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III. Modernidades alternativas y alternativas a la modernidad

2. Desarrollo y Ecología

La sustentabilidad, enmarcada dentro del problema ambientalista contemporáneo, se presenta como un cuestionamiento a los paradigmas y a la racionalidad capitalista que, negando la naturaleza, ha gobernado hasta nuestros días los procesos de crecimiento económico. Bajo la óptica de la supervivencia, la sustentabilidad ecológica debería convertirse en uno de los núcleos fundamentales de transformación de las prácticas políticas, económicas y culturales de los individuos y de los Estados alrededor del mundo. Sin embargo, los múltiples indicios de la naturaleza (efecto de invernadero, derretimiento calentamiento global, desplazados climáticos, fenómenos naturales exacerbados, entre otros) parecen ser incipientes frente a la falta de acciones concretas, de algunos de los principales actores mundiales.1

El medio ambiente se constituye como el soporte, la condición y la potencia de la producción y de la vida actual y futura. Sin embargo, la historia ha sido testigo de cómo la adopción generalizada de un sistema económico e ideológico, basado en una producción salvaje y en un consumo

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Estados Unidos y Australia a pesar de ser grandes contribuyentes al calentamiento global, con cerca del 40% total de emisiones de CO2 en el mundo, se resisten a ser parte del Protocolo de Kyoto, convenio marco instaurado por la ONU contra el cambio climático.

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excesivo, se ha encargado de marginar las variables medioambientales de los discursos políticos, económicos y sociales, a un punto tal de adormecimiento que sólo hasta ahora, ya entrado el siglo XXI, empezamos, tímidamente, a despertarnos.

La relación histórica entre la conceptualización de desarrollo y progreso (basada en un sistema predador de producción y consumo) y la degradación del ambiente, es irrefutable. Producto de esta relación destructiva, y enmarcado dentro de lo que para este trabajo se ha denominada pensamiento decolonial, surge la ecología, como movimiento social, como discurso disidente y divergente, contra hegemónico, que promulga una reconstrucción del mundo a partir de conocimientos locales; un movimiento de resistencia que confronta, desde el conocimiento, al discurso normativo/totalizante global. Es decir una forma de resistencia que propende por la creación de una racionalidad ambiental y de un conocimiento de los sistemas naturales, para a partir de estos genera una lucha en favor de la configuración de un nuevo orden de lo local, que desemboque en ambientes y escenarios sustentables.

El saber científico moderno occidental, se está quedando sin argumentos ante la creciente degradación de la capacidad medioambiental, demostrada en su mismo lenguaje científico, para proveer recurso y condiciones básicas para la humana (agua, tierra fértil, alimentos necesarios, climas estables, ciclos de regeneración, etc.).

Como parte de los postulados del neomarxista Francisco Lazzarato, y con referencia al surgimiento necesario de subjetividades múltiples, alternativas, divergentes – la ecología, entendida como una forma alternativa de pensar, habita y actuar en el mundo – , se puede afirmar que la ecología como acontecimiento (es decir, como creación/acción y no sólo como representación) se vale de la enunciación y ejecución de posibles para delatar una posición política de la multiplicidad de individuos que, a través de la subjetivación, desarrollan una aprehensión particular y novedosa de los flujos de deseos y creencia en vías de la construcción de lo social. El acontecimiento hace posible, emerger (crea) nuevas posibilidades de vida. Gerencia una mutación de la subjetividad, es decir, un cambio en el sentir del individuo, un cambio en el orden del sentido. (Lazzarato, 2006) Problematizar la forma como habitamos nuestro entorno, al delatar de manera simultánea la posibilidad de configurar un nuevo orden, a partir de re-pensar el sistema hegemónico y preestablecido, de re-conceptualizar nociones como desarrollo y progreso, en vías de edificar mundos socio-naturales. Nuevos sistemas y ordenamientos, enriquecidos de los saberes

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tradicionales, marginales, locales, pero también científicos, que reconozcan la complejidad e interdependencia operante en la relación que se desarrolla entre el ser humano, los limites de los medios y recursos naturales, los sistemas de producción – consumo, y la sustentabilidad.

La isis edioa ie tal del u do o te po á eo es pa a de i lo si odeos, u a risis de ode idad e ua to ue la ode idad ha f a asado e posi ilita u dos suste ta les (Escobar, 2003, p. 77). La incapacidad demostrada por el medio ambiente para asimilar los niveles de producción, consumo y desperdicio del sistema capitalista, es una muestra de cómo esta crisis representa el límite al esquema económico moderno.

Crisis de la modernidad y por tanto una crisis del pensamiento logocéntrico, de la separación colonial, hecha por este, entre naturaleza y cultura. Ignorar el arraigo e interdependencia tradicional entre la naturaleza y el individuo, fue la clave del proyecto capitalista, para poder cosificar los recursos y el medio ambiente, y de esta manera convertirlos en mercancías sensibles de explotación, transacción y agotamiento. Lo que para muchos pueblos, por ejemplo los indígenas, representaba una continuidad en la relación hombre – naturaleza, se desdibuja y se remplaza por una mera transacción, inserta dentro de una cadena productiva.

Sin embargo, la realidad es otra. El mundo natural está integrado, de manera indisoluble, al mundo social. La ecología, como movimiento social, promulga la necesidad de re conceptualizar lo que entendemos por naturaleza, por tierra, por agricultura, por producción, por desarrollo, etc., interpelar esos conceptos sembrados por la lógica moderno/colonia, por el proyecto desarrollista, y modificarlos al punto de localizarlos y hacerlo coexistir en armonía con el entorno; las relaciones productivas deben tomar en cuenta las condiciones del contexto sociocultural donde se inscriben, siempre que estas represente una relación continuidad entre cultura y naturaleza.

Consideradas como arcaicas y salvajes, las formas de coexistencia entre los relatos de economías domésticas/locales y la naturaleza, han sido tomadas como conocimientos contrarios al desarrollo y retardatarias. Sin embargo, a la luz de la coyuntura ambiental, parece ser en estas formas tradicionales donde se erige la esperanza de recuperar parte de ese equilibrio perdido y necesario para la supervivencia.

La lucha ecológica contemporánea, que sienta sus bastiones de resistencia en las estructuras dis u si as episte ológi as, a o adas a la a ió , da ue ta de u pe sa ie to a ie tal emergente construido sobre las luchas y conocimientos indígenas, campesinos, étnicos y otros

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grupos subalternos para imaginar otras formas de ser con una multiplicidad de seres vivos y no- i os, hu a os o hu a os Es o a , , p.

Si bien ya se mencionó que la crisis ambiental es producto del proyecto positivista moderno, es decir, de la lógica capitalista de sobreexplotación de la naturaleza, resulta fundamental enfatizar en que hablamos, principalmente, de una crisis del efecto del conocimiento sobre el mundo: Las cosmovisiones y las formas de conocimiento del mundo han creado y transformado al mundo de diversas maneras a lo largo de la historia. Pero lo inédito de la crisis ambiental de nuestros tiempos es la forma y el grado en que la racionalidad de la modernidad ha intervenido al mundo, so a a do las ases de suste ta ilidad de la ida. Leff, , p.

La inexistencia de una racionalidad ambiental – por negligencia y no por ignorancia –, la disociación entre naturaleza y cultura, el desdibujamiento de los límites de los recursos y las condiciones ambientales, por parte de los actores del proyecto global capitalista, ha conllevado a que el conocimiento mismo se vuelque contra la humanidad. Basados en la en ese saber objetivo y moderno, por mucho tiempo se justificó – y se justifica – los efectos inmediatos y futuros de la actividad económica capitalista; La globalidad imperial amparada en el paradigma igualmente homogenizante de la ciencia, la tecnología y el progreso.

No valieron y ni han valido las iniciativas generadas desde el orden simbólico por intelectuales como Foucault, Deleuze, Guatari, Derrida, entre muchos otros, que desde diferentes campos, disidentes de la racionalidad hegemónica, promulgaron los desvaríos de esta lógica económica. Hoy en día, muy por fuera del escenario simbólico, la naturaleza se manifiesta con hechos, en el campo de lo real, para hacerle justicia a la verdad, para sentar precedentes y, con el tiempo jugando en contra de la supervivencia, hacer presente la necesidad urgente de generar discursos basados en una nueva racionalidad.

Desde la ciencia se negó y se niegan los límites de la naturaleza, se traiciona la realidad y se acomoda la potencia de la naturaleza a las necesidades del modelo económico. Los voceros del discurso económico imperante han hecho un uso bélico del conocimiento, usándolo desde sus beneficios particulares aún en contra la supervivencia, en una negación absoluta del otro.

Hablar de ecología como un proceso derivado de la creación de conocimientos locales (de los sistemas naturales y el ambiente) implica hablar de una lucha/resistencia, desde dichos

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conocimientos, en pro de una reconfiguración del orden mundo. Implica, entonces, pensar y actuar acorde a una reapropiación cultural de la naturaleza.

Estrategias de ecodesarrollo

Al tomar como referente los sistemas de producción – consumo neoliberales, las estrategias de e odesa ollo se asa e la e esidad de fu da ue os odos de p odu ió estilos de ida en las condiciones y potencialidades ecológicas de cada región, así como en la diversidad étnica y la auto o fia za de las po la io es pa a la gestió pa ti ipati a de los e u sos. Leff, , p.19) Romper la falsa contradicción entre crecimiento económico y acciones de preservación ambiental, legitimada desde el paradigma moderno.

Para entender los fundamentos propios de esta estrategia hay que recurrir a una breve explicación de la problemática de sobreexplotación de los recursos naturales. La totalidad de los procesos productivos implican una transformación de materias y energía depositadas, a manera de recursos naturales, en el planeta. De manera inicial la mayor o menor cantidad de dichos insumos dependería de la distribución geográfica y de la estructura geológica de las superficies. Sin em a go, a uí e ae el p o le a, e iste u a a ia le adi io al: las t a sfo a io es histó i as, fu dadas e las fo as ultu ales e o ó i as de usuf u to e plota ió Leff, , p. . Por tanto, la pregunta del ecodesarrollo recaerá sobre las formas sociales de apropiación de la naturaleza.

Como se mencionó, la cantidad de recursos disponibles por una región depende directamente de la conformación geológica y biológica del planeta. Colombia, con extensas zonas tropicales, es un área propia para la abundancia en recursos bióticos (renovables) y abióticos. Como resultado del modelo colonialista y de la transculturización tecnológica (más de cinco siglos de dominación económica y política), no sólo Colombia sino gran parte de los países subdesarrollados han visto disminuidas sus reservas de recursos y por tanto su potencial productivo.

Lo anterior no es más que una muestra localizada de cómo las necesidades de expansión del modelo hegemónico, regidas por una racionalidad anti-natura, ha revertido los formas de crecimiento económico de países subdesarrollados contra sus propios entornos, a través de acciones destructoras que atenta contra la supervivencia misma de sus habitantes.

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Nuevamente el problema es genera nuevos valores de uso de los recursos. Sin embargo, modificar las prácticas económicas desde esta perspectiva implica, para nuestros países, desarrollar, a su vez, mecanismo que permitan disminuir la dependencia económica y tecnológica a la que estamos sometidos frente a los grandes países indust iales. Po ello, se de e e plo a se ue as estrategias para incrementar la producción de la productividad primaria de los recursos naturales, así como en el proceso socialmente controlado de selección de técnicas adecuadas y de innovación de modelos te ológi os ap opiado Leff, , p. .

La ecología y la racionalidad ambientalista cobran un papel fundamental en la gestión y formulación de estas propuestas, tendentes al ecodesarrollo, por cuanto su base es el conocimiento. Si se pretende llegar a un manejo productivo y sustentable de los recursos, y de la ida, es e esa io o o e las ases e ológi as de la p odu ti idad p i a ia del edio atu al, sus o di io es de ep odu ió sus posi ilidades té i as de t a sfo a ió . Leff, , p.201)

A partir de la revolución industrial y potencializado con el auge del desarrollo tecnológico, las reservas de recursos, tanto renovables como no renovables, se han visto gravemente afectadas, dada la incapacidad de la naturaleza de igualar sus ciclos de formación y regeneración a los descontrolados niveles de explotación del sistema productivo moderno. Sin embargo, quienes asumen dicho costo ecológico no son las empresas, sino la sociedad: las empresas en función de la maximización de las ganancias a corto plazo, ha o ta i ado el a ie te ha dete io ado el alo de uso de los satisfa to es de la so iedad. Leff, , p. No e iste ot a solu ió ue buscar integrar el proceso económico con la dinámica ecológica y poblacional.

Experiencias de aprendizaje comunitario

De acuerdo con lo presentado hasta el momento, el saber indígena, sus conocimientos, son una clara muestra de una forma disidente del modelo económico imperante. Las comunidades indígenas, en general, presentan una racionalidad ambiental, que da cuenta de una relación de continuidad entre medio ambiente y sociedad, donde la naturaleza es una variable activa dentro de los modelos económicos, políticos y sociales.

Da u istazo ha ia este tipo de o de es alte ati os pe ite o pa tir las necesidades de ap opia ió de sa e es te ologías a ie talistas, sie p e desde las p á ti as el sa e lo al (Gómez, 2003, p.254). Hacer contacto con comunidades indígenas y con sus prácticas y

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costumbres sobre la forma de aprehensión de su entorno nos aproxima a una revaloración de nuestro sentido común, es decir, de la categorías conceptuales a partir de la cuales se da origen a la i te p eta ió al se tido ue el i di iduo oto ga a su e to o. El edio a ie te fo a parte de la comunidad como ámbito étnico reconocido en la cosmovisión, atribuyendo sentido al ethos y a la identidad. El sentido de pertenencia se vive a través del arraigo, en la percepción del territorio y se expresa en el lenguaje, la costumbre, siempre en referencia al mundo atu al. (Gómez, 2003, p.255)

Sin desprendernos del hecho de que la ecología es una forma de resistencia desde el conocimiento, es justamente desde éste que podemos encontrar una de las principales enseñanzas de estos grupos sociales. Para las comunidades indígenas el saber adquiere sentido ético en las prácticas, es decir, son los actos determinados por la tradición y por la experiencia los que conducen a la activación de un saber colectivo, basado en el sentido útil. Por consenso los indígenas determinan qué es aquello que se necesita saber; implementar o no un saber dentro de sus prácticas, está determinado por el sentido de necesidad, si realmente hace falta se busca y se aprende, no existe la noción positivista de los modelos de producción y consumo propios de la glo aliza ió . El sa e i díge a ie e de p á ti as o u ita ias del sa e se , el sa e esta el sa e da uso, de u u do ue se e o o e e la o i e ia e las p á ti as. Gó ez, , p.257)

En este sentido, son dos factores los principales responsables de la radical diferencia existente entre el proceso de generación de conocimiento propio del escenario capitalista y el de las o u idades i díge as. E p i e luga , la ed de sa e es i díge as o se e o o e e conceptos verbalizados sino en prácticas, y se expresa en actos connotados y representados por el t a ajo la o i e ia Gó ez, , p. E segu do luga , la ge e a ió t a s isió de conocimiento implica para los indígenas un proceso comunitario, no unidireccional e impositivo, donde opera un respeto por el otro y por el entorno.

Finalmente es forma conocimiento nos lleva a una noción muy importante para el tema que nos atañe: el todo. A diferencia de la lógica capitalista, que margina y desconoce en primera instancia a la naturaleza misma, y en segundo término a los ordenes disidentes al propio, para los indígenas el u do ha e pa te de u a g a est u tu a holísti a, do de todo fo a pa te, el se tido la existencia de la vida y la cosas se ordenan a imagen del i lo de la atu aleza … la o u idad se

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