Precisamente para dar respuesta o al menos intentar encontrar alguna, a las cuestiones planteadas es por lo que realizamos, sobre los mimos referentes crono- culturales y topográficos, el análisis de tipo celdas, los conocidos como Polígonos Thiessen o de Voronoi que permiten representar una imagen del área teórica de afección o de influencia de cada enclave, así como comparar la proyección y dibujo de las áreas resultante para los yacimientos adscritos a las distintas fases.
Los análisis espaciales de teselación o definición de área de relación o de influencia, permiten observar los posibles cambios de implantación de los sitios sobre el territorio, especialmente al comparar conjuntos diacrónicos.
Se han planteado diversas limitaciones en la aplicación de este tipo de análisis que se mueve en el ámbito teórico e ideal del espacio, dado que operan, como en el caso anterior, con mapas de puntos, sin referente territorial. Asimismo, se ha indicado que es un recurso más apto para el análisis de evidencias contemporáneas que pretéritas, por la posibilidad de evaluar características de los sitios que influyen en la
También se ha señalado que una de sus limitaciones es la necesidad de comparar establecimientos sincrónicos y homólogos, tanto en el tamaño como en el rango. En caso contrario estos debieran ser corregidos por la aplicación de modelos de gravedad (Zapatero y Burillo, 1988; Hodder y Orton, 1990: 208-218).
A partir de la información disponible no es factible aplicar interacciones que minimicen esos riesgos, pese a lo cual es pertinente el análisis por cuanto ofrecerá imágenes de las distintas agrupaciones y, consecuentemente, la posibilidad de compararlas, que es uno de los objetivos que se persigue.
Por otra parte, y a fin de minimizar las deficiencias señaladas, al realizar los análisis con el programa MapInfo, se consigue la integración de la imagen resultante con modelos digitales del terreno y consecuentemente es factible la relación tridimensional geográfica.
El proceso es ciertamente simple. Entre cada uno de los yacimientos –como en el apartado anterior se localizan mediante las coordenadas UTM del centroide– se proyectan líneas que los unan y se traza una perpendicular en el punto medio de cada una, con lo que se definen áreas cuyos puntos contenidos están más próximos a un yacimiento que de cualquier otro. Este análisis de los polígonos de Voronoi se aplicó a las tres agrupaciones crono-culturales, con los resultados que se aprecian en la Figura 116.
La imagen refleja una distribución de polígonos ciertamente distinta para cada una de las adscripciones. Es clara la agrupación de los enclaves adscritos al Bronce Antiguo en torno a la cuenca principal, con dos picos, uno el más importante en el centro de la figura y otro al mediodía. La notable densidad de hallazgos en esas zonas impiden discernir algún modelo de distribución o relación entre los enclaves, por lo que será preciso diseccionar la muestra y reducir la escala para poder profundizar en las relaciones horizontales que desarrolla este análisis.
Los enclaves de atribución Campaniforme manifiestan un agrupamiento menor, también en dos zonas, una coincidente con la primera de las anteriores y la segunda, de menor intensidad, más oriental que la meridional del anterior conjunto. En este caso la distribución en doble o triple alineación en arco que ofrecen los enclaves de la zona centro-occidental parece reclamar algún modelo de implantación que deberá relacionarse con la geomorfología de la zona.
Finalmente, la imagen de las áreas que delimitan los polígonos para los yacimientos del Bronce Medio es muy diferente a cualquiera de las anteriores y llama la
atención la baja densidad de hallazgos y consecuentemente el gran tamaño de los polígonos sin que, como se ha señalado, sea posible explicar este fenómeno por una concentración de la población, o que ello suponga un incremento evaluable en el tamaño de los enclaves adscritos a esta etapa.
Figura 116 Representación de áreas aplicando el modelo de Polígonos de Voronoi a las agrupaciones de atribuciones Campaniforme, Bronce Antiguo y Bronce Medio, en ese orden.
En lo que respecta a los yacimientos catalogados en el Bronce Antiguo se aplicó el mismo análisis para los dos subconjuntos ya enunciados: los localizados en altura y, de estos, los ubicados en cerro destacado (Figura 117).
Coincidiendo con lo señalado para los resultados del test de vecino más próximo, la distribución de los polígonos de Voronoi para el conjunto de esta atribución y el subconjunto de los localizados en altura no difiere sustancialmente. Tan sólo el tamaño mayor de las celdas en el segundo caso distorsiona la simetría entre una y otra visual, lo que sin duda indica que conviven en la proximidad y en las mismas zonas yacimientos en altura con otros situados en las zonas bajas, correspondiendo, probablemente, a un modelo intencionado y no condicionado exclusivamente por la orografía, el tipo de
suelo o de actividad económica. En todo caso, esta afirmación puede estar condicionada por la muestra que es diferente pero tal vez poco representativa, especialmente en lo referente a los asentamientos en zona baja, 60 sobre 185. Aunque también es cierto que pese a su bajo número, son más que los correspondientes a la atribución del Bronce Medio.
La distribución de polígonos resultante del análisis de los yacimientos de esta misma etapa pero localizados en cerros aislados y destacados ofrece una imagen distorsionada respecto a las anteriores, sin que seamos capaces de inferir un modelo de implantación, al igual que ocurría con la representación de los enclaves del Bronce Medio, confirmando de nuevo las hipótesis planteadas en el apartado anterior cuando se comparaban las distancias medias de vecino más próximo (Nna) con las de expectativas de distancia entre enclaves.
Volviendo a la distribución de los yacimientos del Bronce Antiguo, es preciso concretar las características y localizaciones de los diferentes hallazgos para poder precisar en la interpretación de estos mapas de distribución.
A tal fin parece oportuno analizar la distribución de los tres grupos o agrupaciones de yacimientos sobre los mapas geográficos de la zona de estudio, porque pueden revelar tendencias que sea posible evaluar y cuantificar con nuevos cotejos.
Al respecto, en la Figura 118 se observa la distribución de las distintas agrupaciones de los yacimientos del Bronce Antiguo sobre un área central de la zona de estudio fácilmente identificable por la localización en la misma de tres de los yacimientos excavados; Los Torojones de Morcuera, Pico los Cotorros de San Esteban de Gormaz y Pico Romero de Santa Cruz de la Salceda.
Esta zona es la que ofrece mayor concentración de hallazgos y consecuentemente una documentación más completa. La imagen que proporcionan los dos primeros planos de distribución de todos los yacimientos atribuidos al Bronce Antiguo y, de estos, los localizados en zonas elevadas, confirma las apreciaciones derivadas de la lectura de los polígonos de Voronoi, y el componente geográfico añade el dato del interés por la localización de los sitios en los valles secundarios, definiendo líneas de
puntos que perfilan el cauce, aunque también puede distinguirse cierto interés por las zonas de interfluvio.
Figura 117 Representación de áreas aplicando el modelo de Polígonos de Voronoi al grupo de atribuciones del Bronce Antiguo y los subconjuntos derivados del mismo, los yacimientos en altura y en cerro
destacado, en ese orden.
Del mismo modo, los yacimientos que se ubican en cerros destacados, el tercer plano, refuerzan ese supuesto interés por los valles secundarios, es más, parecen alejarse intencionadamente del corredor central del Duero, aun cuando es una zona en la que los cerros testigos no son extraños. En todo caso, aun siendo un tipo de localización muy significativa, su número es ciertamente escaso y su distribución, al menos en lo que se advierte en el mapa último, no permite inferir hipótesis sobre el modelo de implantación.
Figura 118 Detalle de la zona central del área de estudio, con la distribución de los yacimientos del Bronce Antiguo y los subconjuntos derivados del mismo, los yacimientos en altura y en cerro destacado, en ese orden. 1 Los Torojones; 2 Los Cotorros; 3 Pico Romero.
Desde luego para aceptar que estos yacimientos fueran un lugar central o de poder, debieran reflejar características inherentes a tal consideración. Una de ellas sería la del tamaño, si bien por lo descrito hasta este momento, no parecen reunir condiciones para ello, aún cuando sobre esta particularidad se insistirá a continuación. Otra posibilidad es considerar que es su posición y visualización la que tiene valor simbólico como referencia visual para las gentes de un grupo, o bien que ese simbolismo estuviera reforzado por ser el hábitat o resguardo de una élite controladora del grupo y del territorio, si bien tal situación supondría la existencia de dialécticas de clases, tensiones que debieran reflejarse en la necesaria presencia de construcciones defensivas u otros indicadores que hasta la fecha no se reconocen, como también se verá más adelante.
Aún cuando existen otros enclaves situados en zonas altas y dominantes –tal como reflejan las fichas del anexo 1–, es en los cerros aislados y destacados de los relieves circundantes (vid capitulo 3. 2), en los que se advierte una privilegiada posición topográfica y estratégica en la que la visual –tanto para poder controlar el territorio como para servir de referente o punto observable–, parece haber desempeñado una estrategia fundamental en la elección del emplazamiento. Es por ello necesario evaluar tanto la distribución de los yacimientos atendiendo a su tamaño y localización, como las características visuales de estos enclaves en altura, al objeto de avanzar en la comprensión y explicación de la distribución de los yacimientos incluidos en el estudio.