e u o adueña se. Fou ault, , p. 13)
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Política y comunicación siempre han estado relacionados, sin embargo, lo que se ha ido transformando es la forma como, desde el poder, se ha buscado abordar a los sujetos, con el fin de establecer canales que representen, de la manera más efectiva, los vínculos encargados de vender la idea de proximidad y unión, tanto entre la sociedad misma, como entre ella y sus instituciones. Dominar los imaginarios y todos los productos simbólicos que gobiernan esas filiaciones políticas, a través de la construcción de una cultura política.
Es decir, por medio de una lógica de articulación de las relaciones de poder, una lógica reconocida difu dida legiti ada desde los es e a ios de e u ia ió de le tu a. “i ha la de ultu a política significa tener en cuenta las formas de intervención de los lenguajes y las culturas en la constitución de los actores y del sistema político, pensar la política desde la comunicación significa poner en primer plano los ingredientes simbólicos e imaginarios presentes en los procesos de fo a ió del pode . Ma tí Ba e o, julio-diciembre, 2002, p. 16)
Si es en el cumplimiento de su labor de mediación socialmente productiva, donde la comunicación garantiza la inserción de los discursos en las diferentes formas de interacción social cotidiana, es en los parámetros que motivan la selección de contenidos, en las fuerzas de poder detrás de las políticas de construcción de los lenguajes, en los imaginarios que circulan en ese escenario mediático y comunicacional, donde se debe fortalecer el carácter creativo tanto de la política como del acto comunicativo. Pues por un lado, ni el impacto social, ni los productos sociales, derivados del accionar político son separables de las interacciones simbólicas que ocurren en el es e a io so ial; i, po el ot o, el a á te pa ti ipati o de la democracia es hoy real por fuera de la es e a pú li a ue o st u e la o u i a ió asi a Ma tí Ba e o, julio-diciembre, 2002, p. 16)