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Decolonialismo y comunicación. La diversidad epistémica como proyecto universal

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ANEXO 1

CARTA DE AUTORIZACIÓN DE LOS AUTORES PARA LA CONSULTA, LA REPRODUCCIÓN PARCIAL O TOTAL, Y PUBLICACIÓN ELECTRÓNICA DEL TEXTO COMPLETO.

Bogotá, D.C., Fecha

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Tesis Trabajo de Grado

Señores

BIBLIOTECA GENERAL Cuidad

Estimados Señores:

Yo Nathali Molina Galindo, identificada con C.C. No. 1018.405.026, autora de la tesis titulada Decolonialismo y Comunicación: la diversidad epistémica como proyecto universal presentado y aprobado en el año 2009, como requisito para optar al título de Comunicador social; autorizo a la Biblioteca General de la Universidad Javeriana para que con fines académicos, muestre al mundo la producción intelectual de la Universidad Javeriana, a través de la visibilidad de su contenido de la siguiente manera:

Los usuarios puedan consultar el contenido de este trabajo de grado en la página Web de la Facultad, de la Biblioteca General y en las redes de información del país y del exterior, con las cuales tenga convenio la Universidad Javeriana.

Permita la consulta, la reproducción, a los usuarios interesados en el contenido de este trabajo, para todos los usos que tengan finalidad académica, ya sea en formato CD-ROM o digital desde Internet, Intranet, etc., y en general para cualquier formato conocido o por conocer.

De conformidad con lo establecido en el artículo 30 de la Ley 23 de 1982 y el artículo 11 de la Decisión Andina 351 de 1993, “Los derechos morales sobre el trabajo son propiedad de los autores”, los cuales son irrenunciables, imprescriptibles, inembargables e inalienables.

(2)

ANEXO 2

F ORMULARIO DE LA DESCRIPCIÓN DE LA TESIS O DEL TRABAJO DE

GRADO

TÍTULO COMPLETO DE LA TESIS O TRABAJO DE GRADO: Decolonialismo y Comunicación: la diversidad epistémica como proyecto universal

AUTOR O AUTORES

Apellidos Completos Nombres Completos

Molina Galindo Nathali

DIRECTOR (ES)

Apellidos Completos Nombres Completos

Marín Ardila Luis Fernando

JURADO (S)

Apellidos Completos Nombres Completos

Montoya Londoño Catalina

ASESOR (ES) O CODIRECTOR

Apellidos Completos Nombres Completos

Gutiérrez Eduardo

TRABAJO PARA OPTAR AL TÍTULO DE: Comunicador Social

FACULTAD: Comunicación y Lenguaje

PROGRAMA: Carrera _X_ Licenciatura ___ Especialización ____ Maestría ____ Doctorado ____

NOMBRE DEL PROGRAMA: Comunicación Social

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DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVES

Paradigma moderno/colonial

Globalización

Conocimiento localizados

Pensamiento de frontera

Desarrollo

Decolonialidad

RESUMEN DEL CONTENIDO

Los paradigmas epistemológicos a través de los cuales se explica la naturaleza del conocimiento, y

con este la naturaleza de los fenómenos y de los actores sujetos a dicho conocimiento, son reflejo

de una percepción particular del mundo, referida directamente a las condiciones singulares desde

donde se elabora el discurso. Es decir, las diferentes perspectivas de mundo dan cuenta de una

diferencia con respecto a los supuestos alrededor a la ontología y a la naturaleza humana.

Sin embargo, otra parece haber sido la historia durante el proceso de gestación y consolidación de

la esfera epistemológica, en lo que ahora podemos denominar sistema mundo capitalista. Hijo del

pensamiento propio del mundo moderno, la configuración sociopolítica y socioeconómica

contemporánea, es una muestra clara de la antítesis de esa simultaneidad epistémica. Contraria a

esta última, la lógica de pensamiento moderno se ha propendido, incluso ya desde los proceso de

colonización del nuevo mundo en el siglo XV, por la implementación de una forma «objetiva» de

conocimiento; una suerte de especificación taxativa sobre la naturaleza precisa de lo que debe ser,

y el cómo debe operar el mundo. Una única forma de ser social, que obedece a una única verdad,

a un único saber.

Se toma como punto de partida el carácter problemático de la relación entre globalización (como

discurso dominante del sistema capitalista moderno) y lo local (como reconfiguración del lugar

hacia un escenario subjetivo de apropiación), para analizar la decolonialidad como un orden

alternativo de reconstrucción del mundo a partir de conocimientos locales, un escenario posible

más allá de la dominación colonial del paradigma moderno. Dicho de otra forma, un movimiento

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Decolonialismo y Comunicación.

La diversidad epistémica como proyecto universal

Nathali Molina Galindo

Trabajo de grado para optar por el título de Comunicadora Social

Campo profesional: Producción Editorial y Multimedia

Director de tesis: Fernando Marín

Pontificia Universidad Javeriana Facultad de Comunicación y Lenguaje

(5)

Articulo 23

La universidad no se hace responsable por los conceptos emitidos por sus alumnos en sus tesis de grado. Sólo velará porque no se publique nada contrario al dogma y a la moral católica, y porque las tesis no contengan ataques o polémicas puramente personales. Antes bien, se vea en ella el anhelo de buscar la verdad y la justicia.

(6)

Bogotá D. C., julio de 2009

Señor

JÜRGEN HORLBECK B. Decano Académico

Facultad de Comunicación y Lenguaje Pontificia Universidad Javeriana

Respetado Señor,

Presento a usted y a consideración de los jurados académicos designados, mi trabajo de grado titulado XXXX. El presente es el fruto de dos semestres de trabajo, en busca de una inquietud particular, frente a la comunicación y frete a los ordenamientos sociales. El trabajo es un análisis de la decolonialidad, entendida como una contraposición a la modernidad, y de la ecología como una forma de resistencia decolonial desde el conocimiento. Considero que el trabajo responde a todos los criterios exigidos por la Facultad para los trabajos de grado.

Atentamente,

(7)

Bogotá D. C., julio 31 de 2007

Señor

JÜRGEN HORLBECK B. Decano Académico

Facultad de Comunicación y Lenguaje Pontificia Universidad Javeriana

Por medio de la presente yo, Luis Fernando Marín Ardila, profesor de la facultad de Comunicación social y Lenguaje, de la Pontifica Universidad Javeriana, le doy a conocer la tesis de grado de la estudiante Nathali Molina Galindo, titulada: Decolo ialidad y co u icació : la diversidad co o proyecto u iversal , y avalo el ejercicio de sustentación.

Atentamente,

Luis Fernando Marín Ardila Asesor

(8)

Es sólo en términos de negación que hemos conceptualizado la

resistencia. No obstante, tal y como usted la comprende, la

resistencia no es únicamente una negación: es proceso de

creación. Crear y recrear, transformar la situación, participar

activamente en el proceso, eso es resistir. (Foucault, en Lazzarato,

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[image:9.612.76.533.164.702.2]

Tabla de contenido

Introducción ...3

I. Hacia unas epistemologías decoloniales ...5

1. Qué es la modernidad ...5

2. Pensamiento moderno/colonial ...8

3. Modos otros de poder, saber y ser ...17

Un pensamiento fronterizo...21

Un pensamiento localizado ...22

Globalización – Localización ...26

4. Decolonialodad, ecología y comunicación ...29

II. La comunicación atrapada en un discurso colonialista ...34

1. Hacia un enfoque sociocentrista ...35

Mediocentrismo Vs Sociocentrismo ...35

Sociología y comunicación ...37

¿Una comunicación Social? ...39

2. Condiciones de reproducción ...40

Evolución en la noción de receptor ...40

Receptor/consumidor ...43

La recepción como un fenómeno localizado ...45

La comunicación como acto creativo ...46

Lógicas de producción ...48

3. Cultura, poder y comunicación ...49

4. Una práctica discursiva decolonial ...54

(10)

2

III. Modernidades alternativas y alternativas a la modernidad ...63

1. Un recorrido histórico ...65

Década de los cincuenta y los sesenta ...66

Década del setenta ...69

Década del ochenta ...71

En resumen ...74

2. Desarrollo y Ecología ...75

Estrategias de ecodesarrollo ...79

Experiencias de aprendizaje comunitario ...80

3. Una salida al paradigma del desarrollo ...82

Conocimiento localizado...83

El lugar como espacio transformador de lo global ...85

Modernidades alternativas ...86

Conclusiones ...90

Referencias...96

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3

Introducción

Los paradigmas epistemológicos a través de los cuales se explica la naturaleza del conocimiento, y

con este la naturaleza de los fenómenos y de los actores sujetos a dicho conocimiento, son reflejo

de una percepción particular del mundo, referida directamente a las condiciones singulares desde

donde se elabora el discurso. Es decir, las diferentes perspectivas de mundo dan cuenta de una

diferencia con respecto a los supuestos alrededor a la ontología y a la naturaleza humana.

Sin embargo, otra parece haber sido la historia durante el proceso de gestación y consolidación de

la esfera epistemológica, en lo que ahora podemos denominar sistema mundo capitalista. Hijo del

pensamiento propio del mundo moderno, la configuración sociopolítica y socioeconómica

contemporánea, es una muestra clara de la antítesis de esa simultaneidad epistémica. Contraria a

esta última, la lógica de pensamiento moderno se ha propendido, incluso ya desde los proceso de

colonización del nuevo mundo en el siglo XV, por la implementación de una forma «objetiva» de

conocimiento; una suerte de especificación taxativa sobre la naturaleza precisa de lo que debe ser,

y el cómo debe operar el mundo. Una única forma de ser social, que obedece a una única verdad,

a un único saber.

La modernidad, entonces, como paradigma fundamental de construcción de la realidad social,

implica una noción eurocéntrica del conocimiento, una política de la verdad que desconoce la

alteridad. Una noción de mundo regida a partir de lineamientos de carácter centralista,

conductista e instrumental, los cuales encuentran un correlato, casi perfecto, en los sistemas de valor basados en la relación producción – consumo.

Se toma como punto de partida el carácter problemático de la relación entre globalización (como

discurso dominante del sistema capitalista moderno) y lo local (como reconfiguración del lugar

hacia un escenario subjetivo de apropiación), para analizar la decolonialidad como un orden

alternativo de reconstrucción del mundo a partir de conocimientos locales, un escenario posible

más allá de la dominación colonial del paradigma moderno. Dicho de otra forma, un movimiento

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4

En la primera parte de este trabajo, se hace un recorrido descriptivo por los conceptos de

modernidad y decolonialismo, con el fin de dar un marco de referencia teórico a la discusión entre

comunicación instrumental y comunicación social, entre desarrollo capitalista y conocimientos

locales; en último término, entre un mundo etnocéntrico y totalizante, y otro donde la diferencia y

la alteridad encuentren una posibilidad tanto de reconocimiento como de participación.

En el segundo capítulo se inserta el problema de la comunicación, dentro del escenario del

paradigma moderno/colonial, de manera tal que se establece una dicotomía, entre dos formas

divergentes de abordar el estudio de las prácticas comunicativas. Por un lado, el enfoque

mediocéntrico, construido a partir de una visión instrumental, conductista, mecánica, centralista,

donde la dinámica producción/recepción está determinada por el fenómeno de la persuasión

(emisor y receptor sumergidos en la dinámica de la imposición centralizada). Por el otro, el

enfoque sociocéntrico, basado en una visión mucho más relacional; un modelo cultural de la

comunicación, atravesado por vectores de tipo político, tendente a consolidar un estructura de

intercambio horizontal, donde el rol de productor sea tan posible como el de receptor y

consumidor de contenidos.

En el capítulo tres, se busca vincular el concepto histórico de desarrollo (es decir, la noción de un

progreso económico atado a las dinámicas propias del modelo capitalista neoliberal de Europa y

Estados Unidos) con la noción anteriormente trabajada de comunicación instrumental. De manera

puntual, denunciar cómo los programas de comunicación para el desarrollo le hacen juego a los

discursos hegemónicos de dominación, anti ambientalistas, y predadores del pensamiento

moderno.

Finalmente, se pretende enunciar la posibilidad, alojada en el interior mismo de la modernidad –

en sus fronteras –, de generar las condiciones necesarias para que la diversidad epistémica,

disidente a la pretensión de un mundo lineal y objetivo, cobre vida tanto en el discurso como en

las prácticas y realidades derivadas de este. Movimientos de resistencia localizada, que dan cuenta

de formas alternativas al desarrollo y a la modernidad. En último término, formas emancipadas de

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5

I. Hacia unas epistemologías decoloniales

La marcha ha hecho visible lo invisible, y representable lo

irrepresentable: una mujer indígena hablando y demandando

«a te la ley»… ¿es posi le pa a la ley oí les? ¿E ué le guaje, a

través de cuál discurso, han clarificado lo que quieren: ser

indias, mujeres y mexicanas? (Belausteguigoitia en Escobar,

2003, enero – diciembre, p. 76)

1. Qué es la modernidad

La modernidad como corriente ideológica y periodo histórico, se ha concebido, de forma

generalizada, a manera de una apología del progreso, un punto de quiebre a partir del cual la

historia del hombre se desprendió de sus molestos antepasados míticos y folclóricos, para

insertarse en el próspero y letrado mundo de la ciencia, el capitalismo y el desarrollo.

Políticamente, se le agradece al espíritu moderno el reconocimiento del hombre como un

individuo portador de derechos y obligaciones, perteneciente a un Estado nación defensor de la

pluralidad y la participación. Sin embargo, ¿qué pasaría si luego de una mirada holística, de un

análisis contextual, de una apreciación alejada – fronteriza – de esa construcción denominada

sistema-mundo, se llegará a la conclusión de que ese mesiánico modernismo fue (y sigue siendo

en su reconfiguración actual) una castración absoluta y sistemática de la pluralidad, la libertad y la

creación?

Empecemos, entonces, por caracterizar la modernidad, para así ir abriendo paso a la configuración

de una estructura conceptual que dé cuenta de un sistema capitalista totalizante, a partir del cual

se ceñirá la crítica de este trabajo hacia los actuales proceso de creación y generación de

conocimiento.

Si se parte de las grandes implicaciones de la adopción del pensamiento moderno en las diferentes

áreas del quehacer humano, entiéndase economía, política, religión y cultura, es válido recurrir a

(14)

6

Arturo Escobar (2003, enero-diciembre, p. 55) la modernidad típicamente puede caracterizarse

desde cuatro perspectivas diferentes:

1. Históricamente, ubica sus inicios en Europa del norte (particularmente Francia, Alemania e

Inglaterra) durante el siglo XVII, alrededor de los procesos de la Reforma, la Ilustración y la

Revolución Francesa. Hacia finales del siglo XVIII se habla de un periodo de consolidación, marcado

por la Revolución Industrial.

. “o iológi a e te, di e el auto , el espí itu ode o se a a te iza po ie tas i stitu io es,

particularmente, el Estado-nación, y por algunos rasgos básicos tales como la reflexividad de sí

mismo – la continua retroalimentación entre el conocimiento científico y la sociedad - ; el

desmembramiento de la vida social del contexto local y sus crecientes determinaciones por

fuerzas translocales; y el distanciamiento espa io/tie po o la sepa a ió de espa io luga (Escobar, 2003, enero – diciembre, p. 55).

3. Culturalmente, se caracteriza por una apropiación del conocimiento científico – ligado al capital

y al Estado – como única forma de conocimiento verdadero co a á te u i e sal. La

modernidad introduce un orden basado en los constructos de la razón, el individuo, el

conocimiento experto y los mecanismos administrativos ligados al Estado. Orden y razón son

vistos como el fundamento para la igualdad y la libertad, posibilitando así el lenguaje de los de e hos (Escobar, 2003, enero – diciembre, p.56).

. Filosófi a e te, el «ho e» o o el fu da e to de todo o o i ie to o de del u do. … T iu fo de la etafísi a, e te dida o o u a te de ia ue e uentra en la verdad lógica la fu da ió pa a u a teo ía a io al del u do o puesto po osas se es og os i les. … La ode idad es a a te izada po la idea de histo ia su o ola io, p og eso supe a ió (Escobar, 2003, enero – diciembre, p. 56).

Sin embargo, una primera y fundamental discrepancia contra esta caracterización constituye la

piedra angular en la construcción del discurso de este trabajo. El punto de origen arriba

enmarcado entre los siglos XVII y XVIII, parecería no ser el más indicado para dar cuenta de la

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7

sistema mundo capitalista. Definimos este último, inicialmente, como una articulación centralizada

de intereses económicos, militares e ideológicos, por parte de las grandes potencias mundiales.

Al reubicar ese punto de origen unos cuantos cientos de años atrás, se obtienen algunas

diferencias y algunas similitudes con la caracterización hecha con anterioridad. Una vez más, de la

mano de Arturo Escobar (2003, enero-diciembre, pp. 51- 86), se pueden citar como principales

rasgos de la modernidad los siguientes: 1) reconocer la Conquista de América y el control del

Atlántico (1492) como origen del pensamiento moderno, mucho antes que los puntos de

referencia históricamente reconocidos, principalmente la Ilustración a finales del siglo XVIII. 2) El

colonialismo y el capitalismo (con sus diferentes formas de explotación social y económica) como

pilares del pensamiento moderno. 3) La modernidad como un discurso universal, es decir, capaz

de dar cuenta no sólo del espacio/tiempo particular que lo produce (Europa), sino del mundo

entero. 4) Establecimiento de un centro y unas periferias, de un dominador y unos subalternos,

como condición fundamental para el establecimiento de la modernidad. 5) Consolidación de las

formas de construcción de conocimiento euroecéntricas como hegemónicas y universales.

De manera teórica tenemos, entonces, dos modernidades:

La primera se habría consolidado durante los siglos XVI y XVII y correspondió al ethos cristiano, humanista y renacentista que floreció en Italia, Portugal, España y sus colonias americanas. Esta modernidad fue administrada por la primera potencia hegemónica del sistema – u do España … La segu da ue se auto-representó ideológicamente como la única modernidad, comenzó apenas a finales del siglo XVII con el colapso geopolítico de España y el surgimiento de nuevas potencias hegemónicas (Holanda, Inglaterra, Francia) … La su jeti idad ue allí se fo ó correspondió al surgimiento de la burguesía y a la formación de un modo de producción capitalista (Duseel, citado en Castro, 2005, pp. 48 -49).

La relocalización del punto de origen de la modernidad en los procesos de colonización de 1492,

hace que el descubrimiento de América tenga un doble efecto dentro de la constitución el sistema

-mundo: por una lado, posibilita la creación de un circuito comercial intercontinental, el cual abre

las puertas a un sistema económico mundial; por el otro, significa el establecimiento del primer

gran discurso del mundo moderno, un discurso que habla en términos de centro y periferia,

dominador y dominados, desarrollados y bárbaros, básicamente: hombres blancos europeos y los

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8

Podemos ahora decir bajo qué perspectiva se entenderá la modernidad, para hacer siempre é fasis e la ela ió e iste te e t e pe sa ie to ode o olo ialidad. E te de os la

modernidad no como fenómeno intra-europeo sino desde su dimensión global, vinculada con la

hegemonía, periferización y subalternización geopolítica, racial, cultural y epistémica que la ode idad ha esta le ido desde la posi ió de Eu opa o o e t o. Walsh, 007, Abril, p.104).

2. Pensamiento moderno/colonial

“i se puede ha la de dos ode idades, ajo la p e isió de ue la segu da ode idad o e plaza a la p i e a, si o ue se le supe po e hasta el p ese te Es o a , , p. , de

manera semejante se puede hablar de dos procesos de descolonización: uno históricamente ya

acaecido y jurídicamente reconocido, otro en proceso de gestación, que surge como una visión

emergente a la lectura tradicional del mundo moderno y delata una serie de carencias presentes

en el primer proceso.

La primera descolonización se refiere a los procesos de independencia de las colonias españolas en

el siglo XIX, y de las colonias inglesas y francesas en el siglo XX, gracias a los cuales se logró una

independencia jurídico-política. Es decir, se logra el reconocimiento de la autonomía de estos

pueblos para gobernarse a sí mismos, bajo la categoría de sujetos de derechos, sometidos al

cumplimiento de unas obligaciones y a la exigencia de unos derechos. Se trata, además, de una

liberación de las tierras y de los recursos propios de estas últimas; uno de los derechos teóricos de

esta liberación es la posibilidad de explotar autónomamente las tierras antes dispuestas al servicio

y necesidades de los imperios europeos. Sin embargo, no hace parte de este proceso el

reconocimiento de una igualdad entre los pueblos, de un diálogo entre pares, de un nuevo sistema

de mutuo enriquecimiento entre colonos y colonizadores. Bajo una ilusión de libertad

jurídico-política, la relación centro – periferia en lugar de desvanecerse se desplaza, transformándose.

Para hablar de la segunda descolonización utilizaremos otra palabra: decolonialidad, y se referirá a

ese segundo proceso, necesario para complementar los vacíos dejados por los movimientos de

independencia de los siglos XIX y XX. Al adelantarnos un poco en la argumentación de este segu do o e to de li e a ió , la de olo ialidad te d ía ue: di igi se a la hete a a uía de las

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9

De lo anterior se desprende una distinción fundamental, a saber: la diferencia establecida entre

colonización y colonialidad. La primera, como una expropiación de tierras y recursos por parte de

Europa a sus colonias en América, África y Asia. La segunda, como una dominación epistémica, ue o de ó los o o i ie tos p odu idos e ellas a se ta sólo el «pasado » de la ie ia ode a Cast o, , p. . Esta ela ió a su vez permite la vinculación de la modernidad con

los procesos de colonialidad: Con modernidad se entiende la pretensión de que existe un único

mundo posible, un único orden verdadero, con colonialidad, nos referimos al accionar que se

desprende de esa lógica totalizante.

Establecida esta relación, pasemos ahora a preguntarnos sobre cuáles son esos rezagos, dejados

por la modernidad/colonialidad, que justifican hablar de una decolonialidad o, dicho de otro

modo, que justifican argumentar a favor de la insuficiencia de esa primera decolonización en

términos de pluralidad, reconocimiento y construcción compartida.

Un inventario sobre las consecuencias del establecimiento del orden moderno/colonial arrojaría,

principalmente, las siguientes (Walsh, 2007, Abril, p.105):

1. La colonialidad del poder, es decir, cómo el poder gira en torno a la raza, el conocimiento, el

capital y el Estado.

La relación acuñada desde la conquista de América entre centro y periferia, no se pierde durante

la primera descolonización, simplemente se desplaza del terreno de lo geográfico (Europa y sus

colonias) hacia el terreno de lo social. Se trata de una rearticulación dada por la colonialidad del

poder, donde en ausencia de una subordinación fáctica en términos de soberanía política, se habla

de un dominio cultural/epistémico.

Desde los procesos de colonización del siglo XV hasta hoy, el mundo se ha visto narrado desde una

única perspectiva: la historia del centro dominante, en detrimento de las historias subyacentes y

simultáneas de las periferias: la Histo ia es la histo ia del «i pe io», o o si ada hu ie a

(18)

10

las culturas y sociedades del mundo son reducida a ser la manifestación de la historia y cultura eu opea (2003, p. 57).

Por su parte las periferias han sido caracterizadas como sociedades del pasado, premoderanas y

subdesarrolladas, con el agravante de haber sido puestas en estos términos no sólo desde el

discurso propio del centro, sino también por parte de las elites criollas de descendencia europea.

Lo anterior legitimó, desde el interior de estos pueblos, particularmente latinoamericanos, la

subordinación de esos emergentes y «liberados» Estados-nación poscoloniales al despliegue

reconfigurado del espíritu colonial, a saber: el capitalismo de los siglos XIX y XX.

Dada la reconfiguración de la colonialidad, reconocer sus formas actuales de dominación, con el

ánimo de resistirles, implica trascender la idea acuñada de que con el advenimiento de los Estados

nación estamos en un mundo descolonizado y poscolonial. Las condiciones económicas, raciales y

étnicas actuales sugieren, por el contrario, el establecimiento de un orden que si bien

transformado, continúa legitimando la relación centro - periferia.

Una de las dimensiones con mayor propagación y en continuo proceso de resemantización es el

desarrollo. En cuanto el mundo occidental (Europa y Estados unidos) son pensados como

referentes de desarrollo, poseedores de sistemas cognitivos 'más avanzados', la meta ha sido

alcanzarlos. De manera tradicional se ha estigmatizado cualquier estructura cognitiva, política,

social, no occidental, dentro de la categoría de los «otros» inferiores.

De acuerdo con Aníbal Quijano (en Castro, 2005) la colonialidad no se limita a un conjunto de

relaciones de poder inscritas exclusivamente en el dominio económico, político, jurídico, o

administrativo, además contempla un componente cultural que deja manifiesto el papel

fundamental que jugó (y juega) la complejidad de las relaciones sociales dentro de este proceso; esas ela io es e t e el e t o los «ot os» pe ifé i os. Desde la fo a ió i i ial del siste

a-mundo capitalista, la incesante acumulación de capital se mezcló de manera compleja con los

discursos racistas, ho ofó i os se istas del pat ia ado eu opeo Cast o, , p. . El

discurso colonial se expandió con todo el sesgo propio y dominante de sus voceros, varones

heterosexuales europeos, quienes se encargaron de establecer dentro de sus colonias estructuras

(19)

11

Esa separación tajante entre el sujeto (entendido como el hombre moderno) y los «otros»,

presenta una primera crítica en la filosofía de la liberación, desarrollada por Enrique Dussel en los

años 70. Dussel criticó cómo la relación sujeto – objeto, donde el primero es un sujeto racional

que conoce y el segundo es un objeto por conocer, ajeno al sujeto y por tanto bárbaro, se

constituyó en la premisa epistémica fundamental del pensamiento moderno. El sujeto y el objeto

se enmarcan, entonces, en una relación asimétrica que bloquea cualquier posibilidad de i te a io o de o st u ió o pa tida. E pala as del auto : La eli i a ió de la alte idad – incluyendo la alteridad epistémica – fue la 'lógica totalizadora' que comenzó a imponerse sobre las

poblaciones indígenas y africanas a partir del siglo XVI, tanto por los conquistador españoles como po sus des e die tes iollos Dussel, e Cast o, , p. .

Hablar hoy de un proceso de liberación de lo colonial, en términos de liberación política, ya no se

refiere a las causas ligadas con la tierra, la cultura y la educación; eso que para los años 80 fue una

lucha de reivindicación de derechos. Actualmente se trata de una lucha sociopolítica de

visualización de los campos antaño marginalizados y subalternizados.

Todo lo expuesto con anterioridad conduce a lo que Santiago Castro (Castro, 2005, p. 26)

denomina la negación de la simultaneidad epistémica, es decir, la imposibilidad de concebir en un

mismo espacio/ tiempo formas diferentes de producir conocimiento.

2. Colonialidad del saber, una noción totalizante de conocimiento: el eurocentrismo como única

perspectiva válida de construcción e interpretación epistémica, que se vale del conocimiento

científico para dar cuenta del mundo a través de métodos cuantificables, verificables y absolutos. Vinculación entre raza – conocimiento que deriva en una jerarquización epistémica.

Esa asimetría en el poder, explicada en el apartado anterior, se extiende a la marginalización y

subordinación de los diferentes campos de construcción y desarrollo del ser colonializado, uno de

ellos el conocimiento. Se habla de una discriminación, entendida en términos de diferencia – superior/inferior –, no sólo de tipo étnico/racial, sino también de carácter epistemológico. Por un

lado, se asume a los pueblos indígenas y afrodescendientes como incapaces de intervenir en los

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12

ciencia; por el otro, se les impone el eurocentrismo como único escenario válido dentro del cual se

enmarca cualquier construcción de tipo económico, político, cultural, religioso o cognoscitivo.

La construcción de conocimiento enfrenta dos problemáticas fundamentales, derivadas de la labor

colonial difundida tan ampliamente por el modernismo desde el siglo XV. En primera instancia, el

mito del eurocentrismo, una visión de un conocimiento único, totalizante, enemigo de la alteridad e ig o a te a soluto de la ultipli idad de u dos ot os . E segu do luga , la fija ió e el i agi a io ole ti o de ue el o o i ie to es a st a to, desi o po ado deslo alizado. (Walsh, 2005, enero – junio, p.42), idea a partir de la cual se fortalece la imagen de una episteme

indiferenciada e independiente del género, el sexo, la geografía, la historia, etc. Galileo Galilei, en

los siglos XVI y XVII, excluyó la cualidad de la ciencia, restringiendo ésta al estudio de fenómenos ue pudiese se edidos ua tifi ados. El p og a a de Galileo os of e e u u do ue to:

fuera quedaron la vista, el sonido, el gusto, el tacto y el olor y con ellos desaparecen la sensibilidad

estética y ética, los valores, las cualidades, el alma, la consciencia y el espíritu. La experiencia como tal ueda e luida del ei o del dis u so ie tífi o. … Te ía os ue dest ui el u do p i e o e teo ía, pa a pode lo ha e después e la p á ti a. Capra, 2002, p.39)

Otro punto fundamental en esta crisis del conocimiento tiene que ver con el poder. Propio de la

globalidad imperial, la ciencia se ha visto como una voluntad homogenizante, un poder

omnipotente, ajeno a la dilución o al reconocimiento de planteamientos diferentes al propio. En

este orden de ideas, la ciencia se convirtió en uno de los instrumentos de poder utilizado por la

racionalidad económica capitalista para validar y fortalecer su discurso. La globalidad imperial

amparada en el paradigma igualmente homogenizante de la ciencia, la tecnología y el progreso.

Una vez establecida la relación entre poder económico y conocimiento, es claro que los centros

del poder capitalista han sido, y continúan siendo, también los centros del capital intelectual;

dicho de otro modo, tanto en ese entonces como ahora se puede hablar de una geopolítica del o o i ie to; La «historia» del conocimiento está marcada geohistóricamente, geopolíticamente geo ultu al e te, tie e alo , olo luga de o ige (Walsh, 2005, enero – junio, p.41).

Las culturas denominadas por occidente como antiguas - folclóricas, particularmente las indígenas,

se asocian inmediatamente con lo místico, mágico, esotérico, dicho de otro modo, saberes no

(21)

13

la u i e salidad al a á te ie tífi o deslo alizado del o o i ie to o ide tal. Las u has

formas de conocer fueron ubicadas en una concepción de la historia que deslegitimó su

coexistencia espacial y la ordeno de acuerdo a un esquema teológico de progresión temporal

(Castro, 2005, p. 24).

Este pensamiento totalizante encuentra un punto de legitimidad académica muchos años después ua do o el a i ie to de las ie ias so iales e los siglos XVIII XIX asistimos a la paulatina i isi iliza ió de la si ulta eidad episté i a del u do Cast o, , p. . Los dis u sos de

las ciencias sociales del siglo XIX deslegitimaron la existencia de otras voces, en virtud de un único

discurso verdadero, de un punto cero ubicado en los discursos académicos y teóricos de Europa o

Estados Unidos, alejado completamente de las manifestaciones de carácter local. Es en las

falencias de los movimientos de independencia donde se origina la imposibilidad de llevar a una

liberació de pe sa ie to, a u u do do de upie a u hos u dos. Es la i st u e taliza ió de la azó po el pode olo ial … lo ue alog o las p o esas li e ado as de la ode idad Mig olo, , p , la olo iza ió del se , edia te la olo iza ió del

saber.

El vínculo entre conocimiento y poder es, entonces, ineludible. Las condiciones políticas bajo las

cuales se genera cualquiera conocimiento, determinan tanto su forma como su contenido. El

pensamiento científico colonial, al ser la voz de los poderosos, predica verdades desligadas del

espacio y del tiempo, pretende tener la capacidad universal de dar cuenta, con un único discurso,

tanto de un hombre blanco perteneciente a una metrópolis europea, como de una mujer negra

perteneciente a una tribu africana. El pensamiento colonial marginaliza al punto de la eliminación el tie po el luga o o a ia les dete i a tes e la p odu ió episté i a: lo i po ta te es a uellos ue so e lo ue se pie sa o desde dó de a pa ti de dó de se pie sa (Mignolo,

2007, p.42).

3. La vinculación histórica que se ha hecho entre la posesión del saber/conocimiento y la

categoría de humanidad, nos lleva a una tercera esfera, denominada por Catherine Walsh

como la colonialidad del ser, efe ida a la te de ia i pe ializa te del espa io p opio

(22)

14

grupos marginalizados aprehenden su entorno. Se determina una única versión de ser

humano: el individuo moderno.

La delocalización espacio temporal arriba referida a la producción de conocimiento, se traspasa a

los códigos culturales bajo los cuales el individuo lee el mundo que habita. La cultura se encuentra

en una relación de interdependencia con las formas de construcción epistémica, al estar

determinada y determinar los contenidos y los términos de los discursos circulantes.

La realidad espacio-temporal del individuo marginalizado es remplazada por una historia ajena y dista te a la p opia: la a gi aliza ió del luga – el aquí y el ahora de la acción social – en la defi i ió de la ida so ial Es o a , , e e o – diciembre, p. 56). El lugar, definido como

espacio propio de los negros, los mestizos, los indígenas, etc., desaparece tanto en los proceso de

conquista del siglo XVI, como en la actual reconfiguración del espíritu colonial en su forma

globalizada.

Por casi cincuenta años, en América Latina, Asia y África se ha predicado un peculiar evangelio con un fervor intenso: el 'desarrollo'. Formulado inicialmente en Estados Unidos y Europa durante los años que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial y ansiosamente aceptado y mejorado por las elites y gobernantes del Tercer Mundo a partir de entonces, el modelo de desarrollo desde sus inicios contenía una propuesta históricamente inusitada desde un punto de vista antropológico: la transformación total de las culturas y formaciones sociales de tres continentes de acuerdo con los dictados de las del llamado Primer Mundo. Se confiaba en que, casi por fiat tecnológico y económico y gracias a algo llamado planificación, de la noche a la mañana milenarias y complejas culturas se convirtieran en clones de los racionales occidentales de los países considerados económicamente avanzados (Escobar, 1998, p. 13)

El dominio sobre la forma como el colonializado ve su mundo es la aceptación tácita de la

incapacidad propia (localizada) para generar una visión válida de su entorno. Nuevamente se hace

presente la capacidad omnipotente y única del centro para crear ciencia y conocimiento en

oposición a la inferioridad creativa de la periferia, quienes necesitan herramientas dadas por los

p i e os pa a lee el e to o de a e a ade uada: la fo a ode a. Es a pa ti de esta

racialización moderno-colonial que se forjó la idea de que los indios y negros por sí mismos no

(23)

15

4. La colonialidad de la naturaleza. A uella ue iega la o ió de la tie a o o «el ue po de

la naturaleza», como ser vivo con sus propias formas de inteligencia, sentimientos y

espiritualidad, como también la noción de que los seres humanos son elementos de la tierra-atu aleza (Walsh, 2007, Abril, p. 106 )

La relación milenaria entre seres, plantas y animales, manejada por siglos dentro de las prácticas

socioeconómicas de los pueblos nativos colonializados, sufre una radical ruptura con el

advenimiento de un pensamiento enraizado en la explotación desmedida de los recursos, la

desvaloración del conocimiento propio de la tierra, y la indiferencia ante la noción de equilibrio

con el entorno. Se habla de una cosificación de la naturaleza, una ruptura entre la tradicional

relación hombre – naturaleza; se pasa de un sistema de cohabitación a uno de beneficios

unidireccionales. Catherine Walsh explica esta transformación de la siguiente manera:

Es la relación continua del ser con el pensar, con el saber y el conocer, que parte de un enlace fluido entre tres mundos: el mundo biofísico de abajo, el mundo supranatural de arriba y el mundo humano de ahora, así como las formas y condiciones tanto del ser como del estar en ellos. El control que ejerce la colonialidad de la naturaleza es el de itoiza esta relación, es decir, convertirla en mito, leyenda y folclor y, a la vez, posicionarla como no racional, como invención de seres no modernos De esta manera, intenta eliminar y controlar los sustentos, los sentidos y las comprensiones de la vida misma que parten de lugar territorio. (2007, Abril, p. 106)

La consideración del lugar, y con ella de la naturaleza existente en este, como parte de la reflexión

del pensamiento moderno se pierde en dos sentidos: primero, por la deslocalización propia de la

visión totalizante colonial, se resta absoluta relevancia a las condiciones, dinámicas y ciclos de las

tierras de donde proceden recursos como el oro, la plata, el algodón, el maíz, etc.; segundo,

dentro del ánimo desarrollista del pensamiento positivista moderno, el mundo se ve como una

fuente inagotable de recursos, para lo cual reflexionar sobre una espiritualidad o una inteligencia

inscrita en la relación sujeto – naturaleza representa un obstáculo. Es decir, se le arranca al

individuo colonializado el componente medioambiental de sus discursos de aprhensión del e to o, aú ua do el edio a ie te fo a pa te de la o u idad o o á ito ét i o e o o ido e la os o isió , at i u e do se tido al ethos a la ide tidad. Muñoz, , p.

255)

Finalmente, y para terminar esta caracterización del pensamiento moderno/colonial es

(24)

16

anteriormente en este trabajo, la globalización constituye una reconfiguración del pensamiento

colonial, particularmente la globalización vista como etapa última del capitalismo. En palabras de “a tiago Cast o: El apitalis o glo al o te po á eo esig ifi a, e u fo ato pos ode o, las

exclusiones provocadas por las jerarquías epistémicas, espirituales, raciales/ étnicas y de género/ sexualidad desplegadas po la ode idad , p. .

Por otro lado, como ya se mencionó con anterioridad, un rasgo característico de la lógica

capitalista es la existencia de un pensamiento unidireccional totalizante. La globalización

enmarcada dentro de esta dinámica desemboca en lo que Arturo Escobar denomina globalidad i pe ial, pa a efe i se a: u a glo alidad Ce t ada lide ada po los Estados U idos, este

régimen de globalidad articula intereses económicos, militares e ideológicos en una constelación de pode hasta ie to pu to i usitada Es o a , , p. . Es de i , u dis u so hege ó i o

dominante, centrado en la generación de capital, que desconoce e invisibiliza el lugar como

escenario de creación.

Se desprende de lo anterior, la importancia de reconocer la incidencia de los discursos culturales

en el ordenamiento capitalista, contrapuesto a ver el sistema mundo como mera acumulación de apital e u sos. No es posi le e te de el apitalis o glo al si te e e ue ta el odo o o

los discursos raciales organizan a la población del mundo en una división internacional del trabajo ue tie e di e tas i pli a io es e o ó i as. Cast o, , p.

La importancia de reconocer la incidencia de los discursos culturales en el ordenamiento

capitalista, contrapuesto a ver el sistema mundo como mera acumulación de capital y recursos e ae e islu a el apitalis o o o fu da e to del espí itu ode o/ olo ial: No sólo el

capital se extendió por todo el planeta, sino a medida en que lo hacía con el capital iban juntos ta to fo as de pe sa ie to a álisis o o de justifi a ió íti a … E los siglos XVI XVII el

istia is o i puso fo as de pe sa o sólo de ee Mignolo, 2002, p. 236).

Por tal razón, es importante desprenderse de la definición de globalización como un mero

movimiento de carácter económico, para ubicarse en una visión un tanto más holista que permite

(25)

17

Lo que llamamos globalización consiste en series de relaciones sociales; conforme estas series de relaciones sociales cambian, también lo hace la globalización. En sentido estricto, no existe una entidad aislada llamada globalización; hay, más bien, globalizaciones, y deberíamos usar el término únicamente en plural. Por otra parte, si las globalizaciones son paquetes de relaciones sociales, éstos tienden a implicar conflictos; de ahí la idea de los vencedores y de los derrotados. Con más frecuencia de lo que parece, el discurso de la globalización es el recuento de los vencedores en su propia versión. En ésta, su victoria es aparentemente tan absoluta que los vencidos terminan desapareciendo del cuadro

o pleto. , p.

En este orden de ideas, La globalización puede implica en potencia dos realidades opuestas: por

un lado, la universalización y radicalización de la modernidad, una reconfiguración contemporánea

del espíritu colonial del siglo XVI. Por el otro, la difusión de una realidad construida a partir

múltiples formaciones culturales heterogéneas; el remplazo de un modelo totalizante, por uno

fundamentado en la negociación y el enriquecimiento derivado de la diferencia. Visto desde estas dos pe spe ti as, la olo ialidad es el sitio de e u ia ió ue e ela de u ia la ceguera de la

narrativa de la modernidad desde la perspectiva de la modernidad misma, y es al mismo tiempo la platafo a de la plu i e salidad … el luga do de la di e sidad o o p o e to u i e sal puede

ser pensado, donde la cuestión de lenguajes y co o i ie tos de ie e u iales Es o a , , enero – diciembre, p. 63)

3. Modos otros de poder, saber y ser

Como se esbozo en el apartado anterior, la relación modernidad/colonialidad no es un fenómeno

que se agote con el advenimiento de lo académico e históricamente denominado como

posmodernidad, por el contrario, insertos en el proceso de globalización actual, se podría hablar

más bien de una reconfiguración de esa relación: las nuevas formas de capitalismo (imperialismo)

engendran nuevas formas de colonialismo. Cuando se habla de posmodernidad, entonces, se

debería hablar también de poscolonialidad (nuevas formas de subordinación, de dominio y

exclusión), bajo la claridad de que la segunda, emulando la relación moderno-colonial, se presenta

como elemento constitutivo y fundamental de la primera, y viceversa.

Con el fin de ubicar el surgimiento del pensamiento decolonial dentro de un contexto, nos

acogemos a los planteamientos de Walter Mignolo (2007) para nombrar como características

(26)

18

políticos y culturales mediados por la globalización; pérdida de las universidades y de los centros

de investigación como centros monopólicos de producción de conocimiento; movimientos sociales

de resistencia/insurgencia contra hegemónicos, por ejemplo, los movimientos indígenas y

ecologistas. Llevado al escenario de la producción/acción intelectual, podemos hablar del su gi ie to de p o e tos políti os, éti os, pedagógi os episte ológi os de la i te ultu alidad,

proyectos en los cuales son esenciales los conocimiento colectivos, los análisis colectivos y las a io es ole ti as (Walsh, 2005, enero – junio, p.48).

Partimos de esta idea para afirmar que la propuesta del pensamiento decolonial no se encuentra

en el orden de las tradicionales formas contestatarias de resistencia, llámense estas

posmodernidad, izquierda, centro izquierda, socialismo, etc. El mundo del modernismo, como sus

históricos discursos de crítica u oposición, sufren del mismo vicio de universalidad de los meta

relatos. El cristianismo y el liberalismo (político y económico) como bastiones de la expansión

colonial, o el marxismo como antítesis del capitalismo, se extienden en un juego de verdades y

mentiras, donde debe existir un ganador de manera absoluta.

La decolonialidad no proclama la instauración de un nuevo orden mesiánico, correcto y verdadero,

superpuesto a otro sistema que venía haciendo las cosas mal. Por el contrario, apunta hacia la

posibilidad de abandonar la pretensión totalizante de los discursos, bien sean de izquierda o de de e ha. El pe sa ie to de olo ial a o es iz uie da, si o ot a osa: es desp e di ie to de la

episteme política moderna, articulada como derecha, centro e izquierda; es apertura hacia otra osa, e a ha, us á dose e la dife e ia. (Mignolo, 2007, p. 31). Una oposición al

determinismo en cualquiera de sus dos extremos, es decir, exento de pretensiones de verdades

absolutas, de claves mágicas sobre el orden adecuado del mundo, de críticas o juzgamientos

valorativos. En efecto, el pensamiento decolonial, con el fin de resistirle, denuncia el carácter

excluyente y represivo del actual ordenamiento colonial, pero no en una oposición de contrarios, si o e u a oposi ió desplazada; el pe sa ie to de olo ial es el de las a iadas oposi io es pla eta ias al pe sa ie to ú i o (Mignolo, 2007, p. 33).

Ahora bien, resistirse a la construcción moderna de un mundo unificado, en términos

epistemológicos y ontológicos, conlleva al reconocimiento de la alteridad, a la configuración de un

(27)

19

conocimiento. La imposición de una forma particular y única de ver el mundo crea en sus entrañas la e iste ia de u os ot os dife e tes: el ot o o o op i ido, o o uje , o o a ial e te a ado, o o e luido, o o po e, o o atu aleza Es o a , , e e o – diciembre, p.

63). Se es diferente por cuanto no existe un escenario que posibilite el desarrollo y emergencia de

dichas diferencias. La necesidad de enunciación recae en la falta de reconocimiento y en la sup esió /des alo a ió de la alte idad. E i tud de esto, el ot o a taño arginado,

desaparecido, excluido, renace en el escenario decolonial como sujeto de conocimiento, capaz de

expresar y crear a partir de la diferencia.

El decolonialismo, claramente, no es el primero en abordar la problemática de la alteridad. Sin embargo, el e o o i ie to del ot o ajo es ue as dis u si os o o el pos olo ial, pa a ita

un ejemplo, no ha implicado, en ningún momento, la concepción de la pluralidad y la diversidad

como focos de creación. Por el contrario, se remiten a una reconfiguración del mismo esquema totaliza te de su o di a ió , eti uetado ajo atego ías o o Eu opa los ot os u O ide te el esto . Di ho de ot o odo, la alte idad ueda a ulada f e te a u g upo de ot os

homogéneo, donde de manera indiferenciada se contemplan afrodescendientes, indígenas,

latinoamericanos, ecologistas, etc.

La alteridad vista desde una perspectiva moderno/colonial propende por homogenizar, dentro de u a atego ía de ot o , a todo a uel ue o e aje e la o ió de la o, eu opeo,

norteamericano, heterosexual, capitalista. En consecuencia, el reto decolonial consiste en e o o e el a á te pa ial, histó i o hete ogé eo de todas las ide tidades . Co o di ía “a tiago Cast o, u a ás u a soluto ot o … El sujeto de la dife e ia colonial no es un sujeto

indiferenciado género- eut al o dife e iado sólo e té i os de aza lase Es o a , ,

enero – diciembre, p. 72). Un reconocimiento real de la diferencia, que no se quede en

parcialidades o ejercicios leguleyos de falsa inclusión.

Por tal razón, se habla de decolonialidad dentro del marco de la interculturalidad, entendida esta últi a o o a uella ue: Bus a desa olla u a i te ela ió e uitati a e t e pue los, pe so as,

(28)

20

procesos de intercambio que permitan construir espacios de encuentro entre seres y saberes, sentidos y prácticas disti tas. (Walsh, 2005, enero – junio, p.45)

El problema no es únicamente subsanar las asimetrías existentes a través de procesos de e o o i ie to tole a ia del ot o , si o de i da espa ios e do de se pe ita, o desde

el otro, la construcción de un nuevo discurso, una nueva lógica política y epistemológica nacida

desde la diferencia. La meta es llegar al surgimiento de un orden insurgente, un nuevo proyecto de

pensamiento concebido desde abajo y no desde arriba, capaz de dar voz y reconocimiento a esas

fo as ot as de o o i ie to ue fue o su o di adas. La ot edad episté i a se efie e a u a

resistencia semiótica capaz de resignificar las formas hegemónicas de conocimiento desde el

punto de vista de la racionalidad posteurocéntrica de las su jeti idades su alte as (Castro,

2007, p. 20).

Con base a esta preocupación por el reconocimiento del otro, un reconocimiento tanto en

términos de visualización como de proposición, se pueden citar como inquietudes del

decolonialismo las siguientes: ¿Pod ía se posi le pe sa so e pe sa dife e te desde u a

«exterioridad» al sistema mundial moderno? ¿Puede uno imaginar alternativas a la totalidad

imputada a la modernidad y esbozarla, no como una totalidad diferente hacia diferentes designios

globales, sino como una red de historias locales/globales construidas desde la perspectiva de una alte idad políti a e te e i ue ida? Es o a , , e e o – diciembre, p. 59).

Se parte de estos cuestionamientos, para establecer dos temáticas de la cuales se desprenderá la

argumentación del decolonialismo como una forma de resistencia, desde el conocimiento, al

orden moderno/colonia. Dichas temáticas son: el pensamiento fronterizo y la importancia del

lugar como espacio de lectura y creación. Una vez entendida la forma de operación del modelo

moderno/colonial, hay que pasar a la disidencia, dirigirse hacia una resistencia localizada en las

periferias y fronteriza al centro hegemónico. Acciones encaminadas a responder desde la

diferencia a la colonialidad del poder, el ser y el saber impuesta por la lógica totalizante del sistema – mundo capitalista. Lo anterior se logra a través de un tipo particular de deconstrucción ue pe ita o p e de , a tua e i agi a el u do de ot a a e a Walsh, , A il, p.

(29)

21

Un pensamiento fronterizo

Co pe sa ie to de f o te a se ha e efe e ia al pe sa ie to las a io es de uie es se

oponen al imperio desde la exterioridad del imperio mismo. Esto es, la exterioridad como el afuera

construido desde adentro Mignolo, 2002, p. 235). La decolonialidad se establece fuera de los

límites epistemológicos establecidos por el pensamiento moderno, sin que esto represente una

exterioridad corpórea, de localización espacial, dado que es justamente desde la colonialidad

(diferencia colonial) desde donde se habla. No existe como tal un afuera del sistema mundo,

tomado este como orden geopolítico, pero existe un afuera del discurso, que se reafirma en la

diferencia.

Esta exterioridad es entonces una construcción cimentada en las entrañas del propio sistema –

mundo, una construcción insurgente y de resistencia que se le opone a través de la configuración

de un afuera estructuralmente ligado a un adentro totalizante, capitalista y colonial. No existe otra

forma diferente de repensar el modernismo y sus reconfiguraciones globalizadas, a sacar las

prácticas epistemológicas, hermenéuticas y filosóficas (creación, lectura y reflexión) de las

estructuras alienadas por el imperio mismo para su generación.

La de olo ialidad, e o se ue ia o su o jeti o de isualiza u dos ot os , se i stau a e la f o te a, u a a e a dife e te del pe sa ie to, e o t a ía de las g a des a ati as

modernistas (la cristiandad, el liberalismo y el marxismo), localizando su propio cuestionamiento

en los bordes mismos de los sistemas de pensamiento e investigación hacia la posibilidad de modos de pensamiento no-eu o é t i o. Es o a , , e e o – diciembre, p. 54).

Referido al pensamiento de Foucault respecto a los procesos de creación, Maurizio Lazzarato

habla de la relación resistencia - creación de la siguiente manera:

(30)

22

Nacida por y desde de la diferencia propia de un orden mundial excluyente, el pensamiento

decolonial, en su calidad fronteriza, se constituye como una construcción epistémica ética, dado

que en su proceso de resistencia no persigue la anulación de su opresor, sino la legitimidad de e u ia ió ea ió a t a és de la i stau a ió de u a lógi a ot a . No está de t o de las p ete sio es de olo iales i u i e u a di e sió et o ida del u do ode o, su p opósito

no es corregir mentiras y decir la verdad, sino pensar de otro odo Es o a , , e e o –

diciembre, p. 63)

Un pensamiento que escapa a la visión eurocéntrica para darle voz a aquellos discursos

inexplicables desde las limitadas y obtusas estructuras académicas y sociales instauradas por el

sistema hegemónico para interpretarlos. Para el decolonialismo el análisis de los procesos del siste a u do se ha e to a do e ue ta los o o i ie tos so etidos/su alte izados po la

visión eurocéntrica del mundo, es decir, el conocimiento práctico de los trabajadores, las mujeres, los sujetos racializados/ coloniales, los gay y los movimiento anti- sisté i os. Cast o, , p.

Sin embargo, ese afuera y ese adentro comparten una condición. La construcción de un exterior

incluyente a partir de un interior homogéneamente construido, habla en los dos casos de

arquitecturas desarrolladas por el hombre con base a una lógica particular. Es decir, no son

estados dados per se, sino que tanto en la frontera como en su interior la realidad es una o st u ió del le guaje, del pode del deseo Cast o, , p. . Justa e te e esa

capacidad constructiva recae la necesidad de deconstruir las formas de lenguaje, poder y deseo

institucionalizadas por el pensamiento moderno, para dar lugar a la generación de una nueva

arquitectura que escape a esa realidad moderna/colonial y excediéndola puedan abordarla de otro

modo.

Un pensamiento localizado

El pensamiento decolonial, como ya se mencionó, tiene una segunda característica fundamental:

la localización. Con esta nos referimos al enraizamiento espacio-temporal del conocimiento, en sus

p o esos de ge e a ió , i ple e ta ió le tu a. Todo onocimiento posible se encuentra

(31)

23

Reconocer el carácter localizado de los proceso de creación epistemológicos apunta a desmontar

esa pretensión moderna de dar cuenta, de manera indiferenciada, de todos y cada uno de los

lugares e individuos del plantea a través de un único discurso totalizante; otorgarle a la creación

epistémica los matices y texturas propios del trópico ecuatorial, de la selva amazónica, de los

desiertos africanos. Señalar enfáticamente que el conocimiento se encuentra absolutamente

ligado, tanto en su producción como en su aprehensión, a los contextos espacio-temporales que

lo rodean, que el individuo moderno europeo no es el mismo que el indigena latinoamericano, y

tanto el uno como el otro cuentan con una máquina de pensamiento distinta y ampliamente

diferenciada por las condiciones particulares a partir de la cuales desarrolla sus marcos de o st u ió , le tu a e i te p eta ió del u do. Co o a ota Walte Mig olo: El pe sa ie to o se p o esa e u a e te desi o po ada, i olo a geohistó i a e te desu i ada (Mignolo,

2002, p.225). La creación de discursos desde el lugar obedece a una resistencia cognoscitiva

opuesta al desdibujamiento geopolítico y geohistórico difundido ampliamente por el discurso

hegemónico moderno.

Localizar los procesos de creación propende por un reconocimiento de la geopolítica del

conocimiento, es decir, verlo como un proceso determinado e inscrito en un espacio/tiempo

particular y diferenciado, referido a unas condiciones de tipo cultural que determinan los

contenidos y los términos del discurso. La marginalización moderna de las condiciones particulares

del lugar en el proceso de lectura y aprehensión del conocimiento, conduce a la imposición

hegemónica de los discursos preestablecidos por el colonialismo en lo concerniente a la

comprensión de la cultura, el conocimiento, la naturaleza y la economía.

U a alida ió de fo as ot as de lee el u do, fo as lo alizadas ultu al e te

particularizadas de aprehender el entorno; esas formas que la modernidad desvalorizo como

tradicionales, folclóricas y emocionales. Se puede decir, en efecto, que el ejercicio científico y de

conocimiento tiene color, género y lugar de origen, pero no uno único e indiferenciado, sino uno

inscrito en las condiciones históricas, geopolíticas, socioculturales y socioeconómicas a partir de

las cuales se crea, se propaga y se interpretan esos flujos circulantes de información y de o o i ie to. La eafi a ió del luga , el o-capitalismo, y la cultura local opuestos al dominio

(32)

24

debe resultar en teorías que hagan viables las posibilidades para reconcebir y reconstruir el u do desde u a pe spe ti a de p á ti as asadas e el luga Es o a , , p. .

Hablar de producción y de interpretación (aprehensión de conocimiento) implica entrar en una

restructuración no sólo epistemológica sino hermenéutica; un cambio tanto en los contenidos del

discurso como en los términos y condiciones bajo los cuales se da el ejercicio de enunciación y le tu a. U a he e éuti a e t ada e las historias locales en las cuales los signos globales

coloniales son necesariamente transformados, transformando así también las historias locales que

los ea Es o a , , e e o – diciembre, p. 67).

Ante el desdibujamiento del lugar como escenario de lectura y creación, una primera labor recae

en el proceso de territorialización y creación del lugar, a través de estructuras

espacio/temporalmente localizadas, que den pie a la posibilidad de pensar y crear, desde la

diferencia, mundos «otros», lógicas «otras», pensamientos «otros». Un repensar geopolíti a e te est u tu ado, es de i , asado e el e o o i ie to de la dife e ia olo ial, la hete oge eidad est u tu al de las o t adi io es dia ó i as Mignolo, 2002, p.241).

Ejemplos de esto son las comunidades indígenas para quienes el saber adquiere sentido ético en

las prácticas, es decir, son los actos determinados por la tradición y por la experiencia los que

conducen a la activación de un saber colectivo, basado en el sentido útil. Por consenso los

indígenas determinan qué es aquello que se necesita saber; implementar o no un saber dentro de

sus prácticas, está determinado por el sentido de necesidad, si realmente hace falta se busca y se

aprende, no existe la noción positivista de los modelos de producción y consumo propios de la glo aliza ió . El sa e i díge a ie e de p á ti as o u ita ias del sa e se , el sa e esta el sa e da uso, de u u do ue se e o o e e la o i e ia e las p á ti as. Muñoz, ,

p.257)

Con base en esa necesidad de conocimiento propia al lugar, las prácticas decoloniales localizadas

requerirán no de una abolición absoluta del pensamiento moderno y del conocimiento científico

(33)

25

(Escobar, 2003, enero – diciembre, p. 67). Alejada de la anulación, la discusión se desplaza al

terreno de la diversidad, con el fin de reconocer la existencia de otro tipo de ordenamientos, otro

tipo de lógicas, divergentes a la moderno/colonial, en busca de un reconocimiento validado en la

legitimidad creativa y propositiva de esos discursos y pensamientos nacidos de la simultaneidad

epistémica. Respecto al tema dice Caterine Walsh:

Tal refutación no implica descartar por completo esta racionalidad, sino hacer ver sus pretensiones coloniales e imperiales y disputar su posicionamiento como única, de esta manera cuestionan también la supuesta universalidad del conocimiento científico que preside las ciencias sociales, en la medida en que no capta la diversidad y riqueza de la experiencia social ni tampoco las alternativas epistemológicas contra-hegemónicas y decoloniales que emergen de esta experiencia. (2007, Abril, p. 104)

Como consecuencia de este proceso de reconfiguración, se genera una reformulación en la

relación unidireccional y hegemónica entre el centro y sus periferias. Si bien persiste una

diferencia cuantitativa, en términos de recursos financieros, poder político, alcance, etc., entre las

grandes potencias y, por ejemplo, los pequeños países latinoamericanos, desde la perspectiva

decolonial aquellos puntos antes tomados como simples focos de explotación, pasan de ser

puntos pasivos de recepción de contenidos, para convertirse en un nodo más dentro de una red

de multiplicidades localizadas, legítimas y creativas, con capacidad de propagar globalmente sus

contenidos. Los movimientos de grupos históricamente excluidos (afrodescendientes, indígenas, ho ose uales, uje es, lati oa e i a os , o ie za a o stitui se e luga es de pe sa ie to,

que piensan la modernidad, el imperio y la sociedad red desde los puntos de llegada más que desde los pu tos de pa tida (Mignolo, 2002, p.235).

La noción de un sujeto (individuo) autónomo concebida por el modernismo, es decir, la de un

hombre (europeo/estadounidense, racional por cuanto moderno, capitalista, heterosexual,

masculino) que se construye a sí mismo como objeto y sujeto de todo conocimiento, es

desmontada por la dimensión relacional y geopolítica del conocimiento: el lugar se posiciona como

el escenario de singularización de la problemáticas generadas por el contexto global, es decir,

como un espacio de creación y resistencia contrahegemónico. Una vez se reconoce la generación

epistémica como un ejercicio localizado, se reconoce igualmente la imposibilidad de una

(34)

26

Globalización Localización

Como oposición a ese pensamiento localizado y fronterizo se plantea actualmente un gran

opositor: la globalización, y con ella las reconfiguraciones posmodernas del orden

moderno/colonial, implica un fortalecimiento del canon eurocéntrico como marco predominante

de interpretación teórico. Visto de esta manera, los movimientos de globalización no son otra cosa

que la magnificación de los postulados del pensamiento moderno, de las prácticas coloniales y de

los ejercicios de discriminación, jerarquización y explotación capitalista.

Parecería, entonces, que el pensamiento decolonial se aleja o riñe con el fenómeno de la

globalización, razón por la cual, una buena pregunta al decolonialismo sería si es posible integrar

este proceso de redibujamiento geohistórico y congnositivo (el decolonial) dentro del proceso de

desdibujamiento de las fronteras, el fortalecimiento de un capitalismo salvaje, el aumento en la

brecha de ricos - pobres, y demás procesos atados y derivados a la globalización. La respuesta, de

la mano de Boaventura de Sousa (2003) apunta hacia un proceso de 'reglobalización

contrahegemónica', donde lo local sea desglobalizado, es decir, alejado del actual orden

totalizante del sistema – mundo, para situarlo en una posición fronteriza, subversiva y de

resistencia.

La alternativa a la expansión de un fascismo societario es construir una nueva pauta de relaciones locales, nacionales y transnacionales, basada en el principio de la redistribución (equidad) y en el principio del reconocimiento (diferencia). En un mundo globalizado, tales relaciones deben emerger como globalización contrahegemónicas. La pauta que las sustenta debe ser mucho más amplia que una serie de instituciones. Dicha pauta conduce a una cultura política transnacional encarnada en nuevas formas de socialización y

su jeti idad. … I pli a u a ue a le atu al e olu io a ia. “ousa, , p. .

El trabajo decolonial consiste no en borrar las diferencias sino, por el contrario, exaltarlas dá doles oz, e o o i ie to legiti idad o o fo as ot as de ap ehe de el u do

generar conocimiento. La globalización, vista desde una perspectiva eurocéntrica, como

posibilitadora de un espíritu democrático mundial, propone borrar las antiguas diferencias para

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