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Sobre el deíctico esencial 'yo' en particular: las críticas de John Perry

La imposibilidad de la deixis en la semántica homogénea de Gottlob Frege

2. Sobre el deíctico esencial 'yo' en particular: las críticas de John Perry

Recordemos que Frege propuso algunas consideraciones particulares sobre este deíctico. Consideraciones que ameritaron algunas críticas y propuestas de Perry, y posteriormente de Evans. En lo que viene, trataremos de sintetizar las consideraciones de Perry por medio de dos argumentos.

2.1. Primer argumento. No todos los pensamientos son objetivos

Para Frege, antes de que un hablante profiera una oración como 'yo he sido herido', éste se ha pensado a sí mismo, y en ese pensarse se ha presentado a sí mismo de una forma única, particular y originaria, en la que no se presenta a nadie más. El pensamiento que dicha persona

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tiene, al pensarse a sí mismo, sólo puede ser captado por él y no por otros (Frege 1918, 33). Esto, para Perry, es problemático. Si nos presentamos a nosotros mismos de una forma única, solo nosotros podemos captar ese modo de presentación, ese sentido. Entonces, el pensamiento, determinado por esa forma única y particular, es privado e incomunicable. Esto se opone a la propuesta fregeana del pensamiento objetivo que puede ser captado por muchos y que no requiere un único portador (Perry 1977, 49; 67ss.). Aceptar que un sentido es privado es problemático. ¿Acaso hacerlo no lo equipara, de algún modo, a una representación? Ésta, según Frege, es privada, tal como lo es esta forma particular y única de presentación. ¿Negar que un pensamiento sea objetivo, no podría llevarnos afirmar que es parte del contenido de la conciencia de una persona? De ser así, estaríamos problematizando la segunda tesis de Frege. El sentido, al menos éste, no sería distinto a la representación, en tanto ambos son privados. Ninguno puede ser captado ni expresado por más de un hablante.

Perry no encuentra razones para aceptar esa forma única y originaria de presentación. Mucho menos si esa forma lleva a la postulación de sentidos incomunicables. Aún cuando se admita que hay una forma de presentación primitiva que sólo yo capto, de ello no se sigue que esa forma solo me seleccione a mí como su referencia (Perry 1977, 69). Según Perry, la propuesta fregeana sugiere que esos sentidos privados determinan solo a un hablante como referencia. Al hablante que use el deíctico. Si otro lo utiliza, tendrá otro sentido privado que únicamente lo determine a él. El problema, para Perry, es que no existen razones para aceptar esas consideraciones fregeanas. El que sólo yo me percate de captar un determinado sentido no implica que ese sentido sólo me determine a mí como su referencia.

No basta con que me percate de captar ese sentido, sino que, de hecho, solo yo tendría que captarlo. Pero no hay razones para afirmar que hay sentidos que solo yo capto, y aunque los hubiera, no tendría forma de saber que los hay, pues no suelo preguntar a otros sobre los sentidos que captan (Perry 1977, 69).

En últimas, si llegaran a aceptarse esos modos particulares y primitivos de presentación, la propuesta tendría que extenderse a otros deícticos, por ejemplo a 'ahora'. Dado que una oración que lo contenga tampoco puede ser remplazada por una que exprese un pensamiento

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una manera primitiva y particular en la que se nos presente ese momento, que dé lugar a pensamientos que nos sean accesibles sólo en ese momento y que sean expresables, en ese

momento, con 'ahora'” (Perry 19ιι, ι0). Esto resulta inverosímil. La propuesta fregeana conduce a más problemas de los que resuelve. Estas consideraciones no solo llevan a esos problemas, sino que incluso se oponen a otras propuestas de Frege.

En suma, los deícticos no tienen sentido, tal y como Frege lo entiende. Con los primeros argumentos expuestos en este capítulo llegamos a la conclusión de que no existen sentidos para ellos. No significan de la misma forma que las otras expresiones. No tienen un sentido que ilumine directamente sus referencias. Con este último argumento agregamos que el intento de Frege por caracterizar el sentido de uno de los deícticos dentro de su propuesta semántica es en vano. No sólo es inverosímil, sino incluso opuesto a sus propias teorías.

Los deícticos no tienen sentido. Esto conduce a la pregunta por el pensamiento. Si aquellos carecen de sentido, ¿cómo se completa el pensamiento expresado por medio de una oración que los contiene? Este es el problema que los deícticos le plantean a la propuesta fregeana. Este es el problema que cualquier buen fregeano tendría que responder. Para Perry, no hay tal respuesta. Es necesario adoptar otro enfoque, otra propuesta, que no se quede corta al explicar el papel y el significado de los deícticos en los lenguajes naturales. La propuesta de Perry es abandonar la idea de que aquello expresado por una oración que contiene deícticos es un pensamiento fregeano. Con ello, la búsqueda de un sentido para los deícticos pierde relevancia. Se tome ésta u otra alternativa para explicar la deixis en los lenguajes naturales, siempre será necesario abandonar la semántica fregeana, o modificar severamente sus tesis. Un enfoque fregeano, tal y como está, es incorrecto e insuficiente para dar cuenta de la deixis.

2.2. Segundo argumento. Una oración que tenga deícticos no expresa un pensamiento

En Logic Frege afirma que el pensamiento expresado por medio de una oración que contenga el deíctico 'yo', puede expresarse por medio de una que tenga un nombre propio en vez del deíctico. Un nombre que refiera a la misma persona. 'Yo tengo frío' expresa el mismo pensamiento que 'Ángela tiene frío' (Frege 1897, 146). El deíctico puede reemplazarse, sin que

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ello altere el pensamiento expresado. En el Pensamiento Frege matiza el asunto. Llega a una conclusión más modesta. Las dos oraciones sí pueden expresar el mismo pensamiento, aunque también puede que no. Esto depende del sentido que se asocie al nombre propio (Cfr. Frege 1918, 65).

Pues bien, para Perry, una oración que contenga un deíctico no puede reemplazarse por una que tenga un nombre propio, sin que ese reemplazo represente cambios importantes. Lo anterior por dos razones. La primera es que lo que se expresa por medio de 'yo tengo frío' no es un pensamiento. Es una creencia. Mientras que lo expresado por medio de 'Ángela tiene frío' sí es un pensamiento. Este no puede reemplazar a aquella, no son equivalentes. La segunda es que esa creencia explica la conducta de su proferente. Algo que no podría hacer un pensamiento fregeano. Por esas dos razones el deíctico 'yo' es esencial, no puede reemplazarse por un nombre propio. La propuesta de Frege no es correcta. Veamos las dos razones de Perry usando algunos ejemplos.

Como si fuera la primera vez es la historia de una mujer que pierde la memoria cada noche. Por lo tanto, cada mañana despierta ignorando quién es, dónde está y qué día es. Su novio decide grabar una película que contenga la información necesaria para que ella pueda ubicarse. El video contiene datos sobre la vida de la mujer, detalles sobre el día y el lugar en el que ella está. Al ver el video, la mujer capta todos los pensamientos que en él se expresan, cree todos los pensamientos fregeanos que podrían ayudarla a ubicarse. Sin embargo, ella sigue sin saber quién es, dónde está y qué día es. Puede acumular todo el conocimiento posible sobre ella, pero éste no basta para responder sus inquietudes. Al final de la película, la mujer se ve a sí misma en la cinta, se reconoce. Entonces sabe que ella es la mujer del video. Sabe dónde está y qué día es.

El conocimiento que la mujer adquiere cuando puede ubicarse es entendido por Perry como un conocimiento autolocalizante, que no consiste en captar pensamientos fregeanos (Perry 1977, 72). Esos conocimientos son entendidos por Perry como creencias autolocalizadoras (Perry 1977, 71), que se expresan por medio de oraciones que contengan los deícticos 'yo', 'aquí', 'ahora', 'hoy'. Tener una creencia de este tipo no es captar un pensamiento, tal y como Frege lo

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entiende. Si fuera así, la mujer sabría quién es, dónde está y qué día es, tan solo con captar los pensamientos expresados en el video. Pero no es así.

Esas creencias explican las conductas de los hablantes. Algo que no podría hacer un pensamiento fregeano. Para ilustrar este punto, veamos el siguiente ejemplo:

Dos piratas, Tenorio y Juan, buscan el mismo tesoro, con el mismo mapa. Ambos están en el mismo lugar, frente a frente. Tenorio le indica a Juan un camino y le afirma que es el correcto. Tenorio empieza a caminar, pero Juan no se mueve. Tenorio lo mira con desdén y lo escucha decir 'yo estoy cansado', entonces decide descansar junto a su compañero. Ahora bien, supongamos la misma situación, pero cambiemos el deíctico 'yo' por el nombre propio 'Juan'. Supongamos que Juan dice a Tenorio 'Juan está cansado', pero que Tenorio no sabe quién es Juan. En ese caso Tenorio no podrá explicarse por qué Juan dejó de caminar. Ahora supongamos que Tenorio se enfada con Juan y le dice 'si no encontramos el tesoro hoy, tendremos que irnos'. Al escuchar a su compañero, Juan empieza a caminar. Si reemplazamos el deíctico 'hoy' por la expresión 'el 25 de agosto' Juan puede quedarse quieto, porque puede ignorar que ese mismo día es 25 de agosto. Los deícticos 'hoy' y 'yo' no pueden reemplazarse ni eliminarse. Con ellos se caracterizan ciertas creencias que explican el hecho de que Juan se quede quieto, en el primer caso, y el que se mueva, en el segundo.

La oración que contiene el deíctico 'yo' expresa una creencia que explica una determinada acción. Algo que no puede hacer un pensamiento fregeano. El deíctico, por tanto, es esencial, no puede ser reemplazado por un nombre propio sin que pierda ese valor explicativo de las acciones del hablante.

La propuesta fregeana es incorrecta. No es posible dar cuenta del significado de los deícticos ni de las oraciones que lo contienen por medio de sus tres tesis semánticas. Estas se quedan cortas para dar cuenta de este fenómeno del lenguaje natural.

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