Se presenta la relación de acuerdo a la proximidad de los yacimientos con los conjuntos en estudio, de modo que el análisis se centrara primero en los enclaves del Alto Duero para pasar posteriormente a los del curso medio del Valle y a los afluentes del mismo tramo, alcanzando finalmente aquellos más alejados de sus fuentes (Figura 110). No todas las fechas existentes aportan referencias válidas para la comparación, por lo que se presentará, de forma sintética una valoración crítica sobre su consideración para el estudio comparativo, previa calibración, y, en todo caso, se indicará la referencia de la muestra y el conjunto o elementos a los que se asocia, señalando, junto al nombre del enclave, la bibliografía básica para el
estudio cronológico. En casi todos los casos, existen otras publicaciones que obviamos por ser suficientemente conocidas y no aportar datos para este apartado.
Con posterioridad a esta enumeración crítica se procederá a la calibración de los resultados considerados validos y a su evaluación conjunta, con el objetivo de definir la secuencia que lógicamente se contrastará con otros resultados de zonas limítrofes.
1 El Balconcillo, Ucero (Soria), (Rosa Municio, 1995: 193-204).
Yacimiento en altura, situado sobre una estrecha plataforma que domina el encajonado valle del río del mismo nombre. Su excavador compara el asentamiento con el de Los Tolmos de Caracena. La muestra (GrN- 19601: 3430±60 bp) corresponde a un fragmento de madera carbonizada, recogida junto a uno de de los posibles postes de una cabaña, bajo una capa de barro con huellas de entramado vegetal. Al disponer de un solo análisis desconocemos si las distintas fases o etapas de ocupación que diferencia, se sucedieron de forma más o menos espaciada, si bien no parece cuestionarse la homogeneidad de la colección de materiales recuperada, que situaría el conjunto en el momento formativo de Cogotas I.
2 Cueva La Maja, Cabrejas del Pinar (Soria), (Samaniego et alii, 2001: 91-93).
La cronología absoluta de la ocupación de esta cueva viene determinada por la datación de C14 de dos muestras de madera carbonizada (GrN- 18066: 3680 ± 40 bp y GrN-18067: 3665 ± 40 bp). Los resultados ofrecen una mínima desviación que confirma la sincronía en la utilización de la cámara superior (espacio ritual-simbólico) con la sala (espacio de cocina-estancia-almacén).
Figura 110 Localización de los sitios que disponen de fechas de C14 y se incluyen en el estudio:
1, El Parpantique; 2, Los Torojones; 3, Alto de Los Cotorros, 4, Pico Romero; 5, La Sima III; 6 Cueva del Asno; 7, El Castillejo; 8, Cueva Maja; 9; El Balconcillo; 10 Los Tolmos; 11; Arevalillo; 12, Cueva EL Mirador; 13, Pico Castro; 14, El Carrizal; 15, La Plaza; 16, Los Cercados; 17, Fuente las Pocillas; 18, Perro Alto;19, El Tomillar; 20, Aldeagordillo; 21; Santioste.
3 El Castillejo, Garray (Soria), (Fernández Moreno, 1997: 111).
En el año 1983 codirigimos, junto con el Dr. Jimeno, una campaña de excavación en el cerro de El Castillejo, en el mismo lugar que se ubicara uno de los campamentos del Cerco Numantino. La existencia, en superficie, de numerosos materiales prehistóricos hizo concebir esperanzas de localizar alguno de los poblados prehistóricos, que evidenciaban tanto los abundantes restos líticos como las cerámicas, más modernas, reconocidas también en las antiguas excavaciones.
Podemos avanzar que, en efecto, se localizaron tres niveles arqueológicos, correspondiendo el intermedio al de la secuencia numantina, y bajo éste, los restos de una cabaña prehistórica embutida en el manto natural, con materiales líticos y cerámicas de formas simples que recuerdan a las típicas del calcolítico de la zona superior del Duero Medio, en la ribera arandina.
Pese al interés del resultado: GrN- 3830±130 bp, el amplio margen de la desviación típica, superior a los 100 años, hace desestimar su calibración por superar el margén convencional de fiabilidad.
4 Cueva del Asno, Los Rábanos (Soria), (Eiroa, 1979: 69-72).
Las campañas de excavación en dos de las entradas de la cueva de El Asno se fecharon mediante sendos análisis del laboratorio del Instituto Rocasolano de Madrid, considerándose ambas como fiables. La primera (CSIC. 340: 3380 ± 50 bp) fechaba el único nivel arqueológico del sector B. Se trata de un amplio espacio iluminado por una abertura o ventanal que comunica el exterior, sobre el río Duero, y que se caracteriza por la presencia de abundante de cerámica decorada incisa. Esta zona es conocida popularmente como El Osario por la abundancia de huesos, entre
ellos también humanos, que se encuentran en superficie, removidos por trabajos anteriores.
La segunda muestra (CSIC. 341; 3860 ± 80 bp) corresponde al nivel b del sector A, el corredor de la galería principal, junto a la que se considera entrada actual. Se recogió en un nivel claramente alterado, como se deduce de la presencia de materiales prehistóricos junto a fragmentos de bronce y otros de hierro. Si aceptamos la fiabilidad con que califica el autor la valoración de la fecha, concluiremos que viene a demostrar la existencia de una ocupación cinco siglos más antigua que la anterior, conviniendo que el complejo cárstico que conocemos hoy como cueva de El Asno y que tiene tres aperturas al exterior, pudo haberse utilizado como refugio, hábitat o espacio funerario en distintos momentos de la Edad del Bronce, al igual que se constata su ocupación en época tardorromana y eventualmente visigoda.
Del análisis del material recuperado existan indicios, caso de la presencia de útiles líticos en el sector A y su ausencia en el sector B, que atestiguan la diferenciación de la ocupación prehistórica que, por otra parte, es fácilmente deducible si se conoce que, entre una y otra zona, no sólo hay una distancia de medio kilómetro, sino distintas simas, gateras y laminadores que hacen compleja la comunicación habitual entre ambos sectores. Argumentos que nos hicieron sospechar que ambos sectores corresponden a ocupaciones diacrónicas (Fernández Moreno, 1997: 112).
5 Los Tolmos, Caracena (Soria), (Jimeno, 1984: 199- 208; Jimeno y Fernández Moreno, 1991: 118-119).
Junto con La Plaza y Arevalillo, este yacimiento es un clásico en la arqueología meseteña de la Edad del Bronce. Aporta una secuencia de siete dataciones realizadas, también, por el mismo Instituto Rocasolano de Madrid. Cinco de ellas corresponden al denominado sector A o zona de vivienda, y las dos restantes a muestras recogidas en el sector B o zona de enterramiento, en la que no se localizaron estructuras de habitación. Aún cuando se reconocen también inhumaciones prehistóricas debajo de las viviendas, quedó confirmado que el espacio septentrional del segundo sector, cerrado y protegido, se utilizó como necrópolis tanto por las gentes de la Edad del Bronce como por las de la ocupación tardorromana posterior, mientras que el lado meridional del cerro, junto al río, fue utilizado para asentar el poblado y las viviendas en las dos mismas épocas e incluso, posteriormente, en un momento impreciso del medioevo.
Los análisis de la zona de hábitat (CSIC. 407: 3010 ± 50 bp, CSIC. 408: 3380 ± 50 bp; CSIC. 409: 3360 ± 50 bp; CSIC. 443: 3360 ± 50 bp y CSIC. 480: 3380 ± 50 bp) ofrecen unos resultados similares, coincidentes con el rango estadístico de la desviación, a excepción del primero (CSIC. 407) cuyo resultado rejuvenece la ocupación en unos 350 años. Esta desviación no tenía una explicación estratigráfica, y su alteración fue cuestionada al existir una muestra próxima y similar (CSIC. 409) que deparó la misma cronología que el resto de la secuencia. Por ello, el laboratorio intentó obtener una datación de una muestra duplicada de la disonante para contrastar el resultado, sin que pudiera conseguirlo por la rotura del instrumental. Por tal motivo, se recogió en una campaña posterior, una nueva muestra del mismo nivel, rico en restos de troncos calcinados, correspondiente a los postes de las cabañas. Esta última muestra (CSIC. 480: 3380 ± 50 bp) brindó la misma cronología que el resto del conjunto, mediados del siglo XV a. C., por lo que parece evidente la necesidad de anular la muestra CSIC. 407.
Para la zona de necrópolis se realizaron dos análisis, con resultados dispares. El primero de ellos (CSIC. 442: 3380 ± 50 bp) se obtuvo de la base del pozo u hoyo que contenía las inhumaciones, con un resultado similar a las fechas aportadas por las muestras del poblado, lo que confirma la coetaneidad de unos y otros. La segunda muestra (CSIC. 479: 3180 ± 50 bp) ofreció una fecha ligeramente más moderna, en este caso 200 años, lo que unido a la presencia de un fragmento de cerámica excisa que se trataba de fechar, ha dado lugar a una divergencia en su valoración. En resumen, se ha querido interpretar como el testimonio de una ocupación más moderna, responsable de la introducción de esta técnica decorativa. A nuestro juicio, no parece sostenerse esta modernidad con respecto al resto de la secuencia cronológica. Tal vez debiera considerarse el hecho de que el material fechado y la propia muestra no se ubicaban en un depósito cerrado, siendo conveniente, por tanto, considerarla descontextualizada para evitar la distorsión del conjunto que parece, a todas luces, uniforme y coetáneo.
En conclusión, a la vista de la uniformidad del conjunto material, de los paralelos con otros conjuntos próximos, caso del de Ucero ya descrito, el poblado de Los Tolmos no parece susceptible de haber sido utilizado más allá de un siglo, margen que se deriva de las desviaciones máximas de las muestras fiables.
6 El Túmulo de la Sima, Miño de Medinaceli (Soria), (Rojo et alii, 2005: 67-175).
En el Valle de Ambrona, en el extremo más oriental de la Cuenca del Duero, ya en contacto con la del Jalón, se ha desarrollado en la última década un intensivo programa de investigación centrado en el proceso de neolitización y que, por los hallazgos producidos, ha alcanzado la fase calcolítica e incluso etapas más modernas. En lo que nos ocupa, debemos destacar los hallazgos realizados en este yacimiento, en el que se erigió un monumento megalítico que fue utilizado por distintos grupos en diferentes momentos. Se reconocen, al menos, tres etapas no continuas, correspondiendo la última, Sima III, a una utilización marginal y exterior como parece derivarse de las inhumaciones en el antiguo corredor de acceso, acompañadas por un rico ajuar campaniforme constituido por numerosas vasijas de los denominados estilos antiguos, Marítimo y Puntillado geométrico, además de algunos botones de perforación en “V”, puñales de lengüeta y puntas tipo pálmela. Estos objetos que debieron corresponder a varias deposiciones individuales se fechan con las dos muestras sobre fémures: KIA.17999: 3860 ± 30 bp y KIA.18000: 3862 ± 28 bp.
Pese a la ausencia de decoraciones Ciempozuelos el conjunto evoca un ambiente típico del campaniforme meseteño.
7 Pico del Castro, Quintanilla de Arriba (Valladolid), (Rodríguez Marcos, 2005: 83; Ídem, 2009: 137-149).
Se trata de un yacimiento situado próximo e inmediato a la zona de estudio. Destaca sobre un espigón de páramo que se alza más de un centenar de metros sobre el valle en el que se encaja el Duero. Recientemente se ha publicado una breve noticia sobre el hallazgo de una cabaña de atribución campaniforme, si bien la presencia de esta típica cerámica es tan sólo testimonial. Indistintamente de otras consideraciones interpretativas, lo cierto es que se dispone de una muestra de C14 (GrN -15.897: 3750 ± 60 bp) que fecha la ocupación prehistórica del sitio, con materiales semejantes a los de los poblados del Alto Duero.
8 La Plaza, Cogeces del Monte (Valladolid), (Delibes y Fernández Miranda, 1986/87: 23; Rodríguez Marcos y Abarquero, 1994: 52; Rodríguez Marcos, 2009: 72-90)
La datación de La Plaza (GrN- 10.617: 3275± 30 bp) se incorpora por vez primera en el estudio de Delibes y
Fernández Miranda sobre la cronología del horizonte Cogotas I, fechando la estructura defensiva que cierra el pasillo de acceso de la plataforma del páramo al cerro, que fue reconocida en la campaña de 1980. Con posterioridad, el mismo nivel, identificado en la campaña de 1986, fue fechado, de nuevo por el mismo laboratorio, con otro análisis que ofreció idéntico resultado (GrN- 14.560: 3275 ± 30 bp). Al interior de la estructura se identificó un único nivel cuyos materiales sirvieron para definir el denominado horizonte ProtoCogotas.
9 El Carrizal, Cogeces del Monte (Valladolid), (Rodríguez Marcos, 1993; 2009: 93-107).
Se trata de un asentamiento en ladera, junto al arroyo Cogeces y cercano al yacimiento de La Plaza. Constituido por varios silos o pozos, su relleno evidencia una única fase caracterizada por cerámica mayoritariamente lisa, siendo escasa la incisa que desarrolla los típicos motivos de espina, triángulos rellenos y círculos. La identificación de algún hoyo menor, posiblemente para encajar algún poste, y la abundancia de cuñas de barro, hacen sospechar la existencia de un asentamiento más o menos estable. En uno de los hoyos de poste se recogieron restos de madera carbonizada para su análisis por C14 (GrN- 18287: 3640 ± 70 bp). El autor cuestiona el resultado por considerar la fecha muy antigua para el contexto que describe, si bien no advertimos argumentación que apoye dicha contradicción, máxime cuando el porcentaje de cerámicas decoradas sólo constituye el 5,4 % del conjunto.
10 Cueva de Arevalillo, Cega (Segovia), (Fernández- Posse, 1981: 51; Delibes y Fernández Miranda, 1990: 23).
Es otro de los yacimientos de referencia para la Edad del Bronce en la Submeseta Norte. La primera de las muestras (CSIC. 400: 3290 ± 50 bp) corresponde a la primera campaña de excavación y fechaba una bolsada de cereal contigua al hogar número 2 del nivel IIA, el intermedio, en el que convivían la cerámica campaniforme y la de boquique con otras incisas semejantes a las de Los Tolmos y La Plaza. Las dos siguientes muestras (CSIC. 422: 3400 ± 50 bp y CSIC. 423: 3400 ± 50 bp) databan el mismo nivel, concretamente elementos relacionados con el hogar número 4 y fueron tomadas a la misma profundidad que la primera. En la publicación de estos resultados se advierte una contradicción entre los valores bp y a.C.
con una diferencia de cien años. Con posterioridad esta duda parece multiplicarse al ser reproducida con un resultado que en nada coincide con la doble versión de la publicación original. En todo caso, en la última publicación se añade un nuevo análisis (UGRA/99: 3510 ± 140 bp) cuyo resultado ofrece la datación más alta, superando incluso las más elevadas de Los Tolmos. El amplio margen estadístico y el hecho de tratarse de distinto laboratorio al que realizó los primeros análisis, podían constituir argumentos para reflexionar sobre la validad del resultado o la oportunidad de su utilización.
Sirvan por ello las fechas superiores e inferiores que ofrecen la primera y la última muestra para encuadrar el conjunto, sin que sea relevante el resultado de las dos fechas intermedias. A tal efecto, tomaremos la referencia del laboratorio, que suponemos ofrece menos posibilidad de error.
11 Los Cercados, Mucientes (Valladolid), (Delibes et alii, 1995: 57; Herranz et alii, 1993b: 38).
Conocemos un análisis (GrN-13594: 3970 ± 60 bp) de esta estación prehistórica que ha permitido definir la etapa Calcolítica plena en la Cuenca Media del Duero, junto con los enclaves de Fuente de las Pocillas, que luego se tratará, y el de Santa Cruz de Roa. Constituyen una serie de pequeños establecimientos en los que la presencia de industria lítica es constante, a la vez que las formas cerámicas dominantes son lisas, con predominio de los cuencos y los vasos globulares. Del mismo modo, la presencia de útiles metálicos, aunque excepcionales, y generalmente de tipología muy sencilla, viene a confirmar la adscripción de estos grupos a las etapas metalúrgicas, indistintamente de que pueda constatarse, en cada caso, la producción local o importada de estas piezas.
12 Fuente Las Pocillas, Mucientes (Valladolid), (Herranz et alii, 1993a: 62).
Al igual que el anterior, el yacimiento se caracteriza por una colección lítica y cerámica de atribución Calcolítica. La datación corresponde a uno de los hoyos excavados. No disponemos de muchos más datos relacionales con el análisis y aun cuando puede extrañar la modernidad de la fecha, es cierto que, como bien señalan los investigadores, no es la única que, entre las atribuidas a la etapa más antigua pre- campaniforme, se encuadra en un momento inicial del segundo milenio.
Aún así, hemos de desechar la calibración de este resultado GrN-15014: 3880 ± 180 bp, ya que, una vez más, la amplitud de la desviación excede el margen de aceptación, y probablemente ofrecería un resultado con un margen excesivamente amplio que en nada ayuda a definir el encuadre cronológico.
13 Perro Alto, Fuente Olmedo (Valladolid), (Delibes y Municio, 1981: 36; Delibes y Fernández Miranda 1986/87: 20; Martín Valls y Delibes, 1989: 80-81; Delibes et alii, 1998: 167).
El hallazgo de Fuente Olmedo permite fechar uno de los más típicos enterramientos del campaniforme Ciempozuelos. Aún cuando los análisis no se efectuaron hasta un lustro después de la publicación del hallazgo, las muestras analizadas no ofrecían, en principio, la más mínima duda. Se trataba de huesos humanos correspondientes a una inhumación que fueron enviados a dos laboratorios: al del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid (CSIC, 483: 3620 ± 50 bp) y al Teledyne Isotopes de New Jersey (I-10.768: 3255 ± 90 bp). Los resultados fueron dispares, las fechas resultantes se diferenciaban en más de 350 años y el margen estadístico mínimo se distanciaba 225 años. De tal forma, la fecha más moderna que correspondía al segundo laboratorio se considero inadecuada pese a coincidir, como bien apuntaban los investigadores, con la segoviana del Nivel IIa de la Sala I de La Cueva de Arevalillo de Cega. Al parecer, la intuición fue acertada, dado que en años posteriores los mismos investigadores presentaban una nueva fecha, un siglo más antigua que la anterior. Fue obtenida también a partir de una muestra de hueso humano de la misma inhumación. En esta ocasión el laboratorio fue el de Oxford (OxA-2907: 3730 ± 65 bp) y el resultado se consiguió mediante acelerador de partículas, considerándose como definitiva, e invalidando las dos anteriores.
14 Cueva del Mirador, Ibeas de Juarros (Burgos), (Vergés et alii, 2002; Moral et alii, 2003-2004)
En el extremo meridional de la Sierra de Atapuerca se viene excavando una cavidad con una interesante secuencia estratigráfica. En el nivel denominado Mir-4 se aprecian sucesivas y continuas reocupaciones que quedarían encuadradas entre las fechas aportadas por sendos análisis (Beta- 153366: 3400 ± 40 bp y Beta- 154894: 3040 ± 40 bp) correspondientes a la base y al techo del mismo.
El conjunto de hallazgos encuentra paralelos claros con los yacimientos tipo Parpantique, tanto en la tabla de formas cerámicas como en la de decoraciones, destacando, también en este yacimiento, restos de un vaso con decoración excisa cuyos fragmentos aparecen localizados tanto en Mir-3 como Mir-4 lo que hace suponer que se trata de un único nivel alterado por desprendimientos del techo de la cavidad. Los autores sitúan la ocupación en un momento inicial de la Edad del Bronce por los paralelos de los materiales y, sobre todo por la ausencia de cualquier elemento típico de Cogotas I, pese a la baja cronología que ofrecen los resultados de los análisis, entre 1100 y 1500 en fechas convencionales.
15 Cueva Mayor, Ibeas de Juarros (Burgos), (Apellaniz y Urribarri, 1976: 195; Apellaniz y Domingo, 1987: 263; Minguéz, 2005: 50).
En lo referente a las dataciones comentadas para el yacimiento anterior, resulta interesante volver la vista a los sondeos realizados en el denominado Portalón de Cueva Mayor que aportaron, según sus excavadores, una interesante secuencia a lo largo de la Edad del Bronce, desde los momentos más modernos hasta sus etapas iniciales en contacto con el Calcolítico. El paquete fechado corresponde al denominado nivel III y las muestras se tomaron en los distintos lechos en los que se dividió la secuencia estratigráfica (Apellaniz y Urribarri, 1976; Apellaniz y Domingo, 1987). Desgraciadamente no es posible reconstruir la secuencia completa y, aún cuando, en el último trabajo (Minguez, 2005: 50) la relación de fechas se muestra ciertamente ordenada de forma correlativa a la profundidad, no es menos cierto que la caracterización de los conjuntos no siempre es posible y parece obligada una revisión de los materiales para conocer con exactitud los complejos que se fechan. Por ello, dado que la secuencia poco aporta de novedad a las cronologías conocidas, pensamos conveniente dejar de utilizar estos resultados mientras no sea posible una contextualización inequívoca, en cuyo intento sabemos