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Metodología de la intervención

3.2 Los yacimientos excavados

3.2.1 El Parpantique de Balluncar

3.2.1.2 Metodología de la intervención

Fue el primer yacimiento en el que intervinimos. Como hemos mencionado, el lugar fue reconocido durante los trabajos de revisión de la Carta Arqueológica de la provincia de Soria, y en 1985, cuando se publicaba el volumen correspondiente a la Tierra de Almazán, se presentó un detallado estudio de los materiales arqueológicos recuperados: básicamente

cerámica, ciertamente muy abundante y uniforme (Revilla, 1985: 113-118, Fig. 61-85).

La metodología aplicada en las campañas de 1985 y 1987 fue la habitual en este tipo de intervenciones en las que es necesario poder referir espacialmente los objetos y estructuras que puedan aparecer en el transcurso de la excavación. Toda la superficie del cerro quedó reticulada mediante un sistema de coordenadas cartesianas; en

nuestro caso el eje de abscisas (referencia x) recorre el lado mayor del cerro y sigue el eje norte-sur, mientras que el de ordenadas (referencia y) es perpendicular al anterior y paralelo, por tanto, a la alineación este-oeste. Considerando el tipo de hallazgos que era previsible encontrar, los restos de un pequeño poblado, se decidió modular los ejes en unidades de metro (Figura 35).

Del mismo modo, como es obligatorio, se estableció un plano teórico, denominado “0”, por encima de toda la superficie del cerro (a 1,38 m sobre el punto cero), a partir del cual se anotaron todas las profundidades (z) que, por ello, tendrían siempre valor negativo. Ahora bien, aún cuando es factible y sencilla la traslación de dicha referencia a la altitud real, –el citado punto de referencia se corresponde con la cota 998.62 snm según el MTN–, el añadirse al numeral otros tres dígitos es innecesario y

sólo supone una mayor complejidad a la lectura de las planimetrías, por lo que se ha optado por mantener el dato tomado en la excavación.

El control de los hallazgos se registra mediante una secuencia alfanumérica sencilla que posibilita su ubicación espacial. La referencia a la campaña de excavación corresponde respectivamente con el número de expediente 85/13 y 87/13 del Museo Numantino. En cada pieza, además de dicha referencia, se añade la denominación de la cuadrícula en la que apareció (2A; 2B;...,65AJ’,...), y un número correlativo que posibilita individualizar cada uno de los objetos. Con estas previsiones y en aras de un mayor control, en el inventario en el que se referencia los objetos, el número de sigla se agrupaba por cada uno de los cuadros y día de hallazgo.

Figura 34 Alto de El Parpantique. Áreas de excavación.

Finalmente, en el mismo documento se reflejaba el cambio de sedimento, determinando la existencia de un nivel diferente con letras minúsculas (a, b, c,...) partiendo de la capa superior a la inferior. En tal sentido dejábamos

la diferenciación de los niveles con números romanos (I, II,...) para interpretar, cuando fuera posible, la secuencia antrópica de la ocupación, desde la más fase más antigua a la más moderna.

Este planteamiento metodológico desarrollado en ambas campañas vino determinado por la estrategia para reconocer los vestigios que confiábamos encontrar. Con este objetivo se planteó la excavación en área, con amplias superficies que, rebajadas en sectores diferenciados, posibilitarían llevar un registro estratigráfico y evitar la presencia reiterada de testigos con

dimensiones y modulación regular, que si bien facilitan la lectura de la estratigrafía, dificultan la visión general de las estructuras. Lógicamente, los trabajos se iniciaron en zonas reducidas que fueron ampliadas según demandaron los hallazgos y las cuestiones que planteaban.

Figura 35 Alto de El Parpantique. Áreas de excavación por campañas, sombreada la de 1985 y en blanco la de 1987. La cuadrícula que se puntea corresponde a módulos de metro.

En la campaña de 1985 se rebajaron apenas 45 m2, repartidos en cuatro cortes de distinto tamaño. Los dos primeros se iniciaron con unas proporciones similares, 2x8 m, localizándose en el mismo cuadrante suroccidental, siendo próximos y perpendiculares en su

ampliado en poco más de 2 m2 por hallazgos que aparecían en el perfil y que luego se comentaran. Paralelamente se iniciaron dos nuevos Cortes, el 3 y el 4, en el cuadrante contrario, si bien en este caso el tamaño era menor, de 3x2 m, siendo próximos y paralelos.

Los otros dos cuadrantes fueron desestimados desde un principio, el más meridional al estar ocupado por la estructura de cal, con el interior vaciado y removido, de lo que parecía el resto de la cimentación de una atalaya medieval de planta circular, además de una alineación rocosa entre ésta y la ladera del cerro. Por su parte, el sector noroccidental resultaba ser un espacio reducido, en el que destacaban los grandes caballones producidos por la retroexcavadora al arrastrar el terreno hacia la ladera. Además, el hecho de ser ésta la parte en la que desembocaba el nuevo camino que ascendía por la ladera, había determinado que en esta zona los vehículos hicieran abundantes maniobras, lo que derivaba en un aspecto caótico de este espacio, que hacía albergar poca confianza en su investigación.

En 1987 se acometió la segunda campaña en la que el Corte 1 fue ampliado regularizándose la planta del primer año, resultando finalmente un área de 54 m2, a los que hay que sumar los 6,5 m2 de la campaña de 1995 que quedaron como testigo para reflejar la estratigrafía. El antiguo Corte 2 fue, en principio, duplicado, lo que permitió estudiar una superficie completa de 27 m2. El Corte 3 fue abandonado, al haber proporcionado, únicamente, algunos fragmentos de barro seco y endurecido, sin que abundaran otros materiales en la fina capa que daba paso a otra endurecida que reconocimos como la correspondiente a la degradación de la roca que caracteriza el techo del cerro. Por su parte, el Corte 4 parecía, en principio, más interesante al reconocer una gruesa capa de manteados de barro en los que era posible distinguir formas diferentes, lados alisados e improntas vegetales. Por ello, se amplió el área hasta alcanzar los 40 m2, incluidos los 6 m2 correspondientes a los primeros trabajos. Finalmente, para documentar las estructuras negativas que se habían reconocido durante el desafortunado desmonte del cerro –se nos facilitó una fotografía de una, descubierta junto a la ladera y cercana al camino de acceso– y que no habíamos tenido la fortuna de encontrar, se inició un nuevo y último corte, el 5, de 20 m2 en la zona que se extendía entre el anterior corte citado y las laderas.

De tal manera, las excavaciones practicadas en el Alto de El Parpantique de Balluncar entre los años 1985 y 1987 afectaron a una superficie cercana a los 155 m2, poco menos del 10% de la superficie que en origen debió ser útil para la ocupación (Figura 34).

3.2.1.3 Estratigrafía y estructuras constructivas