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La Industria lítica

3.2 Los yacimientos excavados

3.2.2 Los Torojones de Morcuera

3.2.2.6 La Industria lítica

Esta muestra en Los Torojones (Anexo 9, Material lítico) es más exigua, tanto en lo numérico, apenas media docena de ejemplares, como en lo tipológico. De nuevo se diferencian los denticulados, ahora mayoritariamente sobre lascas (Núms. 129 a 131), destacando uno sobre lámina fracturada (núm. 128). En general se documenta el retoque denticulado, marginal, continuo y bifacial que alterna con los bordes abatidos por retoque abrupto, continuo, más o menos profundo e inverso, y con fracturas en el lado distal. En suma, se consigue un filo cortante continuo muy cuidado y tres

lados abatidos para asegurar un mejor y más fácil engarce.

También se recogieron lascas y láminas de cuarcita, además de varios cantos semidescortezados, con restos de desgajes. A excepción de una lámina (número de inventario 753) que no se ha dibujado y que tal vez pudiera corresponder a un elemento de hoz de filo natural y con los extremos distal y proximal abatidos, de medidas similares a las mayores de las descritas en el conjunto de El Parpantique –4,5 x 2,5 cm–, el resto de los fragmentos cuarcíticos son esquirlas, seguramente para su utilización, una vez machacadas, como desengrasante para la cerámica.

Finalmente el conjunto lítico de Los Torojones se completa con otras dos piezas destacables (Núms. 132 y 133). Se trata de dos posibles afiladores o pulidores realizados sobre arenisca y aparecidos, curiosamente, juntos en el mismo cuadro, el 20C’ en el Corte 4. El primero es de forma ovalada y sección semicircular completa y en buen estado. En la cara plana presenta una acanaladura próxima al centímetro de grosor en su inicio y de 0,3 cm de profundidad, descentrada en relación al eje mayor de la pieza de 10,2 cm, mientras que su grosor es de 5,7 y el espesor de 3,7 cm. El segundo ejemplar es casi idéntico, también de arenisca, de 9,8 cm de longitud máxima, 5,8 cm de anchura, y

conserva en el lado más favorable 3,8 cm de grosor, si bien el lado curvo se muestra descascarillado. En este caso, por el contrario, el canal apreciable en la cara plana coincide en posición centrada con el eje mayor de la pieza, es ligeramente más estrecho y algo más profundo, oscilando entre 0,8 y 0,4 cm.

Este tipo de piezas es bastante habitual en yacimientos similares y próximos, que ya han sido dados a conocer y que tendremos ocasión, más adelante, de comparar. En todos los casos se han interpretado como pulidores si bien en ninguno se han realizado análisis para determinar la presencia de elementos o restos que delataran su utilización. Sí se aprecian, en cambio, y a simple vista, huellas de microincisiones y abrasiones longitudinales que permite atribuirles dicha función.

Por otra parte, es cierto que su presencia junto a restos de pequeños hogares podía llevar a pensar en una función alternativa, como moldes para fundir varillas o punzones, que luego se finalizarían con técnicas de golpeo e incluso abrasión. Ahora bien, y para zanjar esta descripción, hay que señalar que las piezas, descritas, como otras conocidas, se definen además porque el canal recorre la pieza hasta rasgar el lateral. De tal forma, aun cuando pensáramos en la posibilidad de que se tratara de moldes univalvos –la asimetría de ambos canales en relación con los ejes no posibilitan otra solución– requerirían de sendos tapones laterales para evitar se derramara la supuesta e improbable colada de la que no hay, por otra parte, evidencia alguna, al igual que el canal carece de manipulación específica para ajustar dicho elemento.

Es de destacar que sea precisamente en las inmediaciones de este cuadro 20C’ donde se produce el mayor agrupamiento de elementos líticos aparecidos dentro de los niveles arqueológicos (Figura 102), aun cuando se trata de cantos rodados con extracciones simples de descortezado. Hay que recordar que en el inventario se contabilizan casi medio centenar de estos objetos de los que doce se recogieron entre el material superficial del cerro; otros veintidós en el Corte 4, idénticamente repartidos entre el nivel superficial y el de ocupación, con los que este sector congrega casi la mitad de la muestra. Algo similar ocurre con los elementos denticulados. Son siete los localizados: dos aparecieron en los niveles superficiales, uno del corte 3 y otro en el 4. Los cinco recuperados en los niveles

arqueológicos se repartieron entre el Corte 3 ampliación, con un ejemplar, y los cortes 2 y 4, con dos ejemplares cada uno, de lo cual se desprende que, aunque en muestra exigua y escasamente significativa, los elementos de hoz se vinculan a espacios de habitación y no de silos, repitiendo, de nuevo, otro dato más para confirmar la existencia de la cabaña del Corte 2 que sospechamos.

Esta concentración en el Corte 4 de los afiladores, los denticulados y los guijarros de cuarcita parecen confirmar, como en El Parpantique, la individualización en las cabañas de los utensilios por tipología y función – en este caso un ¿taller?–, custodiándose para una posterior utilización que tanto pudo ser comunal o individual.

En cuanto a los molinos, se confirma su presencia entre el material de superficie, pero no entre los materiales atribuidos al nivel de ocupación prehistórica. Al menos se identificaron cuatro ejemplares barquiformes realizados sobre piedra arenisca y, por tanto, de tipología sencilla que no aporta ninguna precisión crono-cultural, aun cuando sirvan para documentar la tradicional actividad de molienda de frutos o granos secos.

3.2.2.7 La industria ósea y metálica

Se indicaba lo excepcional de la presencia de este tipo de objetos en los yacimientos en estudio. La ausencia de elementos óseos, trabajados como útiles o no, se explicaría por la acidez del terreno. Así se justificaba que las únicas piezas reconocidas se asociaran los niveles modernos de la ocupación. En el caso de Los Torojones se identificaron algunos fragmentos óseos no trabajados que se recogieron en los cortes 1 y 2, lo que parece confirmar dicha interpretación.

Para concluir la descripción del material recuperado sólo nos queda hacer mención a los hallazgos, aún más exiguos, metálicos. En Morcuera el único objeto aparecido fue un botón de un uniforme militar que reproduce un escudo monárquico de un momento poco preciso entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX.

Figura 102 Distribución de distintos materiales en nivel arqueológico. Hueso; Denticulados; Otros líticos.

3.2.2.8 Análisis radiocarbónicos

En el caso de Los Torojones los análisis radiocarbónicos fueron solicitados en el año 1986, después de la campaña de excavación, al Laboratorium voor Algemene Natuurkunde de Groningen en Holanda y fueron realizados también por el Profesor W. G. Mook, y recibidas en mayo de 1987 (Anexo, 11).

De nuevo se seleccionaron dos muestras de las recogidas en la excavación (Figura 103). La primera correspondía a fragmentos de madera carbonizada en buen estado de conservación, recogida en el nivel inferior de la limpieza del corte del cuadro 25-A/A’, rodeada por un amontonamiento de fragmentos de adobe, y a 0,5 m de la superficie del manto vegetal. La segunda muestra también correspondía al mismo material y fue recogida en el corte de los cuadros 36- 38/B’ a una profundidad de 0,4 m desde la superficie vegetal y dentro de lo que suponíamos uno de los entalles de silo o espacio de almacenamiento.

Los resultados fueron los siguientes, tal como se desprende de la comunicación cuya copia se reproduce en el anexo correspondiente:

GrN-14490: Los Torojones 1: 1110 ± 30 bp Carbón. GrN-14491: Los Torojones 2: 3620 ± 80 bp Carbón.

Como en el caso de El Parpantique, los resultados de la analítica fueron sometidos al programa de calibración Oxcal v3. 10, ajustando la probabilidad de la curva de calibración a dos sigmas y con los resultados que se reflejan en las gráficas adjuntas.

En lo referente a la muestra Los Torojones 1 (GrN 14190) es evidente su desviación respecto a la segunda, y a las aportadas por el anterior yacimiento. Aún cuando siempre pueda interpretarse como consecuencia de una alteración en la manipulación, creemos que el resultado es plenamente válido y lo que viene a fechar es la ocupación más moderna, es decir, el momento en el que existió en el cerro una atalaya o construcción defensiva o de vigilancia de época histórica, reconocida en el Corte 2 y que, a tenor del resultado, debió estar activa al menos entre los márgenes que establece la mayor probabilidad, es decir entre finales del siglo IX y principios del XI de nuestra Era.

Figura 103 Localización de las muestras recogidas para análisis radiocarbónicos.

La muestra fue recuperada en la limpieza estratigráfica de un pozo realizado por furtivos, que se encontraba próximo a la mencionada estructura histórica y al borde del cerro. No sería descartado, a la luz de los resultados, suponer que la fácil seriación de niveles hiciera confiarnos en una secuencia lógica que bien pudo haber sido alterada por procesos postdeposicionales o por la construcción de la propia atalaya. Alternativamente, una alteración derivada de la afección más reciente, la de los furtivos, no parece probable por la limpieza del corte, si bien tampoco debe excluirse. En todo caso, es evidente que para confirmar una u otra posibilidad, debiera haberse realizado una excavación en área, lo que sin duda hubiera aclarado las dudas que esta fecha plantea.

La segunda de las fechas (GrN 14491) se aproximaba a las conseguidas en la campaña anterior de El Parpantique. El rango de mayor probabilidad de la calibración a dos sigmas ofrece un margen superior similar, si bien el inferior se aleja de las fechas anteriores hasta alcanzar el primer tercio del segundo milenio.

Atmospheric data from Reimer et al (2004);OxCal v3. 10 Bronk Ramsey (2005); cub r:5 sd:12 prob usp[chron]

2500CalBC 2000CalBC 1500CalBC

Calibrated date 3200BP 3400BP 3600BP 3800BP 4000BP R ad io ca rb o n d et er m in at io n GrN 14491 : 3620±80BP 68.2% probability 2140BC (12.4%) 2080BC 2060BC (55.8%) 1880BC 95.4% probability 2200BC (95.4%) 1750BC

La calibración de esta muestra de Morcuera ofrece un ratio excesivamente amplio, de casi cinco siglos, lo que supone una evidente imprecisión. Ahora bien, la similitud de los materiales prehistóricos y los elementos constructivos de los dos asentamientos presentados señalan un mismo momento, el inicial de la Edad del Bronce, que es el que indican las fechas de C14.

3.2.3 El Pico de Los Cotorros de Langa de Duero