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Datos y variables utilizadas

e) Características del jefe de hogar

3. Datos y variables utilizadas

Los datos utilizados en este estudio provienen de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA). La EANNA ha sido realizada en el año 2005 por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS), en colaboración con el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y el Programa IPEC/OIT. El objetivo de la encuesta ha sido investigar las diversas particularidades del trabajo infantil en algunas regiones del país que, debido a sus características (pobreza y formas de contratación laboral de carácter familiar), pueden incidir en el trabajo infantil10.

La muestra seleccionada está compuesta por 11.761 niños y adoles- centes (5.966 varones y 5.795 mujeres)11 con edades comprendidas entre los 5 y los 17 años de edad, que residen en las regiones del NEA, NOA, GBA y en la provincia de Mendoza.

La defi nición del trabajo infantil, si bien es materia de debate, está acotada a las recomendaciones de la OIT, que lo defi ne como la actividad que implica la participación de niños menores de 15 años en la produc- ción y comercialización de bienes no destinados al autoconsumo o en la prestación de servicios que les difi cultan el acceso, rendimiento y perma- nencia en la educación o se realicen en ambientes peligrosos, produzcan efectos negativos inmediatos o futuros o se lleven a cabo en condiciones que afecten el desarrollo psicológico, físico, moral o social de los niños (OIT, 2002). En alguna medida, esta acepción es particularmente mode- rada dado que tiene en cuenta el trabajo realizado fuera del hogar y no el trabajo en la casa así como otras actividades no económicas. Por ello, en recomendaciones más recientes, se llegó a un acuerdo general en torno al hecho de que el trabajo infantil no se limita a la actividad económica, tal como es defi nido en las Cuentas Nacionales, sino que puede abarcar también determinadas actividades no económicas de diversa índole, agru- padas bajo la denominación de tareas del hogar o quehaceres domésticos (cf. OIT, 2004).

10 Ver el capítulo I.3 del presente libro, donde se detallan las características metodológicas de la EANNA.

11 Todos los análisis han sido diferenciados por género dado que en diferentes estudios empíricos sobre el trabajo infantil y la educación de los niños se encuentran resultados diferenciados. Tal como señala Ilahi (2001), mientras el nivel educativo general no es dife- rente entre chicos y chicas, la educación y las actividades laborales de las niñas responden en mayor magnitud que los niños al bienestar del hogar así como a factores demográfi cos y laborales.

En este trabajo se utiliza una defi nición amplia de trabajo infantil que abarca el trabajo de los niños (que genera bienes y servicios para el mercado), las actividades de autoconsumo para el hogar (producción y elaboración de productos primarios para consumo del hogar, cuidado de la huerta, autoconstrucción) y el trabajo doméstico realizado de forma intensa12.

La utilización de este indicador se debe a la existencia de sufi ciente evidencia que señala que los niños en países en desarrollo, especialmente las niñas, dedican un tiempo sustancial a la producción del hogar, incluso en mayor medida que al trabajo para el mercado (DeGraff y Bilsborrow, 2003). De esta forma, cuando sólo se tienen en cuenta las actividades laborales relacionadas con la producción de bienes y servicios, el trabajo infantil tiene un carácter casi exclusivamente masculino. Sin embargo, al incluir el servicio doméstico que los niños realizan en sus propios hogares aumentan considerablemente las tasas de participación entre las niñas. De este modo, se espera tener una aproximación más integral al fenómeno del trabajo infantil.

En este estudio se analizan los determinantes que infl uyen en que los niños asistan al sistema educativo o realicen actividades laborales. Dado que la decisión de asistir a la escuela y la participación en el mercado laboral no son independientes,13 es necesario utilizar medidas que incor- poren todos los posibles destinos educativos y/o laborales que afecten a los niños. Así, en el marco de una perspectiva “holística”,14 tenemos en cuenta cuatro situaciones excluyentes: estudio; trabajo (incluyendo autoconsumo y tareas domésticas); combinación de estudio y trabajo; combinación de no estudiar ni trabajar.

Hay que destacar que la incorporación de aquellos niños y jóvenes que no estudian ni trabajan tiene una motivación adicional. Si bien conforman el grupo poblacional más reducido en la muestra seleccionada, presentan características que los sitúan como un caso límite de segmentación y, tal como lo indican Binder y Scrogin (1999), pueden representar despropor- cionadamente los aspectos más negativos del trabajo infantil. La corres- pondencia entre la segmentación del mercado y la distribución del capital humano es muy fuerte e indicaría que una parte importante de la fuerza 12 Se considera una carga horaria de 10 horas semanales o más en el caso de los más pe-

queños (5 a 13 años) y 15 horas semanales o más en el caso de los adolescentes (14 a 17 años).

13 Cf. Maitra y Ray (2002). 14 Cf. Levison et al. (2001).

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II. Estudios sobre la encuesta de trabajo infantil

laboral, dada su baja productividad, educación y capacitación, se torna en grupos marginales que no pueden ingresar al mundo laboral. Tal como señala Tokman (1996), esta segmentación se vuelve más discriminatoria y marcada en el trabajo juvenil, pues las credenciales, las destrezas y las aptitudes exigidas para el ingreso en los segmentos laborales modernos son casi exclusivas de los jóvenes de las clases favorecidas.

En el cuadro 1 (anexo) se describen las variables utilizadas en este estudio. Las mismas están separadas en seis grupos: variables depen- dientes, características de los niños, residencia, vivienda, educación y características de los hogares. La mayoría de las variables explicativas son dicotómicas, a excepción de las edades y los deciles de ingreso labo- ral del hogar.

Se ha incluido una variable proxy del estado laboral formal o informal de los padres, que requiere una explicación particular. Esta distinción se debe a que la economía informal es y ha sido motivo de debate en las ciencias sociales. Una de las pocas regularidades que se encuentra en la literatura sobre la materia indica que el estudio de la economía informal trasciende la simple asociación con la economía sumergida. Sin embargo, es un concepto que sigue conteniendo múltiples zonas grises y que genera controversias sobre las causas, los efectos sobre el mercado laboral, sus implicaciones dualísticas y, fundamentalmente, sobre la selección de cri- terios operativos para medir el tamaño y la extensión de las actividades informales (cf. Waisgrais, 2006).

En este trabajo, nos aproximamos a la informalidad laboral utilizando los siguientes criterios. En el caso de los asalariados, tenemos en cuenta los benefi cios derivados de la relación laboral (jubilación, aguinaldo, vacaciones, indemnización, obra social y seguro de trabajo). En el caso de los trabajadores cuentapropistas, los criterios a considerar para defi nir la informalidad son el grado de califi cación, el tamaño de la empresa y los ingresos15. Así, la economía informal está compuesta por asalariados que no gozan de benefi cios laborales en su ocupación principal, y emplea- dores o trabajadores cuentapropistas con califi caciones no profesionales, con ingresos ubicados en los cinco primeros deciles de la distribución correspondiente para su propio grupo de califi cación y que desarrollan sus 15 Hay consenso en que el tamaño de la empresa es un indicador central a ser evaluado en el empleo por cuenta propia. Sin embargo, agregar la califi cación y los ingresos produce un indicador más exhaustivo en la distinción entre trabajadores formales e informales. Si consideráramos únicamente el tamaño de la empresa se estaría sobreestimando la si- tuación de informalidad, ya que no es inusual encontrar pequeñas empresas formales (cf. Waisgrais, 2006).

actividades en establecimientos de hasta cinco trabajadores16. Asimismo, también cabe integrar en la economía informal a los trabajadores que en el momento de realización de la encuesta afi rman no tener un salario, a los trabajadores en planes de empleo y a las personas que trabajan en el servicio doméstico17. Esta defi nición está en línea con la desarrollada por Monza y López (1995), aunque con pequeñas diferencias, fundamental- mente en relación con la incorporación del servicio doméstico dentro de la economía informal.

Las características de la muestra (media, desvío y número de casos) están resumidas en el cuadro 2 del anexo.