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II. La comunicación atrapada en un discurso colonialista

1. Hacia un enfoque sociocentrista

Mediocentrismo Vs Sociocentrismo

Uno de los pliegues subyacentes a esta discusión es el surgimiento de unas dicotomías, estudiadas con amplitud desde Richard Hoggart, Roland Barthes, Félix Guattari, entre muchos otros, respecto a la forma como se ha estudiado, y por tanto aprendido, la comunicación. Por un lado, se tiene a una comunicación fundamentada en lo técnico, alimentada por un imaginario instrumental, de carácter centralista y conductista. Por el otro, una comunicación basada en un modelo sociológico, atravesada por vectores de carácter político, económico y cultural.

Lo que se enfrenta es la reducción de los procesos de comunicación a la existencia de unas herramientas de transmisión de datos e información, y con estas a sus derivados mecanismos de cuantificación de resultados en términos de eficiencia, eficacia, alcance, etc., contrapuesto a la complejidad propia de la puesta en relación entre seres históricos, geopolíticamente dete i ados, ue apu ta al ideal de u a azó o pa tida, de u a ple itud ela io ada o el i te a io Maig et, , p.

El estudio de la comunicación como un fenómeno determinista e instrumental, ha contado con dos vicios en particular, dos reducciones fundamentales. En un primer nivel, ha mutilado la comunicación humana a un mero ejercicio entre máquinas que codifican y decodifican mensajes, en un modo hasta cierto punto complejo, con el fin de satisfacer una necesidad de carácter transaccional, efectista. En un segundo nivel, está la idea de la manipulación mental por parte de los medios. Una concepción pasiva y sumisa de los receptores, quienes actúan de manera mimética ante los flujos de información, debido a la reducción del problema de la comunicación al registro de lo técnico, a los efectos de los medios sobre los individuos, omitiendo sus derivaciones e implicaciones culturales. Dichas falencias, en mayor o menor medida, tuvieron voz, de acuerdo a

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su respectivo momento histórico, a través de la teoría matemática de la información, la lingüística estructural y las demás ramas del estructuralismo, los estudios sobre los efectos de los medios masivos, el funcionalismo, entre otros.

La centralidad otorgada a los medios, así como el reduccionismo físico-técnico del problema de la comunicación, permite denominar como mediocentrismo a esta corriente de pensamiento abocada hacia los efectos. Ahora bien, si por un lado se comprime la complejidad de un proceso como el comunicativo a un fenómeno primordialmente biológico, soportado en herramientas e instrumentos de carácter físico, por otro lado, justamente estas superficies son exaltadas a un punto, tal vez, de idealización; los soportes de intercambio ocupan un lugar central en teorías comunicacionales, muy importantes, como la cibernética de Norbert Wiener y la corriente del mcluhanismo.

Esta comunicación mediocéntrica, enfocada sobre los textos y abstraída de los contextos, olvida la importancia de las dimensiones políticas y culturales, al quedarse en un nivel, por denominarlo de alguna manera, natural. La gravedad de dicha omisión implica, por tanto, la emergencia de una necesidad: configurar una ciencia social de los medios, sus públicos y sus emisores. Una comunicación volcada sobre lo social, inscrita dentro de un modelo cultural, atenta de los contextos de emisión y reproducción, así como de las singularidades propias de los sujetos involucrados. Un sociocentrismo, fu da e tado e u a elati iza ió de los o jetos e e efi io de una valorización de las lógicas de acción. Los medios sólo son elementos del gran conjunto so ial o los dete i a tes e te os de este o ju to … está ediados po los g upos los i di iduos … La o u i a ió o es ta to u dato i u flujo de datos si o una relación permanente de sentido y de poder cuyas cristalizaciones son los contenidos y las formas de los

edios. Maig et, , p.

Como se verá en un apartado posterior, lo que importa a esta corriente, la sociocéntrica, es preguntarse por los procesos detrás de la acción fáctica de transmisión. Indagar sobre un individuo activo y no pasivo, sobre los flujos de poder y de sentido circulantes detrás de las lógicas de producción y de las condiciones de reproducción, acercarse a la cuestión de cómo se construyen esas acciones humanas a partir de las cuales y por medio de las que cobra vida este tipo de intercambios discursivos.

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No se trata de negar el aporte hecho en su momento por parte de los paradigmas orientados hacia la comunicación instrumental, la comunicación máquina, sino simplemente llamar la atención sobre la incapacidad de estos modelos para explicar la comunicación humana. Dicho de otra forma, el enfoque sociocéntrico implica y reconoce la importancia del nivel técnico y físico, pero no se li ita a ellos. Apela os, e to es, a dos pe spe ti as de la o u i a ió : i ada desde la socialidad, la comunicación se revela cuestión de fines – de la constitución del sentido y del hacerse y deshacerse de la sociedad-, mirada desde la institucionalidad la comunicación se convierte en cuestión de medios, esto es de p odu ió de dis u sos pú li os Ma tí Ba e o, julio-diciembre, 2002, p. 18)

Producto de una tradición moderno/colonial, la centralidad en la técnica y en la ciencia del enfoque mediocéntrico, no es una tendencia olvidada en los alrededores de la década de los cincuenta, por el contrario, cobra vigencia en una sociedad como la actual, donde el impresionante avance de las tecnologías hace visible un retorno, desde escenarios como el académico, de las mediaciones a los medios. Un deslumbramiento frente a las grandes posibilidades de estas nuevas herramientas, que, sin embargo, parecerían ser tan sólo una forma más de expansión del discurso capitalista, una ratificación de una lógica tendente al devenir de la so iedad e e ado; ajo la apa ie ia de a io alidad de u u do ada ez ás o fo ado por la tecnología y la ciencia, se manifiesta la irracionalidad de un modelo de organización de la sociedad que, en lugar de liberar al individuo, lo sojuzga. La racionalidad técnica, la razón i st u e tal, ha edu ido el dis u so el pe sa ie to a u a di e sió ú i a … Esta «so iedad u idi e sio al» ha a ulado el espa io del pe sa ie to íti o. Mattela t, , p.

Sociología y comunicación

De manera escueta se podría decir que la sociología es la ciencia encargada de estudiar los fenómenos sociales. Dentro de la pretensión de ubicar a la comunicación dentro de este grupo de fenómenos, empieza la vinculación entre estos dos términos. Cuando se habla de una sociología de la comunicación, se hace referencia a una comunicación vista desde lo social, al considerar la so iedad o o ese es e a io ási o de e u ia ió le tu a. La pe spe ti a so iológi a deja de ser la de una disciplina particular para convertirse en una lugar ancho y alto desde el que se mira, y ese lugar es el de las transformaciones que vive lo social en cuanto tejido básico de la

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Ahora bien, parados desde este escenario, resulta difícil encontrar prácticas humanas que escapen a ese carácter social, antes descrito. Es el caso de los soportes, los medios técnicos, el componente físico de la comunicación, que no puede ser visto de manera aislada, se hace necesario ponerlo en diálogo con el mundo a través de sus usos. De manera autónoma, per se, estas herramientas carecen de sentido, lo adquieren justo en el momento cuando interactúan con los sujetos a través de las prácticas. La discusión sobre el nivel instrumental/técnico de la comunicación no puede, por ta to, i s i i se e los te e os del dete i is o, los edios a apa e e e sus fu io es como elementos sociales, como sistemas en ruptura con la naturaleza. Cuando el hombre crea y utiliza objetos técnicos, abandona el ámbito de la naturaleza, el de los objetos sin vida, por el de la ultu a. Maig et, , p. A pesa de su di e sió fu io al e i st u e tal, a es u problema cultural.

Una vez reconocido el hecho de que los fenómenos humanos, dentro de ellos la comunicación, escapan a cualquier tipo de determinismo natural o instrumental, incluso en su dimensión más física, la preocupación cognoscitiva sobre las prácticas comunicativas se ve obligada a alimentarse de fuentes mucho más interdisciplinares, menos especializadas. Ya no será suficiente mostrar pericia sobre saberes relacionados con los soportes físicos de transmisión, con la estructura del lenguaje, o con herramientas psicológicas y estadísticas de especulación sobre las reacciones humanas.

Se hace necesario adquirir y apropiarse de un saber del mundo social y de sus mediaciones, de esas dinámicas a partir de las cuales surgen los contextos de producción y de recepción; alimentarse de disciplinas que den cuenta de la complejidad propia a las relaciones de intercambio entre sujetos determinados por un sinnúmero de racionalidades: religión, género, sexualidad, demografía, geopolítica, historia, etc.

El sujeto, entonces, y mejor sea dicho el sujeto puesto en relación con el mundo y con sus semejantes, cobra la centralidad de este enfoque sociocéntrico, un enfoque sociológico de la comunicación. Un sujeto alejado de la noción, igualmente instrumental, manejada por la corriente mediocéntrica, e inscrito en los campos de la acción, la interpelación, la crítica y la cultura. Una p i e a p egu ta po el sujeto o o p odu to dis u si o. El sujeto a tesia o ¡po fi cuestionado!) es retirado del sitial metafísico en el cual fue entronizado como un ser esencial y ahistórico para mostrar que se trata de una construcción, de un proceso, de un resultado dis u si o Ga ía Hodgso , , p. .

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¿Por qué no se puede hablar de una comunicación instrumental conductista? Porque existe la interpretación, porque existen los contextos espacio-temporales particulares de recepción y de lectura; porque la comunicación es un intercambio entre sujetos disimiles, no miméticos, lo cual conlleva a la generación de conflictos que requieren, a su vez, una respuesta creativa, no predeterminada y mucho menos universal.

¿Una comunicación Social?

Recoger lo dicho hasta este punto para hablar de una comunicación sociocéntrica, implica dotar de sentido y de alcance social tanto a las prácticas como a los usos comunicacionales; poner el énfasis, desde la academia, en la dimensión cultural y política que envuelve el ejercicio discursivo, ei t odu ie do e el á ito de la a io alidad fo al las edia io es de la se si ilidad (Martín Barbero, julio-diciembre, 2002, p. 16). Para referirse con sensibilidad, a todas aquellas condiciones pertenecientes a las singularidades contextuales del individuo, a partir de las cuales tanto él como sus colectividades se enuncian y cobran un lugar en el mundo.

El concepto de comunicación al que se pretende llegar, corresponde a un diálogo, donde los dos extremos (producción y recepción) y sus intermedios, se comporten como lo que son, actores sociales con capacidades de proposición, interpelación y crítica. Por eso se habla de una sociología de la o u i a ió , e últi as u a so iología de los a tos hu a os: la sociología desarrolló un estrato adicional de descripción de los actos humanos sin reducirlos nunca a producto unívocos. La interpretación y el cambio están en el centro de las actividades y surge de manera manifiesta bajo la forma del conflicto, de la expe ie ia de sí de la alte idad e las so iedades de o áti as (Maigret, 2005, p. 334)

Haría falta, sin embargo, un escenario, una infraestructura, unas condiciones dadas desde las instituciones, que garanticen, de alguna manera, la posible emergencia de este tipo de intercambio. Mattelart nos habla de un rescatar o, mejor sea dicho, de una profundización en la o st u ió de u espa io pú li o u i e sal, este espa io pú li o ue se ha ía desa ollado e Inglaterra al final del siglo XVII, y en Francia en el siglo siguiente, con la construcción de una «opinión pública». Este espacio público se caracteriza como un espacio de mediación entre el Estado y la sociedad, que permite la discusión pública en un reconocimiento común del poder de la razón, y de la riqueza del intercambio de argumentos entre individuos, de las confrontaciones de ideas y de opi io es Mattela t, , p.

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Al ser innegable el gran trabajo que falta en la consolidación de una infraestructura que garantice el diálogo, en unas instituciones que legitimen la exaltación, representación y el reconocimiento de las diferentes realidades, de los diferentes mundos, hablar de comunicación social implica hablar de un acto discursivo, un intercambio de sentido entre iguales, producto del conflicto, pero no la violencia discriminante. Una comunicación que implique partir de un reconocimiento, en primera instancia de la propia realidad, para de igual forma reconocer, por un lado, que me comunico con un otro diferente, un otro con un arraigo geohistórico y geopolítico particular, con una lógica de apropiación y de acción igualmente diferenciada, pero con un otro con quien puedo interactuar como igual, con el fin de llegar a una construcción compartida, y no a una imposición totalizante.

La comunicación se instaura entre sujetos discernibles por el sesgo de un canal de transmisión. Se tiende demasiado a menudo hacia una teoría de la información muy reduccionista. Me parece que la moda comunicacional actual tiene el defecto de perder las dimensiones existenciales de las relaciones interhumanas, sociales y maquínicas. Si la comunicación pudiera ser reequilibrada entre, de una parte, sus elementos discursivos (frases, imágenes, proposiciones) y, de otra parte, esos elementos que yo denomino de aglomeración existencial, es decir sus dimensiones de puesta en existencia, entonces sí, pienso que se podría trabajar con ese concepto de comunicación. Pero generalmente, este ha tendido a un sentido reduccionista y deviene fuente de confusión. (Guattari, 2009)