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La carencia de sentido de lo circunstancial Consideraciones fregeanas sobre la deixis

2. Las consideraciones fregeanas sobre la deixis

2.2. Sobre el deíctico esencial ‘yo’ en particular

Este deíctico, como veíamos desde la introducción a este trabajo, admite consideraciones particulares. Una oración, que lo contenga, proferida por distintos hablantes, expresa pensamientos distintos. Versa sobre personas distintas. Distintas oraciones, que contengan el deíctico, y que sean proferidas por el mismo hablante, pueden expresar pensamientos distintos, pero versan siempre sobre la misma persona (Cfr. Frege 1918, 65).

La oración 'yo soy Gottlob Frege' proferida por Frege expresa un pensamiento verdadero. Pero la misma oración proferida por Dummett expresa un pensamiento falso. Esto es problemático ¿acaso la verdad y la falsedad de un pensamiento es relativa, en este caso, al sujeto que lo expresa? El mismo problema tendríamos con los demás deícticos. Si Frege profiere el enunciado 'Hoy estoy en Wismar', estando en Wismar, expresa un pensamiento verdadero. Pero si profiere ese mismo enunciado estando en Berlín, expresa un pensamiento falso. ¿Admitiría Frege que la verdad de un pensamiento es relativa a las circunstancias en las que es expresado? ¿Admitiría que son esas circunstancias de emisión las que determinan la verdad del pensamiento? La respuesta es simple: ¡no! Veamos.

Las meras oraciones 'yo soy Gottlob Frege' y 'Hoy estoy en Wismar' no bastan para expresar pensamientos (Frege 1918, 64ss.), no tienen un sentido completo (Logic 1897, 147). Solo

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cuando esas expresiones se acompañan de las circunstancias, del proferente, el lugar y el tiempo de emisión, expresan pensamientos. Si una de esas oraciones es proferida por personas distintas y en momentos distintos, la diferencia en las circunstancias de emisión, provocará una diferencia en los pensamientos expresados. Pese a que la oración sea la misma. Uno de esos pensamientos puede ser verdadero mientras que el otro puede ser falso. No se trata de un mismo pensamiento cuyo valor de verdad varía de acuerdo a las circunstancias de emisión. Sino de dos pensamientos distintos con distintos valores de verdad. El pensamiento es verdadero o falso independientemente de la circunstancia en la que sea expresado (Logic 1897, 146). La verdad no admite relatividades. La verdad de un pensamiento no cambia a la media noche, ni cambia de hablante en hablante. Un pensamiento es siempre verdadero o siempre falso (Frege 1918, 76).

Frege nos ha explicado que una misma oración puede expresar pensamientos distintos, debido a la diferencia en las circunstancias de emisión. Nos ha dicho que sin éstas no se logra un sentido completo, ni se expresan pensamientos. Específicamente, vimos que en Logic Frege afirma que las oraciones que contienen deícticos expresan pensamientos, y que los deícticos adquieren un sentido completo por medio de las circunstancias de emisión. Ante esto, nos asalta una duda, ¿las nociones de 'sentido' y de 'pensamiento' aquí son usadas por Frege de la misma forma en que las usa cuando explica sus tesis semánticas? ¿Los deícticos tienen sentido como lo tienen los nombres propios? En El Pensamiento Frege plantea un ejemplo que puede arrojarnos luces sobre el asunto. Veamos.

El doctor Gustav Lauben profiere la oración 'yo he sido herido'. Leo Peter y Rudolf Lingens la escuchan. Tiempo después, Peter le dice a Lingens 'el Dr. Gustav Lauben ha sido herido'.

Frege pregunta “¿expresa esta oración el mismo pensamiento que la que había emitido el

propio Dr. δauben?” (Frege 191κ, 65). Si vamos a Logic encontramos que la respuesta sería afirmativa. Las dos oraciones podrían expresar el mismo pensamiento. En ese caso, un deíctico y un nombre propio podrían intercambiarse, sin que eso afecte el pensamiento ni su valor de verdad (Logic 1897, 147). De ser así, el deíctico 'yo', al menos, no sería irremplazable, como lo caracterizamos en la introducción de este trabajo. Fácilmente podría remplazarse por un nombre propio que refiera al mismo sujeto. No obstante, en El Pensamiento el asunto adquiere otros matices. Veamos.

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Lingens, que habla perfectamente la lengua en la que las oraciones fueron expresadas, y que recuerda lo que escuchó del propio Lauben, debe saber que Peter habla de lo mismo. Sin

embargo, Frege afirma que “el conocimiento de la lengua que ambos hablan es cosa aparte cuando se trata de nombres propios” (Frege 191κ, 65). Dos personas pueden asociar

pensamientos distintos a esa misma oración, de acuerdo al conocimiento que tengan del nombre propio 'Gustav Lauben'. Si Peter y Lingens entienden por esa expresión lo mismo, entonces asocian el mismo pensamiento, entienden la oración de la misma manera. Pero si Lingens no sabe que el doctor que profirió la oración en primera persona tiene por nombre 'Gustav Lauben', puede que entienda la expresión proferida por Peter de otra forma, y que asocie un pensamiento distinto. Incluso falso. Sólo si los dos saben lo mismo de Lauben, y relacionan a la expresión la misma información, asocian el mismo pensamiento. En cualquier otro caso, Lingens y Peter asocian pensamientos distintos a la misma oración. Uno de ellos puede asociar un pensamiento verdadero, y el otro puede asociar uno falso. En tal caso, los pensamientos son distintos44.

Si una oración contiene un nombre propio, el pensamiento que se asocie a ella depende del modo en que se dé aquello que designa ese nombre. Hay distintos modos, distintos sentidos. A cada uno de ellos le corresponde un sentido particular de la oración que contiene la expresión (Frege 1918, 66).

Como vemos, el problema adquirió nuevos matices para el sentido de los nombres propios. Pero hasta ahora no hemos logrado responder a nuestras preguntas: ¿tienen los deícticos un sentido tal y como lo tienen los nombres propios? O mejor aún, ¿El significado de los deícticos puede considerarse dentro de la propuesta semántica de Frege? Volvamos al El Pensamiento, y busquemos algunas respuestas.

Frege sostiene que “cada uno está dado a sí mismo de una manera particular y originaria en la

que no está dado a ningún otro” (Frege 191κ, 66). Afirma que cuando δauben se piensa a sí

44 Hemos decidido tomar distancia de la lectura de Bar-Elli, según la cual si un hablante, en este caso Lingens, al

captar dos pensamientos piensa que éstos son distintos, entonces son pensamientos distintos (Bar-Elli 1996, 70). Este es un criterio, que Bar-Elli adjudica a Frege, para la individuación de pensamientos. En nuestra lectura, cuando Lingens entiende las dos oraciones, y asocia sentidos distintos a sus expresiones, identifica pensamientos distintos. Más que un criterio de identidad de pensamientos, nos parece un criterio de identificación de pensamientos.

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mismo, al pensar que ha sido herido, lo hace basado en esa forma originaria, en la que sólo él se da a sí mismo. Por tanto, el pensamiento determinado por esa forma sólo puede ser captado por él, y por ningún otro. Entonces, todos los pensamientos que uno piensa acerca de uno mismo, sólo pueden ser captados por uno. Ya que sólo uno se presenta a sí mismo de una forma particular, única y originaria. Ningún otro podría captar el pensamiento que uno capta bajo esa forma. No obstante, si un pensamiento es privado, si solo una persona puede captarlo, no puede ser comunicado. Para Frege, la única forma de que esa persona se comunique con otros acerca de eso que piensa, es que profiera un enunciado como 'yo he sido herido'. Usando

el deíctico 'yo' “en un sentido que pueda ser captado por los demás, más o menos en el sentido

de: «Aquel que en este momento les habla», con lo cual se sirve de las circunstancias que acompañan a su emisión para la expresión del pensamiento” (Frege 191κ, 66). Este pensamiento, según nos parece, es un pensamiento distinto a aquel que sólo Lauben capta cuando se piensa a sí mismo. Uno es privado, el otro es público.

De lo anterior tenemos algunas cosas que decir. La primera es que Frege admite que el deíctico 'yo' sí tiene sentido. La segunda es que parece distinguir entre el sentido, como forma originaria que sólo capta aquél que piensa el pensamiento; y el sentido que se asocia con la expresión deíctica, al ser proferida por aquél. El primero, según las consideraciones de Frege, es privado. El segundo no lo es. Puede ser captado y comunicado por más de un hablante. La tercera es que quedan algunas preguntas abiertas en torno a estas consideraciones. Por ejemplo, si en efecto son dos sentidos distintos. Si lo son, cómo se relacionan. O si es el mismo sentido que se presenta de dos formas distintas. También queda abierta la inquietud sobre esos pensamientos privados, y sobre esa base originaria y única de presentación. Cuestiones como éstas no encuentran respuestas en la obra fregeana. En parte, porque no es del interés de Frege explicarlas. No obstante, han ameritado diversas polémicas, propuestas y críticas. Dos de ellas, tendrán lugar en este trabajo. Otras más tendrán lugar en la investigación.

Por ahora, tendremos en mente cuatro cosas: la primera es que las oraciones que contienen deícticos no bastan para expresar pensamientos. La segunda es que las circunstancias de emisión de esas oraciones acompañan la expresión, y juntas, expresan pensamientos. La

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tercera es que los sentidos de las expresiones, sin las circunstancias, son incompletos. La cuarta es que el sentido que capta una persona cuando se piensa a sí mismo es privado.

Antes de terminar esta sección, vamos a volver a nuestra pregunta inicial, y a las dos opciones que teníamos previstas. Ante la pregunta ¿los deícticos tienen lugar en la propuesta semántica de Frege? Teníamos dos posibles respuestas. No y Sí. Consideremos ahora, después de haber expuesto la propuesta fregeana, las dos posiciones.

Según entendemos, la respuesta negativa se basa en dos postulados. El primero es que el objetivo de Frege no es explicar el funcionamiento del lenguaje, y mucho menos las imperfecciones que éste padece (Roy 1995, 100). La deixis sería sólo un tipo de imperfección, que no compete a la propuesta fregeana. El lenguaje ideal que ocupa a Frege no es un lenguaje que tenga expresiones deícticas. El segundo es que cuando Frege usa las expresiones 'sentido' y 'pensamiento' en Logic, para referirse a los deícticos, no las usa en el mismo sentido en que lo hace en otros textos (Dummett 1973, 367). Por eso, los deícticos no tienen lugar en la propuesta fregeana, aún cuando en Logic parezca que sí.

La respuesta positiva, por su parte, está basada en las consideraciones de Frege, tomadas de forma literal (Cfr. Perry 1977; Evans 1981). Frege afirma que las expresiones deícticas tienen sentidos completos cuando están acompañadas de las circunstancias en las que son emitidas. Además, afirma explícitamente que las oraciones que contienen deícticos expresan pensamientos, y que éstos son portadores de verdad. Sostiene que el deíctico 'yo' tiene un sentido, y que una oración que lo contenga puede expresar un pensamiento. Como vemos, Frege usa, para referirse al caso de los deícticos, las mismas nociones que usa en sus tesis semánticas para referirse al significado de las expresiones que reconoce.

Además, Frege afirma que la estructura del lenguaje puede ser una guía sugerente para la forma del pensamiento (Frege 1923-6, 36), y aunque la deixis sea un caso en el que el lenguaje es defectuoso, Frege sostiene que acompañada por las circunstancias otorga a las expresiones sentidos completos. Hace que sea posible expresar pensamientos. Lo anterior no sólo lleva a concluir que los deícticos sí pueden tener lugar en la propuesta fregeana, en tanto son útiles para conocer la forma de los pensamientos expresados por medio de ellos, sino que lleva a cuestionarse sobre el por qué y el cómo eso es posible. Lleva ineludiblemente a la pregunta

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por la forma de un pensamiento que tenga deícticos. Dado que Frege usa las mismas nociones para referirse al caso de los deícticos, sólo queda examinar esa forma a luz de sus tesis semánticas.

Otra de las razones evidentes a favor de esta posición, es que Frege afirma que una oración que contenga el deíctico 'yo' puede expresar el mismo pensamiento que una oración que tenga un nombre propio en vez de aquél término. Lo que hace suponer que el significado, al menos de ese deíctico, puede asimilarse, de alguna manera, al de un nombre propio. Es decir, al de un argumento. Entre otras, porque la referencia de aquellos términos es un objeto. Si atendemos a los demás deícticos, podemos llegar a concluir que también pueden referir a objetos, dado que para Frege un punto-espacio temporal es un objeto. Podríamos pensar que un día o un lugar son puntos espacio-temporales. En ese sentido, tales deícticos también serían argumentos. También tendrían lugar en la propuesta de Frege.

Todas estas razones llevan al mismo punto, a saber, que Frege usó las mismas nociones semánticas para explicar el significado de las expresiones que incluyen deícticos y las que no. No más que eso. La posición no afirma que las tres tesis expliquen el significado de los deícticos, ni que Frege lo sostuviera así. No obstante, el que use esas mismas nociones, parece habilitar a los que abanderan esta posición para examinar sus consideraciones sobre los deícticos a partir de las tesis semánticas.

Hay razones a favor y en contra de la consideración de los deícticos dentro de la propuesta semántica de Frege. En este trabajo, optaremos por la segunda posición, a saber, la que admite que sí pueden ser tomados en cuenta. Lo anterior, no sólo por las razones que hemos expuesto con anterioridad, y a lo largo de este aparte, sino porque es la posición que toman los dos filósofos que plantean el debate de interés para este trabajo. No obstante, reconocemos el peso y la validez de los argumentos en contra de dicha posición. Estos tendrán cabida en nuestra investigación. En este trabajo en particular tomaremos la segunda opción. Aunque reconocemos que la otra es más fiel al espíritu fregeano.

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